Manuel Hedilla, el líder obrero de la Falange

Este 4 de febrero se cumplen 51 años de la muerte de Manuel Hedilla Larrey, el que fuera II Jefe Nacional de Falange Española de las JONS, y sucesor de José Antonio Primo de Rivera…

Manuel Hedilla nació en Ambrosero (Cantabria), el 18 de julio de 1902, en una familia devota y trabajadora. Siendo un niño de siete años quedó huérfano en 1909 tras la muerte de su padre y de su abuelo, lo que le supuso ya de pequeño la carga y responsabilidad de ser el mayor de los hombres de su familia, que se trasladó a Bilbao donde su madre encontró un empleo. Hedilla pasó muchos apuros económicos tras la prematura muerte de su padre. Cursó estudios básicos en las Escuelas Salesianas de Baracaldo (Vizcaya). Apenas pudo acabar los estudios primarios y viajó con su madre por varias provincias intentando ganarse la vida con los más diversos trabajos. En 1918, con dieciséis años, empezó como aprendiz en un taller naval, empleándose después como maquinista de la Marina mercante, aunque al poco tiempo perdería su puesto de trabajo en este sector.

Mecánico de profesión, muy joven se convirtió en obrero maquinista para poder solventar los gastos y la educación de sus dos hermanos menores. En 1928 contrajo matrimonio con Elena Arce Fernández, hija del farmacéutico de Ambrosero, trasladando su residencia a Cuenca al montar una empresa de transportes y obtener una contrata de portes de materiales para las carreteras. Pero después volvió a quedarse sin trabajo. Se trasladó entonces a Madrid, donde montó su propio garaje de reparación de vehículos, pero el negocio no funcionó, así que regresó a su tierra natal.

Aunque acabó asentándose como mecánico naval, fue en la fábrica de la cooperativa lechera “SAM” (Sindicatos Agrarios Montañeses), en Renedo, cerca de Santander, donde sirvió como supervisor técnico, y donde dio rienda suelta a sus inquietudes sindicales organizando ahí un sindicato autónomo.

“SAM” (Sindicatos Agrarios Montañeses).

En 1933 le llegaron noticias de la reciente fundación de un partido con ideas revolucionarias, la Falange. Pero fue tras intercambiar unas palabras con un joven jonsista, Manuel Menezo Portilla, otro obrero metalúrgico, cuando Manuel Hedilla se afilió a la Falange en 1934, siendo designado jefe local de Renedo de Piélagos, cargo en el que desarrolló una gran actividad de proselitismo. En marzo de 1935, con ocasión de una visita de José Antonio Primo de Rivera a Santander fue nombrado jefe provincial de Falange allí. En noviembre de 1935 fue nombrado Consejero Nacional de Falange.

En la primavera de 1936, tras la ilegalización de Falange y la detención de sus principales líderes, incluido su Jefe Nacional José Antonio, Hedilla se encuentra ante una carambola que le pone al frente de un partido que, gracias a sus muchos caídos, había pasado de ser residual a crecer considerablemente desde el comienzo de la guerra civil española y disponer de miles de militantes, convirtiéndose así en un actor decisivo en la zona nacional durante la contienda.

Hedilla con uniforme.

En mayo de 1936, y siguiendo instrucciones de José Antonio, con quien Hedilla se veía a menudo en la cárcel, Hedilla se entrevistó con el General Mola para tratar de convencer a los militares de la necesidad de un golpe contra el gobierno del Frente Popular, y posteriormente participó en los preparativos de la sublevación del 18 de julio de 1936 en La Coruña y en Galicia, pero su retórica obrerista, revolucionaria y anticapitalista, contraria a la represión en la retaguardia, y en defensa de la naturaleza proletaria y sindicalista de la Falange, chirriaba e irritaba a los militares sublevados en 1936.

General Mola.

En agosto de 1936, ya en Burgos y ante la permanencia en prisión, en Alicante, zona republicana, de José Antonio, Hedilla se convirtió de facto en el jefe nacional de Falange. Después de una reunión en Valladolid en la que se crea la Junta de Mandos Provisionales, el 2 de septiembre de 1936, Manuel Hedilla fue confirmado como jefe de la Junta de Mando Provisional de la Falange desde ese día hasta el 18 de abril de 1937. Al parecer por encargo de José Antonio, se preparó para reorganizar los cuadros falangistas para su integración en la sublevación militar. Actuaba entonces Hedilla con el pseudónimo de “Pasaban”.

Donde más claras quedan expuestas sus ideas es en su discurso de Navidad de 1936: “Impedid con toda energía que nadie sacie odios personales y que nadie castigue o humille, a quien por hambre o desesperación haya votado a las izquierdas. Todos sabemos que en muchos pueblos hay derechistas que eran peores que los rojos […] que ninguna de las mejoras sociales conseguidas por los obreros queden sobre el papel sin surtir efectos y se conviertan en realidad”.

En la Iglesia de Santa María tras el funeral de los hermanos Iturrino en 1936.

En abril de 1937 se produjo un suceso que determinaría definitivamente la trayectoria de Manuel Hedilla y de la propia Falange. Las disputas por el poder en el partido entre “camisas viejas” – partidarios de los fundamentos originales – y “camisas nuevas” – recién llegados al calor de la sublevación militar -, así como la rivalidad entre Sancho Dávila y Hedilla en la dirección de la Falange, desembocaron en un violento enfrentamiento a tiros en Salamanca, entonces capital del bando sublevado. Después de un tiroteo protagonizado allí, en la pensión donde se alojaba Sancho Dávila, primo de José Antonio y rival de Hedilla, junto a la plaza mayor de Salamanca la noche del 16 de abril de 1937 por miembros de distintas corrientes existentes en el seno de Falange, a resultas de los cuales resultaron dos muertos, un escolta de Sancho Dávila, y Goya, enviado de Hedilla e íntimo amigo de éste, sucedió la detención de Sancho Dávila acusado de organizar un complot contra la dirección de Falange. Aclaradas las cosas por vía tan expeditiva, se celebró el consejo nacional de Falange. Hedilla resultó elegido Jefe Nacional de la Falange, con diez votos a favor, cuatro en contra y muchas abstenciones.

Hedilla había escrito sobre su rival Sancho Dávila: “Un jefe de Falange no debe vivir como un virrey ni tener en su despacho (…) alfombras y lámparas con cuyo coste se equiparían varias centurias y comería un año una familia de un camarada que está en el frente”.

Hedilla junto a la madre y hermana de los hermanos Iturrino, encabezando la comitiva en 1936, a la salida de la iglesia de Santa María.

Franco bendijo al nuevo líder, Manuel Hedilla, con un abrazo ante miles de falangistas en el balcón del palacio del Obispo de Salamanca. Sin embargo, el gesto fraternal acabó siendo interpretado como una muestra de sumisión de la Falange a Franco, por lo que aquel abrazo sólo hizo allanar el camino al decreto de unificación, lo que suponía la agrupación de todos los partidos del bando nacional en un partido único y la muerte virtual de la Falange tal y como como la concebía Hedilla.

El Cuartel General de Franco decidió llevar adelante un plan que ya venía fraguándose, bajo la inspiración de altos mandos militares y del cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer: la creación de un gran partido único. Y así, el 19 de abril de 1937, Manuel Hedilla es sorprendido por el Decreto de Unificación con los tradicionalistas bajo la jefatura de Franco, que nombró un consejo de dirección del nuevo partido unificado. Esta fusión de las llamadas “fuerzas nacionales”, aunque logró la tranquilidad política en la zona nacional, supuso, de hecho, la desaparición de la Falange como organización independiente, tal como la concebía José Antonio, eliminando el punto 27 de la Norma programática de la Falange, que es el que se refiere precisamente a garantizar la independencia de la Falange. A Hedilla sólo se le reservó una secretaría general, uno entre los cinco puestos que ocuparían los falangistas en el nuevo partido.

Manuel Hedilla no se opuso a la unificación, pero no admitió el cargo que se le ofreció, que fue la jefatura de la Junta Política de la nueva organización, FET y de las JONS, que por decreto de 25 de abril de 1937 le otorgó Franco. Como Hedilla no acepta ese cargo que se le ofrece, envió una circular a las delegaciones locales del partido para que sólo acepten órdenes de la dirección nacional de Falange. Y al mismo tiempo, envió un emisario a Franco declinando el nombramiento como miembro del consejo.

Hedilla en Burgos.

Las cosas se ponían mal para Hedilla, hasta el punto de que tanto el representante del Partido Nacional Socialista Alemán en España —Hans Kröger— como del Partido Fascista italiano — Guglielmo Danzi — le ofrecieron salvoconductos para que huyera y se refugiara en Alemania o Italia, que Hedilla rechazó pese a que sabía cuál sería su destino.

Hedilla fue detenido el 25 de abril de 1937 bajo la acusación de rebelión y de haber “conspirado contra Franco”, sometido a un consejo de guerra y condenado a muerte, pero no a una sino a dos penas de muerte, una, como culpable del asesinato de los dos falangistas en el suceso de Salamanca, y, la otra, por indisciplina, subversión del Estado nacional y de ahí, la falsa relación con el socialista Indalecio Prieto, junto al que se le acusa de pretender el asesinato de Franco. Tres meses más tarde, se le conmutó la pena de muerte por cadena perpetua, y, tras cumplir cuatro años de cárcel en Las Palmas de Gran Canaria, fue confinado después cinco años más en Mallorca hasta que en 1947 recobró la libertad.

Águila alemana en la solapa del primero por la derecha.

Tras su detención y encarcelamiento, Hedilla pasó a convertirse en un símbolo y hasta un mito. Para muchos “camisas viejas” pasó a simbolizar la esencia más pura de la ideología nacionalsindicalista, así como un símbolo de la resistencia falangista frente a la traición franquista de los principios joseantonianos.

Debido a la reputación intachable de Hedilla y su lealtad incondicional al ideal falangista de la primera hora, se convirtió en el referente de la lucha falangista contra el franquismo. Surgió así entre los jóvenes que reclamaban la “revolución pendiente” de José Antonio toda una corriente de protesta revolucionaria llamada “hedillismo”, que no es una doctrina política, sino un término que fue utilizado por todos aquellos falangistas solidarizados con la postura que Manuel Hedilla, como II Jefe Nacional de F.E. de las JONS, tomó a raíz de la disolución legal de la Falange, por parte del franquismo; fue, por tanto, un término con que se identificaba, por parte de la opinión pública a todos aquellos falangistas de oposición al franquismo; y fue un término, en definitiva, que representaba la fidelidad a un pensamiento político y la más pura ortodoxia falangista. El “hedillismo” no es, repito, una ideología política, porque de Manuel Hedilla no salieron ninguno de los textos fundamentales del nacionalsindicalismo español. Manuel Hedilla no fue un ideólogo, fue simplemente un fiel cumplidor y podríamos decir el más fiel de los cumplidores de todo un cuerpo total de doctrina y su mayor éxito estriba en su propio comportamiento, su comportamiento llevado como II Jefe Nacional de la Falange. Por tanto, el “hedillismo” es la posición que observaba la descomposición falangista que culminó el 19 de abril de 1937 con el Decreto de Unificación que ponía fin a la Falange como organización independiente, dando paso de la Falange de José Antonio a la Falange de Franco.

Manuel Hedilla libró la última batalla por aquella Falange de la primera hora, pero una vez muertos José Antonio, Julio Ruiz de Alda, Ramiro Ledesma, y Onésimo Redondo, y encarcelado Hedilla, la falsificación franquista del pensamiento nacionalsindicalista fue inevitable.

Manuel Hedilla a pesar de haber sufrido como pocos la condena de Franco, jamás presentó ni hizo pública animosidad alguna contra éste. Su enorme fe cristiana y su personalidad serena y honesta le han granjeado un lugar de honor en la historia de la Falange y de España.

Hedilla no volvió a la vida pública hasta finales de los años 60, cuando primero militó en un grupúsculo falangista radical y después fundó su propio partido, el Frente Nacional de Alianza Libre (FNAL). Pero dos años después murió y cayó en el olvido, salvo para sus escasos seguidores. Vivió sus últimos años en el ostracismo político hasta su muerte en Madrid, el 4 de febrero de 1970.

En 1972 y a petición del propio Manuel Hedilla, Maximiliano García Venero escribió su biografía en un libro titulado “Testimonio de Manuel Hedilla”, a criterio de muchos, la obra más completa acerca de la historia de la Falange y de Hedilla.

Portada del libro.

En palabras del historiador Fernando García de Cortázar, Hedilla “encarnaba la dignidad y la coherencia de quien podía haber sido altísima jerarquía del partido único, frente a la tentación poderosa del pragmatismo sin principios”.

Es difícil saber qué hubiera ocurrido de haberse convertido Hedilla en el líder del partido unificado y cómo hubiera afectado al poder absoluto de Franco. Probablemente, hubiera imitado al Partido Nacional Socialista Alemán, al que admiraba incluso más que al Partido Fascista Italiano.

El historiador norteamericano Stanley G. Payne define a Hedilla como “honesto, taciturno y algo lento de palabras”. El historiador británico Hugh Thomas dijo de él: “Tenía dotes políticas, pero carecía de tacto. En una ocasión hizo esperar a Serrano Suñer en su antesala, cosa realmente imprudente. También causó enojo su intervención a favor de personas que, sin ella, habrían sido fusiladas (…) El embajador italiano trató de utilizarlo para limitar la represión”.

El escritor falangista Ernesto Giménez-Caballero publicó un artículo calificando a Hedilla de “claro, viril, tenaz y rudo”. Y el periodista y escritor falangista Víctor de la Serna, probablemente el mayor propagandista de Hedilla, escribió textos con títulos tan elocuentes como “Hedilla, 120 a la hora”.

Sin embargo, el “hedillismo” y la Falange Auténtica, en los años 60 y 70, desfiguraron el perfil ideológico de Manuel Hedilla, pues el sucesor de José Antonio, y segundo Jefe Nacional de Falange, que fue Manuel Hedilla Larrey, como digno y fiel heredero del fundador de la Falange, el día 26 de septiembre de 1936, en Burgos, declaró: “Somos y nos sentimos consanguíneos con el fascismo italiano y con el nacionalsocialismo alemán y declaramos nuestra más abierta simpatía con estas revoluciones”.

Eduardo Núñez

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