¿República o Monarquía?

Las palabras son lo que la gente cree que significan, y no siempre lo que son realmente.

Si duda ante esta pregunta todos vemos la República como algo mucho más razonable, lo que no es tan claro si no definimos las palabras y su entorno.

Es evidente que el sistema hereditario de transmisión de un cargo es algo irracional, pero el sistema de elegir por votación de partidos en el mundo democrático actual no tiene nada de racional tampoco.

Por tanto, primero vamos a analizar la base de ambos sistemas, luego su realidad actual y por fin nuestra visión como NS.

LAS BASES ESENCIALES

La base del sistema monárquico en su origen proviene de una cierta elección ‘divina’ (en muchos casos oculta tras una conquista de ese derecho por la fuerza o los méritos). Lógicamente el Rey debía elegir a su heredero más capacitado, pero esa posibilidad fue sustituida por una herencia del hijo mayor, lo que quitó incluso la pequeña ventaja de una elección dirigida al menos por el Rey anterior.

Isabel II, Carlos IV, María Cristina de Borbón, Alfonso XIII, Juan de Borbón, Juan Carlos I.

Hubo algunas monarquías donde el Rey era elegido por el Consejo de ancianos y guerreros, pero el sistema duraba poco y se convertía en poco tiempo en algo meramente hereditario.

Así pues, la monarquía no tiene sentido alguno racional en su base. Lo que no quiere decir que no tenga ventajas prácticas en ciertas ocasiones. La monarquía (con Augusto) del Imperio romano nace en un intento de evitar las brutales guerras civiles entre aspirante al poder. Se consideró tras Cesar Augusto (que había vivido el horror de decenios de guerras civiles) que la posibilidad de un Emperador inútil o malvado era mejor que una guerra civil en Roma en cada sucesión de poder.

En cambio, la ‘República’ no tiene un solo origen ni una sola forma de transmitir el poder. Ha habido Repúblicas aristocráticas, otras más o menos restrictivas en las personas que pueden ser elegidas y por fin las de voto masivo.

En algunas se vota solo a un grupo de personas, otras a un partido o bien a un Senado. Hay Repúblicas que ocultan dictaduras y otras que ocultan plutocracias, en fin, hay de todo.

Por tanto, República no significa únicamente una democracia de partidos por voto secreto de masas.

La base esencial de la República es que el método de elección la decide el pueblo, pero como el ‘pueblo’, como masa, en realidad nunca decide nada, el método lo eligen unos pocos que logran convencer al pueblo de aceptar su sistema de elección, por la razón, la fuerza, la propaganda, etc.

Parece claro que, como esencia, la República es una buena alternativa siempre que no se tome solo como un sistema democrático de masas por partidos en manos de la propaganda y del dinero.

Recordemos que hay algún otro sistema como las teocracias de tipo islámico, monarquías absolutas tipo Arabia Saudí, además de las dictaduras militares más o menos personales de tipo absolutista, que dejamos fuera de toda consideración.

LA REALIDAD DE LAS MONARQUIAS Y REPUBLICAS ACTUALMENTE

Hoy la ‘república’ es una plutocracia bajo la forma de una democracia de masas basada en Partidos, todo dominado por la finanza y la propaganda de los medios que maneja el dinero.

Por otro lado, las monarquías ‘democráticas’ no son más que adornos de la República de base, donde lo único que ocupan es una Jefatura de Estado sin poder alguno real, dedicada a labores de diplomacia y relaciones públicas, cuando no a adornar las revistas del ‘corazón’.

En ese entorno no tiene mucho sentido hablar de monarquía como alternativa a la República puesto que la monarquía es una parte de la República democrática de masas, que además no controla poder efectivo ni ejecutivo alguno.

Personalmente me da tanto asco la República Francesa actual como la ‘Monarquía’ española actual.

Es más, no veo ninguna ventaja a pasar de una Jefatura del Estado en el Rey a un político elegido por esa plutocracia. Al contrario, en realidad cuesta menos mantener ese figurín del protocolo en un Rey que en un político.

El coste de una Presidencia de la República es mucho mayor que el de la Casa Real. Y la calidad personal de un político como Aznar, Zapatero, González o Rajoy es lamentable. Ni siquiera serían buenos diplomáticos.

Las elecciones cada 4 o 5 años para elegir presidente del Estado nos costarían mucho más que todo el gasto de un Reyezuelo figurín actual. Y eso sin contar con lo que gasta un presidente del Estado.

Por supuesto el Rey puede ser un miserable y un crápula, pero un político también. Pero además el político con un cargo no vitalicio tiene cierta tendencia a robar mientras pueda. Los reyes actuales no tienen poder alguno, en cambio el político que sea presidente del Estado querrá tener poder.

En fin, es tan lamentable el estado político de las plutocracias actuales que no tiene sentido hoy hablar de monarquía o república, son lo mismo. No haría ninguna campaña para cambiar la monarquía títere actual por una Presidencia títere de politicastros.

“monarquía o república, son lo mismo”.

Creo que Bernard Shaw expresó bien su asco por la democracia parlamentaria inglesa en su magnífica obra “El carro de las manzanas” de 1946, donde hay una pugna entre un rey y su primer ministro, y refleja el estado degradado de las elecciones y los políticos. Shaw pretende exponer la irracionalidad de la democracia. El Rey es en esta obra mejor persona y más preparado que el político, pero no conoce las trampas y pactos, mentiras y trapisonderías de la política democrática.

DESDE UN PUNTO DE VISTA NS

Evidentemente rechazamos todo sistema hereditario de padres a hijos en cualquier elección de cargo público, así como las elecciones basadas en propaganda y voto igualitario masivo.

Nuestro sistema podría llamarse una meritocracia, o sea un gobierno de los mejores en méritos y valores probados, de forma que para ser elegido antes se debe haber probado sacrificio por la comunidad y una conducta ejemplar personal.

Condición esencial de toda elección es que los medios de información de masas estén absolutamente fuera del control del dinero. Y el derecho a voto debe ser valorado como un honor que se pierde si se cometen delitos, actos contra el honor, etc. y el voto debe ser valorado cuantitativamente de forma distinta según el mérito del votante. También es muy interesante que el votante conozca al votado, de forma que se vote por zonas donde sea más fácil ese conocimiento directo.

Podemos pues hablar de ‘Res-Pública’ o República, pero nunca de plutocracia ni de las formas degeneradas actuales de dominio demagógico.

Ramón Bau

(Extraído de la revista Devenir Europeo nº38)

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