El Oso Blindado asiste a la charla en el Círculo de los Viernes: Las Checas de València

El pasado 18 de febrero El Oso Blindado asistió a la presentación del libro ‘Las Checas de Valencia’ a cargo de su autor, César Alcalá, licenciado en historia y psicología, experto en la historia de la guerra civil. El acto se celebró en el foro liberal del ‘Círculo de los viernes’, cuyo ideario incluye las siguientes cuestiones: “surgimiento del neo-comunismo, poder de los políticos, libertades, los bolsillos de las personas, cumplimiento de la ley, propiedad, separación de poderes, bases de la democracia y progreso social”. Sí estos puntos definen su línea, en definitiva hablamos de una asociación defensora de la triada de libertad, igualdad y propiedad. El Círculo de los Viernes es consciente de que los medios públicos son usados contra la nación y consecuentemente entienden que “ni la memoria ni la verdad son un monopolio” y que “no hay dos Españas sino una”.

César Alcalá durante la charla cuestiona la versión oficial de la historia española a la vez que desde el Círculo de los Viernes pretenden la derogación de la llamada Ley de Memoria histórica. Esta posición sería más que legítima para El Oso Blindado de no ser de lo más interesada, pues a la vez que supuestamente son muy críticos con un monopolio de la verdad y con el oficialismo histórico, se escandalizan por ejemplo con los revisionistas del holocausto judío. Es decir, solo defendemos la búsqueda de la verdad que nos interesa, pura hipocresía.

Al margen del foro, el ponente invitado hizo una interesante y rigurosa exposición de las Checas en la Comunidad Valenciana, llena de referencias históricas.

Las casas de tortura y terror progresista en España encuentran su génesis en los núcleos urbanos de Madrid y Barcelona. Históricamente, no se creía que hubo checas en Valencia pues al no sublevarse solo había republicanos, por ejemplo la derecha regional valenciana. Habría un curioso paralelismo con la Unión Democrática Catalana, siendo ambas organizaciones de origen carlista.

La charla prosiguió explicando los tres puntos de represión en la guerra civil: Checas, Sacas y Bombardeos. Hubo 71 bombardeos en Valencia, de los que resultaron más de 400 muertos y 700 edificios destruidos. Respecto a las ‘Sacas’, este era un método de genocidio de población civil (incluyendo objetivos tales como votantes de derechas, católicos y religiosos etc.) en prisiones normalmente, donde se les sacaba de sus celdas y se les ejecutaba.

En el caso concreto valenciano, el frente de batalla quedaba muy lejos, la población podía hacer vida en la ciudad sin escuchar tiros por las calles. Sin embargo entre la aparente paz callejera, el peor salvajismo del frente estaba oscuramente presente entre los valencianos.

La psicología de todos los responsables de las checas en España era la misma: Total desprecio por la vida humana y el deseo de enriquecerse (muchos se fueron al extranjero tras la guerra donde vivieron plácidamente de los frutos del expolio). Esta era su única ideología, la del mejor postor, la supervivencia a cualquier coste. Es curioso que teniendo estos antecedentes históricos tan cercanos, se acuda a fantásticos ejemplos alemanes para ilustrar una actitudes de este estilo.

La represión de las checas se acometió contra todos los bandos sin distinciones.

La mejor encarnación de esta represión fue sin duda Ángel Galarza, el mayor promotor de las checas en España. Tras sus brutales carnicerías en Madrid, haciendo muchos enemigos entre sus propias filas, huyó a Valencia ante el temor de morir a mano de sus compañeros. Al final de su vida sacó tanto dinero a través del sistema de las checas que se exilió en México viviendo el resto de sus días muy tranquilo, 30 años a sus anchas.

¿Qué tipo de torturas se llevaban a cabo?

Palizas, torniquetes, astillas en las uñas, retorsión de órganos genitales, inmersiones corporales, baños helados, celdas inundadas, cajones de un metro cuadrado sin alimento, fusilamientos simulados (fueron efectuados en todas las checas de España), calabozos húmedos sin luz, esposas con pinchos… La ‘creatividad’ no alcanzaba límites. Estas eran las brutales medidas contra enemigos políticos.

De entre las checas podemos ilustrar con el ejemplo del llamado “Picadero de Paterna”, que no era otra cosa que un circo romano moderno. Allí había fusilamientos públicos entre otras actividades, a los que asistía el público con comida, para pasar el día… Este terrible destino alcanzaba a gente de toda condición social, ancianos, enfermos, mujeres, niños etc.  sin excepciones.

Algunos podrán pensar que tales acciones solo podrían llevarse a cabo siendo un secreto… a voces, pues las personas de Madrid, Barcelona, Valencia y el resto de España sabían lo que se hacía en sus respectivas comunidades, pero nadie dijo ni hizo nada nunca.

La mayoría de los asesinados pertenecían al sector agrícola. Las víctimas entraban en un rango de edad desde los 14 hasta los 90 años. Entre ellos 990 religiosos fueron asesinados.

El método comenzó primero por asesinar a todos los que apoyaron el bando nacional y después vendría la “depuración” de su propio bando, como fue el ejemplo de la derecha regional valenciana (con 814 asesinados), entre otros muchos grupos (incluyendo anarquistas, socialdemócratas, comunistas etc.) que no se sublevaron y se mantuvieron fieles a la república. En definitiva, las víctimas no entendían de bandos.

En conclusión, para encontrar auténticos holocaustos y exterminios no debemos ir muy lejos, ni es necesario salir de nuestras regiones para encontrarlos. Nadie reclama justicia ni memoria, no se hacen películas ni se enseña en las escuelas: tampoco hubo responsables de todos estos hechos. Un solo procesado tras la guerra, siendo Loreto Mellaiz, los demás huyeron todos tras la guerra. 

Mientras el liberal Club de los Viernes cree que esto es un problema de la “falta de democracia”, nosotros sabemos que fue precisamente la abundante democracia de la segunda república la que asentó las bases para que se cometieran este tipo de prácticas. El revisionismo no es una herramienta para “barrer para casa”, el auténtico revisionismo no distingue de bandos ni intereses. Por parte de la buena intención del Círculo de los Viernes, desgraciadamente pasa lo mismo que con el resto de españoles: no hay una voluntad real de cohesionar a la sociedad española, ni en el plano geográfico ni en el histórico. Debemos reconocer los errores cometidos por los hombres del pasado, no negar represiones de unos bandos u otras ni ocultarlas o magnificarlas. Precisamente nuestra sobriedad cosmovisional nos permite superar nuestra historia y avanzar junto a ella, sin anclarnos en las antípodas. No debemos culpar a un socialista de las checas, ni a un conservador de las cunetas, todos son futuros camaradas en nuestra revolución. Revolución que para algunos círculos de salón siempre es un viernes, por el contrario, para el socialismo nacional combativo es todos los días.

Enviado especial de El Oso Blindado en Valencia.

RM

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