Guardia de hierro. Hermandad, espíritu de servicio y de sacrificio

En el LXXXIII Aniversario del Martirio del Capitán

«Un héroe lo es en todos sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma»

Thomas Carlyle

“Todas las almas son inmortales, pero las de los justos y héroes son divinas.”

Cicerón

Dentro de unos días (XXX-XI) se cumplirán 83 años del vil asesinato de una de las personalidades más sugestivas del Siglo XX, uno de los líderes más atrayentes de toda aquella «ola de inquietud europea» (José Antonio) que bañó a toda nuestra gran Patria común -Europa- en la etapa de entreguerras, en busca de una identidad perdida después de varios siglos de acelerada decadencia y degradación, aunque muchas veces, justo es reconocerlo, lo hiciera por cauces y derroteros equivocados o incluso abiertamente inspirados por la Subversión; al fin y al cabo se trató de un Movimiento surgido en plena Modernidad y difícilmente podía escapar de ciertas influencias titánico-demoniacas -e incluso demétricas y ginecocráticas- de la misma: hablamos de lo que se ha dado en llamar como «fascismo genérico». Sin duda ante la Legión de San Miguel Arcángel o Guardia de Hierro después, estamos ante un «fascismo» de otro tipo, más bien estamos ante una superación ascendente (en sentido espiritual y metafísico) del mismo.

Corneliu Zelea Codreanu, fundador y líder místico de la Legión de San Miguel Arcángel o Guardia de Hierro, más que el fundador de un movimiento o partido político al uso, fue el promotor e inspirador de una nueva aristocracia, de una nueva nobleza guerrera que se constituiría en el germen de una nueva y total Revolución en todos los órdenes de la vida, al mismo tiempo que en la élite de un futuro Estado Legionario, rabiosamente antidemocrático, férreamente anticomunista, viril, totalista. Una concepción ascético-militar de la vida, de la que también hablaba nuestro José Antonio para su Movimiento, para Codreanu y su nueva «Orden de creyentes y de combatientes» (Julius Evola), era la Norma y la Ley a seguir: “Militia est vita hominis super terram”…

Corneliu Zelea Codreanu, vestido de campesino rumano, inspecciona a los miembros de la Guardia de Hierro, en Rumania, alrededor de 1934.

Todo legionario estaba obligado a obedecer y a respetar algunas leyes que representaban la esencia de la doctrina y del espíritu de aquella maravillosa Orden totalitaria, LAS LEYES FUNDAMENTALES:

-La Ley de la Disciplina.

-La Ley del Trabajo.

-La Ley del Silencio.

-La Ley de la Educación.

-La Ley de la Solidaridad.

-La Ley del Honor.

Evidentemente todas estas «Leyes Fundamentales», hoy en este mundo de podridas democracias y de charlatanería fácil, ordinaria, zafia y vacía, brillan por su más absoluta ausencia; en este mundo lobotomizado que nos impusieron «democráticamente» los tiranos homicidas de 1945 han desaparecido los valores, los principios, los referentes, todo lo más sagrado ha sido profanado y pervertido por esa canalla, y todo ello en aras de una locura mundialista y global plutocrática, que esclaviza a una idiotizada subhumanidad a placer (1).

La completa y radical antítesis entre el Hombre Legionario y el moderno Subhumano Democrático, la vomitiva piltrafa transhumanista de hoy vilmente entregada a los placeres mundanos (2), se resumen en unos cuantos mandamientos extraídos del libro «Manual del Jefe», escrito por el mismo Codreanu, El Capitán:

-El legionario no polemiza con nadie.

-Desprecia a los politicastros y no se deja arrastrar a discutir con ellos.

-Se asemeja a la buena simiente en el corazón del pueblo. Se pregunta a cada instante: ¿qué he hecho en beneficio de la Rumanía Legionaria?

-Se acuerda de los adversarios, enemigos y falsos amigos, y sabrá protegerse de ellos en días futuros.

-Empieza todo trabajo elevando el pensamiento a Dios y le da las gracias una vez terminado.

-Es disciplinado por conciencia y voluntad propia.

-Teme únicamente a Dios, al pecado y al momento en que sus fuerzas físicas y espirituales vengan a menos.

-Ama la muerte porque su sangre servirá para la edificación de la Rumanía Legionaria.

Demostración de la Guardia d Hierro.

Decía el gran Caudillo rumano que, “más allá de la Nación, reconocemos principios eternos e inmutables, en nombre de los cuales debemos estar prestos para combatir para morir y a los que debemos subordinar todo, al menos con la misma decisión con que tomamos nuestro derecho a vivir y defender nuestra vida. La Verdad y el Honor son, por ejemplo, principios metafísicos, que ponemos por encima de nuestra misma nación.”

Corneliu Zelea Codreanu ¡Presente!
¡Fuerza, Honor y Tradición!

Joan Montcau

NOTAS:

(1) Con la llegada del infernal Covidiotismo, la «caída por la pendiente» de la actual pseudocivilización en ruinas parece ya imparable.

(2) El hombre-masa y todo ese descomunal y falso artificio que es el mundo moderno, han caído rendidos a las tentaciones y a las falsas promesas que Jesucristo sufrió -y ante las que no sucumbió-, en el famoso episodio evangélico del desierto por parte del Adversario, del Diablo: TE DARÉ, TE DARÉ… cuando la Victoria de Cristo, de toda concepción tradicional del mundo y del Hombre de la Tradición, radica en el SER y no en el mero TENER o ESTAR

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