118 aniversario de José Antonio

Este 24 de abril se conmemora el 118 aniversario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936).

Sobre José Antonio se ha escrito mucho ya, y se le ha interpretado y reinterpretado muchas veces desde su muerte, pero lo más importante de su corta vida es que José Antonio fue de esos líderes políticos que escribieron con el ejemplo, razón por la que ofreció su vida en la prisión de Alicante un 20 de noviembre de 1936 por mantenerse fiel a los principios que inspiraron su lucha. Eso es lo más importante. Respecto a esos principios que inspiraron su lucha, fueron evolucionando desde que comenzó en política para defender la memoria de su padre hasta que terminó por crear y liderar el Fascismo Español. Es evidente que, de no haber conocido a Mussolini, José Antonio con toda seguridad no hubiera pasado de ser un brillante abogado y un político monárquico y conservador. Pero al conocer a Mussolini, líder de líderes, José Antonio llegó a ser quien fue fundamentalmente debido a la influencia de Mussolini que él mismo reconoció. Siempre se ha dicho que José Antonio miraba más a Italia, y Ramiro Ledesma miraba más a Alemania a la hora de inspirar su lucha por liderar el Fascismo en España. Sin embargo, en esto José Antonio siguió la misma evolución que Mussolini en su acercamiento a la Alemania NS.

Respecto a su relación con otras fuerzas políticas, José Antonio, que había definido a la Falange como “una síntesis entre la Tradición y la revolución”, dijo que “Hoy no hay más fuerza nueva y sana que nosotros y los carlistas… Sería conveniente la formación de un Frente Nacional” (15-06-1935). Otra cosa es cómo se hizo ese frente con el Decreto de Unificación de abril de 1937 en el que José Antonio no pudo intervenir y que no satisfizo ni a los falangistas ni a los carlistas.

Pero sin duda en José Antonio lo más interesante y menos conocido es su evolución última, del que se ha dado en llamar “el último José Antonio” en 1936. En este sentido, es muy importante leer y analizar los últimos escritos, que son las meditaciones del último José Antonio en la prisión de Alicante en 1936, entre los que figura un ensayo concluido, “Germánicos contra bereberes. Quince siglos de historia de España”, fechado el 16 de agosto de 1936, y otros dos escritos que no pasaron de la fase de unos apuntes: “Cuaderno de notas de un estudiante europeo”, y “Aristocracia y aristofobia”, en el que desarrolla su idea de élite. Hasta la publicación de los “Papeles póstumos de José Antonio”, estos textos eran desconocidos pues no se habían difundido apenas. Y es interesante leerlos porque estos textos son necesarios para entender al “último José Antonio” y porque son sus últimas reflexiones doctrinales, donde se nos muestra su vocación aristocrática y elitista en el mejor sentido de la expresión, teniendo en cuenta que desde 1936, la aristocracia en España fue disminuyendo su peso político y social hasta diluirse por completo. El tema de la aristocracia, clase social a la que pertenecía José Antonio por su título nobiliario de Marqués de Estella, ocupó buena parte de las reflexiones de su último período de vida. Esta temática es importante, porque ayuda a percibir la actitud de José Antonio frente a las corrientes “populistas” y “democráticas” y refuerza los contenidos apuntados en su ensayo “Germánicos contra bereberes”, y sorprendentemente en “Germánicos contra bereberes” lo que hace es un intento de elaborar una teoría de la historia en la que hace una interpretación de la historia de España en clave racial, lo cual puede entenderse como un giro hacia el nacional-socialismo que, en ese momento, en 1936, también lo estaba haciendo Mussolini. Y es curioso que este rasgo, el de hacer una interpretación de la historia de España en clave racialista, que es lo más evidente de ese texto, no haya sido destacado hasta ahora por quienes lo han tenido en cuenta como parte de las Obras Completas de José Antonio, pues el líder falangista pretendía con ello aportar algo a la creación de una “interpretación de la historia” a su movimiento, el nacional-sindicalismo. Y desde luego, a la hora de realizar un análisis crítico de su contenido, es preciso tener en cuenta el contexto en el que fue escrito. José Antonio quiso, con este ensayo, elaborar una teoría de la Historia inspirándose en Oswald Spengler y en Nicolás Berdiaeff, dos autores que José Antonio había leído y conocía bien, y que influyeron en su concepción histórica.

Y el caso es que en “Germánicos contra bereberes” se alude a lucha de razas, conflictos étnicos y superposición de oleadas invasoras y sobre cómo influyeron sobre la historia de España. Hace, por tanto, un intento de interpretación étnico-racial de la historia de España en el que José Antonio establece la contradicción entre las aportaciones “germánicas” y las “bereberes”, y cómo se manifiestan e influyen a lo largo de nuestra historia desde el siglo VIII hasta la victoria del Frente Popular en 1936. Y José Antonio, al intentar cubrir con este ensayo la ausencia de una interpretación falangista de la historia, deja claro en qué lado se sitúa él al considerarse heredero de la España germánica y no de la España “bereber”, cuando dice en dicho texto: “los que por solidaridad de cultura y aún por misteriosa voz de sangre nos sentimos ligados al destino europeo”.

Por tanto, cabe destacar que las últimas meditaciones de José Antonio fueron relativas a la necesidad de una élite, que es lo que él defiende en sus últimos escritos en la prisión de Alicante, enlazando así con la primera parte de su vida política en la que él quería una España que saliera de su atonía secular extendiendo a toda la nación los valores aristocráticos, abriendo la aristocracia a una élite que fuera capaz de asumirlos. Por tanto, la evolución última de José Antonio no fue una evolución “democrática” o “populista” sino jerárquica, elitista y aristocrática.

Y en ese momento, es decir, en 1936, el único movimiento político que tenía elaborada una interpretación de la historia en clave racialista era el nacionalsocialismo. Solo en Alemania existía un sector del régimen que pretendía emprender ese camino de unir los valores de la aristocracia de la sangre y a sus representantes, con los representantes del mundo de la ciencia y de la cultura en el seno de la Ahnenerbe (recordemos que el hombre de la Ahnenerbe en España fue el arqueólogo falangista Julio Martinez Santa Olalla) y de las SS, unidos todos por los valores de la aristocracia guerrera. Y eso José Antonio lo conocía y explica su última evolución plasmada en sus últimos textos. Una evolución, por otra parte, similar a la que llevó también a Mussolini a acercarse ese mismo año a la Alemania nacionalsocialista. Y una evolución que parece perturbar a muchos de sus seguidores.

Eduardo Núñez

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