El trabajo os hará libres

A propósito de la cifra de parados del mes de mayo, hemos tratado de hacer un pequeño ejercicio de matemáticas que, tal vez por estar al alcance de cualquiera, y a pesar de que habla por sí solo, queda junto a otras muchas cosas ahogado entre la marea de noticias e informaciones con las que nos apabullan a diario.

El pasado mes de mayo, por razones que a nadie escapan, España aumentó la cifra de parados en 26.573 personas; la mayor en un mes de mayo desde que se tienen registros. Sumados a los que ya había, nos quedamos con la cifra de 3.857.776 personas desempleadas. Por desgracia, parte de ellas o todas, quedarán cobrando del Estado. Y digo por desgracia porque entiendo que estar sin trabajo no es motivo de alegría, aunque la realidad nos enseñe que hay quien toma la prestación por desempleo como una excedencia pagada por el resto de los españoles.

Para algo queremos un Estado Social, efectivamente. Pero es que la misión del Estado, sobre todo pensando en la parte social, también es la de mantenerse en el tiempo para poder, justamente, mantener a otros que caigan en desgracia en el futuro. Y basta un pequeño ejercicio matemático para que nos demos cuenta de cuán difícil es mantener un rascacielos sobre unos cimientos de palillos.

Si a los 3.857.776 de parados sumamos los 2.595.575 de funcionarios, más unos 300.000 políticos a sueldo, tomando una de las cifras más prudentes y, además, agregamos 8.700.000 pensionistas, de los cuales 5.500.000 son jubilados (el resto preguntar a Iker Jiménez) y, por poco no quedemos mal, añadimos ahora otro millón de personas que son las que se estiman que cobrarán la Renta Mínima Vital, obtenemos la pequeña cifra de 16.453.351 personas cuyos ingresos, directamente, provienen del Estado.

Al otro lado de la balanza tenemos una población activa de 23 millones. Es decir, la diferencia entre unos y otros es de 6.546.649 personas. No hace falta ser un genio matemático para comprender que esto no puede alargarse mucho en el tiempo.

España continúa acumulando deuda, 25.992 euros debemos actualmente por persona y subiendo. ¿Seremos capaces de pagar esto algún día?

Se da la circunstancia, paralelamente, de que el sector primario, por ejemplo en la recogida de la fruta, tiene verdaderos problemas para encontrar trabajadores. ¿Cómo puede ser? ¿Estamos convirtiéndonos por fin en una industria…? ¿de vagos?

Que nadie piense que no es un problema suyo, el dinero del Estado no es otro que el del contribuyente.

Decía hace unos días el Ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, que un tercio de los perceptores de la Renta Mínima no son empleables a día de hoy. Y ponía como ejemplo problemas de drogadicción, psicológicos o aquellos que, debido al abandono escolar, tienen una formación precaria. Mensaje claro a los chavales: deja de estudiar, drógate, y tendrás una paga de por vida.

“Inempleables no quiere decir que no puedan trabajar, quiere decir que son redundantes en un sistema capitalista cuyos objetivos sólo se miden en términos de beneficio económico”

Pero cuidado con los términos, porque se habla de no ser empleable y damos por hecho que no pueden trabajar. Son inempleables en una economía de mercado capitalista, en cuyo terreno de juego tenemos que batirnos a diario unos cuantos millones de españoles no sólo para desempeñar y defender nuestros empleos, sino para mantener con esfuerzo, estudio y preparación nuestra empleabilidad para el día de mañana, en un campo de juego en el que nos cambian las normas a diario.

Inempleables no quiere decir que no puedan trabajar, quiere decir que son redundantes en un sistema capitalista cuyos objetivos sólo se miden en términos de beneficio económico, para lo que las empresas compiten en una carrera inacabable que deja por el camino a millones de seres humanos.

En las crónicas que envió desde Alemania en 1933 el periodista Manuel Chaves Nogales, concretamente aquellas en las que narraba lo que vio en los campos de trabajo voluntario, decía que los trabajadores desecaban una laguna en cuyo fondo se había formado un légamo que la hacía impermeable, por lo que las aguas estancadas eran perniciosas y debían ser limpiadas. Para ello los obreros voluntarios abrían cauces , tallaban trincheras y arrancaban légamo. Interrogado el responsable del Ministerio de Trabajo que lo acompañaba sobre por qué dedicaban a los obreros a ese tipo de trabajo y sobre a quién beneficiaba, le contestaron que “no podemos dedicarlos a otros trabajos porque no queremos hacer competencia a la industria privada… Por lo general, benefician a los municipios, ya que es en los terrenos comunales donde preferentemente se hacen las obras de mejora oportunas”. El propio Chaves describía cómo unos muchachos solicitaban engancharse: “vienen con un aire triste, aburrido; con esa desgana y ese malhumor del hombre que ha perdido el hábito de trabajar y quizá de comer…deben haber trotado mucho inútilmente por los caminos de Alemania en busca de un jornal. No lo hay para ellos…Se quedarán… El alemán tiene que trabajar siempre. Tener trabajo es ser hombre. El alemán, a diferencia de los demás hombres de la tierra, trabaja por un principio invisible, ajeno a la remuneración; no es la consecución del bienestar por el trabajo lo que le hace feliz, sino que su felicidad es el trabajo mismo.”

No añadiré una palabra más.

Robert A.C.

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