Benito Mussolini, líder de líderes

Este 28 de abril se cumplen 76 años del asesinato de Benito Mussolini, un crimen atroz y nauseabundo de los “buenos”.

Benito Mussolini había nacido en Predappio, Forlí, en la región de Emilia-Romaña, Italia, el 29 de julio de 1883 hijo de un maestro socialista que le llamó Benito en honor del revolucionario mejicano Benito Juárez.

Mussolini (1883-1945) fue el líder fascista que más influyó en los demás líderes fascistas de la Europa occidental, entre ellos en José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, cuyas siglas – F.E. – en un primer momento se habían lanzado como “Fascismo Español”. Quizá sea Mussolini el dirigente fascista que más extensamente escribiera, en parte porque al ser un avanzado en su idea, fue el primero que planteó soluciones a la grave crisis mundial del crack del 29 desde un punto de vista nacional-revolucionario, y por eso se vio obligado a buscar soluciones teóricas y prácticas también. Por eso, sus Obras Completas son diez tomos, desde sus primeros escritos en el Partido Socialista Italiano en el que militó antes de tomar conciencia de la nueva revolución de la que él fue el primer tambor al que siguieron después muchos otros.

Después de diversas confrontaciones con el régimen NS alemán, y tras el creciente bloqueo inglés a Italia, Mussolini se convirtió en un aliado de Hitler, a quien había influido en su juventud. Italia entró en la Segunda Guerra Mundial en junio de 1940 como aliado de la Alemania de Hitler. Tres años después, los aliados invadieron Italia y ocuparon la mayor parte del sur de Italia.

Fue el máximo político y estadista italiano que gobernó su país desde 1922 hasta 1943.

Desde el poder Mussolini dictó leyes sociales muy importantes que aún hoy siguen vigentes, tales como la jornada laboral de ocho horas, la pensión por ancianidad, la jubilación, el derecho a una justa retribución, la protección de los niños, la Carta di Lavoro que inspiró al Fuero del Trabajo en España, la institución del Dopolavoro, etc.

Italia en los años treinta era un país moderno y próspero, con un sistema político que muchos países del mundo trataban de imitar. Tanto es así, que grandes personajes de la época elogiaban con entusiasmo a Mussolini. Prácticamente todos los líderes del mundo le elogiaron, desde los Papas Pio XI y Pio XII hasta Georges Sorel o Lenin, El belicista Churchill dijo de él: «que era el estadista más importante de aquellos años». El pacifista Gandhi afirmó «que era el nuevo Mazzini de Europa». Hitler lo admiró toda su vida y llegó a decir: «que era el estadista más grande que había tenido la humanidad en los últimos mil años». Roosevelt lo citaba «como modelo de conductor político».

Gandhi en Roma durante la visita de 1931.

Después de su rescate tras ser depuesto en 1943 (curioso dictador que pudo ser depuesto), cuando todo estaba perdido y era imposible hacerse ilusiones sobre el final de la guerra, tuvo el cargo de Presidente de la República Social Italiana desde septiembre de 1943 hasta su derrocamiento en 1945. La RSI fue un fugaz régimen radicado en Saló, en el norte de Italia, que llevaría hasta sus últimas consecuencias las doctrinas sociales del fascismo evolucionando del corporativismo y del Estado corporativo a la socialización, que es lo propio del socialismo. Con la República de Saló se iniciaron las grandes reformas de última hora, enfocadas en la socialización de la industria y de la gestión de las empresas mediante un decreto socializante, hubo discusiones dentro de las filas fascistas a propósito de entregarle el poder a los socialistas o a un gobierno socialista que continuara con las reformas, aun así, dentro de ciertos sectores opuestos a Mussolini se trató de impedir el avance social del Estado fascista. Pero desatada la guerra civil entre los partisanos y los fascistas, reinaba un gran caos en Italia, con las tropas italianas que no sabían a quién servir, si al traidor Mariscal Badoglio, a Mussolini o a los alemanes.

Los últimos días de Mussolini sucedieron así….

En Dongo, el conde Pier Luigi Bellini della Stelle, jefe de los partisanos encuentra a Clara Petacci en el Ayuntamiento y ante la súplica de ella de querer morir con el Duce, el conde le jura que no tiene intención de matarlo, y que lo que piensa es entregarlo a las autoridades. En una reunión mantenida entre miembros del Comité de Liberación Nacional y representantes del Cuerpo de Voluntarios de la Liberación celebrada en Milán se decidió que Mussolini sufriera una muerte violenta. En esa situación desesperada, Mussolini disolvió su Gobierno y trató de ir a Suiza.

Walter Audisio, apodado “Coronel Valerio”, un comunista que había combatido en la guerra civil española al lado de las Brigadas Internacionales, fue a quien se le mandó a Dongo para asegurarse de que el Duce no sería entregado a las autoridades. De Germasino, Mussolini fue trasladado a una pequeña alquería cerca de Bonzanigo, donde el conde Bellini permitió que Clara Petacci se le uniese. Mussolini y su amante Clara Petacci fueron capturados por los partisanos comunistas italianos el 27 de abril de 1945, cerca de la pequeña ciudad de Dongo. Habían pasado su última noche en casa de la familia De María. Al día siguiente, hacia las 16 horas del 28 de abril de 1945, el «coronel Valerio» irrumpió en la alcoba, anunciando que ‘venía a rescatarles’… Los empujó por las escaleras y los metió en la parte trasera de un coche, colocándose él frente a ambos, apuntándoles, mientras dos de sus compañeros se instalaron de pie en el estribo. El vehículo, por orden de ‘Valerio’, se detuvo en la entrada de «Villa Belmonte». Según relato del propio Walter Audisio, los hechos se sucedieron así: «Mandé a Mussolini que se colocase contra la pared. Se dirigió hacia el lugar, y cuando se volvió le leí la sentencia… «Por orden del Alto Mando del Cuerpo de Voluntarios de la Libertad, tengo la misión de hacer justicia al pueblo italiano…». “Éramos un pequeño grupo reunido en aquel recodo de la carretera: Mussolini, Clara Petacci, Guido, el comisario de los partisanos y yo. Eran las cuatro de la tarde”.

«¡Mussolini no debe morir! ¡Mussolini no debe morir!», gritó Clara Petacci.

Levanté la ametralladora para disparar…». «¡Quítese de ahí o recibirá también! Le grité a la Petacci…». «Se apartó dando tropezones. Apunté y apreté el gatillo. El arma no disparó. Clara Petacci corrió de nuevo hacia Mussolini y lo abrazó». «Arrojé la metralleta y empuñé el revólver» «¡Quítese de en medio! le dije, apuntando con el revólver, pero el arma tampoco funcionó… «Llamé al comisario y le tomé la metralleta. Apunté una vez más y alcanzaron a Mussolini cinco balas. Cayó de bruces, contra el muro. Disparé de nuevo. Una bala alcanzó a la Petacci y la mató en el acto. Tres balas más alcanzaron a Mussolini, pero aún respiraba. Me acerqué y le disparé al corazón. Por fin estaba muerto…».

Walter Audisio, apodado “Coronel Valerio”.

Estas son las declaraciones del partisano comunista “Coronel Valerio” (Walter Audisio), que fue el criminal que acabó la vida de Benito Mussolini y Clara Petacci cerca del lago de Como. Según el historiador inglés Denis Mack Smith, «el único hecho cierto es que el 28 de abril de 1945, Mussolini, que había cumplido sesenta y un años, fue fusilado a toda prisa por partisanos comunistas, antes de que los americanos, ya a pocas horas de distancia, pudiesen alcanzarlo».

Ese mismo día también fueron fusilados otros 15 miembros del Partido Fascista Republicano contra el paredón de la plaza principal de Dongo, frente al lago de Como, entre ellos Alessandro Pavolini, Paolo Zerbino, Nicola Bombacci, Luigi Gatti -secretario personal de Mussolini-, y varios ministros. Éstos quince cadáveres, además de los de Mussolini y Clara Petacci, el de Marcello Petacci, hermano de Clara, cuatro cuerpos no identificados, y Starace, ex-secretario del Partido Fascista, fueron transportados en un camión a la plaza Loreto de Milán, donde en el techo de una gasolinera fueron colgados por los pies, como piezas de carnicería, y expuestos al público para que se ensañaran con sus cadáveres a manos de una chusma desmadrada.

Se ha dicho que cuando los partisanos capturaron a Mussolini, ofrecieron a Clara Petacci la posibilidad de escapar, pero ella la rehusó y expresó su deseo de compartir la suerte de su amado Mussolini. En el momento de la ejecución, ella trató de proteger a Mussolini con su cuerpo de las balas y recibió ella la primera descarga mostrando de este modo la valentía y lealtad de dicha mujer admirable. Mussolini fue ejecutado inmediatamente tras ella, como hemos relatado. Al día siguiente, el 29 de abril de 1945, en Piazzale Loreto en Milán, los cadáveres de Mussolini y de Clara Petacci fueron colgados boca abajo junto a otros cuatro dirigentes fascistas. Su cuerpo arrastrado por el polvo y colgado después boca abajo en una plaza es un claro símbolo de la reacción salvaje de la masa democrática contra el innovador.

Clara Petacci leyendo un libro escrito por su amante Mussolini.

Cincuenta años más tarde, salió la filmación de los cuerpos de Mussolini y de Clara Petacci, que había realizado el Teniente norteamericano Tamber al día siguiente del suceso, en la estación central de Milán, pudiéndose ver los cuerpos deformados después de haber sido pisoteadas sus caras por los partisanos. La RAI emitió dichas imágenes. El cadáver del Duce fue enterrado en secreto en el cementerio de Musocco en Milán, de donde sería robado al año siguiente por un grupo de neofascistas, comandados por el periodista Domenico Leccisi, que lo entregaron a los padres franciscanos del convento Angelicum de Pavía. En 1957 le fue confiado a Rachele Mussolini, que al recibir los restos del que había sido su marido, exclamó: «El que después de vencer, se venga, es indigno de la victoria». A continuación, se procedió a enterrarlo en Predappio, su lugar de nacimiento.

En el libro «Y Mussolini creó el fascismo«, de Néstor Luján y Luis Bettonica, en la última página se puede leer lo siguiente:

«Sean cuales fueren sus faltas, la muerte de Mussolini nos llena de piedad, y la de Claretta, compañera hasta el final, de admiración. Y aquella plebe de Milán nos llena de horror en su macabra alegría. Sean cuales fueran las faltas humanas, repetimos, fue un asesinato. Y nadie puede merecer en su entierro seres de tan baja calidad como aquellos milaneses del Piazzale Loretto.«

La historia, en su justa medida, dictaminará que Benito Mussolini fue el máximo exponente de la política italiana de todos los tiempos.

Recordamos hoy a Mussolini porque él fue el primero en alzar la bandera de lo que hoy podríamos llamar una “izquierda nacional”, y porque supo luchar hasta el final. ¿Qué queda hoy de todo aquello? Lo que queda hoy es que las ideas fascistas solo tendrán valor en la medida en que representen para el hombre del siglo XXI, ideas y valores de «siempre», presentes en nuestra gran Tradición occidental. Y de entre ellas, el socialismo es una de las más importantes, superando hoy el nacionalismo estrecho de antaño, para pasar de un socialismo nacional a un socialismo europeo, nuestro socialismo.

Eduardo Núñez

Un comentario en “Benito Mussolini, líder de líderes

  1. EL FASCISMO ERA UN GÉNERO DE SÍNTESIS UNIVERSAL Y MUSSOLINI UN PROTAGONISTA CON SUS LIMITACIONES.

    El Fascismo fue una expresión superadora y síntesis transformadora de los intereses contrapuestos que bloqueaban la libertad social integradora, superando el enfrentamiento y la crisis perpetua; el Fascismo estaba por encima de sus representantes parciales en el drama histórico. Era como un intuición después del sufrimiento de los políticos ineficaces, que busca plasmarse en la realidad jurídica, social, económica, cultural…. Siguiendo a Pedro Gorgolini el Fascismo sería : » Una recíproca fusión entre el proletariado, que al amparo del fascismo pisaría, completamente regenerado, en terreno nacional y patriótico , y en el Estado, al que una previsora restauración moral y material transformará sensiblemente durante ese tiempo, haciéndole más fuerte y más sólido. Y a través de esa fusión , podría realizarse, mediante la fórmula de la solidaridad, de la cooperación y de la colaboración económica y política, la sociedad nacional de los trabajadores…, oponiéndose, a los intereses del capitalismo oligárquico, las exigencias de las muchedumbres organizadas del pensamiento y del brazo» hasta aquí Pedro Gorgolini.

    Mussolini con sus limitaciones expresó algo de esa tendencia pero no la llevó a plenitud. El Fascismo tal como lo vivió Ugo Spirito en el terreno de las ideas, o Ardengo Soffice, Mario Sironi o Duilio Cambelotti en el campo del arte y de la construcción estética, está muy por encima , ya que es una pulsión clásica, de sus manifestaciones temporales, parciales e insuficientes de la pugna política de un siglo con sus contingencias . Por ello la médula liberadora del Fascismo trasciende los siglos en sus prístinas formulaciones . El Fascismo no es prohibir y perseguir, eso es más bien lo propio de sus adversarios fanáticos, por el contrario, es proponer, construir y transformar liberando cuerpos y almas junto a la grandeza de las naciones.

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