Un repaso a la vida de Adriano Romualdi en su 47 aniversario…

Adriano Romualdi (1940 –1973) fue un pensador y político italiano conectado al neofascismo. Profesor universitario, periodista, ensayista, y militante ejemplar, fue colaborador de gran parte de las revistas del neofascismo italiano de los años sesenta, sobre todo de “Ordine Nuovo”, y al que Franco Petronio calificó acertadamente como un “auténtico regalo para la cultura italiana”.

Nació el 9 de diciembre de 1940, hijo de Pino Romualdi, el cual había sido vice-secretario del Partido Fascista Republicano durante la República Social Italiana, así como fundador en la post-guerra del Movimiento Social Italiano (MSI). Adriano creció en un ambiente de confrontaciones de ideas, donde, por un lado, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial construían una historia de acuerdo con su ideología, más con un punto en común, desmerecer a aquellos que honraron el compromiso bélico de Italia hasta el fin, y por otro lado, los vencidos que intentaban mantener prendida la llama de la “otra Europa” más allá de las fórmulas liberales y marxistas que por aquella época discutían entre ellas anticipando la Guerra fría.

Gran lector de libros de Historia, Adriano Romualdi se licenció en Historia, convirtiéndose en profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Palermo, donde convivió con políticos de relevancia como Augusto de Noce o Renzo de Felice. Sin embargo la personalidad que más influenció a Romualdi fue el filósofo y pensador tradicionalista Julius Evola, con quien se hará amigo e inclusive biógrafo. Hay que tener en cuenta que por entonces, a finales de la década de los años 60, Julius Evola se había convertido en Italia en el estandarte de batalla de la “nueva contestación” y de la lucha contra el sistema. Adriano Romualdi y Claudio Mutti, entre otros, completaron y ampliaron algunos de los trabajos de Julius Evola. Romualdi publicó un ensayo de síntesis de la obra de Evola titulado “El hombre y la obra”, y por otra parte siguió dando formulaciones políticas al pensamiento tradicional y evoliano. Así, por ejemplo, vale la pena citar el ensayo titulado “Sobre el problema de una Tradición europea”, que es una breve historia filosófica de Europa, así como dos pequeños opúsculos, “Ideas para una cultura de Destra”, y “La Destra y la crisis del nacionalismo”.

A. Romualdi

Librándose de las cadenas de la nostalgia por el régimen fascista en la cual la mayoría de los nacionalistas italianos estaban encerrados, Adriano Romualdi leía a Friedrich Nietzsche y a Oswald Spengler, siendo que este último lo hizo despertar para el hecho de que el pequeño nacionalismo burgués estaba muerto.

Lejos de ser un intelectual, designación por él despreciada, Romualdi era un hombre de pensamiento y acción. Como Evola, tradicionalista, pero para nada conservador, podemos definirlo como un “futurista”, en todo el sentido de la palabra, o sea, él tanto admiraba el hecho de que los americanos habían colocado un hombre en la Luna, como el avance soviético en la antropología, sociología y psicología. Romualdi se dio cuenta que era necesario la recuperación de la cultura por los nacionalistas, única forma de construir un “área política radical”, capaz de hacer frente al adversario capitalista.

Hombre de excepcional inteligencia Adriano Romualdi contribuyó de forma indeleble para la evolución del nacionalismo revolucionario a través de la transmisión de nuevas formas de comprender la Historia y la política, pues para él, las ideas, símbolos o lemas desprovistos de capacidad transformadora no serían más que estrategias ridículas, que irían al fracaso.

Intelectual y hombre de acción

Romualdi fue también uno de los principales impulsores de la apropiación del término “Destra” entre los nacionalistas, dado que en aquella época la designación de “Destra” fue escogida estratégicamente como para ser capaz de cautivar los amplios sectores sociales que no se identificaban con el conservadurismo vergonzoso de los Demócratas Cristianos.

Es preciso aclarar que Evola, Romualdi y otros tantos pensadores tradicionalistas hablan de “Destra” pero no sobre el plano político burgués y reaccionario en el que la derecha representa hoy un mero conservadurismo demo-liberal desprovisto de sentido en un mundo en que muy poco merece ser conservado. En el lenguaje del pensamiento tradicional se habla de “Destra” sobre el plano ideológico y metafísico, como equivalente a “lo recto”.  

Portada de una de sus publicaciones

Romualdi buscó también encontrar un cuerpo ideológico al término “Destra”, cuando explicó: “¿Qué significa ser de Destra? Ser de Destra significa, en primer lugar, reconocer el carácter subversivo de los movimientos salidos de la Revolución Francesa, sean ellos el liberalismo, la democracia o el primer socialismo. Ser de Destra significa, en segundo lugar, detectar la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas, materialistas, que preparan la llegada de la civilización plebeya, el reino de la cantidad, la tiranía de la masa anónima y monstruosa. Ser de Destra significa, en tercer lugar, concebir el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos predominan sobre la estructura económica y donde el derecho de ‘a cada uno lo suyo’ no significa igualdad, sino desigualdad cualitativa. Finalizando, ser de Destra significa aceptar como propia aquella espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que originó la civilización europea, y -en nombre de esta espiritualidad y de sus valores- aceptar la lucha contra la decadencia de Europa”.

Mientras tanto, el concepto más importante que Adriano Romualdi abordó en cuanto a lo ideológico fue la idea de la Europa-Nación. Siguiendo los pasos de Pierre Drieu La Rochelle, Adriano Romualdi no creía en otro nacionalismo que aquel representado por la Patria europea. Para Romualdi, el ‘pequeño nacionalismo’ es un simulacro, pura idiotez, un bonsai de la política convencional, que de ningún modo entra dentro de los parámetros definidos por un movimiento cultural y político, cuya finalidad estratégica sea la de vertebrar una alternativa de ‘civilización’ frente a los materialismos neoliberal y marxista.

Romualdi percibió perfectamente que el futuro solamente podrá ser garantizado a través de un regreso a las más profundas raíces europeas, aliado a los avances que la técnica y las ciencias modernas ofrecen, o en otras palabras, unir la Tradición primordial con el futurismo, en oposición al conservadurismo reaccionario y al progresismo desenraizador, tesis posteriormente actualizada y perfeccionada por Guillaume Faye, explicada en su obra “El Arqueofuturismo”.

AR

Colaborador frecuente en las publicaciones nacionalistas italianas, fue también autor de diversas obras entre las cuales destacan “Los Indoeuropeos ““El problema de una Tradición europea”, “Ideas para una cultura de Destra”, “La Destra y la crisis del nacionalismo”, “Corrientes políticas e ideológicas del nacionalismo alemán 1918-1932”, y también la biografía de su maestro “Julius Evola, el hombre y la obra”.

Adriano Romualdi falleció el 12 de agosto de 1973, en un trágico accidente de automóvil en Roma, con apenas 33 años de edad.

Muore giovane chi è caro agli Déi.

Eduardo Núñez

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