Las Banderas blancas de la vergüenza en la ciudad de Múnich

1945 fue un año fatídico para Alemania. Las gran mayoría de las ciudades alemanas fueron bombardeadas, millones de civiles murieron o huyeron desde el este de Alemania y millones de soldados alemanes pasaron al cautiverio. Cuando los estadounidenses entraron, en abril de 1945, Múnich ya solo era un montón de escombros. En el último año de la guerra, los Aliados habían llevado a cabo 31 ataques aéreos contra la ciudad. Teatros, museos, salas de conciertos, apartamentos y lugares de trabajo fueron arrasados. Siglos de patrimonio cultural, montañas de cadáveres y esperanzas destruidas quedaron sepultadas debajo de una montaña de escombros y cenizas. El 45 por ciento de la red urbanística fue bombardeada sin piedad. El casco antiguo especialmente afectado: tres cuartas partes de todos los edificios fueron derruidos. 300,000 personas en la ciudad quedaron sin hogar y sin los recursos básicos de alimentación  e higiene.  

Este año es el 75º aniversario del final de la guerra, y para conmemorar tal fecha el alcalde de la ciudad Dieter Reiter, por el SPD, en connivencia con el activista anti alemán Wolfram Kastner, están organizando una jornada festiva con la no menos esperada dosis antifascista. La festividad se realizara colocando banderas blancas de rendición en lugares visibles; ventanas, balcones y comercios, como signo de “liberación”. Algunas agrupaciones alemanas ya han mostrado su repulsa diciendo que una derrota no puede convertirse en una fiesta. El ayuntamiento ha decidido organizar esta iniciativa de Kastner, activista conocido por profanar monumentos a los caídos, destinando en un momento de crisis económica debido al covid-19 de 15.000€ del presupuesto para las banderas y su instalación por la ciudad. Los lemas que portaran las banderas serán “30 de abril día de la liberación”  o “Nunca más guerras, nunca más fascismo”.

Como si de una proeza se tratase, el activista anti alemán Wolfram Kastner posa después de profanar la tumba de Alfred Jodl.

Después de la conquista a sangre y fuego de Múnich, las mujeres alemanas fueron violadas y los soldados alemanes fueron fusilados o enviados a campos de concentración. Es cierto que fue un alivio para muchos, finalizar una guerra que había adquirido las consecuencias más brutales y destructivas de todos los tiempos, pero querer convertir una triste fecha de reflexión y recuerdo de las victimas en una celebración es poco menos que indigno. Uno de los símbolos internacionales de la rendición es la bandera blanca, celebrar esta fecha, colgando en ventanas y balcones banderas de rendición es un acto de sumisión al ejército estadounidense que aún siguen en territorio Alemán. No olvidemos las denuncias continuas de algunos grupos y partidos disidentes que denuncian ser una colonia militar del gobierno de los Estados Unidos.

Reciéntenme hemos sido informados sobre un ataque que ha sufrido el monumento al soldado desconocido de Múnich, dentro de esta marco de rendición en el que se ha fijado la agenda política de la ciudad, se esperan nuevas profanaciones y ofensas a símbolos nacionales. Cualquiera que haya visitado la ciudad de Múnich habrá paseado por el los jardines de la Bayerische Staatskanzlei (Cancillería del Estado Bávaro), y habrá comprobado que en un emplazamiento privilegiado hay una serie de criptas debajo de un bloque de granito. Bajo este granito encontramos el Kriegerdenkmal, un precioso memorial al soldado desconocido. En medio de un pozo rectangular de 2,25 metros de profundidad, en cripta abierta con cuatro escaleras en sus cuatro esquinas.

El monumento fue diseñado por el escultor Karl Knappe y los arquitectos Thomas Wechs y Eberhard Finsterwalder. Bernhard Bleeker creó el monumento del soldado caído con base de mármol rojo. La estatua de mármol original fue reemplazada por un molde de bronce en 1972, realizado por Thomas Wimmer, y ahora se exhibe en el museo del ejército bávaro en Ingolstadt. Rupprecht, príncipe heredero de Baviera, hijo del último rey bávaro, inauguró el sitio conmemorativo en 1924. Sin embargo, solo se terminó por completo en el años 1928. Ahora es un patrimonio cultural. Tras la Segunda Guerra Mundial se añadió también el reconocimiento de los soldados muertos en combate y los civiles desaparecidos y muertos por los bombardeos aliados. La triste acción llevada en contra del monumento responde al odio que tienen ciertas facciones políticas en contra de la historia de su propio pueblo.   

Rubén MG

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