El terror estadounidense, nuestro terror..

Octubre del 2012. Un promotor inmobiliario neoyorkino, llamado Trump que coquetea con la idea de hacer carrera política critica en un tweet al candidato Obama a la reelección: “Ahora que las previsiones de voto para Obama están a la baja, veréis como lanza un ataque contra Libia o Irán. Está desesperado”. Nada sorprendente en el repetido guión de la política exterior estadounidense y su necesidad de guerra permanente. Tanto Libia como Irán aparecían en la lista de siete países que los EEUU pensaban atacar durante los años siguientes a la voladura de las torres gemelas, tal y como denunció el General norteamericano Wesley Clark , Jefe del Mando Supremo de la OTAN durante la agresión a Yugoslavia, y durante un programa televisivo en 20071.

Y será  el mismo Trump, el que se encargará de completar el rosario de agresiones, ocho años después de la acusación contra Obama y con un nuevo proceso de reelección de por medio. El Trump que fue elegido, también, para acabar las guerras de los EEUU en Oriente Medio, no sólo no ha puesto fin a ninguna de ellas, sino que acaba de declarar  la guerra a la República Islámica de Irán. Con el añadido de reabrirla en Irak.

No otra cosa es el asesinato del Jefe de la fuerza Al Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán, Quassem Soleimani junto al dirigente de la Fuerzas de Movilización Popular (FMP) de Irak, Mahdi Al-Muhandis y otros altos dirigentes de estas milicias que forman parte del ejército regular de Irak. Todo ello en suelo iraquí. Junto al aeropuerto de Bagdad el pasado dos de enero.

El comandante Qassem Soleimani junto a Abu Mahdi al-Muhandis

Soleimani era después de Ali Khamenei el dirigente iraní con mayor trascendencia en el exterior de Irán y con gran peso político y militar en el interior. Su asesinato es un ataque directo y humillante al gobierno iraní, pero también al gobierno iraquí, en principio aliado de los EEUU. La figura de Soleimani era ciertamente odiada por Arabia Saudí, Israel y las huestes del llamado Estado Islámico, a cuya derrota en Irak y Siria contribuyó en gran medida, pero también era un estratega respetado hasta por las autoridades militares estadounidenses. Así en la revista “Sentinel”2 del Centro de Lucha contra el Terrorismo de la Academia de West Point se podía leer, con anterioridad a su asesinato,  que “Soleimani era el arquitecto de la política de Irán con respecto a Irak, Siria, Líbano, Gaza y Afganistán”. También que colaboró con la OTAN en Afganistán en su lucha contra los talibanes y que su empeño siempre fue salvar las diferencias étnicas y religiosas, unir a los diferentes frente a un enemigo común, “ respetado por los cristianos en el Líbano, kurdos y sunitas no wahabitas en Irak, alawitas en Siria y Hutis en Yemen”. Fue uno de los motores de la consolidación del Eje de la Resistencia frente a la entidad sionista y  su aliado, los Estados Unidos. Por eso fue asesinado.

El poder real en los EEUU y el gobierno de Israel, buscan desde años la guerra contra Irán, el país más poderoso dentro del Eje de la Resistencia frente a la ocupación israelí.  Cuarenta y dos bases militares de los Estados Unidos se alzan alrededor de las fronteras de Irán. Abiertamente el deseo de una nueva guerra es manifestado en la prensa hebrea día tras día. Basta leer lo que se escribe y se predica sin disimulo alguno. No son necesarios pretextos para conseguir una nueva guerra, pero sí puede darse una cronología de los últimos hechos que han acabado con el asesinato de Soleimani y de Mahdi Al Muhandis.

El 27 de diciembre es atacada una base militar en Kirkuk (norte de Irak) en la que muere un “contratista “ de los EEUU. Nadie reivindica el ataque. El 30 de diciembre los EEUU atacan a cinco objetivos de las milicias Kataib Hezbollah (KH) encuadradas dentro de las FMP iraquíes a las que EEUU acusa de la muerte del ciudadano estadounidense. Los ataques se hacen a más de 540 kilómetros de la base de Kirkuk, tanto en siria como en Irak y alrededor del paso fronterizo de Qaim entre estos dos países. Una frontera que fue reabierta en septiembre del año pasado y para gran disgusto de los EEUU e Israel que veían restablecida la comunicación por vía terrestre entre el Líbano, Siria. Irak e Irán. Los ataques de los EEUU matan a 31 soldados, 9 de los cuales pertenecían a la  milicia KH. Todos ellos iraquíes.

La muchedumbre despide a Qassem Soleimani y a Abu Mahdi al-Muhandis

Al día siguiente de estos ataques de los EEUU, uno de enero, es asaltada una zona de la embajada de los EEUU, en Bagdad, enclave que ocupa unas 42 Has (como el Estado Vaticano) y alberga a unos tres mil funcionarios. La ocupación de parte de los terrenos termina al cabo de un día sin ningún herido entre los estadounidenses. Lo siguiente será ya el ataque contra el vehículo de Soleimani y el dirigente de las FMP a las pocas horas.

Las consecuencias no se  harán esperar y conducirán a un nuevo revés para las fuerzas que han acabado con su vida. Así el Parlamento iraquí , apenas transcurridas 72 horas desde su asesinato aprobó solicitar del gobierno  la retirada de todas las fuerzas extranjeras de Irak. Una sesión en la que  el primer ministro iraquí en funciones, pues dimitió el 20 de noviembre del pasado año, Adil Abdel Mahdi, declaró que él esperaba tener un encuentro con Soleimani el mismo día tres de enero en el que fue asesinado. Los EEUU y su Presidente eran sabedores de esto dado que fue el propio Abdel Mahdi el que transmitió esta información a Trump. En su comparecencia ante el Parlamento iraquí Abdel Mahdi manifestó que Soleimani llegaba Irak, como enviado de Irán y para recibir la respuesta de Arabia Saudí a la propuesta de que Irak actuara como mediador entre ambos países. Que el Presidente iraquí se sienta víctima de la doblez, infamia y humillación por parte de Trump es algo que cae por su propio peso. Cuando habló con Trump sobre la propuesta iraquí de mediación, ya se había aprobado la agresión que tendría lugar unas horas más tarde.

Cierto que el gobierno iraquí posiblemente no pueda, dada su situación de interinidad, llevar a efecto este mandato del parlamento, pero el mensaje queda claro y no da lugar a dudas.

Las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) del ejército iraquí, cuyo segundo dirigente fue asesinado junta a Soleimani, cuentan con unos cien mil integrantes, englobando a unas cuarenta milicias, no sólo shiies, sino también suníes y cristianas. Las fuerzas de los EEUU vuelven a ser ahora objetivo principal de su lucha, después de que esta fuerzas consiguieran conquistar  sobre el terreno la mayor parte de los enclaves del Estado Islámico. La guerra asimétrica que EEUU y la OTAN, y entre ellos España,  no puede ganar y pierde desde hace diecinueve años en Afganistán vuelve a asomar en Irak. El crimen de Trump y su claque sionista, convertida en su pesadilla.

Por parte de los aliados de los EEUU en el seno de la OTAN, sólo sumisión y exigencias a Irán de no “escalar la tensión”. Nada fuera del guión. El propio Trump se permite lanzar en su Twitter, la nueva medida intelectual de la categoría de estos Jefes de Estado, con sus escasos caracteres y aun menos carácter,  la amenaza de “destruir 52 objetivos estratégicos y culturales de Irán”, si los iraníes se atreven a tomar represalias.  El número corresponde a los 52 funcionarios estadounidenses que en 1979-80 fueron secuestrados en la embajada de los EEUU en Teherán, siendo liberados al cabo de más de un año. Irán podría haber elegido un número mayor de objetivos en represalia, porque peor suerte corrieron los 290 pasajeros del vuelo comercial, civil, de las líneas aéreas iraníes que en 1988 fueron derribadas por un misil estadounidense sobre el golfo pérsico. No hubo supervivientes. Tampoco eran estadounidenses, ¿de qué preocuparse? ¿A qué recordarlos?

Pero seguro que sí recordamos las imágenes de la destrucción de las gigantescas estatuas de Buda en el Valle de Bumiyán en Afganistán por parte de los talibanes. O de la voladura de las ruinas romanas de Palmyra en Siria por parte del Estado Islámico. O de los tesoros del Museo de Mosul destruidos por los mismos mercenarios de la bandera negra cuando tomaron esa ciudad iraquí. Trump, en línea, amenaza con hacer lo mismo. ¿Por qué no? ¿No está en el lado de los buenos?. ¿No es nuestro aliado? No es de esperar que quienes arrasan pueblos, respeten el legado de los muertos.

¡Qué buena ocasión para el nuevo gobierno español de desmarcarse de la línea oficial de la OTAN y denunciar el terrorismo de Estado del aliado norteamericano! Y qué pocas posibilidades de que esto ocurra teniendo Pablo Iglesias como Jefe de Gabinete anunciado al que fue Jefe del  Estado Mayor de la Defensa en 2011, durante la agresión, también ilegal contra Yugoslavia, José Julio Rodríguez. Los gobiernos pasan y  el terror de nuestro gran aliado permanece. Nada de lo que enorgullecerse.

Carlos Feuerriegel

Notas:

1.-Entrevista a Wesley Clark por Amy Goodman en “Democracy Now” el 02/03/2007. Accesible en la Red.

2.-https://ctc.usma.edu/qassem-soleimani-irans-unique-regional-strateg

Un comentario en “El terror estadounidense, nuestro terror..

  1. Estupendo! Os animo a que sigáis adelante en esta valiente, necesaria y afortunada iniciativa de ponga un poco de Luz a esta época que nos ha tocado vivir. Sirva también como fuente para aquellos que con sed de justicia queramos beber en fuentes sanadoras de tanto tóxico, y a la vez como desahogo para quien quiera desde el respeto decir la verdad desde otra óptica que no sea la “oficial”.

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