La peor decadencia siempre viene de dentro

Es un grave error creer que la decadencia de un Sistema o Cosmovisión viene de fuera, de las opresiones de otras ideologías o formas de vivir. De fuera puede venir una invasión, una guerra, pero no una decadencia.

La decadencia del comunismo no vino de las influencias del capitalismo sino de la propia conciencia de los dirigentes comunistas de que el sistema comunista no servía, no cumplía sus objetivos y era incompetente.

Algo similar podemos ver en un tema de hace poco con la Iglesia. En diciembre del año 2020, el Vaticano, o sea en el Estado Vaticano, se monta un espantoso Belén donde entre las figuras representadas están las de astronautas, soldados con cascos de cuernos y sangrientos escudos que recuerdan más a las películas de vikingos que al Belén cristiano. Todo es feo, además de fuera de todo sentido religioso.

Y no es de extrañar pues fue realizado entre 1965 y 1975 por los docentes y alumnos del Instituto de Arte F. A. Grue, actual Instituto Estatal de Diseño, o sea por un ente oficial del Estado, no por grupos cristianos o belenistas.

Un rey posmoderno.
El clásico astronauta entrega sus presentes.

Y más interesante es recordar que ese espanto de Pesebre ya fue expuesto en otras ciudades como Jerusalén, Belén y Tel Aviv, o sea en la zona judía anticristiana, donde seguro que gustó mucho ver un Belén anticristiano.

Lo más jocoso fueron las palabras de Papa culpable de semejante bodrio: “Si la pandemia nos ha obligado a estar más distantes, Jesús, en el pesebre, nos muestra el camino de la ternura para estar cerca, para ser humanos. Seguimos este camino”, dicho por el Papa Francisco en la mañana del miércoles 23 de diciembre. Ni ternura ni espíritu navideño ni nada de sentido cristiano.

¡Ríase mientras pueda!
El presente cósmico (más bien cómico).

Ahora bien, cuando cada año el alcalde, o alcaldesa ahora, de Barcelona monta un Belén oficial totalmente absurdo en la Plaza del Ayuntamiento, algunos hablaban de actitud anticristiana para degradar la Navidad. Cierto, pero no son alcaldes ateos ni gobernantes anticristianos los que provocan la decadencia religiosa en la Iglesia y de la gente, es la propia dirección de la Iglesia la que es decadente, juega a progresista con masones y anticristianos, mientras rechaza a los cristianos fieles como ’reaccionarios’.

La decadencia está dentro.

Ramón Bau

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