Maurice Barrès, un nacionalista enraizado y descentralizador

Este 19 de agosto se cumplen 159 años del nacimiento de Maurice Barrès.

Por tratarse de un autor extranjero y ya un tanto lejano en el tiempo es poco conocido en España, y como además fue un nacionalista francés, hoy es un autor olvidado incluso en Francia. Sin embargo, Barrès posee una serie de características que lo hacen interesante aún hoy. Vamos a verlo…

Ya el escritor francés Anatole France (1844-1924) dijo que “Barrès ha ejercido en los jóvenes de estas últimas generaciones una influencia profunda, una especie de fascinación”.

El escritor, político y publicista francés Maurice Barrès, nació el 19 de agosto de 1862 en los Vosgos, y cursó sus estudios en el Liceo de Nancy, datando sus primeros artículos de cuando tenía sólo 19 años. De su infancia en un internado quedará una huella profunda en su obra “Les Deracinés” (“Los desarraigados”), en la quereconoce que las clases recibidas durante la infancia excitaban la ambición de los jóvenes, pero no daban ninguna finalidad a la misma, les arrancaban del calor familiar, les desarraigaban de su misma tierra y eran buena causa del desequilibrio del hombre moderno; y, lo que es más grave, les arrancaban de sus tradiciones trasplantándolos a un mundo artificial y falso, donde las palabras familia, raza, tierra, no significan ya nada. “Si el Liceo les hubiera enseñado a vivir y a desarrollarse según su raza y en la influencia de la tierra, si Bouteiller (el maestro) no se hubiera empeñado en interrumpir en ellos la savia natal, habrían vivido felices sirviendo a la colectividad”, señala Barrès en la obra citada.

Maurice Barrès.

Barrés tuvo entre sus principales influencias, las del teórico del naturalismo Hippolyte Taine (1828-1893) y del historiador y arqueólogo Ernest Renan (1823-1892). Del primero aprendió la concepción de la vida, basada en la raza y la tradición; del segundo tomó la formación diletante e irónica.

A los 20 años se trasladó a París, dispuesto a seguir su propio destino. Viajó a Italia y fundó en 1884 la revista “Les Taches d’ Encre”, ante la imposibilidad de que ningún editor publique sus escritos. “Les Taches d’ Encre” tenía que ser una revista mensual en la que Barrés figuraba como único colaborador, director y administrador. El primer número no tuvo ningún éxito, la crítica lo ignoró a pesar de la ingeniosa publicidad que hizo del mismo por medio de “hombres-sándwich” que llevaban escrita la frase: “Morin (Morin había muerto asesinado recientemente en el Palacio de Justicia) no leerá nunca “Les Taches d’ Encre”. Sólo aparecieron 4 números de la publicación, cuyo fundador decidió abandonar la empresa.

Maurice Barrès intelectual consumado.

En 1886 fundó “Les Chroniques” y, por fin, en 1887, publicó “Sous I’oeil des Barbares” (“Bajo la mirada de los bárbaros”), donde condensa en rica prosa, cinco años de experiencia de una juventud soñadora y sutil. Esta obra es la primera de la trilogía que calificará como la del “Culte du Moi” (“Culto del Yo)”. La finalidad de este “Culto del Yo” era proporcionar una regla de vida interior que supla a los sistemas, incapaces de generar en el hombre la certeza en unos principios inamovibles. El mundo se divide entre el yo y los bárbaros (los otros, los que poseen un sentido distinto de la vida). Barrés se alza contra la vulgaridad, contra lo preestablecido, contra la “mediocridad moderna” (“el magnífico equilibrio de los imbéciles”, “la noción del ridículo contra todos los que son diferentes”). El yo se rige y desenvuelve según unas leyes predeterminadas, principalmente los instintos de la raza, de los que el alma del yo resume los valores más elevados. “Mi Yo actual no es más que un instante de una cosa inmortal”.

“Sous I’oeil des Barbares” dio a conocer el nombre de Barrès al gran público, y en 1889, el año del segundo tomo, “Un homme libre” (“Un hombre libre”), fue elegido diputado por Nancy. Albert Garreau ha escrito al respecto: “El autor de ‘Sous I’oeil des Barbares’ y de ‘Un homme libre’ ha creado algo más que una moda, un estilo. Sus actitudes son imitadas servilmente por una juventud que no merecía siempre elogios; y no sólo sus formas de pensar y de expresarse, sino hasta sus comportamientos y hasta su manera de vestir, el peinado y el mechón cayendo sobre la frente, el corte del bigote, el cuello alto, las corbatas…. Varias generaciones serán influidas…”.

Liga de los patriotas.

Creador, según Charles Maurras, del término “nacionalismo” en Francia, Barrés se decidió a luchar también en política, convencido de que éste ha de ser un medio tan idóneo como el literario para la difusión de sus ideas.

En 1890 publicó el tercer tomo de la trilogía, “Le jardín de Berenice” (“El jardín de Berenice”), que, por su profunda delicadeza, fue capaz de llegar al gran público. Para algunos, Berenice es la representación del alma popular. Barrés, que piensa que el instinto nacional es la única verdad para la nación, quería con su sentido poético enfrentarse a los intelectuales fríos de la elucubración oponiéndoles los conceptos de tierra y sangre. “Y nuestra misión, jóvenes, es volver a la tierra abandonada, reconstruir el ideal francés… No hará falta más que un poco de sangre y un poco de grandeza en el alma”. Devolver al individuo el culto del Yo será, para él, volver al culto “a su tierra y a sus muertos”.

Maurice Barrès toma la palabra.

Tras “L’Ennemi des lois” (1892), en el que glorifica la revolución “perpetua y necesaria”, un nuevo éxito le esperaba con “Du sang, de la volupté et de la Mort”, considerada por muchos como su obra maestra.

Director desde 1894 del periódico nacionalista “La Cocarde”, defendió con eficacia desde él sus ideas descentralizadoras. El escritor Leon Daudet (1867-1942) escribió: “Barres ha demostrado cómo una Francia federativa, más viva en su interior, sería necesariamente más grande y más fuerte de cara al exterior, hasta llegar a ser el árbitro de la paz en Europa. Ha adelantado la elocuente fórmula de: “Familias de individuos, he aquí las comunidades, familias de comunidades, he aquí la región; familias de regiones, he aquí la nación…”.

Su divisa se acerca a una fusión de individualismo y solidaridad, llegando a predicar un socialismo en el que, lejos de oponerse, individuo y colectividad forman la base social. Políticamente defendió ese socialismo de tintes netamente nacionalistas; organizativamente, un federalismo en el que se respeten los pequeños intereses regionales. Más que en nuevas leyes, el remedio sólo podrá estar en un “estado de espíritu”: es “una reforma mental más que una reforma material” lo que se necesita.

Fue candidato socialista, aunque acaba no simpatizando con ninguna forma vigente de socialismo. De los sistemas socialistas que conoció y analiza concluye: “Ofrecéis la esclavitud a quien no se conforme con las definiciones de lo bello y del bien adoptadas por la mayoría. En nombre de la humanidad, como antaño en nombre de Dios y de la Ciudad, ¡cuántos crímenes se preparan contra el individuo”‘ Y también: “Entreveo que impondrán una regla moral, como proponen una regla económica. Para las cosas del vientre teniendo cada una las mismas necesidades, una regla compuesta según las necesidades de la mayoría sustituirá con ventaja al desorden económico actual. ¿Pero esos imperios socialistas no pondrán también la autoridad al servicio de la manera de ver las cosas de la mayoría? ¿Se destruirán entonces las adquisiciones del pasado… se excomulgarán a los espíritus de vanguardia…?”

Fracasó en las elecciones de 1893, 1896 y 1898, a las que se presentó. En 1899 fundó “La Patrie Française”, y su doctrina política se forjó en dos obras fundamentales: “Roman de I’Energie Nationale” y “Scénes et Doctrines du Nationalisme”.

Si en sus obras iniciales el protagonista era el Yo, este término va transformándose en estas obras en el “nosotros”. El yo colectivo se descubre en la raíz del propio ser, en los muertos, en la raza, en la tierra: El egotismo deja paso al patriotismo. Es el amor a la tierra el que habla a nuestra conciencia. Dice Barrès: “Por su influencia, los antepasados nos transmiten integralmente la herencia acumulada en sus almas (“Les Deracinés”); esta acción de la raza sobre los individuos que la forman es una fuerza activa que constata a cada momento Philippe, el protagonista de “Un homme libre”: “Cada individuo posee el poder de revivir todas las emociones con que fue agitado a lo largo de los siglos el corazón de su raza”.

René Jacquet, su amigo y biógrafo, escribió en 1900, en vida de Barrés: “Barrés entró en la Cámara para ayudar a destruir el parlamentarismo. Pero ha sido vencido. Ha sabido guardar, en esta catástrofe, intacta su personalidad. Ha contribuido poderosamente al movimiento de opinión antiparlamentario con la publicación de sus cuadros sobre la vida política. Y ha elaborado la parte más considerable de la doctrina del nacionalismo”.

Manifestación “Liga de los Patriotas” en 1912.

Miembro de la Academia Francesa en 1906, y elegido diputado por París en ese mismo año, su actividad como nacionalista francés le llevará, no obstante, a desconocer los problemas del nacionalismo alemán. Con ocasión de la Gran Guerra conocerá uno de sus sueños: ver las tropas francesas entrando en Metz y Strasbourg. El mismo había escrito: “Nunca he deseado las terribles lecciones de la guerra, pero he llamado con todas mis fuerzas a la unión de los franceses alrededor de los grandes ideales de nuestra raza”.

En 1917 publicó “Les diverses famüles spirituelles de la France”, relación de cartas de combatientes del frente, cartas de soldados, a la manera como luego también Jacques Benoist-Mechin, —colaborador del GRECE—, lo hará años más tarde. En 1920 pronunció en la universidad de Strasbourg sus conferencias sobre “Le Génie du Rhin“.

El 4 de diciembre de 1923, Maurice Barrès muere repentinamente en su domicilio; en la iglesia de Notre-Dame se le rinden exequias de máximo homenaje. Su vida fue fiel a su lema: “La única tarea noble es, por un esfuerzo constante, crearse a sí mismo hasta sustituir a la realidad convencional, admitida por la mayoría de los hombres, su propia concepción del mundo, en una palabra, recrear el universo”.

Barrés ha desaparecido de los libros políticos, de las historias de la literatura, aún y a pesar de su profunda influencia y de sus muchos seguidores. “Durante cerca de veinte años —ha escrito Boulanger—, hasta la guerra, fue el dios de la juventud… Casi toda la élite de esa juventud que partió en 1914 estaba exaltada por él y nunca se llegará a saber qué poderoso influjo tuvo…”.

Durante la celebración por Juana de Arco.

El mismo Anatole France dijo también: “Barrés ha ejercido en los jóvenes de estas últimas generaciones una influencia profunda, una especie de fascinación”.

Quizá el no haberse adscrito definitivamente a ningún partido ni a ninguna tendencia (con lo que nadie tomaría su causa como propia), junto al carácter totalmente inclasificable e inetiquetable de su obra, sean buena causa de este olvido temporal de Maurice Barrés. Por eso, él mismo decía: “Nada que hacer, nada que aprender, de quienes nos han conducido a la situación actual es caritativo ignorarles. Es sobre otras bases, con ideas totalmente diferentes que conviene volver a empezar”.

Pero sus rasgos de socialista, nacionalista, arraigado y federalista, le convierten en un autor interesante incluso hoy, y por eso le recordamos hoy en su aniversario.

Eduardo Núñez

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