Relato poético “La luz de la linterna” (Jueves cultural)

Había un hombre que andaba sin cesar. Su paso no cesaba ni su rumbo al caminar. 

Llevaba consigo harapos, un pantalón sucio, sandalias roídas del vagar. En su zurrón un trozo de pan duro, queso, algún otro algo que roer. En sus manos un bastón de abeto y una linterna, de esas que van con aceite y se encienden con cerillas.

Su viaje recorría un bosque, oscuras sombras por la mañana; tenebrosas figuras por la noche. Era un trayecto sin paradas, tampoco tenía destino, solo huir. Dormía en los bordes y avanzaba por las sendas. 

Él no se daba cuenta, más la bestia lo alcanzaba. Él no la sentía pero aquello lo engullía. 

Era la luz su única amiga, pero siempre titilaba. La llama era caprichosa, el viento la hacía bailar. 

Era aquella una danza sublime, donde la llama desaparece para volver a dar luz; y donde dando luz desaparece, para no deslumbrar. 

Ese hombre pensó, y de golpe a la llama sopló. Osado convertiría a la bestia en presa, y a sí mismo en cazador; la noche sería su abrazo y de la luz nunca más sabría. 

AC


Imagen: El caminante sobre el mar de nubes (1818), en alemán, Der Wanderer über dem Nebelmeer, de pintor romántico alemán Caspar David Friedrich.

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