Manifiesto de Patriot Front

En agosto de 2017 nació la organización estadounidense Patriot Front con el disidente Thomas Ryan Rousseau a la cabeza. El grupo ha demostrado una cohesión y activismo sin precedente. Por poner un ejemplo: entre el 30 de abril y el 29 de junio, realizaron tareas de proselitismo en 43 estados diferentes, aproximadamente 600 acciones totales. (En las principales ciudades. Texas 102, Virginia 52, Washington 46, Arizona 44 o Massachusetts 42)

En Europa es muy poco conocido el trabajo de Patriot Front, por lo que traducimos en exclusiva para El Oso Blindado su Manifiesto y lo ponemos a disposición del lector español. Traducción a cargo de RV.

El Oso Blindado

***

Estados Unidos se encuentra en la encrucijada de una era. Un futuro incierto está en manos de una nueva generación a la que se le ha dado a elegir simplemente entre la soberanía y el sometimiento. América sufre bajo el dominio de un gobierno ocupado. Los tiranos, con delirios de poder infinito, han declarado al pueblo estadounidense demasiado débil para rebelarse. El daño hecho a la nación no se arreglará con la aprobación del sistema disfuncional que sigue siendo americano sólo de nombre. La democracia le ha fallado a esta otrora gran nación. El resurgimiento del espíritu americano traerá consigo la muerte de la tiranía. La antorcha de la revolución ha sido encendida.

Cuando nuestros antepasados precolombinos abandonaron sus hogares europeos, encontraron un continente salvaje. Tenían una gran variedad de propósitos, pero frente a la dura vida en la frontera y el enemigo común en los extraños e inexplorados confines de América que aún no habían sido tocados por la civilización, encontraron una causa común y una identidad común como americanos. De las diversas naciones y culturas de Europa se forjó una nueva nación en las llamas de la conquista. E Pluribus Unum fue el nuevo credo que unió a nuestro pueblo con su identidad paneuropea como americanos. Ser americano es ser descendiente de conquistadores, pioneros, visionarios y exploradores. Esta identidad única nos la dieron nuestros antepasados, y este espíritu nacional sigue firmemente arraigado en nuestra sangre.

Noviembre de 2019.

Nuestra misión es un duro reinicio de la nación que vemos hoy: un retorno a las tradiciones y virtudes de nuestros antepasados. El mismo espíritu que impulsó a nuestros antepasados a crear esta nación volverá a salir a la luz, y se construirá una nueva América dentro de su actual iteración ruinosa y vergonzosa. Generación tras generación vivieron en la guerra y la lucha para que sus descendientes conocieran la paz. Era su deber dar su vida de esa manera. La antorcha pasa ahora a nuestra generación, y es nuestro deber hacer que sus sacrificios signifiquen algo.

Desde el seno de una sociedad gobernada por quienes se han vuelto incapaces de prever cualquier horizonte más allá de ellos mismos, nuestro objetivo es crear una unión de americanos que construyan el futuro. Esta nueva generación de patriotas vivirá con lealtad a una causa mayor y una gran visión de la América que espera a sus descendientes.

Nuestro modo de vida nacional se enfrenta a una aniquilación completa, ya que nuestra cultura y nuestro patrimonio son atacados desde todos los frentes. De los muchos individuos de nuestro pueblo surgirá un colectivo, una red que unirá a los fieles de nuestro pueblo con fuerza y unidad. Dentro de estos límites comenzaremos la creación de nuestra gran visión. La política ha desempeñado un papel importante en la destrucción de esta nación, y no será la política la que nos salve. El Estado que nos gobierna se resiste totalmente al cambio que se requiere para salvar a la nación, ya que se convulsiona y devora a sí mismo con una corrupción sin precedentes. Esta nación buscó una vez la libertad frente a un poder tiránico y global, y los que lucharon por la libertad dedicaron sus esfuerzos al pueblo al que servían y no al gobierno que les negaba un futuro.

Nuestro pueblo ha vencido ante la injusticia, tanto en nuestras tierras como en nuestro interior. La tiranía empuña hoy nuevos instrumentos, pero lleva la misma fea cara. Los estadounidenses están en el umbral de convertirse en un pueblo conquistado. Ningún estado extranjero ondea su bandera en los salones de gobierno, y sin embargo es nuestra bandera la que se vuelve extranjera con el paso de los años. A una nueva tiranía hay que responder con una nueva resistencia.

América necesita una generación de hombres valientes que se levanten sin miedo para enfrentarse a todas las amenazas a sus intereses colectivos. Una generación acorazada en su esfuerzo por hacer realidad su gran visión de una nueva nación. Esta reunión de los fieles -los verdaderos herederos de América- instará a nuestro pueblo a seguir adelante.

Para formar un Estado nuevo y justo, primero debemos inculcar en nuestro pueblo un espíritu nacional reformado, un pueblo libre de los vicios del mundo moderno y un pueblo con fervor por verse libre. La cohesión y la unidad de nuestro pueblo serán el arma más poderosa a utilizar en nuestra incansable lucha por la nación y su causa intemporal. Cada alma que encarne la lucha será un componente indispensable de nuestro esfuerzo unificado por la soberanía nacional y la libertad colectiva.

EL NUEVO ESTADO-NACIÓN AMERICANO

En esta época de mentiras y falsedades, abundan los conceptos erróneos sobre lo que es un estadounidense. Muchos, incluidos los que controlan nuestro Estado actual, confunden con estadounidenses a otros que simplemente existen en tierras que antes eran americanas o conciben una identidad americana tan universal que deja de existir por completo.

Para comprender realmente quién es estadounidense debemos entender qué es la nación estadounidense, cuáles son sus intereses y la naturaleza de su creación. Hace tiempo que la nación americana ha entrado en un recorrido en el que el Estado americano no ha seguido sus caminos, cada vez más divergentes, hacia un futuro incierto. El conflicto interno dentro del gobierno ha intentado durante mucho tiempo crear un sistema de mentalidad global que gobierne sobre un pueblo de raíces nacionales. La degradación de nuestra historia y de las visiones de nuestros Fundadores ha sido a la vez traicionera y prevalente para alcanzar este fin. Los baluartes que impiden la degeneración de nuestra República se han erosionado y ahora están totalmente ausentes.

La nación americana es y siempre ha sido el pueblo americano, su cultura y su impacto en la tierra y el mundo que habitan. El Estado corrupto ve la patria como una mera fuente de producción, un nombre para marcar en un mapa. La nación debe ver su hogar como una fuente de cultura e inspiración. Es la culminación de todo el sacrificio de sus antepasados. Es el lugar donde nacieron grandes hombres y donde murieron hombres aún más grandes, abatidos por ejércitos extranjeros o por su propia sangre. Hace tiempo que el Estado ha dejado de defender los intereses de los descendientes de sus creadores, por lo que debe implantarse un Estado que sea, por encima de todo, un reflejo del interés nacional.

Enero de 2021 en Illinois.

El interés de la causa de nuestra nación es el interés de la nación americana y, por tanto, del pueblo americano. Esta cultura e identidad tiene los mismos intereses fundamentales que cualquier otra: sobrevivir, prosperar, progresar y asegurar una vida mejor para las generaciones futuras. En este empeño por poner de manifiesto los instintos más naturales y esenciales del hombre, muchos son condenados al ostracismo y al rechazo. Esto sólo puede servir para representar con exactitud lo verdadera y absolutamente alejada de la naturaleza que se ha vuelto esta civilización, y lo valorada que está la mentira por encima de la verdad.

La Libertad Colectiva es la libertad que nuestro pueblo debe compartir frente a las fuerzas que buscan nada menos que nuestra sumisión vinculante e incondicional. Es el principio de que debemos existir. La Soberanía Nacional es el derecho inalienable de nuestra nación a determinar el estado de esa existencia propia, y para los nuestros. Es el principio del libre albedrío nacional.

Las personas de nacimiento extranjero pueden ocupar el estado civil dentro de las tierras ocupadas por el Estado, e incluso pueden ser ciudadanos obedientes, pero no pueden ser americanos. La pertenencia a la nación americana se hereda con la sangre, no con la tinta. Incluso los nacidos en América pueden ser extranjeros. La condición de nación no puede otorgarse a quienes no pertenecen a la estirpe fundadora de nuestro pueblo y a quienes no comparten el espíritu común que impregna nuestra gran civilización y la diáspora europea.

Una de las verdades más evidentes de la humanidad se ha demostrado en la alineación de las naciones y los estados. Donde existe un Estado sobre muchas naciones, reina la tiranía. Donde existe una nación bajo muchos estados, reina el caos. Donde existe una nación junto a un Estado, prospera la libertad soberana.

La identidad americana fue algo que se forjó de forma única en la lucha que libraron nuestros antepasados para sobrevivir en este nuevo continente. América es realmente única en esta identidad paneuropea que forma las raíces de nuestra nación. Ser americano es realizar esta identidad y asumir la lucha nacional sobre los propios hombros. Este título no se concede simplemente por el nacimiento, sino por el grado en que se trabaja y se realiza el potencial de su nacimiento. Ningún hombre está completo simplemente por vivir, sino por hacer más que eso; por esforzarse en crear un camino hacia adelante para su pueblo, y por conectar con la herencia de la que innegablemente forma parte. Eso es lo que completa a un hombre. Sólo entonces es verdaderamente merecedor del título y de un lugar entre su pueblo.

¿De qué sirve una semilla si no se siembra? ¿De qué sirve un clavo si no se martilla? ¿De qué sirve un caballo si no está ensillado? Lo mismo ocurre con el hombre y su identidad. Si no es capaz de conectarse con su herencia, y de darse cuenta de su papel monumentalmente importante como un solo hilo en el tapiz de la nación, entonces se ha negado a sí mismo un propósito, y lo que es peor, ha negado a su pueblo un futuro.

El Estado estadounidense se dirige hacia lo que la mayoría ve como el horizonte, pero que unos pocos saben que es el borde de un precipicio. Asumiremos de buen grado el manto de todos los deberes y responsabilidades desatendidos del Estado. Superaremos su papel en la satisfacción de las necesidades de la nación que ha ido dejando atrás. El pueblo de la nación ha sido engañado, pero cuando su sustento se vea amenazado, aprenderá a juzgar de nuevo a los árboles por sus frutos, no por las palabras de las víboras que residen entre sus ramas.

La nación verá cómo el delgado barniz de la civilización comienza a desvanecerse a medida que la actual plutocracia desvía los trabajos de los estadounidenses hacia las masas extranjeras. La misma población que ha sido importada para suplantar a la nación será entonces esclavizada sobre nuestras cenizas. Aquellos de nuestro pueblo que sean testigos de esta tragedia orquestada se verán obligados a dirigirse al único organismo cuya visión del futuro les incluye.

La dura verdad de la lucha que se avecina es que América, tal como la conocemos, ya está muerta o no sobrevivirá. Esta era de nuestro pueblo será vista, en cambio, como una era de renacimiento y el comienzo de un nuevo capítulo de la historia.

Lo que perdurará son las personas que lo harán posible, la identidad que comparten y la herencia que aportarán a la nueva era. Los errores de las sociedades y los gobiernos del pasado quedarán atrás; sólo saldrán a la luz como recordatorios de la locura de nuestro pueblo y de lo que le llevó al borde de la disolución.

Chicago en julio de 2020.

Muy de acuerdo con nuestras creencias, no habrá un solo momento en el que se logre la victoria, sino que habrá un esfuerzo duradero para asegurar una victoria duradera. Este continente no fue conquistado por los hombres que dibujaron las fronteras en los mapas, sino por los miembros de la nación que se adentraron en lo desconocido para buscar el futuro. De la misma manera, vemos una tarea larga y exigente por delante. Puede que los patriotas de hoy no vean la culminación de su grandiosa visión, pero en su vida pusieron a la nación y a su pueblo en esta tarea con el espíritu multigeneracional de resistir la prueba del tiempo.

Una victoria conseguida de esta manera es tanto más estable e irreversible que una conseguida con medios huecos y sin fundamento. El espíritu nacional de lucha debe complementar nuestras características humanas para hacer de este esfuerzo y esta empresa una forma de vida y una cuestión de instinto.

AMERICA ESTA MUERTA, LARGA VIDA A AMERICA

América es un cadáver sangrante desprovisto de los fundamentos morales que la hicieron poderosa. La América de la modernidad es poco más que una zona económica en la que se utiliza el dólar. Ya no existe una cultura unificada debido a la migración internacionalizada. Ya no existe una moral poderosa debido a la erosión constante de la historia de la nación. El Estado se ha situado en una pila cada vez mayor de normas y reglamentos parasitarios. Inflado hasta el punto de romperse por la burocracia, cada acción tomada para resolver cualquier problema se hace únicamente como un medio para retrasar lo inevitable. Nada del sistema actual es sostenible.

La nación sigue viva, no en los salones de mármol del Estado o en los ríos y montañas del país, sino en los corazones de los decididos. Dentro de estos pocos fieles, la verdadera herencia de la nación sigue adelante.

Chicago en julio de 2020.

La forma y el ser de nuestra gran nación será algo que esté firmemente arraigado en las leyes naturales que vinculan a la humanidad con la razón. Son las mismas leyes que llevan a las civilizaciones a la ruina si se ignoran. En este sentido, ninguna solución temporal se mostrará como una opción. No hay medias verdades ni compromisos que puedan conducir a la paz. El hombre no puede, ni debe, definir las leyes de la naturaleza; el mundo en el que lo hace se vuelve cada vez más de pesadilla.

La vida del estadounidense medio cambiará durante esta transición. Será un gran cambio. Un cambio que imbuirá la lucha en su alma. Saldrá del otro lado de esta gran agitación nacional como un hombre nuevo; un servidor más fuerte y más dedicado a su pueblo; y, un protector y defensor incondicional de su familia.

Ya no conocerá la época de lo material, de la enfermedad y de la desunión. Sus vecinos se ajustarán al término de forma más que nominal. Se le apartará de la decadencia y se le dará la comunidad. Se le protegerá de la barbarie y se le dará civismo. Su nación será una familia extendida, no una tierra de extraños donde una vez estuvo un pueblo. Ya no se le venderá una vida que nunca llegará; una vida de trabajo para algo que no es ni gratificante ni espiritualmente beneficioso.

La agitación dará paso a la estabilidad, mientras el sol sale en un nuevo estado nacional americano. Se verá a sí mismo en su gobierno, y su gobierno mantendrá sus intereses en sus esfuerzos. Su vida conocerá la acción y el progreso en lugar de un lento y abismal declive. Existirá como individuo y como miembro del gran colectivo, y ambos servirán para edificar al otro. Será un miembro inseparable de un pueblo, una nación, un Estado.

LA IDENTIDAD, EL INDIVIDUO Y EL COLECTIVO

El individualismo, aunque originalmente es bueno en su concepto y propuesta, se ha permitido que se desborde en nuestra sociedad moderna, donde se ha convertido en una plaga en su amplificación. La nación del futuro no abolirá el individuo, ni impondrá despiadadamente un único colectivo, pero los méritos de ambos deben estructurarse para complementarse.

Todo hombre existe como miembro de varios colectivos, y de estos colectivos, unas pocas identidades selectas han sido estratégicamente despojadas del sentido del yo de nuestro pueblo. Se es miembro de una familia, de una comunidad, de una nación y, más allá, de una raza.

Estas son las clasificaciones naturales que se han dado a todos los hombres, jóvenes y viejos, ricos y pobres. Sólo la podredumbre de la internacionalización ha debilitado estos lazos y, en muchos casos, los ha roto. Además, muchos se han visto tan despojados de estos aspectos inestimables de su identidad que se han visto abocados a odiarse a sí mismos y a su pueblo, e incluso consideran que su prevalencia es perjudicial para el propio bienestar.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que existes como individuo, pero lo haces en función de tu familia, comunidad, nación y raza. Nunca debes existir a pesar de ellos. Verte a ti mismo únicamente como individuo es un error y carece de base ética. Tus acciones no son tuyas en el sentido de que casi siempre afectan a alguien más que a ti. Para bien o para mal, las decisiones que tomas tienen ondas y ecos que irradian a través de la variedad de colectivos a los que perteneces.

Cada grupo tiene un interés común en forma de supervivencia, prosperidad y progreso. Lo que vemos tan bien ilustrado en nuestra época actual es también la prevalencia de las amenazas colectivas. Para sobrevivir como cultura, patrimonio y forma de ser, nuestra nación debe aprender que sus intereses colectivos luchan contra sus amenazas colectivas de desplazamiento y esclavitud.

Mayo de 2021 en Salt Lake City.

En tiempos de agitación, como en los que nos encontramos, los mil tonos de murmullo de nuestro pueblo deben convertirse en una sola voz unificada. Gracias a la unidad y a la concentración de la civilización en un conjunto de ideales y objetivos, la realización humana alcanza su máximo potencial. La mayor pregunta que nuestra civilización se ha preocupado por plantear ha sido cómo se puede lograr la mayor cantidad de placer personal. El aumento de la primacía de esta pregunta en el inconsciente colectivo de nuestro pueblo se ha correlacionado exactamente con nuestra decadencia. Nuestro pueblo y nuestra civilización deberían ocuparse de formular una nueva pregunta. La respuesta a esa pregunta será el equilibrio adecuado entre el deber social y la libertad personal.

Los humanos somos criaturas sociales. Formamos grupos, camarillas y facciones. Todo lo que hacemos es resultado de nuestra naturaleza. Estos instintos son complejos, pero pueden resumirse en la necesidad de seguridad, conexiones sociales y comprensión de nosotros mismos y de nuestro mundo. Estos instintos están siempre presentes, al igual que la naturaleza humana, pero la forma en que actuamos sobre ellos no lo está.

A lo que ha estado sometido nuestro pueblo es al aislamiento y la amplificación de estos deseos. Donde antes se buscaba una familia, ahora sólo se busca la fornicación. Donde antes se buscaba la comunidad, ahora sólo se busca la gratificación. Donde antes se buscaba el alimento, ahora sólo se busca el sustento.

Las personas sin una identidad natural encontrarán una artificial. En lugar de identificarse con una clasificación natural como la familia, la comunidad, la nación o la raza, se identificará con una marca corporativa, un punto de vista político materialista o una faceta comercializada de la cultura. Esta progresión tan peligrosa hace que estas identidades artificiales proporcionen la forma más segura de despojar a la nación de la libertad. La tiranía busca extenderse desde el cuerpo, a la mente, y finalmente al espíritu. Destruir la naturaleza del hombre gobernado por la familia, la comunidad y la nación, y dársela al jefe, al político y a la celebridad.

Mayo de 2021 en Salt Lake City.

El propósito de la actual perversión de nuestra naturaleza es cimentar el hábito del consumo y afirmar un rasgo de licitud entre las masas. Este esfuerzo sólo es sostenible en la culminación absoluta, donde esclavizará a la totalidad de la población humana.

En cambio, lo que debe construirse es una sociedad que complemente estos instintos naturales con actos virtuosos que empujen a los hombres a la grandeza. Las necesidades de bienestar físico serán satisfechas como resultado de que nuestra gente se vea a sí misma como un colectivo común y se preste ayuda mutua. Las necesidades de comunidad y pertenencia vendrán como resultado de la restitución de nuestra estructura familiar y la reclamación de nuestro papel en la historia de la nación. Las necesidades de comprensión de nuestro mundo vendrán de este nuevo espíritu nacional, de esta síntesis revolucionaria del hombre y la naturaleza, y de esta unificación de la sociedad y el instinto.

Nuestra gente debe aprender a interiorizar sus identidades naturales y llegar a conectar esa identidad reemergente con su patria. Los estadounidenses son descendientes de europeos, pero al mismo tiempo no son europeos. Esta nación es única por su identidad paneuropea recién realizada, que le ha permitido triunfar. Una nación sin que su gente se dé cuenta de una identidad común no es una nación en absoluto.

La era anterior se ha dedicado a diluir la definición de lo que es un estadounidense. La era que viene refinará la definición de un americano. Para el pueblo estadounidense, nuestro movimiento es revolucionario, pero familiar. Traemos las tradiciones de nuestro pasado impregnadas de nuevo vigor para acercarnos a nuestra gran visión. Nuestra tradición es la revolución, y nuestra tierra es donde los tiranos vienen a morir.

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