Héroes del fracaso: Oshio Heihachiro y su influencia en Yukio Mishima

Creo que pocos conocen a un personaje tan atrayente y a la vez tan olvidado como Oshio Heihachiro, uno de esos héroes japoneses de lo inútil, de los que se llaman ‘Héroes del Fracaso’, que tuvo su momento de gloria, debido a su derrota en 1837.

Mishima se refirió a él a menudo, pues representa parte de su propia forma de lucha, en un ensayo escrito pocos meses antes de su suicidio sobre la filosofía de Wang Yang-ming (1), que es la que tomó Oshio como suya. Curioso, Mishima tenía 45 años al suicidarse, los mismos que tenía también Oshio al suicidarse.

Oshio nace en 1793 en una familia samuray, su padre era inspector de policía, en Osaka, cargo que heredó Oshio a los 23 años. Su honradez extrema le llevó a tener problemas por denunciar corrupciones continuas de los otros inspectores y funcionarios.

En 1830 dimite de su cargo para dedicarse a la filosofía. Tiene un episodio místico, y escribió varios textos de filosofía, especialmente de conferencias en 1833, siguiendo la senda de Wang Yang-ming.

Grabado de Ōshio Heihachirō por Kikuchi Yosai.

Wang Yang-ming (1472-1529), militar y filósofo del siglo XVI chino, seguidor de Confucio en su línea Idealista, que estableció la norma de la acción: “El que solo piensa y no actúa, es que ni siquiera piensa”.

Esta forma de confucionismo no era bien vista por el gobierno en ese momento en Japón, de los Tokugawa, que preferían la escuela confuciana donde la lealtad al Estado era superior a la lealtad a la pureza de conciencia personal.

Esta forma de pensamiento que adopta Oshio exige ser coherente, o sea, actuar y llevar a cabo el pensamiento sin preocuparse de las consecuencias.

Como Samuray, Oshio Heihachiro estaba ligado a las normas tan bien descritas en el “Hagakure”, (Hojas Ocultas) que viene a ser el ‘Camino del Samuray’ de Yamamoto Tsunetomo escrito en 1716. En este magnífico manual del sentido profundo samuray, la primera y más importante exigencia es aceptar que “El Camino del Samuray reside en la Muerte”. Ante cualquier decisión, haber aceptado ya la muerte, facilita tomar un camino honorable. Por tanto, debemos asumir la muerte como algo ‘ya realizado’, haber ya muerto en el sentido de renunciado a evitarla. No importa haber logrado objetivos, sino haber actuado con honor.

Escultura alegórica de Yamamoto Tsunetomo.

Mishima, como Oshio, tenían claro que al mantener sus principios y llevarlos a la acción, lo más probable es que se vieran abocados a la muerte. Para Oshio eso era una muestra de haber superado el egoísmo. Mishima precisamente acusaba al Japón moderno tras 1945 de valorar la seguridad y el confort físico, mientras mataba el espíritu. La filosofía heroica de Wang Yang-ming no se expone actualmente y sería considerada ‘fascista’.

Mishima describe a uno de sus héroes de novela, Isao, que al fracasar su golpe de Estado descabellado, antes de suicidarse, lee la historia de Oshio Heihachiro (2).

Y en una carta de Mishima al escritor Ivan Morris, justo antes de morir, escribe: “Guiado por la filosofía de Yomei (Wang Yang-ming) creo que el que sabe y no actúa, no sabe lo suficiente, y que la acción en sí no tiene por qué ser efectiva”. El valor de una acción no depende de su éxito.

También el hombre que dirigió la última de las rebeliones del mundo tradicional japonés, la rebelión de Satsuma, Saigó Takamori, levantado en armas 40 años después de hacerlo Oshio, leía los “Llamamientos” de Oshio. En 1877 se levantaron por última vez los samuráis con sus espadas contra el ejército imperial y sus modernas armas.

La filosofía de la acción necesita de un objetivo, un acto que mereciera esa acción, sin importar el peligro. Oshio lo encontró en la miseria de la gente, exacerbadas especialmente durante las hambrunas de 1836-37, aunque ya era algo permanente la brutal explotación de los campesinos y la corrupción del gobierno.

Mishima lo sentía en la decadencia del espíritu tradicional del Japón, impuesta por el materialismo americano en 1945, que había conducido a un pueblo domesticado y occidentalizado, con una pérdida progresiva de los valores espirituales japoneses.

Cuando Oshio Heihachiro se retira, el gobierno estaba bajo un régimen feudal, uno de los muchos llamados ‘bakufu’ que gobernaron durante siglos Japón, dirigido por samuráis, en ese momento el de los Tokugawa, desde su capital en Edo (actual Tokyo).

Grabado de Ōshio Heihachirō por Yoshitoshi.

Oshio no criticaba el sistema samuray feudal, sino la corrupción y la dejadez ante la miseria del pueblo. Nunca pensó en la igualdad de todos, sino en un sistema jerárquico justo. Como Mishima no se subleva para apoyar un ideal tipo marxista sino el espíritu imperial japonés tradicional.

La miseria popular, enorme, se acentúa en Osaka con las hambrunas tremendas de 1836 y 1837, que deciden a Oshio a convertir en acción su ‘conocimiento’ de la injusticia y corrupción del gobierno Tokugawa.

Primero denunció por carta al gobernador de la zona de Osaka la situación del pueblo, y pidió un reparto de arroz y distribuir dinero para evitar el hambre. No solo no hubo aceptación, sino que, se le amenazó con detenerlo si volvía a criticar al gobierno.

Vende toda su biblioteca y reparte el dinero entre los pobres. Y escribe unos “Llamamientos” a la rebelión en 1837.

Se trataba de que se asaltaran los almacenes de arroz, atacar a los centros del gobierno y los recaudadores de impuestos.

Su idea era que los campesinos de los alrededores de Osaka acudieran junto con los pobres de la ciudad, y tras dominarla, pedir al gobierno ‘bakufu’ de los Tokugawa una solución al hambre y la miseria, confiando en que su reclamación era justa y sería escuchada.

“Salvad al Pueblo” fue el lema de Oshio en su rebelión, la frase que ponía en sus estandartes blancos.

La rebelión fue un fracaso total pese a su relativo éxito inicial, en realidad no tenía ni una sola posibilidad de éxito desde el inicio, pero ni siquiera logró comprobarlo.

1- La rebelión se inició bien, las masas de pobres de Osaka quemaron las casas de los usureros, oficiales y funcionarios, etc. y ese incendio se propagó por media ciudad al ser de madera la mayoría de los edificios.

2- El asalto a los almacenes se produjo, pero los saqueadores se dedicaron a comer y beber, en vez de seguir las instrucciones de repartir entre la población hambrienta lo logrado.

3- Los campesinos no llegaron a participar, y eso fue fundamental. Oshio comprendió inmediatamente el fracaso al no llegar las masas campesinas.

4- Los rebeldes no tenían armas ni preparación militar.

De todas formas, aunque hubieran ganado en Osaka, era impensable que el gobierno samuray de Edo hubiera cedido a las peticiones ‘justas’, cuando sabía que disponía de fuerza más que suficiente para aplastar la revuelta y había demostrado su inmovilismo en varias situaciones de hambres en otras zonas.

Oshio logró escapar a la llegada de las tropas del gobierno, intentó y logró esconderse un tiempo esperando que las revueltas en otras zonas del país se unieran a la fracasada de Osaka. No sucedió nada de ello. Cuando fue localizado y se le iba a detener se suicidó y quemó la casa donde estaba.

Monolito en recuerdo de Oshio Heihachiro en Osaka.

La represión fue brutal, miles de sublevados fueron exterminados y torturados. Nada se logró ante la crueldad del gobierno, que mantuvo la miseria, los impuestos abusivos, la corrupción y el hambre.

También el intento de golpe de Estado de Mishima no tenía posibilidad alguna desde el inicio, de la misma forma que no logró que se le unieran los militares a los que habló en el cuartel general de Tokio del Ejército.

Dos instantáneas de Mishima durante su último mitin durante el “incidente”.

Ambos hechos no se produjeron tras un análisis de las posibilidades de éxito, sino por esa necesidad de ‘acción’ ante una situación inadmisible: el hambre del pueblo o la decadencia del pueblo.

Creo que el ejemplo de Oshio Heihachiro es importante hoy en día cuando el utilismo es la norma de actuación. Parece que si no hay éxito toda acción es errónea, porque en el mundo actual el éxito (incluso bajo actuaciones infectas, inmorales, contrarias al honor, incluso cobardes) es lo que justifica la acción, no su necesidad o su obligación moral.

Ramón Bau


Notas:
1.- “Kakumei no Tetsugaku to shite no Yomeigaku” 1970
2.- Lee el libro “La filosofía de la escuela japonesa Wang Yang-ming”Corroe el hilo en el telar

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