Dresde: Otro crimen de guerra de los “buenos”

Hoy es uno de esos días que el mundo moderno, en su amnesia histórica, prefiere no recordar para mirar hacia otra parte.

Tal día como hoy, pero de 1945, hace 76 años, al final de la Segunda Guerra Mundial, la ciudad alemana de Dresde, que no era un objetivo militar directo, amanecía arrasada y quemada con repetidos bombardeos por parte de los aliados apenas doce semanas antes de la capitulación de Alemania. No olvidemos que, por aquel entonces, la ciudad de Dresde estaba abarrotada de refugiados (mujeres, ancianos, niños) llegados desde el este, pues en febrero de 1945, los soviéticos ya habían irrumpido en Alemania según el reparto de Europa acordado con los aliados en Yalta.

La retirada de la población civil del este de Europa, ante la llegada de los soviéticos, ofreció a los aliados occidentales un nuevo recurso para lograr que sus bombardeos terroristas fueran aún más mortíferos.

El 13 febrero 1945, la RAF y la USAAF lanzaron miles de toneladas de bombas incendiarias y de fósforo sobre la llamada “Florencia del Elba”, masacrando a miles de civiles inocentes y no combatientes. En realidad, se realizaron cuatro ataques aéreos consecutivos, los días 13, 15, y 15 de febrero de 1945.

El informe que la RAF distribuyó a sus pilotos de bombardeos estratégicos la noche del ataque decía lo siguiente:

“Dresde, la séptima ciudad más grande de Alemania y no mucho menor que Manchester, es también el área urbanizada sin bombardear más extensa que tiene el enemigo. En pleno invierno, con refugiados desplazándose en masa hacia el oeste y tropas que necesitan descanso, los tejados escasean, no sólo para dar cobijo a trabajadores, refugiados y tropas por igual, sino para albergar los servicios administrativos que se han desplazado desde otras zonas. Antaño famosa por sus porcelanas, Dresde se ha convertido en una ciudad industrial de importancia prioritaria. […] Las intenciones del ataque son golpear al enemigo donde más lo sienta, en la retaguardia de un frente a punto de desmoronarse […] y enseñar a los rusos cuando lleguen de lo que es capaz el Comando de Bombarderos de la RAF”.

Así se expresaba Basil Liddell Hart (1895-1970), Capitán inglés, e historiador experto en historia militar, en “Historia militar de la Segunda Guerra Mundial”: “A mediados de febrero, la distante ciudad de Dresde fue sometida, con la intención deliberada de difundir masacres entre la población civil, a un ataque mortal en los barrios del centro, no contra las fábricas o las líneas férreas”.

Basil Liddell Hart.

Ese día, el 13 de febrero de 1945, más de 900 bombarderos ingleses arrojan sobre la ciudad alemana de Dresde 400.000 bombas incendiarias. Tres horas después, una segunda oleada de 1.200 tetramotores ingleses lanzan otras 200.000 bombas incendiarias y 5.000 bombas explosivas. Dresde albergaba 800.000 refugiados que huían del avance soviético de Zhukov y fue declarada durante la Segunda Guerra Mundial como ciudad abierta, ciudad blanca, ciudad hospital. Es decir que no albergaba tropas ni poseía fábricas de guerra ni objetivos militares de ninguna clase. No poseía siquiera artillería antiaérea. Antes del alba, se produce un tercer ataque con casi 150.000 bombas incendiarias y bidones de fósforo para activar la horrorosa pira. Los cazas escoltas tenían la instrucción de descender al nivel de los tejados y barrer “blancos de oportunidad”. Abrieron fuego sobre masas de gente que atestaban las rutas. Un grupo de niños del famoso coro de la Iglesia de Kreuzkirche fue masacrado en la calle del zoológico y prisioneros de guerra británicos fueron ametrallados también. Dresde ardió durante siete días y ocho noches de acuerdo al diario de un prisionero de guerra inglés que estaba en el lugar. La cifra de muertos se calcula en 250.000 personas calcinadas en esa carnicería, es decir más que las víctimas de Hiroshima y Nagasaki juntas, todos ellos civiles asesinados en nombre de la democracia. Ningún historiador da una cifra por debajo de ésta aunque es imposible de saber la cifra exacta de víctimas. A este respecto recomendamos leer el libro “La destrucción de Dresde”, del historiador británico David Irving o “Der Brand” (“El incendio”), del historiador berlinés Jörg Friedrich, en los que se habla de este bombardeo de los aliados al igual que otros sobre otras ciudades alemanas que no eran objetivos militares sino objetivos civiles, y por tanto fueron crímenes de guerra y asesinatos en masa sistemáticos y además inútiles, puesto que la guerra ya estaba prácticamente terminada.

Este acto de barbarie es conocido mundialmente como la masacre de Dresde. Y este crimen de guerra quedó impune. Ni los ideólogos ni los artífices del bombardeo de Dresde fueron jamás juzgados.

Propaganda de la asociación cultural Devenir Europeo en recuerdo de las victimas.

Y así, el mejor monumento al criminal de guerra Churchill, directamente responsable de este crimen de guerra, son las ruinas de Dresde, que los soviéticos mantuvieron en el mismo estado como testimonio imperecedero de la barbarie democrática. Por supuesto, no veréis ningún documental ni ninguna película sobre este holocausto real, ni pondrán una noticia en la prensa cada semana sobre ello, ni os obligarán a afirmar este genocidio auténtico, justamente porque éste sí fue real. No solo eso, sino que en la ciudad de Dresde, en repetidas ocasiones, se ha conmemorado con banderas soviéticas, estadounidenses, británicas e israelíes a favor de aquel crimen de guerra con pancartas con la leyenda: “Todo lo bueno viene de arriba”, en referencia a las bombas incendiarias arrojadas por los aviones aliados. No cabe mayor infamia.

Eduardo Núñez

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