El debate sobre la libertad de expresión… ¡Encubre la auténtica censura!

Soy casi tan escéptico con las teorías de la conspiración como con las teorías oficiales; así que prescindiré de especulaciones y conjeturas, sean más o menos plausibles, y me ceñiré a los hechos, fríos y duros, objetivos y constatables, tomando como punto de partida, para el asunto que nos ocupa, un estudio científico muy esclarecedor de la Escuela Politécnica de Zurich titulado The Network of Global Corporate Control1, que examina el poder económico global, a través de una meticulosa disección de la telaraña financiera tejida a base de relaciones de propiedad y cadenas de participación entre las 43.060 empresas multinacionales más grandes del planeta. Los datos utilizados en este estudio son de 2007, previos por tanto al desplome de la economía global de 2008, que tuvo como consecuencia un vertiginoso incremento de la concentración del capital global en unas pocas manos –la desigualdad económica que llaman algunos–; por lo que el lector ha de tener en cuenta que la situación que se describe en este informe no refleja en toda su magnitud la gravedad de la problemática en la coyuntura actual. He aquí una síntesis de las conclusiones de dicha investigación:

– Se hallaron 1.006.987 de cadenas de relaciones de propiedad entre 600.508 nodos. Como actores económicos se identificaron las 43.060 multinacionales y otros no incluidos en esta lista inicial.

– El 0,123% del total de accionistas controlaban el 80% del valor total de las 43.060 compañías multinacionales. Este porcentaje se corresponde con el número exacto de 737 accionistas.

– Cerrando más el círculo, pudo determinarse que 146 de estos accionistas, que representan tan sólo un 0,024% del total, dominaban el 40% del valor total de estas empresas. Subrayo: ¡146 accionistas! En un mundo poblado por más de 7 mil millones de personas.

– Para concluir, los autores advirtieron que esos 146 accionistas no eran ni por asomo actores independientes, sino que estaban íntimamente conectados entre sí.

Los sionistas Kapito y Fink fundadores de Blackrock

El vértice la basta telaraña hasta aquí descrita, de exagerada arquitectura piramidal, se encuentra copada por cuatro vastos grupos financieros, cuatro jinetes del Apocalipsis, que son accionistas mayoritarios de los principales bancos de Wall Street y del mundo, de las principales multinacionales, y a su vez los unos de los otros. Sus nombres son: BlackRock, Vanguard Group, Fidelity y State Street Corporation. Aunque resulta imposible obtener un cuadro preciso de la participación real de cada uno de los hombres y familias ubicados en la cúspide por la opacidad propia de estos círculos, así como por el uso de testaferros e intermediarios, una somera indagación no tardará en arrojar como resultado, un pequeño listado entre los que destacan, por su alta proporción, algunos de los más distinguidos apellidos de resonancias talmúdicas como: Rostchild, Warburg, Rockefeller, Goldman, Loeb Khun, Lazard y otros.

No dejan lugar a dudas “invirtiendo para un mundo nuevo”

No son difusos “mercados” quienes mueven el mundo; ni manos invisibles como pretenden los discípulos de von Hayek. Esas manos pertenecen a bípedos miserables, con nombres y apellidos, y una agenda política global implementada por los medios de comunicación, y que han de asumir todos los grandes partidos políticos para poder participar en el juego.

La simbología masónica es más que evidente

No se trata de una teoría de la conspiración, sino la constatación de aquellos fundamentos esenciales sobre los que se articula nuestro orden político. Un teoría sería una construcción racional que ofreciese una explicación causal a estos hechos demostrados y comprobables por cualquiera. Pero no es mi intención elaborar teorías, sino denunciar el despotismo y la hipocresía propio de este sistema en el que los poderes económicos se hayan tan escandalosamente por encima de los poderes, instituciones y medios públicos, que es inevitable que los segundos queden firmemente subordinados al influjo de los primeros, de forma tanto directa como indirecta.

Un sistema en el que los grandes medios de comunicación, de izquierdas o de derechas, son sociedades de accionistas integrados en esa maraña financiera, y no tienen por misión dar voz al pueblo sino manufacturar una “opinión pública” mediante el establecimiento de corrientes de opinión sobre temas superfluos, con límites cada día más estrechos, y funcionales a la agenda política del gobierno. No el gobierno de Pedro Sánchez, sino el de la élite global.

NI DERECHAS NI IZQUIERDAS: EL DEBATE ENCUBRE LA CENSURA

Una vez comprendido el diseño de nuestro sistema económico-político, luce irrelevante cualquier debate para dilucidar si tal o cual medida del gobierno PSOE-Podemos, sirve en realidad como una mal disimulada censura dirigida contra ciertas voces contrarias al ejecutivo; y tomar parte en él contribuye a la consolidación de la auténtica censura: la censura sistémica. No es de extrañar que los primeros interesados en avivar esta hoguera distractora, sean los partidos de la oposición y los charlatanes de derechas, ávidos los primeros de ocupar los asientos de Sánchez y sus secuaces, y paladines unos y otros de la causa del capitalismo global.

De izquierda a derecha todos responden ante los mismos amos

He aquí un ejemplo magnífico de las formas más extremas que toma este debate, que nos puede servir muy bien como punto de observación para clarificar algunos conceptos esenciales:

Pablo Iglesias ‘expropiará’ laSexta y ni Ferreras lo verá venir: el plan ‘bolivariano’ activado para someter a grandes medios privados – Periodista Digital2

La descabellada tesis defendida con el rigor habitual del periódico que dirige Alfonso Rojo, sostiene que el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, se dispone a implementar un plan “bolivariano” en el cual “no hay espacio para el sector privado en el control de los medios, y –aclara– eso lo saben quienes están luchando para garantizar la libertad de expresión de todos por igual” –refiriéndose a ellos mismos, faltaba más–. De este plan, no escaparán ni los aliados de Iglesias, porque a todos piensa atarles bien prieta la correa y castigarlos sin contemplaciones cuando osen cuestionar en lo más ínfimo al gobierno.

Se trata obviamente de una ridícula bravata. Pablo Iglesias no ha sido nombrado presidente todopoderoso de BlackRock, sino uno de entre cuatro vicepresidentes de un gobierno público. Este pasado mes, su jefe, Pedro Sánchez, repartía millones en “ayudas” a los medios privados para que no le retirasen su apoyo en plena crisis. ¡Menudo bochorno! Claro, la derecha se dio un banquete a su costa. Lo machacaron, y no sin motivo.

Pero lo escandaloso no es que pueda existir un político o un gobierno corrupto, o muchos, sino que sea el mismo Sistema el que, por su propia naturaleza, es corrupto e impone la corrupción; pues permite que los medios de comunicación en manos del poder económico, y por ende privado, derriben a un gobierno público si no les satisface. Por supuesto, las críticas de la derecha se centraron en el lamentable papel del gobierno, no en el funcionamiento del Sistema, que es lo grave y el origen del mal.

Periodista Digital citaba escandalizado en el citado artículo, un fragmento de una entrevista realizada a Pablo Iglesias en la televisión venezolana en 2014 en la que éste afirmaba que “es antidemocrático que los grandes medios de comunicación sean de propiedad privada de multimillonarios.” Para la derecha liberal el que esto suceda así, parece ser perfectamente compatible con la libertad de expresión que ellos defienden, e incluso deseable. ¿Por qué despotrican entonces cuando el político pasa por caja?

No obstante, sería erróneo reducir el problema al carácter privado de los grandes medios, como argumentaba hace años Pablo Iglesias, de nuevo, según Periodista Digital: “Lo que ataca a la libertad de expresión es que la mayoría de los medios de comunicación sean privados. Incluso, que existan medios de comunicación privados ataca a la libertad de expresión. Hay que decirlo abiertamente”. Esta premisa es fácil de desmontar, puesto que hoy existen multitud de medios de comunicación públicos; y sin embargo no muestran líneas diferentes al pensamiento único, ni se distancian de la agenda informativa mundial, ni cuestionan los fundamentos del Sistema, ni abordan temáticas alternativas… Porque el problema real no es la titularidad o a quienes pertenecen los paquetes accionarios, sino el hecho de que los medios funcionen bajo el paraguas de esa megaestructura económica global, sea en forma de empresas dependientes o independientes del poder político, pues en ambos casos son dependientes del poder económico.

Angela Merkel recibiendo el premio Theodor Hertzl del WJC por su apoyo a la causa sionista

Sería muy deseable en una sociedad que haya logrado liberarse del Imperio Internacional del Dinero que existiesen medios de comunicación en propiedad de particulares; por supuesto, sin sociedades de accionistas, sin anonimatos, ni multimillonarios detrás, ni poderes económicos dirigiendo entre bambalinas. De hecho, en la actualidad los mejores medios de comunicación verdaderamente independientes y alternativos, pertenecen a esta categoría, como por ejemplo la cadena de televisión TLV1 en Argentina.

No existe pues, tal amenaza a ese repugnante mercado al que derechas e izquierdas llaman eufemísticamente libertad de expresión. Pablo Iglesias es ya un buen burgués de la casta política democrática, servil al ultracapitalismo progresista de Georges Soros; pero, aunque fuese aún el líder neobolchevique bolivariano que pretende la derecha, tampoco expropiaría ningún medio de comunicación; porque poder político y poder fáctico, son cosas diferentes, y por la propia naturaleza de nuestros sistema, el primero está sin excepción sometido al segundo. Sería imposible. Si pretendiese llevar a cabo algo semejante, no sólo los medios de comunicación lo hundirían en cuestión de horas, sino que bancos y grupos financieros, empresas de comunicación, gigantes digitales, grandes superficies, etc. se levantarían contra el gobierno. Banco Santander, BBVA, Banco Popular, CaixaBank, Bankia, Banco Sabadell o Bankinter tienen a Blackrock entre sus principales accionistas, lo mismo que Mediaset, Repsol o Telefónica. Un solo giro de muñeca del director de orquesta bastaría para paralizar el país de punta a punta. Y si pese a ello persistiese en su empeño, en menos de una semana tendría a la opinión pública mundial clamando en su contra con ira: ¡Dictadura! ¡Boicot! ¡Guerra! ¡Invasión!

LA DEMOCRACIA ES LA TIRANÍA DEL CAPITAL

La pretendida libertad de prensa, de expresión y de información en todas las democracias no es más que una ficción, un engaño hipócrita. Un siniestro teatrillo de marionetas ataviadas con corbatas de colores, con toda una orquesta mediática dispuesta a su alrededor; un espectáculo distractorio diseñado para centrar la atención popular en cuestiones vacuas e insustanciales, y evitar que el orden económico que somete a todos los pueblos y naciones del globo pueda ser puesto en tela de juicio. Hablar de libertad de expresión en una democracia contemporánea es un insulto a la inteligencia; un insulto por el que, dicho sea de paso… ningún demócrata se da por aludido.

La democracia es mentira. No existen democracias. No existen dictaduras para estos parásitos. Tan sólo existe una sencilla lista de calificativos, martilleados en la mente de las masas, mediante la cual el poder económico clasifica a los diferentes sistemas políticos, actuales e históricos, de muy buenos a muy malos, en función de cómo de propensos sean sus gobiernos a dejarse controlar y saquear por el absolutismo financiero.

Es el deber de todo hombre libre denunciar abiertamente los barrotes que oculta el guiñol democrático de partidos: la privatización del poder, las estructuras de dominación económica, a los medios de comunicación que funcionan como armas de penetración ideológica y cultural, y a todos y cada uno de los agentes políticos y sociales que integran y legitiman la plutocracia, y que son por tanto cómplices de este sistema criminal.

A tal deber nos consagramos.

¡Abajo la tiranía!

Dr. Stockmann


1.- Stefania Vitali, James B. Glattfelder, Stefano Battiston. The Network of Global Corporate Control. October 26, 2011. Disponible en:

https://doi.org/10.1371/journal.pone.0025995

2.- https://www.periodistadigital.com/politica/gobierno/20200417/pablo-iglesias-expropiara-lasexta-ferreras-vera-venir-plan-bolivariano-activado-someter-grandes-medios-privados-noticia-689404293408/

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