¡Nuestros Grandes! Franz Schubert

Llegó el momento de comenzar a abarcar el desbordante romanticismo alemán, en su ámbito musical, y considero de notoria importancia comenzar hablando de uno de sus hijos predilectos: Franz Schubert.

Nacido en Viena, un 31 de enero de 1797, Schubert fue un compositor austriaco que abarcó los primeros pasos del romanticismo, continuando a su vez el legado clásico de la forma sonata antigua según el modelo Beethoveniano. Su legado es impresionante para el poco tiempo que vivió; incluyendo innumerables lieder, siete sinfonías completas, algunas óperas, música incidental, sacra y un vasto repertorio pianístico y camerístico. Algunas de sus obras principales son el Quinteto “La Trucha” (para piano y cuarteto de cuerdas), la Sinfonía Inacabada, la Gran Sinfonía, Rosamunda ( música teatral) y los bellísimos ciclos de canciones “Viaje de invierno” y “La bella molinera”.

Con apenas una decena de años, conoce en la escuela Stakonvikt la música de maestros como Haydn, Mozart o el propio Beethoven, quedando sumamente impresionado por la escritura y maestría de éstos músicos.

En 1822, conoció a Weber y a Beethoven, siendo no muy prolíficos estos encuentros, aunque se sabe que Beethoven reconoció el don de Schubert en esas y en otras ocasiones. Se conoce, de hecho, que Beethoven dijo al examinar algunas obras de juventud de Schubert, que resplandecía en él “la chispa del genio divino”.

Su ocupación con sus deberes oficiales y representaciones en sus últimos años, no le impidió desarrollar en esta etapa una muy prolífica labor de composición, llevando a cabo la Misa en Mi Bemol Mayor, embarcándose en ése mismo año en la Sinfonía en Si menor, la antes mencionada “Sinfonía Inacabada”, nombrada así porque no la llegó a completar. El por qué es controversial y no se sabe con certeza.

En 1947, en referencia a sus sonatas para piano, diría de él el compositor y analista musical Ernst Krenek, también austríaco: “Cada sonata impresa exhibe una gran riqueza de delicadeza técnica y revelaba a Schubert como un ser lejano a la fácil satisfacción, no dispuesta a verter sus encantadoras ideas en moldes convencionales, siendo por el contrario, un artista pensante con un gran apetito por la experimentación».​

Su valoración en vida fue relativamente mínima, compuesta por un círculo no muy amplio de admiradores en Viena, pero fue en décadas posteriores cuando empezó a recibir mediante músicos como Schmann, Mendelssohn, Liszt o Brahms el reconocimiento que merecía realmente su obra.

Dejaré para escucha su cuarteto de cuerda Nº 14: “ La muerte y la doncella”, de clara alusión literaria romanticista, obra magna para ésta formación camerística, en la maravillosa interpretación del cuarteto “Terpsycordes” (interpretación historicista):

“Terpsycordes”

También recomiendo para quien esté interesado su 5ª sinfonía, de inspiración clásica pero con gran estilo personal, en interpretación historicista de la Orquesta del Siglo XVIII:

Interpretación historicista o histórica: Grabaciones realizadas con instrumentos de época, con grandes diferencias tímbricas con los actuales, con una afinación diferente (habitualmente 432 Hz para Romanticismo temprano y clasicismo y 415 Hz para Barroco) y con otros criterios musicales, de tempo, agógica o dinámica, acordes a los gustos y tratados de la época.

Abraham

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