Pablo Iglesias y sus héroes comunistas: lucharon contra el fascismo por el capitalismo

En medio de un fuerte combate dialéctico entre derechas e izquierdas, celebrado el pasado 29 de Abril de 2020, el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias reprendía con dureza a los representantes de VOX con estas palabras que siguen:

Ustedes en esta cámara hablan mucho de comunismo. Y para mí es un honor representar a un grupo político dentro del cual hay un partido con casi 100 años de historia, el Partido Comunista de España, que fue condición de posibilidad de la derrota de la dictadura, de la construcción de la democracia en nuestro país y de la Constitución del 78. A pesar de gente como ustedes, que nunca estuvieron a favor de la Constitución, que nunca estuvieron a favor de la democracia y que cada vez que se esconden detrás de la figura del monarca, ustedes sitúan a la monarquía en una posición de debilidad. Porque si la monarquía tuvo éxito en este país fue precisamente por alejarse de gente como ustedes.

Señoría, no habría democracia en Francia y democracia en Italia sin la acción de los comunistas de estos países que son reconocidos como héroes de la patria. Combatieron el Fascismo, que es algo que por desgracia a veces resuena en sus discursos. Pero ustedes no llegan a algo tan extraordinario. Ustedes son una formación de grandes apellidos y de poca vergüenza. Que falsea títulos para ejercer sin poder hacerlo, que no tienen más patria que su dinero.

Ustedes Señoría, ni siquiera son fascistas, son simplemente parásitos.

Es de agradecer que alguien de la casta tenga a bien, ¡por fin!, proclamar –o confesar– una enorme e incómoda verdad de esas que hacen sangrar los oídos a unos y a otros, marxistas y capitalistas; aunque debamos tal atrevimiento a la torpeza, a la desorientación o al vaivén, propios de quién ya no sabe ni de quién es y no por quién está:

Resulta que, después de toda esa retórica oxidada del siglo XIX, de la lucha de clases delirante de odio contra el enemigo capitalista, con la que el señor Iglesias ha sermoneado media vida hasta a aquel pobre infeliz que tuviese la desgracia de caer a su lado en el autobús –recordad que antes no tenía chofer–; él mismo tiene a bien proclamar, con el pecho inflado de orgullo cual palomo poniendo orden en su palomar, que el comunismo no fue a la guerra a luchar contra el capitalismo, sino a posibilitar la erección del orden actual, la corruptísima partitocracia, que desposeída de su careta distractora, no es sino el capitalismo en su máxima expresión conocida.

Nuestras plutocracia, nuestro orden internacional del dinero, existe gracias a esos héroes comunistas de las checas, los tiros en la nuca, las torturas sistemáticas, las sacas y las purgas de proporciones bíblicas.

Es una verdad que no gusta a nadie. Pero es verdad.

Aunque no es nada que no sepa cualquier persona que posea algo de cultura más allá de la televisada, sí es insólito escuchárselo pregonar sin ambages, en un parlamento democrático, a un alto cargo gubernamental que además se considera comunista –aunque sus excompañeros del Frente Obrero le abucheen como a un Iscariote–; pues ésta suele ser para ellos una espinita de vergüenza que les escuece profundamente con sólo rozarla. Ninguna democracia capitalista declaró la guerra a la URSS, por muchos estados libres que convirtiese en estados-gulags bajo el crujido incesante de las orugas de sus tanques, que avanzaban sin tregua sobre los países vecino a paso de Golem enfurecido. Y en cambio sí se la declararon a Alemania cuando ésta reclamó una ínfima parte de los territoritos alemanes que le fueron extirpados por la fuerza de las armas en la Primera Guerra Mundial para entregárselos a Polonia, y en los cuáles, para colmo, antes de que un solo soldado alemán plantase la bota, llevaba ya semanas perpetrándose una limpieza étnica de alemanes, a manos de la chusma agitada por el gobierno polaco, que se cobró millares de vidas civiles. Así comenzó esta santa cruzada de las democracias –de todos los colores–.

Capitalismo y comunismo aparcaron sus insignificantes diferencias gracias a la mediación de sus vasos comunicantes –vía Wall Street and Company– y marcharon juntos de la manita a combatir al Fascismo, bien fuera pagando a escote cuando venía bien, bien pagando el machote capitalista los caprichos de su furcia roja las más de las veces.

Insisto señor Iglesias, que es de agradecer su confesión de parte, por mucho que ya supiésemos que este orden global capitalista se construyó gracias…

…a los héroes comunistas, tan laureados en esa Francia democrática presidida hoy por un testaferro de la banca Goldman Sachs, que, una vez acabada la guerra en el país, tuvieron la espléndida iniciativa de purgar en masa a sus compatriotas, en juicios tan democráticos como callejeros, de esos con jurado armado de palos, fusiles y cuchillos, por delitos tales como el haber vendido pan a un alemán, o unas flores, si el vil criminal era un pérfido florista colaboracionista.

“Purga Legal”: Los héroes comunistas presumen en la Francia democrática de su trofeo de guerra. El antifascismo ha triunfado, ahora ya son libres de comportarse conforme a la moral que les caracteriza con la aprobación del gobierno.

…a los héroes comunistas que, por amor a la libertad y ya en tiempos de paz, cogieron a más de medio millón de las muchachas y mujeres francesas que habían tenido la osadía de sonreír de más a un simpático soldadito alemán, y tras raparles la cabeza y desnudarlas si se terciaba, las pusieron a desfilar por las calles, a punta de pistola, con esvásticas pintadas sobre su piel magullada, o grabadas con hierros al rojo, animando a sus correligionarios a escupirlas, a golpearlas, a arrojarlas piedras e inmundicias y tomarlas como botín de guerra.

Ser mujeres no les evito el abuso publico. Tras raparlas la cabeza eran paseadas por la ciudad.

…a los héroes comunistas, resistentes al fascismo que, movidos por sus nobles ideales, buscaban sorprender por la espalda, y en manadas de valientes, a soldados contrarios que paseaban desprevenidos por la retaguardia, para tomarlos prisioneros y torturarlos lentamente hasta la muerte, cebándose con sus partes más sensibles, sus ojos y sus genitales, procurando desfigurarlos bien para lanzar el aviso a sus compañeros, de a quiénes se enfrentaban. Eso cuando no se decantaban por rellenar los cuerpos mutilados de sus víctimas con explosivos para acabar también con sus camaradas de armas cuando acudiesen, entre lágrimas, a dar sepultura a sus amigos asesinados.

El Progresismo dice ser el adalid en la defensa de la mujer, pero no hay defensa cuando la mujer es considerada el enemigo. En la foto, humillada y sangrando una mujer se resigna en manos de sus vecinos comunistas.

…a los héroes comunistas españoles, como su amado Marcos Ana, al que en tantas ocasiones ha rendido homenajes con la connivencia y el aplauso de la derecha pepera, al que califica usted de héroe del pueblo y uno de los padres de nuestra democracia; héroe éste que comenzó su carrera política, de manera muy poco original para un discípulo de Marx: Ejecutando a tiros, en las calles complutenses, a unos muchachos desarmados que le otorgaban su perdón mientras él, al darles muerte, se recreaba con gozo, entre burlas y chascarrillos, de su edificante obra de construcción democrática antifascista, tal como exigía el código de honor del célebre Batallón Libertad, al que Marcos Ana pertenecía y servía con irreprochable celo, consciente de su misión histórica. Una rata mugrienta este Marcos Ana, al que la perversa dictadura franquista le conmutó la pena de muerte, y gracias a ello pudo vivir para codearse y recibir el aplauso de almodóvares, de sindicalistas chupópteros y en general de toda esa mugre humana que compone nuestro espectro político izquierda-derecha,.

Marcos Ana junto a su ídolo, el Ché Guevara, quien abogaba porque sus soldados debían “convertirse en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”; años después de afirmar en la ONU que no iban a dejar de fusilar y fusilar cuanto considerasen necesario.

…a los héroes comunistas, liberadores expertos de mujeres, campeones de las violaciones en masa, sólo superados en tal menester por sus compañeros profesionales del ejército rojo, cuyos nietos políticos, señor Iglesias, venís hoy darnos lecciones de violencia de género, cuando harían falta 10.000 años de heteropatriarcado fascista blanco opresor, o al menos 50 años de “Welcome Refugees”, para igualar las tropelías misóginas de un sólo día de “liberación” comunista.

…a los héroes comunistas italianos que, dando rienda suelta a sus instintos más representativos una vez triunfantes y ebrios de impunidad, juntaron a la morralla social que les era afín en grandes plazas y avenidas invitándoles a machacar todos en común, en un festival público, los cadáveres de sus enemigos; cadáveres que colgaron después en lo alto de una gasolinera, deformados ya por la ultraviolencia más cobarde que pueda concebir cerebro humano, como trofeos de una brutal cacería caníbal; dejando buen testimonio para la posteridad de qué clase de impulsos guiaban el combate de los buenos.

Gracias señor Iglesias por recordarnos, con que sincera devoción todos estos héroes comunistas arrimaron el hombro para construir, en perfecta sintonía con sus hermanos capitalistas, y con la franca y esforzada oposición del Fascismo, esta maravillosa dictadura del dinero que la maquinaria de adoctrinamiento del capitalismo, al igual que usted, llama democracia; de la que, a día de hoy, sus cofundadores de puño en alto, antiguos camaradas suyos, tanto se avergüenzan, y usted, desde que ha hecho de ella su negocio familiar y plan privado de jubilación, tan orgulloso se siente. Nada más puedo decirle que no quepa en cuatro humildes versos:

Por una poltrona, un adiós a decir casta,
Por una sirvienta, una oda al buen monarca,
Por la ansiada presidencia… yo no sé
que más vendiera, si al fin… ¡nada me queda!

No quisiera despedirme sin antes conceder la palabra y recordar a su vez, a un testigo único en suelo patrio, de esas gestas heroicas del fabuloso Partido Comunista de España, que usted refiere en su discurso: don Pedro Muños Seca; quien fuera a parar a Paracuellos en el funesto mes de noviembre de 1936. A las órdenes de Santiago Carrillo, honorable capo del Partido –que impunemente se paseó por las calles de España hasta que al fin Satanás tuvo a bien llamarlo a su diestra en 2012–, los héroes comunistas españoles cimentaron el terreno sobre el que edificarían la democracia con los huesos del escritor quebrados por el plomo de sus armas… y con los de otros millares de compatriotas más; todos muy monárquicos, muy fascistas, muy religiosos, muy enemigos de clase. En fin, gente incompatible con el futuro régimen democrático.

Pedro Muñez Seca.

Sirvan al menos estas últimas líneas, para devolver la voz por un instante a uno de tantos españoles, de diferentes ideologías políticas, a los que sus héroes comunistas y demócratas se la quitaron; por supuesto, confiando en que no se ofenderá usted por la cita, señor Iglesias, dado su recién descubierto fervor monárquico:

Si publica es la mujer.
que conocemos por puta,
República debe ser,
la mujer más prostituta.
Y siguiendo al parecer,
esta lógica absoluta,
todo aquel que se reputa,
ser de la República hijo,
ha de ser, a punto fijo,
Un hijo de la gran puta.

Dr. Stokmann

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: