El hijo del prisionero número 7. In memoriam Wolf Rüdiger Hess

Hoy 24 de octubre se cumplen 20 años de la muerte del hijo de Rudolf Hess, Wolf Rüdiger Hess.

Según la versión oficial de los aliados, Rudolf Hess se suicidó el 17 de agosto de 1987 en la prisión de Spandau. El que en el pasado fue el lugarteniente y hombre de confianza de Hitler llevaba casi medio siglo en prisión, los últimos años, como residente exclusivo del complejo carcelario.

La prisión tenía un personal compuesto por soldados estadounidenses, británicos, rusos, franceses y algunos alemanes. En total unos 600 funcionarios que vigilaban a un solitario Hess, en unas instalaciones, en gran parte reconstruida con prisioneros alemanes. Vallas eléctricas, muros infranqueables y controles de vigilancia.

A sus 93 años, llegó a ser el prisionero más antiguo de la Segunda Guerra Mundial y, dijeron que, quiso actuar como todos aquellos nacionalsocialistas presos que decidieron quitarse la vida entre 1945 y 1946.

Wolf Rudiger Hess llega al Ministerio de Relaciones Exteriores en Londres con el diputado Airey Neave para discutir la posibilidad de la liberación anticipada de su padre de la prisión de Spandau. Enero de 1970.

La versión oficial de suicidio no convenció a la familia Hess. ¿Por qué 93 años después, habiendo sufrido tortura y grandes tormentos, decidió quitarse la vida? ¿Por qué no antes? Si no mostraba síntomas de depresión, ni arrepentimiento, ni había insinuado nunca antes este trágico final, ¿Qué podría indicar que fuese cierta esta versión?  

La primera autopsia determinó que su muerte fue suicidio por estrangulamiento, usando un cable eléctrico del interior de una pequeña garita del jardín donde él paseaba. Rüdiger solicitó una segunda autopsia en la que se determinó que su muerte fue por asfixia y no por suspensión. Por lo que la versión familiar adquiría total veracidad.

Un cambio de guardia en las puertas de la Prisión de Spandau.

Rüdiger Hess, que había dedicado los últimos años de vida de su padre a pedir de todas formas posible su excarcelación, una vez muerto Hess no se dio por vencido. Frenéticamente comenzó a escribir a periódicos, conceder entrevistas y a reunirse con periodistas, políticos y cualquiera que quisiera escuchar su versión. La situación no tardó en pasarle factura, tan solo 6 días después de la muerte de su padre, el 23 de agosto, Rüdiger Hess sufrió una apoplejía que arrastraría el resto de su vida.

Rüdiger no fue el único en sostener la versión de asesinato. El enfermero egipcio de Hess, Abdallah Melahou, que halló el cuerpo a los pocos minutos después de que falleciera, indicó que la escena no era de un suicidio, que Rudolf Hess tenía signos de forcejeo y además aseguraba que sus manos se hallaban afectados por la artritis y “no podía hacer ni el nudo de los zapatos”1.

Durante una de sus comunes entrevistas a diferentes medios.

Aquellos que pudimos asistir, el 8 de marzo de 2015 a una conferencia organizada por Devenir Europeo en zaragoza, donde el propio Abdallah Melahou nos relató lo sucedido, quedamos profundamente impresionados de la farsa entorno al suicidio de Hess.

Se ha conjeturado mucho sobre los motivos y cuestiones de su dilatación en prisión y su posterior asesinato. Se sostienen diferentes teorías pero, entre otras igual de validas, la clave está en la posible liberación de Hess por parte de una de las potencias que custodiaban Spandau. Esto supondría, en primer lugar, la revelación de secretos como las propuestas de paz desoídas en su vuelo de 1940, y, en segundo lugar y más importante, otorgarle la liberación a un personaje que no había pedido perdón y había sido erigido por sus simpatizantes como último representante vivo, y no derrotado, del nacionalsocialismo.

Dejemos que sea el propio Wolf Rüdiger Hess quien nos dé su opinión al respecto, destacando la virtud de la fidelidad que tanto define a nuestros buenos camaradas y que despierta tanto miedo y odio en los enemigos del nacionalsocialismo: “He intentado, todo lo que he podido, describir y descubrir las razones para el asesinato de mi padre el 17 de agosto de 1987, y demostrar los motivos de los responsables, así como los de su víctima. Las consideraciones que mi padre puso por escrito en su testamento del 16 de marzo de 1982, forman parte de ello. Pero sólo pueden ser adecuadamente comprendidas, si se recuerdan, otra vez, las palabras que Rudolf Hess pronunció el 31 de agosto de 1946, el final de la farsa legal que se presentó ante el Tribunal de los Vencedores de Núremberg”2  

Wolf Rüdiger Hess el día del asesinato de su padre.

Wolf Rüdiger Hess murió el 24 de octubre de 2021 en un post operatorio. Posiblemente por una negligencia médica deliberadamente provocada. El cruel destino quiso que, tanto el padre como el hijo, muriesen en extrañas y similares circunstancias pagando la cuota de sangre que exige la fidelidad a nuestra Causa.

Manu Beramendi

***

Notas:
1.- Abdallah Melahou “La muerte de Rudolf Hess, yo miré a sus asesinos en los ojos” Ediciones Ojeda, 2014.
2.- Wolf Rüdiger Hess “¿Quién mato a mi padre Rudolf Hess?” Edita Asociación Cultura Devenir Europeo, 2012.

Si quiere ampliar sus conocimientos, le recomendamos los siguientes tres títulos fácilmente adquiribles:
– Wolf Rüdiger Hess “Mi padre, Rudolf Heß” Edita Asociación Cultura Devenir Europeo, 2014.
– Wolf Rüdiger Hess “¿Quién mato a mi padre Rudolf Hess?” Edita Asociación Cultura Devenir Europeo, 2012.
– Jesús Lorente y José Miguel Acosta “Rudolf Hess, enigmático emisario de la paz” Ediciones Hoplon, 2015.

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