Una hermosa aria de Puccini, ¡Nuestros Grandes!

Hoy celebramos el aniversario del nacimiento del compositor italiano Giacomo Puccini, y he querido seleccionar la audición de una de sus más populares arias para la ocasión. Se trata de “Nessun dorma”, traducida como “Nadie duerme” o “Que nadie duerma” y pertenece a su ópera Turandot.

La ópera Turandot fue compuesta por Puccini ya hacia el final de su vida, y moriría antes de poder si quiera acabarla, quedando como obra póstuma pero inconclusa de este autor.

Hubo de terminarla su alumno Franco Alfano, para que pudiera ser estrenada en 1926, dos años después de la muerte de su autor. El papel de uno de los protagonistas, el príncipe Calaf, fue interpretado en su estreno por el tenor aragonés y falangista Miguel Fleta.

Puccini.

Esta aria corresponde al primer cuadro escénico del tercer acto de la obra que, transcurre por la noche en los Jardines del Palacio de la princesa.

Los hechos suceden en el palacio de una princesa china, hija del Gran Emperador.

Aquí, Pavarotti encarna el personaje del príncipe extranjero y anónimo Calaf, cuando propone a la princesa hallar cuál es su nombre como una prueba para obtener su favor respecto a enlazarse en matrimonio.

Al gran tenor se le conecta principalmente por sus cualidades con el personaje de Rodolfo, de la ópera “La Bohème” también de Puccini, siendo un gran intérprete y experto de su obra en general.

Elvira Puccini, Giacomo Puccini, Antonio Puccini en 1900.

Respecto a esta versión, es una de las pocas y exclusivas ocasiones que la interpretó en su formato operístico completo, aunque a partir de que la grabase en 1972 la incorporó frecuentemente a sus recitales. La cantó en su versión original en San Francisco en 1977 y en el Metropolitan Opera de Nueva York, siendo ésta última la versión que vamos a escuchar a continuación.

Esto se debe a que su voz tiene propiedades más líricas y no tan dramáticas como en principio el papel exigía pero, pese a todo, hizo las anteriormente contadas excepciones con excelentes resultados. Además, en concreto éste aria, es más adecuada para un tenor lírico puro, con mejor fraseo y menos dramatismo.

Considero que es, de las que he podido escuchar, su versión más juvenil y vigorosa.

He querido establecer un paralelismo entre el autor, y la historia que subyace tras este drama musical, ya que me ha parecido muy significativo y conmovedor.

¡Nuestros Grandes!

Todo está relacionado con el fin de la vida y, en cierto modo la culpa, puesto que una criada de la casa de Puccini se suicidó, tras ser acusada de haberse acostado con Puccini por la mujer de éste, Elvira, y no aguantar la presión. Puccini sobornó a su familia para que no hablasen del asunto.

En 1924, cuando enfermo de cáncer de garganta, viajó a Bruselas para ser operado. Decidió que el personaje de la esclava Liu se suicidara sacrificándose por su amo, alterando así el final original cómico para suplir de alguna manera sus resentimientos. Poco después muere por su enfermedad, quedando éste aria como lo último que escribió.

También fue el último bis que dio Pavarotti en su postrera actuación en público antes de fallecer.

Sin más, dejamos el vídeo y una explicación más extendida del argumento:

La nota final es realmente un prodigio en el que pocos cantantes pueden aguantar en ese registro con ese sonido tanto tiempo como lo hace aquí Pavarotti.

-Argumento-

-Habla un emisario:

“Pueblo de Pekín! Esta es la ley:

Turandot, la Pura, será la esposa de aquel que, siendo de sangre real, resuelva los tres enigmas que ella le propondrá. Pero el que afronte la prueba y resulte vencido ofrecerá al hacha su cabeza soberbia.
Así reza el edicto impuesto por la bella pero fría y sanguinaria princesa Turandot y que ha llevado a la muerte a decenas de aspirantes subyugados por su inigualable belleza.
El príncipe Calaf se ha sometido a la difícil prueba y ha logrado resolver los tres misteriosos enigmas de Turandot. Estos son los siguientes:
-¿Qué es lo que nace cada noche, muere cada amanecer para renacer en el corazón?    -La esperanza.
-¿Qué brilla, es ímpetu y ardor como una llama, pero no es fuego?                                      -La sangre.
-¿Qué es como el hielo, pero te hace arder?                                                                             -El hielo que enciende tu llama: Eres tú, Turandot.”

-Ahora le toca, tras haberlos resuelto, reclamar la mano de la fría princesa, quien ha quedado a merced del hasta entonces desconocido vencedor. Pero la derrotada princesa rehúsa a cumplir con el juramento sagrado que la obliga a ser esposa del hombre que adivine sus enigmas, por lo que ruega a su padre, el emperador de China, que no la entregue al noble extranjero.

El desconocido príncipe, viendo temblar de miedo a la princesa por primera vez, le propone un enigma: “Mi nombre no sabes, dime mi nombre… dime mi nombre y al alba moriré”.
¡Nadie duerma! (Nessun dorma): Los heraldos de la princesa Turandot esparcen el decreto por todo Pekín. Nadie dormirá esa noche hasta que se encuentre a alguien que conozca el nombre del extranjero.
Mientras Turandot y sus guardias recorren la ciudad atemorizando a la gente en su afán de descubrir el nombre de Calaf, éste, posado en una escalera, contempla las estrellas y, seguro de su victoria, espera con ansia la llegada de la mañana. Llegado el alba sin que Turandot haya adivinado el nombre, Calaf le declara su amor, pero la princesa le ruega que parta, pero él rehúsa y le confiesa su nombre; Turandot, conmovida por su sinceridad, proclama que el verdadero nombre del desconocido es: Amor.

Monumento a Puccini.

Turandot  “Nessun dorma”  Puccini

¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
¡Tú también, princesa,
en tu fría estancia
miras las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza!
¡Mas mi misterio
se encierra en mí,
mi nombre nadie sabrá!
¡No, no, sobre tu boca lo diré,
cuando resplandezca la luz!
¡Mi beso deshará
el silencio que te hace mía!
VOCES FEMENINAS
¡Su nombre nadie sabrá…
y nosotros, ay, debemos morir! ¡Morir!
CALAF
¡Noche, disípate!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Al alba venceré! ¡¡Venceré, venceré!!

Abraham

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