Se buscan valientes

Ayer estuve releyendo el magnífico libro sobre Los Sitios de Zaragoza (1808-1809) del doctor Jesús Lorente, y no puede evitar hacer comparaciones del carácter y la actitud de la sociedad de entonces y la de ahora ante una situación de crisis, estrés y caos.

La situación de pandemia que hemos estado viviendo estos meses ha logrado sacar lo mejor de algunas personas, pero también lo peor de muchas. Ha quedado patente que estamos en una sociedad enferma, profundamente cobarde y débil, que al más mínimo atisbo de sacrificio o esfuerzo, se viene completamente abajo.

En 1808, los Gobernantes y clases dirigentes españolas, vendieron a su pueblo y a su patria a los franceses sin ningún miramiento. Compuestos por mentirosos y traidores (como los de ahora), entregaron la nación a Napoleón Bonaparte sin ofrecer resistencia y aceptando al rey “títere” José Bonaparte. Sólo algunos militares y el pueblo llano, se opusieron a tamaña traición y decidieron que nadie les quitaría su forma de vivir ni su Libertad, aunque tuvieran que pagarlo con la vida.

Los afrancesados vendían la moto de que los franceses traían el progreso y la modernización de una España “atrasada”, paleta y conservadora, según su punto de vista. Pero los españoles no se dejaron embaucar, iban a vender cara su Libertad.

Hombres y mujeres corrientes que se enfrentaron al ejército imperial francés, el mejor ejército de la época, lanzando piedras, tejas y ladrillos sobre las cabezas de sus atacantes; Mujeres que, tijeras de coser en mano, abatían a puñaladas las monturas de la caballería de élite polaca al galope por las calles de Zaragoza, derribaban a sus jinetes y los apaleaban hasta la muerte; Hombres que, armados con navajas, degollaban a todo soldado enemigo que se cruzara en su camino, defendiendo cada palmo de la ciudad, luchando casa por casa, pasillo por pasillo, habitación por habitación; curas y monjes (sí, habéis leído bien) que abatían soldados con sus arcabuces apostados en los tejados y las ventanas de los propios conventos. Gente hecha de otra pasta que defendería su Libertad hasta las últimas consecuencias.

Defensa de la torre de S. Agustín por C. Álvarez Dummont

Viendo este panorama me pregunto, ¿dónde narices ha quedado el espíritu, la gallardía y la determinación de estas gentes, nuestros antepasados? ¿Cuándo permitimos llegar a semejante nivel de inmundicia social y degradación? ¿Cuándo decidimos ser esclavos, agachar la cabeza y rendirnos? ¿Para eso lucharon, derramaron su sangre y murieron nuestros antecesores? Hoy se revolverían en sus tumbas de ver en lo que se ha convertido la sociedad: un nido de ratas cobardes y manipulables que huyen al menor indicio de problemas, que se cagan encima y se esconden en un rincón de su casa agazapados y asustados ante el mínimo desafío, mientras cacarean en las redes sociales y alimentan su ego a base de falsa solidaridad con aplausos en los balcones y banderitas de colores en el estado del Facebook. Todo para alimentar su ya enorme ego y necesidad de aprobación por parte del resto de la sociedad y para lavar su conciencia pensando que hacen algo útil, cuando en realidad, lo único que son es unos cobardes miserables. Y no sólo eso, sino que para justificar su absoluto pánico y su cobardía, pretenden que el resto seamos como ellos, y denuncian y atacan a cualquiera que intente luchar por su Libertad o por el pensamiento crítico. ¿Os imagináis en 1808 a la gente gritando desde los balcones a los defensores de Zaragoza que eran unos inconscientes, unos insolidarios y que por su culpa e insubordinación los iban a matar a todos? ¿Os imagináis qué hubiera pasado si la gente se hubiera quedado encerrada en sus casas acojonada mientras le robaban la libertad y la oprimían? ¿Qué clase de miserable increparía a quien lucha por la Libertad de su pueblo? Pues eso es exactamente lo que ha ocurrido en estos últimos meses. Gente gritando desde sus balcones o increpando por la calle a cualquiera que no tragara la versión oficial y que no estuviera, como ellos, cagado de miedo y encerrado en su casa consumiendo de forma compulsiva la televisión y los medios de des-información. Guardianes de la nueva moral y chivatos del Sistema. Cualquier mujer dedicada entonces, en 1808, a cuidar de sus hijos, tejer y cuidar la casa, tenía más valor que cualquier mequetrefe que se las da de duro en la actualidad.

Pues a toda esa gente les digo que nosotros JAMÁS NOS RENDIREMOS, JAMÁS DAREMOS UN PASO ATRÁS Y JAMÁS DEJAREMOS DE LUCHAR POR LA LIBERTAD AUNQUE EL PRECIO SEA EL OSTRACISMO, LA PRISIÓN O LA MUERTE.

Combate heroico en el púlpito de la iglesia de San Agustín de Zaragoza en el segundo sitio de 1809

Nosotros actuaremos como Agustina de Aragón, con valentía y una determinación inquebrantable. Una joven de 22 años que acercaba la comida y bebida a los defensores apostados en la Puerta del Portillo en Zaragoza. Al llegar, se encontró con que el puesto estaba desguarnecido y todos los defensores muertos o heridos de gravedad, mientras que las tropas francesas se disponían para el asalto. Sin dudar y sin pensárselo dos veces, arrancó el botafuego de las manos ensangrentadas del oficial de artillería muerto, se acercó al cañón y prendió la mecha. A partir de ahí, un gran estallido, una nube de polvo negro, una bala rasa contra las tropas francesas a la carga. Sangre, pedazos de carne, vísceras, gritos de dolor, caras de pánico en el ejército francés y la retirada. Una sola mujer, con su determinación inquebrantable, había puesto en retirada a todo un regimiento francés presa del pánico.

Siège de Saragosse, Jules Girardet, 1906

¿Dónde están ahora esos hombres y mujeres? Sé que estáis ahí, envueltos en las heces hasta el cuello de esta sociedad putrefacta, de pié ante este mundo en ruinas y en franca descomposición y decadencia. Luchando en posiciones perdidas hasta las últimas consecuencias, aguantando hasta el último aliento y defendiendo los valores de la Tradición: Valor, Honor, Libertad, Esfuerzo, Sacrificio, Amor, Lealtad, Verdad, Hospitalidad, Disciplina, Perseverancia…

Solo quiero decíos, NO ESTÁIS SOLOS. Hay más como vosotros y llegará nuestra hora, sólo hay que esperar el momento en el que el tigre se canse de galopar y dar tirones; entonces, le asestaremos el golpe letal y arrasaremos con esta sociedad corrupta y decadente hasta los cimientos para construir juntos el nuevo amanecer. ¡COBARDES, APARTÁOS, ES LA HORA DE LOS VALIENTES!

Olíndico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: