Evola frente al fatalismo

La edición de un libro de Eduard Alcantara con este título, además de un video-conferencia sobre ello en internet, merecen ser conocidos pues este es un tema muy controvertido y una de las críticas más duras contra la visión histórica de la Tradición.

Si la Historia sigue un curso definido, sea ascendente o descendente, y ese curso es marcado por algún elemento inamovible, sea divino, científico, utópico, natural… estamos ante algo fatal, determinado, si el ser humano no puede cambiarlo.

Pongamos un ejemplo sencillo: Si estamos en un periodo de desglaciación provocado por la posición de la tierra respecto al Sol, esto es inevitable mientras el ser humano no pueda cambiar esa posición. Podemos combatir síntomas y prepararnos para ello, pero no cambiar el hecho natural. En este ejemplo, podemos evitar el calentamiento provocado por el hombre, pero no el ciclo natural de desglaciación (o sea calentamiento por causa no humana y fuera de nuestra capacidad de solucionar esa causa).

“Evola frente al fatalismo” de Eduard Alcántara.

Las visiones ‘fatalistas’ o ‘buenistas’ de la historia son varias. Veamos algunas y sus consecuencias:

1- Visión lineal del marxismo.

Cuando se estableció la idea de un ‘socialismo científico’ por Marx y Engels, se pretendía que el análisis ‘científico’ de los fenómenos sociales indicaba y ‘demostraba’ la tendencia irreversible al marxismo y el comunismo.

Al pretender ser un análisis de ‘ciencia’, no tenía posibilidad de error, no era una utopía o un deseo, sino una tendencia como la de la gravedad.

Engels afirmó que el socialismo se había liberado de un estado primitivo y se había convertido en una ciencia.

Lo malo no es que fracasaran totalmente esas predicciones, lo importante es que se consideraba el devenir de la historia como algo científicamente predecible y por tanto inevitable. Aun con altos y bajos, el destino era el mismo. Por ello la caída del comunismo no es para esa utopía ‘científica’ más que un retraso, un periodo negro, pero que la línea de la historia seguirá siendo el ‘demostrado’ por el marxismo científico.

Es como cuando se condenó a Galileo por su teoría de la Tierra girando en torno al Sol, se podía condenar y censurar, pero el hecho seguía siendo como marcaba la ciencia.

En esas visiones lineales de la historia, no hay forma de probarlas ni de refutarlas, pues el adjetivo ‘científico’ exige pruebas demostrables, no las hay, pero además si las pruebas no salen acorde a la teoría se indica que ya saldrán en un futuro, no hay forma de probar nada, en realidad solo se prueba que no es una ciencia sino una teoría utópica.

2- Visión lineal del Progresismo

Cuando Fukuyama escribió su famoso libro “El fin de la historia y el último hombre” en 1992no hace más que fundamentar de forma distinta el sentido inevitable (científico será la palabra en el marxismo) de la historia.

Se constituye así en el llamado ‘pensamiento único’: las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la economía ‘científica’.

Es una forma nueva de ajustar la idea marxista al sistema progresista. Por eso el marxismo ha sido fagocitado por el Sistema progresista.

Los progresistas consideran solo ‘retrasos lamentables’ toda tendencia contraria a ese Pensamiento Único. Por supuesto no pueden presentar ninguna prueba ‘científica’ de esa linealidad de progreso.

Recordemos que una prueba científica exige comprobarse en la realidad, ser repetitiva esa comprobación, no solo una vez o en un entorno.

Pongamos que queremos probar el punto de congelación del agua, que varía con la presión y los solutos del agua. Es preciso hacer las pruebas y tener en cuenta el entorno, o sea la presión, solutos, etc…

En la historia no tiene sentido enseñar un hecho pasado y su resolución. Los condicionantes de la época son tan variables que en imposible tomar una solución a un tema de hace un tiempo como algo reproducible ‘científicamente’.

Estas visiones lineales se basan normalmente en un periodo de dominio de un sistema, que pretende así considerarse eterno en sus bases, sin necesidad de comprobarlas en la realidad natural o poner en duda su permanencia a largo plazo.

3- Visiones proféticas.

Las religiones, concretamente las monoteístas basadas en un libro sagrado inspirado por Dios, tienen una variante importante respecto a las visiones lineales.

Dios les garantiza el final pero no el camino. Por tanto, la historia no está definida en su camino, aunque si en su final feliz.

Hay algunos casos en que los libros profetizan temas concretos y tiempos, como pasa con el libro de Daniel de la teología judía o en el Apocalipsis. Un ejemplo son los adventistas que han tratado de calcular los tiempos a segundo advenimiento del Cristo con evidente fracaso respecto a fechas.

Hay muchos rabinos que tratan de probar con textos del Thora la eternidad del nuevo Reino de Israel, prometido al pueblo judío por Jehová según ellos.

Como digo estos planteamientos religiosos, sino caen en el tema profético, no implican un plan de la historia inevitable sino solo un final. Hay pues una libertad de Historia, que depende de nosotros, solo el final lo asegura un Dios.

Realmente todos somos ‘finalistas’, sea por designo de un Dios o por la caducidad del Sol u otro fenómeno natural, el ser humano no será eterno.

4- Visión Cíclica en la Tradición.

Hay una serie de textos tradicionales, ya desde tiempos ancestrales, en que se propone una visión cíclica de la humanidad. Ya en el Mahabhárata se habla de este proceso. Y en culturas arias se tenía la idea de un inicio solar, una tierra inicial de la Era del Oro.

En su forma clásica, la Historia de la humanidad es una continuación de ciclos que van de una edad de Oro al Kaliyuga en una progresiva decadencia de lo espiritual y los valores superiores hacia el materialismo y la corrupción del hombre.

El final será una destrucción de la humanidad degenerada y el inicio de un nuevo renacimiento espiritual.

Se han propuesto muchos ‘tiempos’ para cada una de las etapas del ciclo, Guenón lo intentó.

Esta Tradición está muy extendida en los medios alternativos al sistema por diversos motivos.

  1. Explica la decadencia actual progresiva de los valores espirituales frente al materialismo consumista.
  2. Tiene raíces en textos y tradiciones arias.
  3. Permite a algunos una cierta condena del activismo, y reclusión en la contemplación o meditación, dado que nada es posible para evitar ese final de ciclo. Aunque se acepta la acción como ‘ejercicio personal’, pero sin objetivo alguno de cambio de sentido del ciclo.

De todas formas el problema esencial es el determinismo, si el ciclo no es reversible, es inevitable, estamos ante una forma nueva de fatalismo. Un miserable que se hacía llamar ‘camarada’, un día me dijo que había que ensuciar y destruir todo lo posible, porque así acelerábamos el Kaliyuga y se acercaba el cambio de ciclo. Solución quizás coherente con la idea cíclica pero absolutamente repugnante.

Me gustó mucho más, dentro de esa línea de la Tradición, la idea que comentó por mail el autor de este libro, Alcántara, sobre la una visión de Evola ‘esférica’, donde sobre una esfera se pueden marcar muchos ciclos, y algunos se pueden cruzar, dejando pues una cierta movilidad.

Este tema es muy curioso: No solo Evola era activista, en modo alguno un hombre pasivo y retirado, incluso escribió una obra como ‘Orientaciones’ de claro mensaje militante, sino que los mayores activistas en la Italia Nacional revolucionaria tenían gran afinidad por Evola. En cambio, a la vez la ‘Tradición’ tiene un Guenon bien alejado del activismo y centrado en la meditación, o en España un ex Cedade, cuando se dio de baja por su idea Tradicional, escribe un libro ‘Contra la acción’ y desde entonces no se mueve de escribir en su cómodo sofá.

4- Visión activista de la Historia

Podría resumirse con aquella canción “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

La historia se hace en cada momento según las fuerzas que actúan, las condiciones del entorno, las personas que las aplican, de forma que nada es permanente y las predicciones son solo algo válidas a corto plazo.

La vida es lucha.

Hitler dijo claramente que la vida y la naturaleza es lucha y acción. Y con las enormes variaciones de entorno, condicionantes, personajes y fuerzas, toda enseñanza de la historia es solo una enseñanza ‘genérica’, muy interesante como educación, pero no predictiva de un futuro.

Puede uno recordar el fracaso de aquella frase “El Reich de los mil años”, al menos solo le daba 1000 años, no más. Aparte de demostrar que no se debe hacer de pitonisa del futuro, al menos no se pretendía la linealidad, solo un periodo largo de permanencia, lo que ya es algo que no se debe hacer.

Terminaré este texto con aquella frase genial de Quevedo cuando le preguntaron si sabía predecir el futuro y respondió: “Puedo hacerlo. En el futuro pasará lo que Dios quiera”.

Ramón Bau

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