El estado-papá, el estado-ONG y las ayudas sociales

Hay que reunir grandes dosis de astucia para conocer a tiempo, solicitar y, si hay suerte, recibir las ayudas sociales. Existen auténticos expertos pululando entre ventanillas que conocen bien el negocio. Algunas ONG´s sólo para inmigrantes se encargan de hacerlo por ellos o les adiestran para exprimir todas las posibilidades. ¡Tienen derecho! Derecho… Manida palabra. ¿Cómo se genera un derecho sin alguien que cumpla el correspondiente deber? Que alguien me lo explique. En fin, ese es otro tema.

En Cinderella Man, Russell Crowe, avanza ante la mirada desencajada de sus conciudadanos por una oficina en la que ofrecen ayudas al ejército de desarrapados que ha dejado el crack del 29. ¿Pedir dinero? Esta vez no. Viene a entregarlo. A devolverlo más bien. En su día le fue concedida una ayuda. Consiguió salir adelante. Ahora hay otros compatriotas que necesitan ese dinero. Quiere tender su mano como a él se la tendieron.

Un buen amigo mío dejó de trabajar durante unos meses por voluntad propia. Opositaba en aquella época y presentarse a las pruebas selectivas con garantías le obligaba a dedicar al menos 8 ó 10 horas al día. Habló con la empresa y no le renovaron el contrato. Podía haber pedido el paro, los 400 euros que daban entonces o la paga correspondiente. Tenía “derecho” legal. Pero no lo hizo. No le pareció ético. Le bastaban unos ahorrillos que había guardado escrupulosamente para cubrir sus necesidades y las de su hijo durante unos meses. Otro amigo le ofreció una pequeña suma de colchón. Ya se lo devolvería. Finalmente no hizo falta.

Sea el personaje cinematográfico que interpretaba Crowe, o sea mi malogrado amigo, no le cabrá duda a la mayoría democrática de que nos encontramos ante un perfecto idiota. Es un idiota quien no se aprovecha una oportunidad legal para sacar provecho propio. Es un idiota el que no diseña todo su sistema ético a la medida de sus necesidades y caprichos. Es un idiota el que no pisa al vecino para obtener lo suyo.

Los grupos parlamentarios del PSOE, Podemos, MÉS por Mallorca y Més por Menorca han presentaron una proposición no de ley instando a la modificación de la Ley Tributaria estatal para que se permita a los inmigrantes sin permiso de residencia percibir ayudas económicas de las instituciones públicas.

Yo lo habría pedido igualmente. Total, para que se lo lleve otro o lo malgasten o derrochen los políticos; le decían a mi amigo. Eres tonto. Y es que cuando quieres algo, tu cerebro no dejará de maquinar razones para justificar tu deseo. Diferenciar nuestras apetencias de lo que nos dicta nuestra brújula moral marcaba en tiempos pretéritos, carcas dirían hoy, la entrada en la edad adulta y formaba el pilar central de la educación. Hoy enseñan robótica, economía y otras cosas más chulas. Y todos tratan de sacar lo posible del estado. Se atacó en demasía a la pobre de Carmen Calvo por aquella famosa sentencia en que exhibía su particular concepción de las finanzas públicas: Manejamos dinero público y el dinero público no es de nadie. Pues no hizo sino evidenciar el fundamento económico del estado social de la democracia moderna. Para políticos y votantes. Hay dinero, coge lo que puedas antes de que lo haga otro, y que a ti te quiten lo menos posible.

Sí, sí… Claro que conozco como gestionan los políticos nuestros dineros. Y si de mi dependiera, antes les pegaba fuego –a los dineros, no piensen mal– que dejarles un solo billete a esas ratas para que lo invirtiesen en decadencia y despilfarros. Sin embargo, esa no es escusa para creerme con derecho a apropiarme, con tretas y afán de lucro, del dinero que al resto de los trabajadores les ha sido arrancado a mordiscos por el gobierno licántropo de turno. El señor feudal pedía un diezmo. La usura democrática de nuestros tiempos adelantó por la derecha al señor del castillo hace siglos.

Su estado de bienestar es un caos. Un agujero negro. Lo único que se puede hacer para tirar hacia delante es retrasar la ruina con todas las artimañas imaginables, que le toque al partido rival en su legislatura y así tener ocasión de echarle la culpa de cada muro que se desploma. Que si no hay pensiones, que si hay que subir impuestos, que si los intereses de la deuda exigen recortes… Y mientras, alimentar entre las masas esa noción pueril del estado-papá, que viene a pagarnos el año sabático o a mantener en casa al hijo golfo, que ni estudia ni trabaja, y colecciona derechos. O peor aún, el estado-ONG, que reparte lo que les roba a los trabajadores entre masas inmigrantes –ahora refugiados– que ni remotamente se sienten ligados a la nación y a su futuro. Es una extraña que les regala dinero. Aprovéchate amigo. Tienes derecho.

Una ayuda social es una gran idea si está bien concebida. Pero para eso se necesita comunidad. Hace falta que en verdad el estado sea una emanación de una comunidad nacional de trabajadores organizados que velan por SUS intereses y necesidades. Los de la comunidad, no los del resto del mundo; por mucho que ayuden a otros pueblos siempre que les sea posible. Si un trabajador pierde el trabajo, pasa dificultades o tiene una necesidad concreta, el resto arriman el hombro para ayudarle a levantarse. Mañana él ayudará a otros a superar su bache. No obstante, si un miembro de la comunidad escoge quedarse tumbado a vivir del cuento, entonces no puede venir un estado-papá a financiar su gandulería. No es caridad, es justicia y camaradería. No es un ente extraño que te da dinero sin condiciones y a cuyo pezón enganchar tus dientes hasta que la fuente se seque. Son tus camaradas, tus compañeros y vecinos, que se quitan de los suyo para ayudarte a aguantar un temporal.

Esperanza Aguirre se divierte regalando vivienda social a inmigrantes en Torrejón de Ardoz en el año 2010

Un familiar volvía el otro día de fichar en el paro a primera hora. Ya saben, para poder cobrar. La cola era inmensa. A esperar. La vez siguiente no pudo acudir hasta media mañana. Se encontró con que era el primero en de la fila. ¿Y eso? La funcionaria le explicó el misterio. Vienen todos a primer hora para llegar a tiempo al trabajo.

Sin comunidad no puede haber estado socialista. Sin conciencia nacional y popular no puede haber justicia social. Sin educación y valores cívicos no es posible construir prosperidad. Mientras esto no suceda todo se reducirá a un concurso de vagos y maleantes, en los parlamentos y en las calles, tratando cada cual de que no le quiten y de quitar él. Una merienda de negros (no sé si aún es legal usar esta frase… espero que sí).

Mi experiencia en esto de las ayudas es muy limitada. Sólo en dos ocasiones he pedido una. Y en ambas era la misma; la de ayuda al alquiler de mi comunidad autónoma. Te ofrecían un porcentaje del precio del alquiler si reunías unas condiciones: Ser menor de no sé cuántos años, ganar menos de X –no recuerdo la cantidad, sólo sé que era una cifra modesta–, y tener en vigor un contrato de alquiler por un valor máximo de 600 euros.

El primer año no me la concedieron porque debí rellenar mal algo. Era complicadísimo, yo muy torpe y pedían gran cantidad de papeleo. No tenía a mano una ONG para españoles humildes. Al final algo faltaba y me quedé sin nada.

Juan Pueblo

La segunda vez, que fue 2 ó 3 años después, pese a reunir todas las condiciones, me la denegaron. La razón sigue sorprendiéndome. Resulta que yo venía de una mala racha que ya había empezado a superar. Había encontrado trabajo fijo, cobraba unos 1000 euros y llegaba por tanto a la renta mensual que exigían para recibir la ayuda. Y vivía de alquiler por 400 euros. Parecía razonable que me la concedieran. Trabajador joven, padre de familia, que pese a doblar el lomo malvive con un sueldo muy justo. Pensé que era el perfil idóneo. Pero resultó que al cotejar mis datos en hacienda comprobaron que el año anterior no había llegado en todos los meses a los ingresos mínimos. Si no lo hubiese pasado mal, no pediría una ayuda. Desde hace meses ya llego a ese mínimo. No les convencí. La letra es la letra. Había que darle la ayuda a alguien con mejor situación financiera.

De todo esto que cuento me enteré después; al publicarse los nombres de los afortunados que recibirían la ansiada ayuda. Hasta ese momento yo esperaba la mía con pleno e ingenuo convencimiento. En ambas ocasiones me tiré un largo rato buscándome en aquellas interminable lista de exóticos apellidos africanos. No hubo suerte. Idiota de mí. Se la llevó Mohammed.

Juan Pueblo, el que paga la fiesta

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