Planes nacionalsocialistas sobre Rusia y el pueblo eslavo

Este es un tema muy controvertido donde no hay un texto claro sobre ello, tanto es así que vale la pena dar unas ideas básicas, aunque no haya una respuesta clara ni única en absoluto. Y en cambio hay muchos malentendidos y desde luego errores sobre ello. El primer problema es confundir la propaganda de guerra con intenciones políticas.

Por ejemplo: La propaganda en el Reich sobre Inglaterra o Francia cambió totalmente varias veces. Primero debido a su apoyo al tratado de Versalles se reflejan críticas en el ‘Mi Lucha’, luego Hitler tenía y mostró una franca simpatía con Inglaterra, y deseaba una alianza con ellos… más tarde en 1939 cambió totalmente con la guerra, no se iban a recordar las propuestas positivas mientras los soldados se mataban. No se trata de posiciones ideológicas sino de posiciones políticas del momento.

Cuando el Canciller del Reich Adolf Hitler en 1935 renunció definitivamente a toda reivindicación sobre la disputada región de Alsacia-Lorena, un posible punto caliente con Francia se acabó para siempre.

Mapa de Alemania tras el tratado de Versalles.

Pasa algo similar, aunque en parte diferente, con el tema de Rusia y los eslavos. Todo se inicia con Polonia, que tras los pactos de Múnich era el único tema conflictivo restante del Tratado de Versalles, pues había partes del Reich sin conexión territorial y otras que eran incluso independientes, como la ciudad-estado de Danzing (declarada “ciudad libre”, con la prohibición de unirse a Alemania). Prusia Occidental permanece como parte de Alemania, pero está aislada del resto de la nación. Para colmo una buena parte de población alemana estaba ahora en territorio polaco cedido por Versalles. Las relaciones fueron relativamente positivas mientras gobernó Polonia el Mariscal Jozef Pilsudski, gran amigo de Hitler.

La solución más aceptable era un pacto polaco-germano de comercio y un pacto de movilidad (un corredor con Prusia Oriental), puesto que una solución total implicaba la guerra.

El sector belicista de Inglaterra estaba indignado con el Tratado de Múnich que había evitado la guerra y solucionado varios de los problemas de Versalles con sus repartos infectos de territorios alemanes. Así que la situación de Polonia era ideal para generar un problema al Reich.

El embajador alemán Hans-Adolf von Moltke, el Mariscal Jozef Pilsudski, Joseph Goebbels y Józef Beck, ministro de Asuntos Exteriores polaco, en Varsovia el 15 de junio de 1934, cinco meses después del Pacto alemán-polaco de no agresión.

Tras la muerte del Mariscal Jozef Pilsudski, se produjo la ruptura deseada por los sionistas y belicistas. El nuevo dirigentes polaco Edward Smigly-Rydz desde 1935-39, deseaba restaurar el viejo Imperio Polaco de 1569-1795, en territorios que hacía mucho que estaban privados de población polaca (los Estados Bálticos, Ucrania, Bielorrusia, Checoslovaquia y la Prusia alemana).

Con tal fin, y con el apoyo del sector belicista inglés y francés (bajo control sionista), Smigly inició una campaña de agresiones intimidatorias y de anexiones a la fuerza, y actuaciones genocidas contra población alemana en Polonia.

Pero lo importante en este texto es mostrar que no hubo posición anti eslava contra Polonia sino una situación territorial absurda.

¿LOS CAMBIOS DE PLANES?

Hasta que el tema polaco no tomó una dirección imposible de solucionarse pacíficamente, ni Hitler ni el Reich ni el nacionalsocialismo tuvieron ningún plan anti eslavo. La idea fue siempre solucionar políticamente los desastres de Versalles en Polonia.

Pero cuando la vía pacífica se volvió imposible y las agresiones polacas a la población alemana en Polonia tomaron un rumbo genocida, todo iba a cambiar.

Primero Hitler cayó en la trampa de los sionistas y capitalistas ingleses y franceses que deseaban la guerra y necesitaban una excusa.

La portada del “New York Times”  del 23 de junio de 1941, tras la invasión alemana: “Potentes ataques aéreos en seis ciudades rusas, choques en un frente amplio dan inicio a la guerra entre nazis y soviéticos. Londres ayudará a Moscú, Estados Unidos dilata una decisión”.

Segundo, hubo un cambio de actitud ante los territorios del Este, y este tema fue muy debatido, hubo nazis muy partidarios de esa idea expansiva algo anti eslava, otros en absoluto, solo una expansión parcial en la zona antigua alemana.

La conquista de Polonia acentuó la idea expansiva en algunos medios del Reich, por derecho de conquista, pero ello iba en realidad contra la ideología Nacionalsocialista que respeta a cada pueblo y no desea territorios con pueblos diversos en un Estado.

La posición respecto a Rusia en cambio nunca tuvo una idea expansiva sino un combate contra el comunismo.

El pacto germano-soviético fue solo una protección contra un ataque ruso unido al anglo-francés, con el que se pretendía evitar que Inglaterra y Francia tuvieran más fácil tomar medidas contra el Reich por el ataque futuro a Polonia. Un error, Polonia era solo la excusa, la guerra era deseada por el capitalismo a todo precio.

Toda la propaganda antisoviética estuvo siempre centrada en el comunismo y sus acciones contra países limítrofes (bálticos, Finlandia, Ucrania, etc.), no por problemas territoriales, no había conflictos entre el Reich y la URSS por temas de territorios.

Los alemanes y sus aliados invadieron la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. En la imagen una columna de infantería alemana junto a un tanque 38, de fabricación checa.

Sin duda la guerra generó una cierta propaganda anti eslava en su inicio. Y aunque más tarde cambió para tratar de generar un anticomunismo eslavo en Ucrania y Rusia, favorable al Reich, esta posición tuvo muchas reticencias lamentables de supremacistas germanos, que costaron muy caro al Reich.

Total, no hubo una planificación expansiva territorial fuera de la ocupación de parte de Polonia. En el tema de la URSS todo fue querer derrotar al comunismo y lograr una Rusia anticomunista.

Pero sin duda hubo un error supremacista en parte de los nacionalsocialistas alemanes, que debe considerarse contrario a nuestra ideología y ética.

El supremacismo y la xenofobia son errores absolutamente contrarios a la ideología racista nacionalsocialista.

Ramón Bau

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