Las lágrimas del héroe

Se incorporó Don Blas con dificultad asiéndose a la única de las patas de la mesa anclada al suelo que había sobrevivido. Le pitaban los oídos y un dolor húmedo prácticamente insoportable manaba de su mano izquierda. Cuando las nubes se apartaron de su vista pudo hacerse a la idea del desastre que había caído sobre ellos en una milésima de segundo. El Capitán Aldrete se encontraba aturdido y algo magullado pero había salido indemne, pero los dos alféreces que les acompañaban como secretarios habían sufrido peor suerte: tenían ambos una pierna seccionada y sangraban abundantemente entre gritos pidiendo ayuda. Cuentan que Don Blas, ahogando un grito de dolor y haciendo esfuerzos sobrehumanos para no desvanecerse a causa de las heridas, pronunció con tono serio y sin afección: “Por España, sin sangre no hay victoria” y acto seguido cayó desmayado. Los médicos acudieron como el rayo y allí mismo, en la sala de mando del navío Galicia, su buque insignia de 70 cañones, rodeados de pedazos de bancada y de maderas de la mesa que estalló en mil trozos al contacto con la bala de cañón, le extrajeron las astillas de la mano y del muslo. Aquellas vinieron a ser las dos últimas heridas de guerra del almirante Don Blas de Lezo y Olavarrieta; las últimas gotas de la gran cantidad de sangre vertida en actos de servicio, que a lo largo de su vida le habían llevado a quedar manco, cojo y tuerto. Nunca rehusó el deber, nunca faltó al honor, nunca esperó retribución. Aquellas últimas heridas le llevaron pronto a una muerte solitaria y desagradecida, sin reconocimiento por parte de las autoridades de su época. Pero no salió de sus labios queja alguna que sus últimos acompañantes oyeran al respecto. Fue un hombre de deber y un hombre de honor… un HÉROE.

En la primavera de 2020 una pandemia asola España, una pandemia no especialmente grave, y unos medios de comunicación marionetas de los poderes dirigentes nos venden a precio de saldo a los héroes de hoy en día… y la masa los compra sin ningún tipo de criterio… Nombran héroe a zutano que sale con su guitarra a amenizar a sus convecinos, o a mengano que símplemente acude a su trabajo de sanitario como cada día; a ver si lo tenemos contento y no se queja mucho por recibir como único equipo de protección unas bolsas de basura. Y con esto ya nos dan razones al pueblo para salir a las ocho a aplaudir al balcón como borregos, animados por las sirenas de la misma policía que nos multará más tarde por dar un mísero paseo. ¡Qué buena nos sabe nuestra  dosis diaria de soma!, ¡qué gratificante el somnífero que mantiene a la gente con la moral alta y la conciencia tranquila y con pocas ganas de derribar un sistema esclavista, ultracontrolador y malicioso, que día a día muestra sus incoherencias, sus falsedades y su corrupción sin límites!

Algunos hacen literalmente el payaso, convirtiendo una crisis en una pantomima.

Y el triste espíritu del HÉROE aún pervive en la actualidad. Don Blas de Lezo se levanta de vez en cuando de la tumba y vaga por las tierras de la España que le vio nacer, y sus lágrimas riegan los campos por pura desolación. Aún recuerda cuando HÉROE significaba verter sangre por justicia y por honor sin esperar nada a cambio, él la derramó generosamente, y sabe bien que pervirtiendo la esencia del HÉROE y convirtiéndolo en algo mundano, en algo fácil y remunerado, privan los de arriba al pueblo del ejemplo esencial que necesita para luchar por convertir el mundo en un lugar mejor.

CB

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