De la Marcha sobre Roma a la fundación de Falange Española

A un año del centenario de la Marcha sobre Roma, hace ahora 99 años, la Historia Universal resultaba sacudida por un hecho trascendente: Un socialista –Benito Mussolini- y un pueblo –el de Italia– le demostraban al mundo que era posible un socialismo diferente y auténtico, y que los trabajadores sí tenían patria. Mientras la revuelta bolchevique terminaba con millones de vidas en Rusia, aparecía el fascismo sobre el escenario político con energía y fuerza, pero sin la manía destructora del marxismo. Surgía así en Italia el fascismo como una revisión del socialismo.

El año anterior a la Marcha sobre Roma, el 7 de noviembre de 1921, hace ahora cien años, el Partido Nacional Fascista (PNF) había sido fundado en Roma, por iniciativa de Mussolini al convertirse en el partido los Fasci italiani di combattimento, que era el movimiento político que había sido creado por Mussolini en Milán el 23 de marzo de 1919. El espíritu de sacrificio y de disciplina que rigió toda la acción del PNF salió airoso en la prueba decisiva de los acontecimientos acaecidos en los días 27, 28 y 29 de octubre de 1922.

Fasci italiani di combattimento de Lissone.

Para comprender bien los movimientos registrados durante los años de la posguerra tras la I Guerra Mundial, hay que remontarse a las dos últimas décadas. En ese lapso de tiempo, los gabinetes que vinieron sucediéndose hicieron paulatinamente concesiones a los elementos radicales, especialmente durante la guerra, cuando se prometió a los hombres que luchaban en las trincheras que al regreso a sus hogares se hallarían con un programa de mejoras sociales, entre los que figuraba la libre distribución de la tierra y otras mejoras que favorecían enormemente a la clase pobre y trabajadora. Pero cuando terminó la Gran Guerra y el programa prometido no se cumplió, provocó el descontento de esta gente que vio en esos momentos como única solución el movimiento socialista. Fue lo que se llamó “vittoria mutilata”. En ese contexto, el Partido Socialista Italiano en las elecciones de 1919 logró sacar un alto número de diputados. A este triunfo electoral socialista siguió el movimiento más extremista de los que procedieron a la ocupación de fábricas, contando con el apoyo de los descontentos.

A la vez, un grupo de ex-combatientes se reunió alrededor de Mussolini, emprendiendo una activa y enérgica campaña. El contingente inicial que no excedería de 60 hombres y que había nacido en la ciudad de Milán en 1919, vio poco a poco engrosar sus filas hasta que un año después, siendo ya bastante elevado su número, se lanzó a una franca lucha contra los elementos más extremistas y antipatriotas. Los fascistas se vieron obligados a proceder enérgicamente y aun a perturbar el orden formal con objeto precisamente de llegar al restablecimiento completo del orden real y a salvar al país de la hecatombe de una revolución marxista y de una completa ruina.

Milán, 23 de marzo de 1919.
Squadra d’Azione, 1922, Lucca.

El movimiento fascista culminó en la acción desarrollada entre los días 27 y 29 de octubre, con su revolución pacífica, ordenada y sin derramamiento de sangre. Por todo ello, las viejas clases que habían gobernado el país hasta esa fecha, comprendieron que había llegado el momento de dejar el camino expedito a las fuerzas jóvenes. El fascismo se propuso, según manifestaron siempre sus dirigentes, adoptar enérgicas medidas para balancear el presupuesto nacional cortando por completo todos aquellos gastos innecesarios.

La mañana del 27 de octubre de 1922 se conoce, la hasta entonces secreta, movilización de los “camisas negras”. Quedó constituido el Cuartel General en Perugia y los preparativos siguieron su curso. Al día siguiente, el 28 de octubre, los habitantes de Milán se enteran de que, durante la noche, todos los edificios de la ciudad, de cierta importancia, han sido tomados. La red ferroviaria del norte de Italia también se encontraba controlada. Mussolini, sin embargo, no se precipitó. El ambiente era de tensión y de nerviosismo. Pero nadie perdió la cabeza. Afuera, en las calles, 40.000 fascistas se habían puesto en marcha, y no iban armados. Sólo hubo una consigna: “O Roma o morte!” («¡Roma o muerte!»). Ya no se podían echar atrás. El gobierno, en un último y desesperado intento por detener la avalancha, proclamó el estado de sitio. Pero el rey Victor Manuel III se negó a firmar el decreto, aun a pesar de que Roma ya había sido cubierta con barricadas, alambradas, y otros obstáculos.

O Roma o morte!

La reacción ya no tenía sentido. La contrarevolución estaba ya tan acorralada que había perdido la batalla sin librarla. Al conocerse la decisión del rey, en las filas fascistas resonó el grito: «¡Roma es nuestra!». Y la marcha se hizo imparable. En la redacción de “Il Popolo d´Italia” – el periódico fundado por Mussolini el 15 de noviembre de 1914, para darle voz a los Intervencionistas dentro del Partido Socialista Italiano, que como subtítulo del diario: «Diario Socialista», que después cambió a: «Diario de los Combatientes y los Productores», y que circuló hasta el 24 de julio de 1943 – la actividad era febril, y las ediciones especiales salían una detrás de la otra. Finalmente, el 29 de octubre de 1922 el viejo régimen estaba agotado, y el rey ofreció directamente a Mussolini la tarea de formar nuevo gobierno. Fue la rendición incondicional del inepto régimen demoliberal, y también, la victoria incuestionable de Mussolini. Y ni aun en este umbral de una victoria total, perdió Mussolini el control de sus decisiones. Con precisión dictó los titulares para la próxima edición, y seguidamente viajó de Milán a Roma, donde los fascistas han comenzado a llegar desde el día 28, y donde, fuera de algunas escaramuzas intrascendentes con algunos minúsculos grupos comunistas, se ha mantenido la paz. Los propios fascistas romanos ganaban la calle y las banderas rojas desaparecieron como por arte de magia. Roma estaba preparada para cuando llegue Mussolini. La seriedad del momento no admitía un gran júbilo, pero Mussolini no pudo evitar que la columna fascista, cada vez más numerosa, estallara saludando al Duce de la revolución fascista. Estas columnas llenaron las calles de la antigua Roma. Estas legiones, cohortes y centurias se habían adueñado de la Ciudad Eterna, al igual que sus gloriosos antepasados. Pero todo se mantuvo bajo control. El pueblo italiano había asistido a un fenómeno que se hará constante en el surgimiento y ascensión de los nacionalismos revolucionarios. Una auténtica revolución, profunda y amplia, e incruenta, sin el derramamiento de sangre inocente.

Los Quadrumviro eran los cuatro lideres fascistas que acompañaron a Mussolini en la Marcha sobre Roma el 28 de octubre de 1922. Los cuatro fueron miembros importantes del PNF durante los años de la revolución fascista.

Mussolini con sus escuadristas durante la Marcha sobre Roma en 1922.

Los cuatro miembros del Quadrumviro de la Revolución eran:

  • Michele Bianchi (1883-1930), un líder sindicalista revolucionario, y primer secretario del PNF, de 1921 a 1923. Fue el padre del sindicalismo fascista, y Ministro de Obras Públicas.
  • Emilio De Bono (1866-1944), un excombatiente de la Primera Guerra Mundial. Fue Mariscal, Gobernador de Eritrea y miembro del Gran Consejo Fascista. Fue juzgado por traición en el proceso de Verona y uno de los cinco fusilados junto a Galeazzo Ciano.
  • Cesare Maria De Vecchi (1884-1959), un abogado y miembro de la Cámara de representantes italiana. Fue Gobernador de Somalia y de las islas del Egeo, Ministro de Educación, y embajador de Italia ante la Santa Sede Miembro del Gran Consejo Fascista. También fue condenado a muerte in absentia en el proceso de Verona.
  • Italo Balbo (1896-1940), el líder de los fascistas en Ferrara. Aviador, pionero de la aviación. Fue Ministro de la Aeronáutica y Gobernador de Libia.

Lamentablemente de los cuatro miembros del Quadrumviro, que apoyaron y acompañaron a Mussolini en la Marcha sobre Roma, dos de ellos –Emilio De Bono y Cesare Maria De Vecchi– traicionaron a Mussolini después, en 1943

Los fascistas conquistaron el poder el 28-29 de octubre de 1922, al ser nombrado Mussolini jefe de gobierno tras la Marcha sobre Roma. El 30 de octubre de 1922, la Marcha sobre Roma culminó en una gran victoria popular. Sin embargo, ni aun en el pináculo del éxito y del triunfo, la ocasión fue utilizada como venganza. El primer gabinete nombrado por Mussolini fue, en realidad, un gabinete de coalición. No hubo, por tanto, venganzas ni revanchismos inútiles. Sólo hubo la firme determinación de un gran hombre que selló aquella jornada histórica diciendo: «He creado el primer gobierno nacional; con él construiré una Nación».

Gabriel D’Annunzio, al centro, en Fiume.

La frase tiene más trascendencia de lo que parece, pues cuando tiempo atrás, Carlos Marx dijo que “los trabajadores no tienen patria”, tenía razón, porque en el momento en que lo dijo, la idea de la patria sólo se invocaba por la burguesía para defender sus intereses de espaldas a los trabajadores. Y así fue hasta que un socialista llamado Benito Mussolini, construyó un Estado en el que, por primera vez, los trabajadores tenían patria, porque el Estado fascista no sirvió a los intereses de la burguesía sino a todo el pueblo italiano.

Dos años después, en 1924, se celebraron unas elecciones generales, que ganó el PNF con mayoría absoluta. Y a partir de 1925, el Estado fascista italiano pasó a ser un Estado totalitario, es decir, un Estado al servicio de todo el pueblo de Italia.

Benito Mussolini. Al fondo la estatua de Julio César en Roma, 1932.

Durante 23 largos, azarosos y dramáticos años, el artífice de aquella hermosa victoria de Octubre de 1922 cumplió con su palabra. Benito Mussolini, el socialista al que su padre, maestro socialista llamó Benito en recuerdo del revolucionario mejicano Benito Juárez, Benito Mussolini, el hombre que nunca se dio por vencido, nunca se cansó de insistir que : «El fascismo es un punto de partida y no un punto de llegada», frase que citó, su discípulo en España, José Antonio Primo de Rivera, en la que fue su conferencia más importante, titulada «Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo», pronunciada el 9 de abril de 1935 en el Circulo de la Unión Mercantil de Madrid.

José Antonio Primo de Rivera durante uno de sus primeros mitines.

Como hemos dicho, Mussolini elevó la revolución fascista al poder de forma incruenta. Fue la llamada al orden frente al caos, la estabilidad de gobierno frente a una crisis permanente y, como matizaría el propio Duce: «El Fascismo considerado como idea, doctrina, realización, es universal: italiano en sus instituciones particulares, es universal en su espíritu, y no podría ser de otro modo. El espíritu, por su misma naturaleza, es universal. Por tanto, se puede prever una Europa fascista, una Europa que se inspire, en sus instituciones, de las doctrinas, de la práctica del Fascismo, es decir una Europa que resuelva en un sentido fascista el problema del Estado del siglo XX» [Benito Mussolini. Discurso del 27-10-1930, pronunciado desde el balcón del Palacio de Venecia de Roma]. Cuatro años más tarde de esta declaración, haciendo repaso y análisis de las circunstancias, Mussolini lo confirmaba en marzo de 1934, y decía textualmente: «Desde 1929 a hoy el fascismo como fenómeno italiano se ha convertido en un fenómeno universal… ¡En una década Europa será fascista o fascistizada!».

No por casualidad, el mismo día, pero once años después de aquella Marcha sobre Roma, un 29 de Octubre de 1933, José Antonio salió a la arena política en aquel “acto de afirmación española” en el que tomó la palabra en el Teatro de la Comedia de Madrid, hace ahora 88 años, tras el que tuvo lugar la fundación de Falange Española. Una semana antes del famoso discurso de José Antonio el 29 de octubre de 1933 en el Teatro de la Comedia de Madrid, José Antonio publicó en “La Nación” un artículo con el siguiente título: «Al volver ¿moda extranjera el fascismo?», en donde deja escrito: «El fascismo no es sólo un movimiento italiano: es un total universal sentido de la vida. Italia fue la primera en aplicarlo… Lo que hay de universal en el fascismo es la revitalización de los pueblos todos; esa actitud de excavación enérgica en sus propias entrañas. Con espíritu fascista los italianos han encontrado a Italia. Los españoles, con el mismo espíritu, encontraremos a España. El fascismo es como una inyección que tuviera la virtud de resucitar: la inyección podría ser la misma para todos, pero cada cual resucitaría como fue» [“La Nación”, 20-10-33.]. El acto del Teatro de la Comedia, considerado como la presentación pública de José Antonio de cara a la inminente fundación de Falange Española, tuvo lugar el 29 de octubre de 1933, fecha en la que se celebraba también la efemérides del onceavo aniversario de la «Marcha sobre Roma», apertura del fascismo al mundo. El acto fue considerado por el principal diario fascista italiano—“II Popolo d’Italia”—, como «Il primo comizio di propaganda del movimento fascista spagnolo» [“// Popolo d ‘Italia”, 31-10-1933.]. Por tanto, aquel 29 de octubre, efemérides en la que el fascismo italiano rememora el aniversario de la Marcha sobre Roma, que elevó  a Mussolini a la conquista del Estado, para el fascismo español es también una fecha histórica. Después de los prolegómenos del semanario “El Fascio” y de los cimientos sólidos del Movimiento Español Sindicalista (Fascismo Español), que rubricaba con las iniciales “F.E.” sus manifestaciones públicas y tras la visita de José Antonio a Benito Mussolini unos días antes, tuvo lugar una mañana de domingo en el Teatro de la Comedia de Madrid, la presentación pública, enarbolando una bandera simbólica que se izó aquella jornada. Según la documentación italiana, José Antonio justificó su viaje a Roma, ante las autoridades fascistas, por el propósito de «obtener material informativo sobre el fascismo italiano y sobre las realizaciones del régimen», así como consejos para la organización de un «movimiento análogo en España». A tal fin, se entrevistó con el vicesecretario del Partido Nacional Fascista, Arturo Marpicati, y visitó varias sedes de las organizaciones fascistas italianas [Julio Gil Pecharromán: “José Antonio Primo de Rivera, retrato de un visionario”. Temas de Hoy, Madrid 1996].

José Antonio Primo de Rivera durante un mitin de Bilbao el 6 de octubre de 1930.

Pero, ¿a qué fue a Roma José Antonio, en octubre de 1933, a visitar al Duce diez días antes del acto en Madrid que dio lugar a la fundación de Falange Española? Se pregunta el primer biógrafo, amigo, camarada y compañero de curso de José Antonio en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Y la respuesta es clara y directa: «(José Antonio) fue a Roma a ver al hombre. Es decir, al jefe. José Antonio conoce cuantas biografías se han escrito del Duce. Ha leído con toda atención sus artículos y discursos. Se siente estremecido ante su tremendo momento personal y necesita hablar con él para tomar aliento de su voz… José Antonio ha aprendido mucho en Mussolini, que es contemporáneo y asequible por buen amigo de su padre. ¿Qué tiene de particular que sienta el deseo de tomar una viva lección de él? No se olvide que la gran vocación de José Antonio era la de estudiante. Aprender. ¿Por qué desaprovechar la inmensa lección de Mussolini?… Le conocía por sus obras y por sus biógrafos; le conocía por las conversaciones del General Primo de Rivera. Pero necesitaba la auténtica versión de un diálogo íntimo que le diese ‘la imagen del héroe hecho padre'» [Felipe Ximénez de Sandoval: “José Antonio. Biografía apasionada”. Fuerza Nueva Editorial, Madrid, 1976]

En su libro “Semblanza de José Antonio joven”, Ramón Serrano Suñer escribe, a título de corroboración: «José Antonio admiraba mucho a Mussolini, pero al regresar de su viaje a la Italia fascista, comentó: ‘Me hubiera gustado pulsar el humor de otra gente elevada en los planos del pensamiento, de la cultura y de la conducta, para saber cómo juzgaban el sistema».

Julio Ruiz de Alda, Alfonso García Valdecasas y José Antonio Primo de Rivera.

Como ya se ha dicho, en Italia el mitin del Teatro  de la Comedia se celebró con alborozo oficial bajo el rótulo: «El primer acto de propaganda del movimiento fascista español» en el diario “II Popolo d’Italia” del 31 de octubre de 1933, en el rotativo mussoliniano, en el que se leía: «Con la asistencia de 1.500 personas, ha tenido lugar el primer acto de propaganda del movimiento de carácter fascista, organizado por el Frente Español, que nace hoy con un programa netamente antielectoral, exclusivamente valorizador de factores tradicionales y corporativos nacionales, produciendo férvido entusiasmo en los asistentes. El ex diputado a las Cortes Constituyentes, profesor Alfonso García Valdecasas, habló de la desviación de España de su destino histórico como consecuencia de la adopción de ideologías extranjeras ajenas a las características de la raza. Defendió el adjetivo fascista aplicado al movimiento renovador que, basándose en los valores nacionales, se inspira del ejemplo de otros países, y provocó un ¡Viva Italia!…»

Periodico Volkischer Beobachter.

Bernd Nellessen, en su obra “La rivoluzione proibita” [Bernd Nellesen: “La rivoluzione proibita (ascesa e tramonto della Falange)”. Volpe Editore. Roma 1965,] se fija en dos detalles en torno a aquel acto público. En primer lugar, no le pasa desapercibida la visita de José Antonio a Mussolini, el 19 de octubre, diez días antes del acto en el Teatro de la Comedia, que interpreta como que «con esta audiencia subrayaba su indudable adhesión al fascismo». Y en relación a la fecha elegida comenta: «De la misma manera que no podemos considerar fruto del azar la coincidencia del aniversario del fallecimiento del General Primo de Rivera con la fecha de la publicación de ‘El Fascio’, tampoco podemos considerar casual la elección de la fecha del acto fundacional de la Falange: el 28 de octubre se había efectuado la Marcha sobre Roma». Para el “Volkischer Beobachter” (17 de noviembre de 1933), el órgano del Partido nacionalsocialista en Alemania, la fundación de Falange marcó la entrada del «movimiento fascista en la vida pública de España». También el antiguo órgano del católico Centro, “Germania”, dio parte de la fundación de un «nuevo partido fascista en España», en su edición del 14 de noviembre de 1933.

Ramiro Ledesma Ramos, que estuvo entre los asistentes a aquel acto público, escribió más tarde: «A los pocos días del mitin, anunciaron sus organizadores la fundación de F.E., Falange Española. Fácilmente se advierte en esta denominación el deseo de no abandonar las iniciales F.E., que desde meses antes, como iniciales de Fascismo Español, venían ya utilizando en sus hojas de propaganda» [Ramiro Ledesma Ramos: “¿Fascismo en España?”, 1935].

También asistió J. Vidal Salvó, de Barcelona, que tanto había hecho por dar a conocer las ideas del nacionalsocialismo en España, llegando a traducir el libro “Hitler y el Nacionalsocialismo”, que fue publicado en Barcelona por la Imprenta J. Horta, unos meses antes del mitin del Teatro de la Comedia en aquel mismo año de 1933.

La Marcha sobre Roma, por tanto, trajo el fascismo a Italia, a España y a Europa.

Eduardo Núñez

2 comentarios sobre “De la Marcha sobre Roma a la fundación de Falange Española

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: