Parásitos

Sócrates defiende  ante los jueces atenienses que le condenan a muerte , que la pena a la que en verdad él se ha hecho acreedor es a ser alimentado en el Pritaneo1. Sócrates se considera un parásito. Porque parásitos eran en su acepción original las personas distinguidas de la Polis que tenían derecho a participar en las comidas comunes , que se celebraban en el Pritaneo, y en honor de los dioses de la ciudad. Fustel de Coulanges, el gran historiador francés del mundo clásico, griego y romano, así nos lo hace saber en su estudio sobre las ciudades antiguas2.

No es ese , ciertamente , el significado que la palabra “parásitos” tiene para nosotros.  Hollywood, esa punta de lanza del llamado poder blando de los Estados Unidos, blando pero más corrosivo y desintegrador que el agua regia, ha devuelto la palabra a los labios de muchos premiando con el Óscar a la mejor película a la cinta surcoreana de igual nombre. Hollywood no da puntada sin hilo y con su decisión no pretende pegarse un tiro en el pié.

“Parásitos”, como corresponde a los tiempos que corren, posee una gran carga emocional y sostiene el suspense hasta extremos que llegan a la irrealidad, pero también desvía la atención. Probablemente de forma involuntaria por parte de su director, pero no tanto por sus gratificadores bien conscientes de la carga política y deseducadora que tienen cada una  de  las criaturas que abandonan sus estudios cinematográficos  bien subvencionados por el erario público estadounidense.

La trama no discurre en los Estados Unidos, sino en uno de esos tigres económicos asiáticos que han rizado el rizo de la economía capitalista. La familia potentada y todopoderosa es el exponente de ese capitalismo de las corporaciones, ya ampliamente superado por el capitalismo financiero que ha conseguido convertir al primero en una broma macabra de la realidad. Frente a la producción de bienes y servicios, hoy el sistema financiero consigue la producción de la nada a partir de un dinero que nada vale pero con los mismos resultados evidentes: el incremento , no ya de la pobreza, sino de la miseria. Porque si en la primera el hombre no se ha desvestido de su dignidad, en la segunda ya nada queda de ella.

Los nuevos miserables son incapaces de alimentar el más mínimo sentimiento de solidaridad, al contrario, en sus iguales ven competidores, a la espera de las migajas que caigan de ese capitalismo del goteo o de la oportunidad en que , como nuevos Lazarillos3, puedan roerle al avaro ciego parte de las hogazas que este guarda en el arca. La pura moral del esclavo al desnudo. En vano buscaremos un sólo carácter noble en la trama, es la sociedad de los codazos tan bien descrita por el etólogo austríaco Eibl-Eibesfeldt en su libro “La Sociedad de la Indiferencia”4. Cuando el individualismo es rey, todos somos siervos. Y esto la película lo retrata para una sociedad como la surcoreana donde el sentimiento de comunidad es infinitamente más potente que en los Estados Unidos, donde se mantiene una cohesión étnica que difícilmente encontraremos en  cualquier país del mal llamado mundo occidental y donde la desigualdad social es mucho menos estremecedora que en los Estados Unidos. Hollywood sabe perfectamente  dónde quiere que fijemos nuestras miradas y nuestras emociones y qué realidad, todavía más criminal debe quedar en la oscuridad. La propia.

Curiosamente hay cualificados representantes de la fauna realmente parasitaria que es el poder financiero global , que sí que  ponen el foco de sus linternas en la desigualdad de los EEUU. Nada menos que el Deutsche Bank , una de esas entidades financieras demasiado grandes para dejarlas caer,  que  en un Informe sobre la desigualdad en los EEUU, analiza esta y la compara  con otros países del mundo5.

La inflacción durante la Republica de Weimar era tan elevada que para adquirir alimentos de primera necesidad se tenian que presentar montañas de billetes que ya no valian nada

¿Preocupan quizás las causas de esa desigualdad por sus consecuencias en la cohesión social y para el futuro de los pueblos? No se expresan esas reflexiones en el estudio. Tampoco parece ser su finalidad, pero sí se dice ya en la primera frase del Informe que  “La desigualdad es probablemente un impulsor importante del populismo”. Habría por tanto que temerla, no tanto por su perversidad en sí, sino por sus consecuencias políticas que pudieran poner en peligro el sistema que la ocasiona. Y el sistema es manifiestamente criminal.

En el grupo de cabeza de países con mayor desigualdad económica, los Estados Unidos de Norteamérica, Turquía y la entidad sionista. La que había de ser patria acogedora de los judíos dispersos por el mundo en el sueño de Theodor Herzl, no parece dar un buen trato a la mayoría de su población. El sueño trocado en pesadilla. No en vano, la mayoría de los judíos prefieren apoyar el experimento desde la diáspora, es decir, desde la barrera. Por si acaso. Pero los detalles están en las cifras para la sociedad norteamericana. Apenas el 0,1% de la población adulta de los Estados Unidos, 234.000 personas poseen tanta riqueza como el 90% de la población . Esas 234.000 personas cuentan con ingresos anuales medios superiores a los 6 millones de dólares, frente a unos ingresos medios de la población  de 65.000 dólares/año (92 veces menos). Los datos están tomados para el año 2014 pero la tendencia de su evolución indicaba un mayor incremento de la desigualdad.

El Informe del Deutsche Bank refleja una situación muy similar a la que se dio en la gran crisis de 1929-1930 y su desenlace no parece que vaya a ser diferente. Su lectura es muy recomendable.

Sacar a la luz la raíz del problema, el capitalismo financiero como generador y beneficiario de esta desigualdad que mata a las pueblos y a la tierra , devolver  la economía a su fundamento natural y racional, reconociendo el papel del dinero como mero intermediario y no como Dios que todo lo gobierna forma parte de nuestra tarea como miembros de la comunidad popular,  porque si bien no es apropiado calificar a Sócrates de parásito, en su acepción actual, sí que es apropiado el hacerlo con su significado clásico, con los actores de la desmesura financiera pues tarea de los parásitos en la antigua Atenas era honrar con sus comidas colectivas en el Pritaneo  a los Dioses de la Polis, y estos nuevos parásitos también honran con sus especulaciones  a su Dios , el dinero. Ayudemos a destronarlo.

Carlos Feuerriegel

Notas:
1.-“Apología de Sócrates, en “Platón” , Editorial EDAF, 1965, pág. 35
2.-“La Ciudad Antigua”, Fustel de Coulanges, Editorial Plus.Ultra, pág.192
3.-“La vida de Lazarillo de Tormes” Ediciones Cátedra
4.-“La  sociedad de la indiferencia” Iranëus Eibl-Eibesfeldt, Editorial Herder
5.-www.db.com/newsroom_news/Inequality_Jan2018.pdf

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