25 de Octubre: Dia de Euskal Herria

En consonancia con la idea de una Europa de las etnias, debemos celebrar todas aquellas fiestas que tengan un significado histórico y/o étnico-popular.

El 25 de octubre se celebra el Día de Euskal Herria. Esta fecha tiene un carácter simbólico ya que en el Convenio de Vergara del 31 de agosto de 1839 que puso fin a la Primera Guerra Carlista, y los carlistas vasco-navarros aceptaron deponer las armas a cambio, entre otras concesiones, de una promesa de que el gobierno respetaría los fueros vasco-navarros. Menos de dos meses después, el 25 de octubre de 1839 se aprobó la ley por la que se confirman los fueros de las provincias vascongadas y Navarra. Sin embargo, en contra de lo que pudiera parecer por el nombre y aparente espíritu de dicha ley, esta fecha sería considerada a posterioridad por carlistas y nacionalistas vascos, como el principio del fin del régimen foral, que a partir del desarrollo de dicha ley empezó a ser erosionado por el gobierno central.  La fecha quedó, por tanto, marcada en el imaginario político vasco como el inicio del fin de las libertades políticas vascas. La defensa de los fueros vascos ya desde el carlismo da a esta fecha un carácter histórico que justifica de por sí la celebración en este día del país vasco.

El Aberri Eguna o Dia de la patria, en referencia a la patria vasca, también se celebra de una forma popular, y siempre como algo vinculado al nacionalismo vasco en general, que siempre se ha celebrado el Domingo de Resurrección en consonancia con el carácter católico que siempre ha tenido el nacionalismo vasco desde sus inicios. Por tanto, el nacionalismo vasco celebra como Día nacional el Aberri Eguna, pero esta festividad coincide siempre con el Domingo de Resurrección, que ya es festivo de por sí.

Abrazo de Vergara, 1839.

Euskal Herria es la denominación que ya daban los tradicionalistas a Vasconia, la patria vasca, que integra las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya en el País Vasco español más las provincias de Iparralde en el País Vasco francés, que son estas tres regiones: Labort (en euskera, Lapurdi), Baja Navarra (en euskera, Nafarroa Beherea) y Sola (en euskera, Zuberoa), por lo que el pueblo vasco se encuentra dividido en dos Estados, el español y el francés. También Navarra tiene derecho a integrarse en esta comunidad pues históricamente y culturalmente, Navarra sería un territorio de Euskal Herria, en el supuesto de que decida algún día su incorporación, en base a que la etnogénesis vascona del reino de Navarra es algo reconocido incluso por el historiador Claudio Sánchez Albornoz. Y por eso, Navarra es Euskal Herria.

Euskal Herria.

Quien primero menciona a los vascos fue Estrabón allá por el siglo I. Estrabón era griego, pero de cuando Grecia ya era parte del Imperio romano. Los romanos Tito Livio y Apiano son los principales historiadores clásicos que hablan de Hispania antes de Cristo, pero el primero que describe los límites del territorio de los vascones fue Ptolomeo, un geógrafo griego del siglo I también. En esa época los vascos sólo ocupaban el Pirineo occidental y la Navarra actual. Se sabe que ya en la época romana, los vascones, aliados de los romanos, ocuparon territorios hasta entonces pertenecientes a los celtiberos en el valle del Ebro, ya que Calagurris es una ciudad celtibera en el siglo II a.C., pero vascona en el siglo I d.C., según Ptolomeo. Los vascones fueron aliados de los romanos contra los celtas y celtiberos que los tenían acorralados en el Pirineo. De hecho, parece ser que la etimología de la palabra “vasco” es celta y significa “los que viven en las alturas”. Por eso también se ha pensado que el solar originario de los vascos, y quizás también de los iberos, fue la llanura aquitana, y que fueron después empujados al Pirineo y el valle del Ebro por los indoeuropeos. Esta es una teoría del lingüista Fernández de la Hoz, quien sugiere el origen de la lengua vasca al norte de los Pirineos. A esto hay que añadir y aclarar que actualmente el término celtibero no se utiliza para designar a la supuesta fusión de celtas e iberos sino que, acorde con las fuentes romanas, celtibero es el nombre que engloba a las cinco tribus celtas del valle del Ebro. Respecto al origen del pueblo vasco se puede definir como una mezcla de indoeuropeos y preindoeuropeos en el sur de Francia. Y como esto vale también para todos los europeos, es obvio que el pueblo vasco es un pueblo europeo. De hecho, los vascos son genéticamente en un 98% iguales a los irlandeses del oeste de Irlanda. Y es que el haplogrupo R1b se presenta en una densidad muy alta entre los vascos y los irlandeses, hasta un 90% entre los vascos y los irlandeses del oeste, y un 70% en el resto de los españoles.

Estrabón.

El haplogrupo R1b se corresponde en genética de poblaciones con los pueblos europeos, y es el que tiene mayor presencia en la Europa occidental. (En la Europa del este es más común el haplogrupo R1a, que se relaciona más con germanos y eslavos). Pues bien, el País Vasco es el territorio con más presencia de R1b del mundo, con un 85%, lo que deja fuera de toda duda el que el pueblo vasco es un pueblo de Europa, pues el haplogrupo R1b está relacionado con las invasiones indoeuropeas preceltas y celtas. Por otro lado, el factor Rh- tiene una alta frecuencia en Europa, en especial entre los vascos, mientras que es casi inexistente en los asiáticos orientales. Curiosamente, los vascos son los que tienen más “genética celta” en la península ibérica. De todos modos, la península ibérica presenta una de las mayores proporciones del haplogrupo R1b de toda Europa, con un 70% de sus linajes masculinos, sobre todo en el País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y Castilla, en este último caso quizás en buena parte debido al gran número de vascos que repoblaron Castilla. De hecho, el apellido más frecuente en España, que es Garcia, es de origen vasco.

El historiador Martin Almagro Gorbea, especialista en Protohistoria de la península ibérica y de la Europa occidental y miembro de la Real Academia de la Historia es uno de los mayores estudiosos de los pueblos prerromanos del País Vasco. Entre los pueblos prerromanos del país vasco, además de los vascones habitaron allí tres tribus celtas: várdulos, caristios y autrigones. Estos tres nombres de dichas tribus celtas no tienen, sin embargo, una clara etimología celta, por lo que podrían ser indoeuropeos preceltas. Y es que el de los vascos es un caso curioso de un pueblo cuyo linaje masculino es casi totalmente indoeuropeo, el femenino es preindoeuropeo y la lengua, el vascuence, que es una lengua preindoeuropea, se impuso por vía materna, aunque el euskera tiene muchos préstamos de vocabulario de lenguas indoeuropeas, celtas o preceltas, aparte del latín y el castellano. Esas tres tribus celtas mencionadas se mezclaron con los vascos en el Pirineo y sur de Francia, y luego invadieron el territorio correspondiente al País Vasco actual en la Antigüedad tardía mezclándose con los hispanorromanos de origen celta que vivían ahí. Y esto último es algo que está demostrado ya desde el historiador Claudio Sánchez Albornoz.

Respecto a la lengua, el vascuence o euskera, es un tesoro que tenemos del que hay muchas hipótesis sobre su origen, pero se trata de una lengua preindoeuropea muy antigua que sigue siendo hoy un código sin descifrar, cuyos testimonios escritos más antiguos son los de las glosas emilianenses del monasterio de Yuso, del siglo X. El castellano fue definido por el lingüista e historiador Ramón Menéndez Pidal como “el latín hablado por los vascos”, pues se originó en una zona bilingüe latino-vasca, y de ahí que en las glosas emilianenses aparezcan glosas en vascuence y en castellano. El mencionado arqueólogo e historiador Martin Almagro Gorbea confirma las raíces celtas de la literatura castellana popular y de la vasca, existiendo numerosas narraciones vascas de carácter celta. Sin embargo, en cuanto a la influencia celta en la épica castellana, hay otra corriente de pensamiento que dice que es de origen germánico, la cual casa mejor con los Cantares de gesta, en la cual se exaltan los valores guerreros sin los elementos fantasiosos típicos de la literatura celta (hadas, magos, animales fantásticos, etc.). En el Cantar de Mio Cid, por ejemplo, el único personaje fantástico que se menciona es una tal “elfa”, un personaje de indudable origen germánico, ya que la palabra “elfa” es claramente germánica. De hecho, la épica castellana, en oposición a la francesa, bretona, irlandesa y galesa, presenta como una de sus características principales un acusado realismo, lo cual la conecta más con la épica germánica, lo que estaría en relación con el origen godo y suevo en buena parte de la nobleza castellano-leonesa. La épica celta, en cambio, abunda en elementos fantasiosos y oníricos, algo que se ha transmitido a la literatura inglesa desde Beowulf a Tolkien pasando por Shakespeare y Tennyson.

Martin Almagro Gorbea.

Volviendo al vascuence, hemos dicho que es una lengua claramente preindoeuropea, pero con mucho léxico indoeuropeo, que son préstamos tomados del celta, del latín y del castellano. De hecho, presenta hasta un 75% de léxico indoeuropeo, entre otros numerosos préstamos celtas, ya que el euskera aún conserva una profunda huella celta en su léxico, lo cual es normal puesto que se mezclaron con ellos, y las citadas tribus celtas que habitaban allí fueron vasconizadas por los vascones. En el caso de los vascos, los invasores indoeuropeos asimilaron la lengua preindoeuropea hablada por la población local.

Según el historiador Armando Besga Marroquín, profesor de Historia medieval en la Universidad de Deusto, en su obra “Domuit Vascones: el País Vasco durante la época de los reinos germánicos: la era de la independencia (siglos V-VIII”, es precisamente en la época de los reinos germánicos (concretamente, en los siglos V-VIII) donde se sitúa la formación del pueblo vasco, puesto que «la interrupción del proceso de romanización durante los reinos germánicos permitió que se preservase una herencia anterior, de la que lo más destacado es la lengua preindouropea”.

Del núcleo vasco nació el reino de Navarra, anteriormente reino de Pamplona, y anteriormente a éste, Ducado de Baskonia, y aun ahí se puede rastrear cierto influjo político-ideológico visigodo (Ver «Orígenes hispanogodos del Reino de Pamplona», de Armando Besga Marroquin en Letras de Deusto, Vol. 29, nº. 89, 2000), en un reino étnicamente vasco-navarro, y por tanto de etnogénesis vascona. El mencionado historiador de la Universidad de Deusto, Armando Besga Marroquín, nada sospechoso de simpatizar con el nacionalismo vasco, sin embargo, reconoce que la población del reino de Navarra es étnicamente vasca. El reino de Navarra fue la aventura política del antiguo y valiente pueblo de los vascones. Y por eso se puede afirmar que Navarra es Euskal Herria, respetando, por supuesto, las peculiaridades del reino de Navarra, y su escudo presente en el escudo de España. En este punto, se recomienda la lectura de estas dos obras del historiador Claudio Sánchez Albornoz: “Vascos y navarros en su temprana historia”. Madrid, 1974. Y “Orígenes del Reino de Pamplona. Su vinculación con el Valle del Ebro”. Pamplona, 1981. La castellanización lingüística de Navarra y de otras comarcas étnicamente vascas, ha hecho pensar equivocadamente a algunos que no son vascas. Tal es el caso, por ejemplo, del condado de Treviño, actualmente en la provincia de Burgos, donde su población no habla vascuence por el motivo señalado de haber sido castellanizada, pero que es étnicamente vasca, y por ello debería de volver a Euskal Herria, concretamente a Álava.

Dando un salto en la historia, en la guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII, Vasconia fue favorable a los Borbones, y por ello pudo mantener sus fueros hasta que en el posterior enfrentamiento entre liberales isabelinos y carlistas, los vascos optaron por el segundo bando, por lo que la derrota carlista también fue la derrota de los vascos, que nunca hasta entonces se habían sentido extraños a una España que integraba armónicamente sus peculiaridades. Pero como los vascos se pusieron mayoritariamente del lado carlista, la victoria isabelina terminó con la España imperial y diversa, y con la idea de una España tradicional e imperial, lo que los tradicionalistas han llamado siempre “las Españas”. Un destacado representante vasco y carlista fue el General Zumalacárregui (1788-1835), que llegó a ser General carlista durante la Primera Guerra Carlista (1833-1839).

Tomás de Zumalacárregui (1836), por Adolphe Jean-Baptiste Bayot.

En este punto es preciso decir que el régimen foral vascongado fue abolido en 1839, tras el Convenio de Vergara, que puso fin a la Primera Guerra Carlista. A este respecto, todos hemos oído decir muchas veces que eso de los fueros es un anacronismo, un privilegio y que atentan contra la unidad nacional. Y es necesario aclarar aquí este tema:

-Los fueros vascos, como los de otras regiones españolas, fueron leyes de origen consuetudinario. Sus fuentes eran los usos y costumbres del pueblo, reducidas a lo escrito (no todos los usos y costumbres lo fueron), y reconocidas o sancionadas por el Rey, que se comprometía a respetarlos. De ellos dice Alfonso X el Sabio: “Ca si el fuero es como conviene e de buen uso e de buena costumbre ha tan gran fuerza que se toma como en ley porque mantiene los homes, e viven unos con otros en paz e justicia”.

-Los fueros nacen de la manera de ser de un pueblo, no de la concesión graciosamente otorgada por un señor. Son un “ius”, no una “gratia”. Como ha señalado el historiador Palacio Atard, se basan en un pacto originario de carácter “aeque-principal”, parte del proceso federativo de la unidad nacional, no en una mera unión accesoria. Los fueros nunca se opusieron a la unidad nacional sino que fueron, por el contrario, parte de su constitución histórica, haciendo posible la unidad en la diversidad (del Imperio español).

-Los fueros vascos no existieron nunca como tales, sino que existieron los del Señorío de Vizcaya y los de las provincias de Guipúzcoa y Álava, regidos cada uno por normas propias. Los intentos en las Conferencias conjuntas celebradas entre 1840 y 1876 de crear un organismo común del Señorío y las dos provincias fracasaron, en parte por el maximalismo vizcaíno.

-Los fueros tradicionales del Señorío de Vizcaya y las provincias vascongadas fueron suprimidos definitivamente en la Ley abolitoria de 1876, promovida  por Cánovas del Castillo en un clima de revanchismo tras el final de la Tercera Guerra Carlista  (1872-1876). Años después, el propio Cánovas escribió sobre los fueros: “Instituciones semejantes querrialas yo comunicar si fuera posible al resto de España. Las libertades locales de los vascongados, como todas las que engendra y crea la historia, aprovechan a quienes las disfrutan y a nadie dañan, como no sea que se tome por daño la justa envidia que en otras excitan”.

Lanceros de Navarra 1834-39.

No deja de ser curioso que se consideren anacrónicos los fueros porque su última vigencia data de 1839, y que ello se haga en nombre de los principios democráticos liberales y de la concepción de la nación-estado, que datan de la revolución francesa de 1789. Y, por otra parte, a creencia de que las cosas son mejores o peores porque son más o menos nuevas es simplemente una estupidez. Hay principios jurídicos que proceden del Derecho romano. Y la Constitución no escrita del Reino Unido mantiene normas vigentes desde hace siglos.

-Los fueros, en cualquiera de sus rangos (municipales o regionales) son expresión de la soberanía social y la legítima autarquía de los cuerpos sociales intermedios, que son previos al Estado. No constituyen, por tanto, ningún privilegio sino que forman parte del Derecho natural de las entidades infrasoberanas.

‘La jura de los fueros’, cuadro pintado por Francisco de Mendieta y Retes en 1609.

El restablecimiento del verdadero foralismo comportaría necesariamente, por ello, el reconocimiento del principio de subsidiariedad, y habría de traducirse en el reconocimiento de la autonomía municipal, de las corporaciones profesionales, de las universidades, de la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos , etc.

Los fueros reclaman un régimen corporativo, de representación social no partitocrática, y son, por su propia naturaleza, incompatibles con la partitocracia y con la democracia liberal.

La supresión unilateral y revanchista del régimen foral –primero del catalán y valenciano y después de los fueros vascos– por parte de la importada democracia liberal y centralista, con su concepción del nuevo “patriotismo constitucional”, causó un trauma tremendo en esas regiones, que a largo plazo se encuentra en el origen de los separatismos actuales. Como también señaló el historiador Palacio Atard: “En política los errores pasan siempre factura”.

El Fuero.

Y es justo recordar que el carlismo hizo siempre una defensa de los fueros como expresión de la verdadera democracia que rigió en la Monarquía tradicional española, de mayor calidad y mil veces superior a la actual partitocracia, que es el verdadero cáncer que amenaza la unidad nacional.

Respecto a los símbolos, la bandera oficial de Vasconia es actualmente la «ikurriña», que fue una bandera creada por el PNV, el partido fundado por Sabino Arana, considerado el padre del nacionalismo vasco. Se puede decir en contra de la ikurriña que no tiene un carácter histórico por lo dicho, como sí lo tiene, en cambio, el lauburu, símbolo típicamente vasco muy antiguo, pero, sin embargo, la ikurriña hoy sí tiene un carácter popular ya que actualmente es asumida por todos los vascos como su bandera, lo cual es un hecho.

Ikurriña.

El lauburu (en euskera, lau = cuatro, y buru = cabeza, es decir, “cuatro cabezas”) o cuatrisquel o tetrasquel es un símbolo precristiano que se encuentra muy frecuentemente entre las representaciones artísticas de ciertos pueblos europeos, como celtas y germanos, como, por ejemplo, en dibujos y tallas visigóticas. Y es actualmente uno de los símbolos más representativos y reconocibles de la cultura vasca. Existen numerosas muestras del uso de esta esvástica rectilínea en el norte de España antes de la invasión romana, como, por ejemplo, en grabados en petroglifos de Galicia, en hórreos gallegos y asturianos, o el lábaro cántabro inspirado en las estelas cántabras de origen celta. Se han encontrado también trisqueles y tetrasqueles prerromanos (triscelas y tétrascelas dextrógiros y levógiros) en Vizcaya, en las estelas encontradas en Arrieta, Fórua, Busturia, Meñaca, Dima y Zamudio.  

Lauburu.

La “Arrano Beltza” es una expresión en euskera, y aunque su traducción literal al castellano es «Águila negra», ese es el nombre que se usa en euskera para denominar al «Águila real». Este emblema aparece reproducido con frecuencia en forma de águila estilizada según el estilo gráfico gótico, a imagen de algunos sellos históricos conservados de principios del siglo XIII, coloreándose de negro sobre fondo amarillo, tanto en banderas como en composiciones heráldicas. Su origen está en los emblemas y sellos de Sancho VII el Fuerte de Navarra.

Arrano Beltza en una fiesta popular.

Sabino Arana (1865-1903) pasó del carlismo al nacionalismo vasco en 1895, año en el que se creó el PNV, al que dio el lema de “Dios y leyes viejas”. Lo criticable de Sabino Arana no es su racismo vasco sino su hispanofobia, de la que se arrepintió al final de su vida, dicho sea de paso. Por todo lo dicho anteriormente, el nacionalismo vasco surgió desde el principio como un nacionalismo étnico, ya que los vascos no son diferentes genéticamente, pero sí étnicamente. Y el etnicismo vasco no solo no tiene nada de criticable, sino que es lo que se debe de defender. Lo criticable ¡, en todo caso, es que le evolución del nacionalismo vasco haya ido perdiendo ese carácter de nacionalismo étnico progresivamente hasta terminar siendo un pseudonacionalismo. Esto lo vemos en multitud de ejemplos, como el hecho de que el Atleti de Bilbao fue siempre un club de futbol identitario, cuyos jugadores eran todos vascos, mientras otros clubs de futbol fichaban en base a criterios de negocio y no étnicos. Lamentablemente, ese carácter identitario que tuvo siempre el Atleti de Bilbao hoy ya no es tampoco una excepción como lo había sido hasta no hace mucho tiempo.

En el caso del PNV, durante la guerra civil española se dio un hecho muy significativo, y es que se partió en dos, de manera que mientras en Álava y en Navarra, donde había sublevado el General Mola, el PNV apoyó a los nacionales, en cambio, en Vizcaya y en Guipúzcoa, el PNV apoyó a los republicanos. Esto se debió al hecho de que, por un lado, su carácter nacionalista y católico era incompatible con el Frente Popular, pero, por otro lado, su nacionalismo vasco era incompatible con el centralismo extremo de los nacionales, que, de haber respetado un Estatuto de autonomía para Vasconia, se hubieran ganado el apoyo del PNV por completo. Esto sucedió en otros lugares de España también, en los que el bando nacional perdió apoyos por ese motivo, por ejemplo, en Cataluña, donde pese a todo, tuvo el apoyo de la Lliga.

Sabino de Arana, personaje peculiar del cual se precisa un análisis parcial para conocer su historia.

En otras coordenadas políticas cabría recordar aquí también al donostiarra José Manuel Aizpurúa Azqueta (1902-1936) arquitecto y fotógrafo, que fue un representante destacado del denominado segundo Siglo de Oro de las artes y las letras españolas, así como del racionalismo arquitectónico español. Ingresó en 1921 en la Escuela Superior de Arquitectura en Madrid, terminando la carrera en 1927. Durante su estancia en Madrid, frecuentó la Residencia de Estudiantes (Institución Libre de Enseñanza), donde conoció a Luis Buñuel, Salvador Dalí y Federico García Lorca, con quien mantendría su amistad hasta la muerte de ambos en 1936.  Aizpurúa era un gran arquitecto y un gran aficionado a la fotografía. Como fotógrafo, sus fotografías tomadas con una cámara Leica y publicadas en la revista “La Gaceta Literaria”, de Ernesto Giménez Caballero o en la revista “A.C.” atestiguan su importancia en este campo. Su archivo de varios millares de tomas se ha conservado y está en San Sebastián. Fue representante del racionalismo arquitectónico español y fundador de la Sociedad Artística Gu (Nosotros), que fue una agrupación de vanguardia arquitectónica y un colectivo cultural de artistas vascos del siglo XIX al XX, fundado en San Sebastián. Aizpúrua fue capaz de aglutinar a gran parte de los artistas modernos vascos y reunirlos en torno a la sociedad Gu, a cuyo acto fundacional asistieron gentes tan dispares como Ernesto Giménez Caballero o Pablo Picasso. Fue una peculiar sociedad, entre gastronómica y cultural, en cuyo ámbito pudieron reunirse y polemizar sin trabas José Antonio Primo de Rivera, Benjamín Jarnés, Max Aub, Federico García Lorca o Pío y Ricardo Baroja. El Grupo “Gu”, despojado de sus pretensiones futuristas perduró en algunas líneas estéticas del franquismo. Aizpurúa junto con su compañero de carrera Joaquín Labayen Toledo compartió estudio profesional en la calle Prim,32 de San Sebastián. Con el fin de extender sus ideas arquitectónicas innovadoras, en 1930 organizó una exposición con Churruca y con su compañero de carrera Joaquín Labayen en el Ateneo Guipuzcoano. Políticamente, José Manuel Aizpurúa en noviembre 1933 se afilió a la Falange, fue el jefe provincial de la Falange en Guipúzcoa primero, y después Jefe Nacional de Prensa y Propaganda. Fue miembro del Consejo Nacional de Falange Española de las JONS en octubre de 1934. Por encargo de José Antonio Primo de Rivera, José Manuel Aizpurúa diseñó la cabecera del periódico falangista “Arriba”. Fue elegido miembro de la Junta Política en 1934 con el cargo de Delegado Nacional de Prensa y Propaganda, cargo del que cesaría en marzo de 1936, y como fundador de la Falange en San Sebastián, esa fue la filiación política que le costó la vida. Aizpurúa fue un defensor ardiente de su cultura vasca y de la ciudad que le vio nacer, San Sebastián, e impulsó el despegue cultural y artístico de ésta. Pero nada de eso le sirvió, ni su inteligencia, ni su modernidad y originalidad que le hacían ser un precursor, ni su amor a la cultura vasca y a su lengua, ni su ausencia de ese sectarismo que hoy nos invade… Fue detenido en la cárcel de Ondarreta de San Sebastián, asaltado su estudio, y fusilado por las fuerzas republicanas en la tapia del cementerio de Polloe el 6 de septiembre de 1936, tres días antes de que las tropas del bando nacional entrasen en San Sebastián. Una muestra de su carácter lo podemos ver en esta anécdota: en la cárcel de Ondarreta, antes de morir, donde escribió en una de sus cartas, fechada el 2 de septiembre de 1936: “…He escrito a mi delineante para que se ponga al habla con Eugenio (Aguinaga) y me traigan aquí papel, lápices y unos proyectos para ver si trabajo algo aquí… no puedo vivir sin hacer algo práctico…”.

José Manuel Aizpurúa Azqueta.

También es oportuno recordar a Felipe Sanz Paracuellos (1908-1968), que fue el jefe y fundador de las JONS primero, en 1933, y más tarde de FE de las JONS en Bilbao. Felipe Sanz nació en Bilbao en un entorno humilde. Como era habitual en la época, comenzó a trabajar siendo casi un niño en la Compañía Euskalduna. Simultaneó el trabajo en la fábrica con los estudios técnicos, consiguiendo el título de Facultativo de Minas. Felipe Sanz, que era un humilde obrero manual, fue quien propuso en el I Consejo Nacional de Falange celebrado en Madrid en octubre de 1934, el uso de la camisa negra como uniforme del partido, siguiendo a los fascistas italianos y a los hidalgos españoles. Felipe Sanz asistió también al acto de la inauguración se la sede de Falange en San Sebastián en enero de 1935, presidido por José Antonio y donde también estuvo José Manuel Aizpurúa. Fue un idealista que vivió toda su vida conforme a sus ideales muriendo en la miseria.

Felipe Sanz Paracuellos, sentado a la derecha.

Igualmente es preciso mencionar al maestro Juan Tellería Arrizabalaga (1895-1949), pianista y compositor de zarzuela, nacido en Guipúzcoa, conocido por ser quien puso la música al “Caral al sol”, el himno de la Falange, cuya letra, por cierto, fue pergeñada por los poetas que formaban la “corte literaria” de José Antonio en un restaurante vasco llamado “Or-kompon”, que estaba situado en la calle Miguel Moya, 4 de Madrid, junto a la plaza de Callao, en el centro de Madrid. La producción musical de Juan Tellería se centró en la música lírica, componiendo zarzuelas como “El joven piloto”, “El cabaret de la Academia”, “Los Blasones” o “Las viejas ricas”. Además, el maestro Tellería compuso música de cámara, himnos religiosos, algún himno militar y la más famosa de todas sus composiciones, “Amanecer en Cegama”, cuya música fue la base del “Cara al sol”, himno de Falange. Fue, asimismo, autor de la música de otros himnos, como el de la División Azul, el de la “Vieja Guardia” de FET y de las JONS, y el del Frente de Juventudes. Durante la guerra civil, el maestro Tellería fue detenido, pero consiguió sortear su situación ingresando en la CNT y colaborando mediante su talento musical en filmografía de propaganda republicana (“Defendemos nuestra tierra”, “Mores de juventud”, …). Fue pianista en el Palacio de la Prensa y hasta 1946 desempeñó la cátedra de Música de Cámara en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Gran parte de su repertorio aún permanece inédito.

Insignes vascos han sido también muchos marinos, almirantes y navegantes como Churruca, Legazpi o Juan Sebastián Elcano, Blas de Lezo, o Andrés de Urdaneta; artistas como los mencionados antes el arquitecto y fotógrafo José Manuel Aizpurúa, el compositor Juan Tellería o el pintor Ignacio Zuloaga, así como dos grandes escritores que no necesitan presentación porque son universales, como fueron Miguel de Unamuno y Pio Baroja. Y también es preciso aquí mencionar al sobrino de este último, que fue Julio Caro Baroja (1914-1995), que fue un antropólogo, historiador, lingüista, folklorista y ensayista, que, en sus primeros libros expone una síntesis de la etnología en España y en particular de la del País Vasco: “Los pueblos del norte de la península ibérica” (1943), “Los pueblos de España” (1946), “Los vascos” (1949). En los 18 volúmenes que componen los “Estudios vascos” se recogen artículos publicados entre las primeras monografías (“La vida rural en Vera de Bidasoa”, 1944; “Los vascos. Etnología”, 1949) y obras de madurez como “La hora navarra del XVIII” (1969), “Etnografía histórica de Navarra” (3 vols., 1971-1972) y “La casa en Navarra” (4 vols., 1982). Sobre el viejo reino, y sobre Guipúzcoa, elaboró, con su hermano Pío, un par de extensas películas etnográficas. En ese ámbito se inscribe asimismo “Los vascones y sus vecinos”, sobre la relación entre los vascones y sus vecinos de Aquitania.

El tema daría para mucho más, pero se trata ahora de celebrar este día de todos los vascos con un carácter popular.

Gora Euskal Herria!

Eduardo Núñez

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