Inventan una pastilla para llegar más hondo en el pozo de la degeneración

Lo anuncian por todo lo alto. ¡Menudo éxito! El fármaco definitivo.

La salud de cientos de animales (monos y ratones) fue intencionadamente machacada. Es por la ciencia pequeños. Un sufrimiento añadido para unos pobres seres, sintientes e inocentes, cuyas vidas se reducen a ejecutar movimientos compulsivos y desarrollar comportamientos anormales y patológicos en diminutas jaulas de laboratorio. Entre hierro, plástico y sus propios excrementos. Desquiciados, angustiados, aterrados. Un mal necesario al parecer. La sacrosanta humanidad lo reclama.

Los ensayos han dado grandes resultados. Eso venden los titulares de los mass media 1. Si las pruebas en humanos repitiesen los mismos resultados, cosa muy poco común, tendríamos la pastilla decisiva. ¿Qué efecto tendría? Prodigioso. Escuchen bien: Permitiría al más repugnante vicioso, al más obsceno zampabollos y devorahamburguesas, comer hasta vomitar sin convertirse en un ser amorfo y enfermo. Una pastilla y listo. A lucir fotos en Instagram como si ese grasiento kilo de panceta con chorizo nunca hubiese cruzado nuestro gaznate a trompicones.

Grandes industrias dominan la alimentación mundial con un sórdido negocio: explotar la gula de los subhombres postmodernos

Sólo en un mundo que ha llegado tan alto en la espiral de la degeneración puede el público no estremecerse de asco ante tales titulares. Quieren un remedio mágico para todas sus taras. Que no les obligue a dejar de castigar los cojines del sofá con su tonelaje. ¡Y quita de mi vista esos juguetes infantiles y campañas de marketing con gente esbelta y atlética! Promueven estereotipos ofensivos para los que disfrutamos de dos litros de Coca-Cola con snacks y cuatro horas de Netflix al día.

El sobrepeso es uno de las tres principales causas de enfermedad y muerte en casi todo el planeta. Grandes industrias dominan la alimentación mundial con un sórdido negocio: explotar la gula de los subhombres postmodernos, proporcionarles grandes dosis de sabores artificiales, carnes cancerígenas y diabetes envasada para alimentar su codicia de sensaciones placenteras; y a cambio éstos pagan con su salud, su futuro y un mínimo coste. Y si hay 3 x 2 en el super, engordan un poco más sin rascarse el bolsillo. Y de regalo… Un planeta devastado. Pero eso no se refleja en el precio. ¿A quién le importa? La casta política global democrática es sierva de esta industria de la comida ultraprocesada –como de cualquier gran capital– y cómplice de su genocidio y su saqueo de la Naturaleza.

Cultura del esfuerzo. Dominio de los apetitos inferiores. Endurecer el carácter. Frugalidad y aspiraciones elevadas. Política al servicio del pueblo: Salus populi suprema lex est. ¿Dónde quedó todo eso? ¿Cómo logró la democracia reducir a los descendientes de aqueos y romanos, de caballeros medievales y divisionarios españoles, a unos seres dispuestos a condenar al mundo y a sí mismos por un nuevo sabor de helado?

Un ricachón griego, aficionado a las comidas exóticas, mandó llamar en una ocasión a un cocinero espartano. Quería probar los manjares lacedemonios. Cuando el cocinero hubo terminado y el tipo aquel cató la comida que alimentaba a los mejores guerreros del mundo antiguo su decepción fue mayúscula. ¡Aquello no sabía a nada! ¿Que falta un ingrediente? No hay problema. Mis sirvientes irán a buscarlo inmediatamente a cualquier rincón de la tierra. Pero no fue posible. Tal como le hizo saber el espartano con mirada despectiva, no estaba a su alcance: el ingrediente central de la comida espartana era el sudor, el dolor y el agotamiento extremo que debía soportar el hoplita para hacerse digno de cada bocado.

“Cultura del esfuerzo. Dominio de los apetitos inferiores. Endurecer el carácter”

¿Qué los nuevos occidentales son unos seres degradados y caprichosos, individualistas e irresponsables, controlados por sus apetencias? ¿Qué la industria mundial de la alimentación es una fábrica de muerte y destrucción y que con la democracia global juega en casa? Y qué. ¿Dónde está el problema? Torturamos unos cuantos animales, extraemos una pastilla de su generoso sacrificio y que el juego continúe. 2 x 1 en salchichas industriales para celebrarlo. Esa es la mentalidad. Y a caer más y más hondo en el pozo de la autodegradación, del vicio y la criminalidad empresarial e institucional. Ya reventará el sistema por otro sitio. Posiblemente cuando los neohombres se vean incapaces de sacar adelante una civilización que erigió un tipo humano completamente antagónico.

No hay laboratorio que pueda proveer al mercado de fármacos que arreglen semejante estropicio. Por muchos animales que torturen. No hay pastillas para eso. Ni votos a ningún partido.

Futuros militantes del Partido NS Europeo se dirigen a ejecutar a un conocido perversor de menores (Ríase mientras pueda)

La única tortura que funcionaría es la que estos subseres sobrealimentados pudiesen ejercer sobre sí mismos, desertando de la sociedad democrática del bienestar y matriculándose en la escuela aristocrática del dolor, en la que se licencian hombres de verdad y no subproductos de deshecho de la sociedad del consumo y el gozo.

Dr. Stockmann


Nota: 1.-Una pastilla al día para comer sin miedo a engordar: https://www.abc.es/salud/noticias/20150326/abci-farmaco-obesidad-cnio-201503261303.html

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