150 años de Gustavo Adolfo Bécquer

«Yo nado en el vacío,
de sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas».

Rimas, Gustavo Adolfo Bécquer

Este 22 de diciembre se cumplen 150 años de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer.

Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, es uno de los más conocidos poetas españoles y el mejor del romanticismo junto a Rosalía de Castro.

Nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836. Su padre, Don José Domínguez Bécquer, era un pintor costumbrista sevillano de notable éxito, especialmente entre los viajeros ingleses de la época. Su hijo Valeriano heredaría ese don siendo también pintor.  Cuando el futuro poeta, Gustavo Adolfo, contaba cinco años, murió su padre y su madre, Doña Joaquina de la Bastida y Vargas, murió cuando tenía once años. El joven Bécquer estudió en el colegio San Antonio Abad y después en el colegio de San Telmo en condición de pobre, pero de familia noble. Su tío Joaquín Domínguez Bécquer, también importante pintor sevillano, se hizo cargo de los hermanos. Su educación literaria, dirigida en el Instituto sevillano por Francisco Rodríguez Zapata, discípulo del gran ilustrado Alberto Lista, fue clasicista, con especial aprecio a los poetas latinos y españoles del Siglo de Oro: Fray Luis de León, Herrera o Rioja. A la búsqueda del ritmo musical, de la expresión ajustada y noble, se unía una inclinación prerromántica hacia lo sublime a la manera de Young o Chateaubriand.

Rosalía de Castro.

En octubre de 1854 se trasladó a Madrid, con la intención de hacer carrera literaria, pero donde sufrió penalidades económicas hasta que en 1860 consiguió un empleo fijo de redactor en la redacción de “El Contemporáneo”, y fue entonces cuando escribió la mayoría de sus leyendas.

En 1857 emprendió una obra importante, la “Historia de los templos de España”. Se trataba, siguiendo a Chateaubriand, de estudiar el arte cristiano español uniendo el pensamiento religioso, la arquitectura y la historia. Para poder vivir hubo de dedicarse al periodismo y hacer adaptaciones de obras de teatro extranjero, principalmente del francés, en colaboración con su amigo Luis García Luna, adoptando ambos el seudónimo de «Adolfo García».

Así, para ganar algún dinero escribió en colaboración con su amigo, comedias y zarzuelas como “La novia y el pantalón” (1856), o “La venta encantada”, basada en el Quijote. Bécquer, que aún no era famoso, y sus amigos, todos jóvenes, acudían a la tertulia de los Espín, donde conoció a Julia Espín, según ciertos críticos, la musa de algunas de sus Rimas, aunque durante mucho tiempo se creyó erróneamente que se trataba de Elisa Guillén, con quien el poeta habría mantenido relaciones hasta que ella lo abandonó en 1860, y que habría inspirado las composiciones más amargas del poeta.

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer en su juventud.

Bécquer se casó en 1861 con Casta Esteban Navarro, que era soriana e hija de un médico, con la que tuvo tres hijos. La etapa más fructífera de su carrera fue de 1861 a 1865, años en los que compuso la mayor parte de sus Leyendas, escribió crónicas periodísticas y redactó las “Cartas literarias a una mujer”, donde expone sus teorías sobre la poesía y el amor. Una temporada que pasó en el monasterio de Veruela en 1864 le inspiró “Cartas desde mi celda”, un conjunto de hermosas descripciones paisajísticas.

En esta época el poeta publicó sueltas la mayoría de sus rimas y leyendas y se hizo un nombre, además de poder mantener a su familia. Experimentó un ascenso artístico y social como director de importantes revistas y periódicos.

En 1862 llegó a vivir con su hermano Valeriano, célebre en Sevilla por su producción pictórica pero no por eso más afortunado que Gustavo, y juntos vivieron al día, el uno traduciendo novelas o escribiendo artículos y el otro dibujando y pintando por destajo; mucho les costó a los hermanos salir adelante de su infortunio y con el tiempo lograron juntos una modesta estabilidad.

Ese año, en 1862 nació su primer hijo, Gregorio Gustavo Adolfo, en Noviercas (Soria), donde poseía bienes la familia de su esposa, Casta, y donde Bécquer tuvo una casita para su descanso y recreo.

En relación con esta estancia de Bécquer en tierras sorianas, el historiador Martin Almagro Gorbea, académico de la Historia y exdirector del Museo Arqueológico Nacional, tiene un interesante artículo titulado “Pervivencia del imaginario mítico celta en las leyendas sorianas de Gustavo Adolfo Bécquer”. Recordemos a este respecto, que este historiador defiende la teoría europeísta sobre el origen de los iberos, la cual les define como un grupo celta que llegó a la península ibérica a comienzos de la Edad del Hierro, por lo que la cultura ibera sería la formada por los celtas levantinos, llamados iberos, con una personalidad diferenciada de los celtas del interior debido a influencias derivadas de sus contactos con griegos y romanos principalmente.

Glorieta Bécquer en Sevilla.

Económicamente las cosas mejoraron para el poeta a partir de 1866, año en que obtuvo el empleo de censor oficial de novelas, lo cual le permitió dejar sus crónicas periodísticas y concentrarse en sus Leyendas y sus Rimas, publicadas en parte en el semanario “El museo universal”.

Sus “Rimas y leyendas” es su obra más conocida. Las Rimas se encuadran dentro de dos corrientes heredadas del Romanticismo: la revalorización de la poesía popular y la llamada estética del sentimiento. Fue tan buen poeta como prosista. Además de por su poesía romántica, destacó como periodista y narrador de leyendas, cuyos escritos reflejan el esfuerzo por encontrar, a través de la palabra, la síntesis de un universo dividido entre el sueño y la razón. En su obra “La rosa de pasión” nos presenta un crimen ritual judío. Dicho relato, que trata de la ciudad de Toledo, se halla incluido dentro de sus famosas “Rimas y leyendas”.

Detalle del monumento.

En 1868 se separó de su esposa, y perdió, con la revolución liberal de ese año, su puesto de trabajo. Se trasladó entonces a Toledo con su hermano Valeriano, y allí acabó de reconstruir el manuscrito de las Rimas, cuyo primer original había desaparecido cuando su casa fue saqueada durante dicha revolución. De nuevo en Madrid, en 1870 fue nombrado director de la revista “La Ilustración de Madrid”, en la que también trabajó su hermano como dibujante.

El 23 de septiembre de ese año murió su hermano Valeriano. Y Gustavo Adolfo murió tres meses después a los 34 años de la tuberculosis que sufría desde los 21 años en Madrid el 22 de diciembre de ese mismo año, coincidiendo con un eclipse de sol. 

La inmensa fama literaria de Bécquer se basa en sus “Rimas” que iniciaron la corriente romántica de poesía intimista inspirada en Heine y opuesta a la retórica y ampulosidad de los poetas románticos anteriores. La crítica literaria del momento, sin embargo, no acogió bien sus poemas, aunque su fama no dejaría de crecer en los años siguientes. La obra de Bécquer es bella y emotiva, con una temática intimista y una sencillez expresiva, pero sobre todo muy popular. Y tuvo gran influencia en los poetas de la Generación del 27. Dentro del costumbrismo o folklore español escribió “Los dos compadres”, “Las jugadoras”, la “Semana Santa en Toledo”, “El café de Fornos”, etc. Su prosa destaca, al igual que su poesía, por la gran musicalidad y la sencillez de la expresión, cargada de sensibilidad. Muy al estilo de Edgar Allan Poe, sus “Leyendas” recrean ambientes fantásticos y envueltos en una atmósfera sobrenatural y misteriosa.

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer.

Los restos del poeta sevillano descansan, junto a su hermano Valeriano, en el “Panteón de los sevillanos ilustres”, en la Iglesia de la Anunciación, al que se accede por la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. Aún son muchos los que visitan su oscura tumba dejando alguna nota, poema, algún recuerdo, bajo la escultura del ángel que preside su tumba. También tiene un bonito monumento en el parque de María Luisa, en Sevilla.

Sus rimas y poesías fueron compiladas y publicadas póstumamente por su amigo Narciso Campillo a quien Gustavo Adolfo había entregado sus originales para que se hiciese cargo de ellos tras su muerte.

Eduardo Núñez


Imagen de cabecera: ‘Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte’ (1870), lienzo de Vicente Palmaroli.

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