La crisis mental de ocho pensadores europeos del siglo XX

“Todos los hombres excepcionales son melancólicos”.
En torno a Problemata XXX, 1.  Aristóteles.

1.-) Friedrich Nietzsche: En 1888 en Turín, el original hermeneuta alemán sufrió una crisis nerviosa que después de la vista de su amigo Overbeck se agudizo de forma irreversible. Gracias a éste se pudieron recopilar y guardar sus últimas cartas y anotaciones que en España editó Tecnos entre el 2006 y el 2010, en cuatro volúmenes, con un total de unas 4000 páginas, donde viene a afirmar que la Universidad no puede ser expresión de una cultura verdaderamente clásica, no puede estar en contacto con el “arte vivo”. Para la Filosofía genuina tiene que haber grande y pequeño, mientras que para la Ciencia no, en la vida de los pueblos. Si nos hemos olvidado de leer a Plutarco no podemos sintonizar con lo más genuino de la vida personal y social escribiría Nietzsche. Quizá fue víctima de su propio diagnóstico respecto del romanticismo. Siguiendo al Dr. Marino Martínez Gamarra en su estudio “La idea de la libertad en Nietzsche”: “El despilfarro romántico de energías, las pasiones furiosas de los poetas malditos no son síntomas de una voluntad de poder afirmativa: por el contrario, esa falta de dirección que preside en la mayoría de ellos (Rimbaud, Verlaine,…) es la falta de una fuerza auténtica, es más bien una falta de originalidad”.

Friedrich Nietzsche.

2.-) Eugenio d’Ors: En los años 1918 y 1919, tiempo de guerra y de epidemias, y sin acabar de asimilar el haber sido rechazado por la Universidad de Barcelona en las oposiciones a la cátedra de Psicología en 1914, fue cuando un médico amigo le recomendó el letargo eremita, evitando lecturas y pensamientos; se apoderó de su espíritu un aturdimiento, que le obligó a mantener un estricto reposo y retiro. Desde su lecho de obligado sufrimiento, se abría entre penumbras a la sensibilidad razonadora a pesar de la pesadumbre, haciendo de las sombras un jeroglífico de sentidos que traspasaban lo enigmático. Como consecuencia de este cautiverio terapéutico redactó inmediatamente después su obra “La oceanografía del tedio”, que era según el hipercrítico argentino Borges, la prosa poética cargada de valor y de sentido más granada del siglo XX en España “Hay como una expectante detención en todas las cosas del parque. Y el cielo mismo, en su nitidez azul, parece una inmensa pupila que, irónica, vigilara el drama silencioso que ha empezado en la tierra, muy a ras de tierra”. El autor argentino, ya de suyo poco dado a valorar la literatura española, y, por cierto, por el contrario, siempre sintió admiración por las literaturas inglesa o francesa, aunque habría que exceptuar, de esa su personal hecatombe literaria, los sonetos de Quevedo, que para Borges eran la cumbre del requiebro lírico entre conceptos.

Eugenio d’Ors.

3.-) Miguel de Unamuno: En realidad su visión de la vida del hombre lo era desde la amenaza de la tragedia existencial. Ese pesar se acentuaría con ocasión de nuestra trágica guerra incivil que le produciría un colapso mortal, pero que estaba germinalmente injertado en su pensamiento, pues como escribió “En el sentimiento trágico de la vida”: “La identidad, que es la muerte, es la aspiración del Intelecto. La mente busca lo muerto, pues lo vivo se le escapa; quiere cuajar en témpanos la corriente fugitiva, quiere fijarla…, la ciencia es un cementerio de ideas muertas, aunque de ellas salga la vida. También los gusanos se alimentan de cadáveres.” Los pensamientos tienen una virtualidad efímera, su rigor tiene algo de cadavérico. De esta forma el pensamiento no puede acompasar ni desatar la vida existencial.

Miguel de Unamuno.

4.-) José Ortega y Gasset: Según su biógrafo el periodista Gregorio Morán en “El maestro en el erial”, después de nuestra desdichada guerra, cuando vivió en Portugal, sufrió una amenazante depresión de la cual temió no poder salir nunca que le impedía relacionarse socialmente. Vuelto a España recobró el ánimo. Veía su redención de España por la cultura en trance de hibernar. Cuando los españoles se aferran a un aspecto de la realidad España, ocultan la realidad “entera”, la realidad “total”, pero el mismo “es” de las afirmaciones y relaciones, como afirmó el filósofo madrileño en su “Origen y epílogo de la Filosofía”, posee también sentidos secundarios y deficientes.

José Ortega y Gasset.

5.-) Max Weber: En el verano de 1898 Max Weber queda incapacitado por sufrir neurastenia y depresión. Hasta 1903 no recuperará su actividad científica con su trabajo “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”. Jasper creyó poder constatar, según afirmó el profesor Joachim Radkau en su magnífica biografía de Weber “La pasión del pensamiento”, “una profunda ruptura, en sus últimos años de vida, en la personalidad de Weber, pero que gracias a su voluntad por autocerciorarse de su capacidad, al abandonar la tiranía burocrática de la Universidad, daría unos frutos admirable”s. En su amistad con el sociólogo Michels, que también padeció trastorno nervioso, pudo impulsar su Archivo del Compendio de Economía Social, pero la devoción política de Michels por Italia la tomó Weber como “un ataque a su patria por la espalda” y representó un primer alejamiento.  Gracias a la liberación que para Weber supuso su distanciamiento de la Universidad oficial pudo coordinar la labor documental junto con Werner Sombart en el “Archivo de Ciencias Sociales y Bienestar Social”, o a escribir obras sobre el hinduismo, las religiones chinas confucionismo y taoísmo, “Sociología de la religión”, “La ciencia como vocación” o “La objetividad del conocimiento en la ciencia social y en la política social”.

Max Weber.

6.-) Oswald Spengler:  El ambicioso Filósofo, Científico e Historiador alemán, gran admirador de Goethe, cuando veía los muros del Instituto universitario de Hamburgo en el cual obtuvo una plaza de profesor titular, sin querer alimentaba su perturbación maniacodepresiva. Menos mal que fue ayudado por personas independientes y pudo proseguir su labor investigadora al margen de las instituciones académicas estatales, rechazando varias ofertas para ejercer la docencia en otras universidades alemanas, de hecho, llegó a ser director del Archivo Nietzsche hasta 1935. Un hecho que se suele desconocer es la traducción al español, en 1922 en Calpe, de su obra cumbre “La decadencia de Occidente” por parte Manuel García Morente.

Oswald Spengler.

7.-) Max Scheler: El filósofo ético inquieto buscador de las relaciones entre las lógicas y la ética, autor de la obra “El formalismo de la ética y ética material de los valores”, siempre mantuvo una efervescencia conceptual y anímica entre Luteranismo, Judaísmo y Catolicismo. Admirado por Heidegger quien lo consideraba como un filósofo verdaderamente universal. Sus apuestas religiosas lo fueron con una cierta zozobra interior. Convertido al catolicismo en su adolescencia, posteriormente fue evolucionando hacia una concepción de lo divino mucho más próxima a la filosofía hegeliana alejada de todo sistema religioso. Su último libro: “El puesto del hombre en el cosmos”, fue probablemente su mejor reflexión, allí escribió: “Breves y raros son los periodos de apogeo cultural en la historia de la humanidad. Breve y raro también lo bello en su delicadeza y vulnerabilidad. Precisamente el espíritu es lo que está originariamente desprovisto de toda afectividad y de todo poder y lo está tanto más cuanto mayor es su pureza”. Nuestro José Gaos tradujo su obra “El resentimiento en la moral.” Sus crisis matrimoniales y afectivas junto con su delicadeza intelectual le sumieron en una depresión, muriendo de un ataque al corazón con 53 años.

Max Scheler.

8.-) Martin Heidegger: La dificultad de relacionarse con el presente sin proyecciones hacia el pasado o presuposiciones de futuro eran para Heidegger el nudo que ataba el ser inauténtico en un existir infecundo que nos hacía incomprensibles para nosotros mismos. El maestro sufrió también la tenaza de la depresión como un componente de la lucha de la Filosofía por ayudarnos a comprendernos en la entraña inextinguible de la vida. El psiquiatra Medard Boss, como recuerda Safranski, a mediados de los años sesenta, encontró en “Ser y tiempo” “puntos de vista fundamentalmente nuevos e inauditos sobre el existir humano y su mundo”, el médico colaboró con “el maestro de Alemania” para desarrollar una visión de apertura al mundo soportando al mundo sin bloqueos de parálisis, el enfermo devora cosas y hombres y es devorado por las cosas y los hombres sin darle la oportunidad a estos a mostrarse en su complejidad presente. En las dislocaciones de la modernidad reconocerá Heidegger una concausa de “el extravío del individuo”.

Martin Heidegger.

Ciertamente hubo otros varios filósofos, que en esta ocasión no podemos analizar que, sufrieron el hiriente y descarnado sol de la visión racional integradora e indagadora desde su penosa circunstancia vital; el conocimiento intelectual y la estabilidad personal en ocasiones no son vasos comunicantes. Pensadores como el profesor catalán de filosofía, Joaquín Xirau especializado en Raimundo LLulio, Husserl, Leibniz y también en el Humanismo Hispánico y autor de un curioso ensayo publicado en 1927 sobre Filosofía y Bilogía, exiliado en México, como consecuencia de nuestra guerra incivil. También el kantiano Manuel García Morente que proyectó finalmente su pensamiento hacia Séneca y el estilo específico de la cultura española. Ambos sufrieron la invasión de las tinieblas que no logró arrebatarles su pasión por la Filosofía

Luis Fernando Torres

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