Carlos Dufour in memoriam (1950–2020)

Simplemente no es justo que un camarada de la valía intelectual y personal deCarlos Dufour sea tan desconocido en España, que sus textos de filosofía en alemán no se alumbren ni por el título.

Fue un amigo sincero que me ayudó siempre en todo tema sobre Alemania o en alemán.

Y un día, sin aviso, sin quejas ni lamentos, partió de este mundo. Ha sido gracias al esfuerzo de una fiel y amable amiga común, que hemos podido contar con este texto sobre Carlos.

R. Bau

***

Trazar la personalidad de Carlos Dufour obliga a recorrer los cuatro puntos cardinales que indica la brújula de su vida: creía en la amistad, estaba dotado de un intelecto incorruptible, tenía sensibilidad artística, disponía de un carácter firme que no se quebraba ni al actuar ni al pensar. Iluminaba esas propiedades un sentido de humor que era irresistiblemente contagioso. Nos acercamos a Carlos como recuerdo para quienes le conocían, estímulo para los que no, y consuelo para los que le guardan respeto, admiración y amistad.

TIEMPO ARGENTINO:

Carlos Dufour nació en 1950 en Buenos Aires, hijo único de padres que lo animaron a leer, estudiar y traer amigos a casa. De su padre, Federico, alto directivo de la empresa estatal argentina Agua y Energía (AyE) en Buenos Aires, se conocen fotos de una entrevista en el Canal Siete, televisora estatal, la más antigua e importante de Argentina. Sabemos además de su afición a las enciclopedias y de una predilección muy particular por la ficción criminal inglesa y el patinaje sobre ruedas. La familia siempre contaba con asombro la anécdota de su estoicismo en una situación de emergencia. Su madre, Ada de Dufour, ama y alma de casa, poseía un gusto refinado y una mano feliz para la buena cocina; le gustaba rodearse de obras de literatura universal y contemporánea, interpretarlas y discutirlas. Ambos padres tuvieron su parte en el esprit, el humor y la fuerza imaginativa de su hijo. Un perro pastor belga, su mejor amigo, completaba la familia.

Inspirado por su educación secundaria comenzó Carlos hacia los 15 años a interesarse por obras de los padres de la Iglesia y por Tomás de Aquino, sobre quien solía decir que sus razones para la existencia de Dios le salían con más esfuerzo y menos convicción que las razones en contra – como si un versátil diablillo medieval, advocatus diaboli, se las hubiese susurrado. Frecuentaba además una academia, la Escuela Panamericana de Arte, que alimentaba su vena estética.

Santo Tomás de Aquino.

Estudió Economía en la Universidad de Buenos Aires y al mismo tiempo Filosofía en la Universidad del Salvador. Allí conoció a Izurieta Craig, venerado maestro, mentor y amigo de origen irlandés, docente y escritor de Filosofía y Filosofía de Derecho. Izurieta reconoció y fomentó su vocación filosófica. Sentados en su jardín, lugar ideal de retiro para leer, conversar y discutir, a nadie se le hubiera ocurrido interrumpir, salvo a un temido gallo que tanto quería a Izurieta que solía acurrucarse en su regazo como un gato feliz.

Carlos sostuvo una destacada relación con el filólogo y patriota Carlos A. Disandro, leyó con especial cuidado varias de sus obras, presenció sus conferencias y mantuvo con él una correspondencia importante.

Encuentros más bien anecdóticos fueron los con Jorge Mario Bergoglio, el futuro Papa Francisco, quien enseñaba literatura y psicología, y con el escritor Jorge Luis Borges. Por la relación inversa del número de los comentarios de Carlos – ausentes sobre el clérigo y constantes sobre el escritor – no podemos afirmar que el joven se haya llevado una impresión tan especial de Bergoglio como de Borges a quien seguía apreciando por su estilo y pensamiento filosófico afilados. 

Jorge Luis Borges.

Defendió su licenciatura en 1973 con un trabajo sobre la controversia entre determinismo y libre albedrío en el barroco (Molinismo). Fue nombrado en la universidad con un cargo de enseñanza e investigación en Lógica y Filosofía de la Ciencia. Logró entonces restituir a Izurieta en su cátedra, de la cual había sido excluido por ser peronista de la primera hora. Eran tiempos marcados por la Guerra Fría y una revuelta estudiantil que desbordaba por el mundo entero, en los que también las universidades argentinas fueron dominadas por los llamados “zurdos”, profesores y estudiantes que se alineaban, creían de verdad o militaban en el marxismo-leninismo. En medio de una lucha cultural, que se llevaba entonces con armas y no sólo con teoría, quiso Carlos distribuir su panfleto Función política del Universitario (Cogtal, 1970), donde se oponía a las ideas en boga y defendía una enseñanza libre de ideología. Ante el peligro que eso conllevaba sus camaradas se retiraron a último momento. Portador de gafas, él en cambio “arrancó” solo y sin armas para hacer lo que según su convicción debía.

Siguió investigando en Buenos Aires sobre Filosofía Matemática e Intuicionismo como becado del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y publicó su primer libro, Relaciones y Contenidos en Lógica Bivalente (Editorial Ergon, 1977), cuya tapa diseñó su amigo, el artista argentino Héctor Giuffré. Recibió entonces una beca del DAAD (Deutscher Akademischer Austauschdienst, o sea, Servicio Alemán de Intercambio Académico) para estudiar Lógica en el círculo del “constructivismo lógico” de Paul Lorenzen en Alemania.

TIEMPO ALEMÁN:

Hasta cierto punto le fue posible estimar intelectualmente a Lorenzen y sus logros en el campo de la lógica, pero sus sucesores lo desilusionaron. Solía comentar: “Los epígonos delatan las secretas debilidades del maestro.” Se convivía un clima intelectual estéril, moldeado por las convicciones alemanas de postguerra e instigado por la Frankfurter Schule, según la cual era más conveniente considerar la Filosofía en términos de Historia Social y volver a contarla, que crear, sostener una idea filosófica o construir un sistema propio. Dicho sin adornos: en vez de tener ideas propias, hacer Historia de la Filosofía desde un puesto seguro. Como si fuera mejor abolir la historia con sus hechos graves, dolorosos, terribles y grandes y convertirla en narrativa sociológica, para después someterla a un juicio final, por decirlo así. O como si Alejandro Magno hubiera dicho a Darío III, rey persa al que puso en fuga en la batalla de Issos: “Andá, viejo, nos fumamos un pucho juntos y hacemos venir a los poetas para que canten un poco sobre la situación. Después veremos si podemos disfrazar el papelón tuyo de Issos y discutir si yo soy de verdad tan grande como me llaman.”

Una narrativa histórica así perdería por cierto el rol del individuo no sólo como creador de hechos históricos, sino también como creador de identidad, hasta disolver su autonomía en un mero discurso. De aquella docencia universitaria brotó una flor rara, la etiqueta “Historia Social de…” que se pegaba a cualquier disciplina. Pues no debería existir ya, aseguraban, el impulso lujurioso y juguetón de hacer lógica que movió a los grandes maestros como Aristóteles, Ockham, Russell, Gödel, Quine. ¡No! Una “Historia Social de la Lógica” tenía que servir de sucedáneo. Pero ser un lógico significa husmear contradicciones, descubrirlas y probarlas, solucionar adivinanzas intelectuales y crear sistemas ingeniosos con la esperanza de que sean completos y sin contradicción. En breve, el lógico es un subconjunto del conjunto que comprende a los filósofos, distinguido esencialmente por su amor a la verdad que se puede probar. De ahí su escasez, y la necesidad de una dedicación que lindaba a veces con el sacrificio.

El interés de Carlos por Historia y Política lo puso en contacto con personalidades actuantes en ellas. Un momento destacado fue el encuentro con Otto Ernst Remer, Generalmajor a.D. y Kommandant des Wachbataillons Großdeutschland. (Mayor General retirado y Comandante del Batallón de Guardia Großdeutschland). Lo fue a visitar una mañana cuando Remer aún vivía en Alemania. Absortos en su animada conversación, el tiempo se deslizaba hora tras hora. Ya por la tarde, surgió de repente el nombre Fellgiebel en el contexto de una pregunta sobre su actuación en el atentado del 20 de julio 1944. Remer mirando hacia arriba, interrumpió su relato histórico y le señaló contento que justo ése era el momento indicado para ver juntos la película Operation Walküre de Joachim Fest. Con los comentarios posteriores terminó un día extraordinario.

Las investigaciones de Carlos se concentraron entonces en Gottlob Frege – lógico, matemático y filósofo de gran influencia en la filosofía analítica del siglo pasado – indagando las causas de la inconsistencia de su lógica y teoría de conjuntos y examinando la posibilidad de una reconstrucción de su sistema. En un simposio en Freiburg, Breisgau, conoció en 1986 al renombrado filósofo estadounidense Héctor-Neri Castañeda – catedrático, Mahlon Powell Professor of Philosophy de la Indiana University, Bloomington. La constante ya descripta se repitió entonces: un filósofo genuino que exponía su sistema ontológico, con fundamento lógico y retórica libre irresistibles, tenía que chocar contra el muro defensivo de los catedráticos alemanes armados de papelitos para no olvidar sus objeciones. Carlos se contagiaría del fervor de Castañeda y recogiendo el guante construiría su propio sistema ontológico. Poco después, Carlos fue nombrado evaluador (peer-reviewer) de la revista de Filosofía Noûs fundada por Castañeda.  Pero antes de que Carlos pudiera aceptar la invitación del catedrático a la universidad de Bloomington, éste murió trágicamente. La pérdida era grave en todos los sentidos.

Durante el año 1987, mientras preparaba su tesis doctoral, conoció a Hellmut Diwald, historiador tan discutido como clarividente, y comenzó un respetuoso intercambio hasta la temprana muerte de éste. Carlos se doctoró summa cum laude en Filosofía, Matemática y Filología Iberorománica con su tesis Die Lehre der Proprietates Terminorum (Philosophia Verlag, 1989) donde se propuso sistematizar la doctrina medieval sobre propiedades de los términos e interpretarlos y reconstruirlos según los recursos de la lógica actual. Publicó además numerosos artículos histórico-culturales en revistas de habla castellana, varios en enciclopedias especializadas, como el Handbook of Metaphysics and Ontology (Philosophía Verlag, 1991), dio conferencias en congresos internacionales de Filosofía (p. ej. sobre Leibniz o Semiótica) y enseñó en Alemania u otras universidades extranjeras.

Sin embargo, Carlos no buscaba la verdad y el conocimiento sólo en el negocio solitario de la filosofía, sino también en la concepción de la historia y la acción política. En Argentina apoyaba un movimiento político de orientación nacional. Al pronunciar un discurso ante 300 participantes de la NPD (Partido Nacionaldemocrático Alemán) en Alemania, informó también sobre la muerte no esclarecida de dos camaradas de ese grupo.

NPD en la actualidad.

Sus inclinaciones políticas lo llevaron a hacer diversas entrevistas con Martin Mussgnug, en su momento presidente federal del NPD, y con Franz Schönhuber, entonces jefe del partido Die Republikaner. En Deutsche Stimme publicó reflexiones comprimidas que llamó Miniaturas. Como miembro del consejo de redacción de Volk in Bewegung, dio impulsos a una de las revistas nacionales más importantes de Alemania, y hasta inventó y diseñó una serie de cómics políticos en torno a su protagonista, Sir Grobes.

Franz Schönhuber.

ERA GLACIAl:

Castañeda fue el mentor y promotor de Carlos y de su habilitación – el más alto procedimiento académico alemán para obtener una cátedra universitaria. Con la muerte de su patrocinador el clima en su universidad alemana, donde tendría lugar la habilitación, pasó para Carlos de árido a glacial. No obstante, continuó firmemente con su tesis, Inhärenz. Ontologische Untersuchungen (“Inherencia. Investigaciones Ontológicas”), donde investiga las preguntas y problemas diversos que la filosofía debe tratar. Después de categorizarlos en tres tipos generales muestra su posible tratamiento. Para unos bastan las herramientas de la Lógica, para otros se necesita información no-filosófica adicional, como de la Matemática, Física o Biología. En oposición al movimiento de la Filosofía Analítica del Lenguaje, muestra la posibilidad de un realismo filosófico indicado por nuestras experiencias intencionales. Esto se evidenciaría en el tercer tipo de problemas que exigen la formación de una teoría filosófica, pero no del tipo sugerido por la filosofía del lenguaje, sino de una teoría expresable en un sistema ontológico.

Cuando los prudentes de la élite alemana – médicos, intelectuales, personal especializado – dejaron el país para ganar más en el exterior, él reaccionó de otra manera. Dada la presión académica contra su tesis de habilitación, era tiempo de jugar el final de la partida. Lo hizo sin hesitar, sabiendo que así se convertiría para siempre en una pieza fuera del tablero. Por sus opiniones vertidas en artículos extrauniversitarios, publicados en Ciudad de los Césares y de alguna manera ubicados, Carlos fue declarado persona políticamente non grata. Desde entonces ya no le fue permitido trabajar más en la docencia. No obstante, la tesis fue publicada después en una editorial filosófica (Philosophia Verlag, 2009).

EPIFANÍA:

En el destierro, el filósofo siguió adelante tan ecuánime como era posible y casi no pasaba día en que no se le presentaran nuevas ideas o perspectivas. Mientras en las universidades los catedráticos lamentaban que el peso del trabajo administrativo les hacía imposible el intelectual, él, desterrado de la universidad y todas sus posibilidades y medios, publicó su primera obra no especializada, Das Wesen des Systems (i.e. “La Esencia del Sistema”, Ahnenrad der Moderne, 2017). Abordó después un trabajo filosófico que iba a tener el título Philosophische Zeichen (i.e. “Signos Filosóficos”). Sería su testamento intelectual.

Con esto se cierra el círculo descripto por la brújula de su vida. No reproduce allí lo dicho por los filósofos a través de los siglos. La médula de la obra es más bien el proceso de las ideas filosóficas en acción y reacción por el choque de sus contenidos. En los últimos meses y días de su vida sus pensamientos giraron en torno a su patria Argentina y también a sus Signos Filosóficos que empezaron a tomar forma y trató de completar. Aunque quedó incompleta la obra – falta un capítulo de la última parte – un destino feliz quiso que el capítulo final sí quedara escrito.

Carlos Dufour, era un hombre que tenía amor a su patria. La fidelidad pertenecía a su ser.

En cierto sentido revivió la decisión de los antiguos persas contada por Heródoto. Un consejero quiso convencerlos de que expandieran sus dominios, dejaran su pequeña tierra pobre y áspera y se apoderaran de las tierras ricas y fructíferas colindantes para aumentar su prestigio y honor.

Los persas, encantados con la idea, se la presentaron a su rey, Ciro el Grande. Ciro les dio la libertad de hacer lo que quisieran. Sólo les indicó que un día podrían llegar a ser siervos en vez de señores, porque los países blandos tendían a producir también hombres blandos, y les dijo:

«El mismo país no puede dar deliciosa fruta y valientes guerreros al mismo tiempo.»

Y sigue Heródoto:

«Entonces los persas conocieron su error y se fueron, para hacer justicia a Ciro. A partir de entonces, prefirieron ser señores y morar en una tierra pobre que cultivar una tierra fértil, y ser siervos de otros.»

Otro círculo se cierra: fue un día 15 de octubre, fecha del nacimiento de Friedrich Nietzsche. cuando Carlos Dufour, filósofo, pensador y camarada, afrontó la muerte con la misma dignidad con que había encarado su vida. Ambos asumieron la soledad que caracteriza Nietzsche en Ecce Homo: “Filosofía… es la vida libremente elegida en el hielo y las altas montañas.”

Carlos Dufour.

Carlos Dufour nos deja sus pensamientos que pueden ser faros, erigidos en aquel frío glacial destinado a los que prefieren buscar la verdad. Con ellos nos lleva a través de espacios y tiempos, hacia donde siempre vive el mythos, donde el idioma nos une y el individuo crea con orgullo para su pueblo. Los que quedamos atrás sólo podemos navegar el mar por nuestra propia cuenta para dejar también un día, como él, un resplandor para quienes buscan su destino con ojos despiertos.

Un comentario en “Carlos Dufour in memoriam (1950–2020)

  1. Curioso pensador C. Dufour, zaherido, postergado, marginado, coronado de improperios y sepultado por los enemigos del saber, del conocimiento y del diálogo.
    En la península ibérica ya desde Pedro Hispano o Vicente Ferrer ha habido una no mediocre tradición de estudiosos de la Lógica. En el siglo XX podemos recordar a A. Deaño; al fraile mercedario Vicente Muñoz Delgado; al que fue joven falangista , para pasar posteriormente al comunismo, Manuel Sacristan,…,, a Daniel Quesada buen estudioso de Frege el atleta del intelecto que intentó fundamentar la aritmética en la Lógica sirviéndose de las propuestas de B.Rusell ; Vicente Rodríguez Lozano; Carmen García Trevijano; o los jesuitas Teodoro de Andrés especialista en Ockham y Eladio Elorduy estudioso concienzudo , en Alemania, de la Lógica estoica,….; debemos también recordar a Jesús Mosterín que se adentró en las angustias vitales de los principales lógicos del siglo XIX y XX en su obra ” Los Lógicos” donde no se olvido de Gödel, Cantor, Von Neumann o Türing,.
    Bertrand Rüsell, que durante algún tiempo fue amigo de nuestro querido E. D’Ors, en su obra escrita en 1917 “Misticismo y Lógica” escribió : ” Las matemáticas, bien entendidas, poseen no sólo la verdad sino la belleza suprema, una belleza fría y austera, como la de la escultura, que no apela a ninguna zona de nuestra débil naturaleza, sin los magníficos adornos de la pintura o la música, y con todo sublimemente pura y capaz de una perfección severa que sólo puede ofrecer el arte más depurado”.
    Una solución parcial para la interpretación fontanal y actual ,a la vez, de las creaciones culturales , la dio Dilthey sirviéndose de Scheleirmacher , buscando las visiones circulares, integradoras, interdependientes y no meramente secuenciales y lineales de los fenómenos inmediatos concatenados en apariencia como si se atropellasen y se chocasen. . De esta forma la Lógica no es reina imperiosa, más bien manifestación que coordina y devela sentidos, nociones y proposiciones coherentes que son capaces de integrar de sentido la disparidad de los sucesos, eventos y acontecimientos creativos de las colectividades, pero, manifiestación, ella misma. de presupuestos culturales y lingüísticos diversos y previos.. Ortega con su raciovitalismo es, en este sentido, deudor de Dilthey y no estuvo, filosóficamente hablando, muy alejado de C. Dufour.

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