Robert Faurisson: Una vida de compromiso por la verdad y por la libertad

“Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni cosa buena que le envidien” Baltasar Gracián

Este 25 de enero se cumplen 93 años del nacimiento del historiador revisionista Robert Faurisson, que nació en Shepperton, Surrey, Reino Unido, el 25 de enero de 1929, de padre francés y de madre escocesa, quien ha sido un conocido escritor y difusor del revisionismo histórico, por lo que fue perseguido judicialmente y atacado físicamente en al menos 10 ocasiones por sus opiniones. El intelectual judío Noam Chomsky defendió el derecho a expresarse de Robert Faurisson del que afirmó que no hay evidencia alguna de que fuera un antisemita, calificativo siempre utilizado para tratar de descalificar a todos los autores revisionistas.

A lo largo de su vida, Robert Faurisson fue profesor en la Universidad de Lyon entre 1974 y 1990, y en la Sorbonne de Paris. Contó con titulación académica como especialista en análisis de documentos y sus trabajos más conocidos se centraron en el período de la Segunda Guerra Mundial. Poseía además un doctorado en Literatura y Ciencias sociales, entre las cuales, en Historia.

El Dr. Robert Faurisson en la 9ª conferencia del RSI.

Robert Faurisson ha sido uno de los más importantes autores revisionistas, por no decir el más importante. Sus “Escritos revisionistas” son 9 volúmenes. Y es preciso decir que ideológicamente era un hombre de izquierdas, cuyos escritos fueron editados por la editorial francesa de izquierdas “La vielle taupe” (“El viejo topo”). Y hay que añadir que su revisionismo histórico no fue negacionismo porque él no negó ninguna verdad ni tampoco fue una apología de ninguna ideología ni de ningún régimen, fue un revisionismo científico.

Todo empezó cuando generó una gran controversia con un artículo publicado en “The Journal of Historical Review”, impreso y distribuido por el Institut for Historical Review (IHR) – www.ihr.org -, con sede en Los Angeles, California, EEUU, que es el principal centro dedicado al revisionismo histórico, y más tarde con un libro sobre los campos de concentración en el III Reich.

Faurisson llega al Palacio de Justicia de París para atender a su juicio por revisionismo en septiembre de 2000.

Publicó también un análisis crítico sobre la autenticidad del Diario de Ana Frank, titulado “The Diary of Anne Frank: Is it Genuine?” (recordemos que hace años ya que la Fundación Ana Frank reconoció que el autor de esta novela fue su padre, Otto Frank, es decir, que se trata de una falsificación literaria por la que ya hubo un juicio por los derechos de autor, y pese a ello se sigue manteniendo como texto de lectura obligatoria en los colegios, también aquí, en España), y también sobre la veracidad de los relatos de Elie Wiesel, con el título “A Prominent False Witness: Elie Wiesel”. Faurisson concluía que la versión oficial de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un efectivo medio propagandístico sionista, en beneficio del Estado de Israel y en perjuicio de Alemania y de Palestina. En palabras de Faurisson: “Forma parte de una misma mentira histórica que ha permitido una gigantesca estafa política y financiera, cuyos principales beneficiarios son el Estado de Israel y el sionismo internacional, y cuyas principales víctimas son el pueblo alemán, pero no sus líderes, y los palestinos en su totalidad”.

El círculo de amistades de Robert Faurisson contaba con destacados revisionistas como el canadiense de origen alemán Ernst Zündel, el sueco Ditlieb Felderer y el marroquí Ahmed Rami.

Robert Faurisson en Italia el 18 mayo de 2007.

En «Escritos revisionistas», Faurisson explicó sus motivos para empezar a interesarse por el revisionismo histórico y las consecuencias que debió enfrentar por ello.  En palabras de Faurison: “El ejemplo de Paul Rssinier me advertía que podía temer graves repercusiones. Pero decidí seguir adelante, ceñirme a una investigación de carácter puramente histórico y publicar el resultado. Elegía además dejarle al adversario eventual la responsabilidad de salir del terreno de la controversia universitaria para emplear los recursos de la coerción y tal vez la violencia física. Esto fue precisamente lo que ocurrió. Utilizando una comparación, podría decir que de alguna manera la frágil puerta del despacho en que redactaba mis escritos revisionistas cedió, un día, súbitamente, bajo la presión de una muchedumbre vociferante de protestatarios… Los descubría de pronto, no tal como los había conocido hasta entonces –es decir como individuos distintos unos de otros–, sino como elementos imposibles de desprender unos de otros, un grupo unido por el odio y (por usar el término que ellos prefieren) la «cólera». Frenéticos, echando espuma por la boca, en un tono que combinaba el gemido y la amenaza, me venían a gritar que mis trabajos los erizaban, que mis conclusiones eran falsas y que tenía que rendir pleitesía a su propia concepción de la historia de la Segunda Guerra Mundial”. (Robert Faurisson. “Escritos Revisionistas” 1974-1998.)

Robert Faurisson, 20 de febrero de 2014, en el Palacio de Justicia de París.

Y las repercusiones para Faurisson empezaron y no terminaron el resto de su vida. En 1983, Faurisson fue multado por las autoridades francesas por decir que «Hitler nunca ordenó ni permitió que nadie fuera asesinado a causa de su raza o religión». Por sus ideas fue apartado de la docencia y de su puesto como analista de textos de la Universidad de Lyon, la cual dio como pretexto el no poder garantizar la seguridad del profesor, aunque posteriormente se le acusó con los supuestos de «falsificar la historia, de difamación e incitación al odio racial». Dichas acusaciones se enmarcan dentro de la legislación «anti-revisionista» europea por las que la cuestión del mal llamado “holocausto” no puede ser debatida públicamente, y cuestionar su historia se considera constitutivo de dichos delitos.

El 16 de septiembre de 1989, Faurisson fue agredido y golpeado brutalmente por tres judíos radicales del grupo «Fils de la mémoire Juive» («Hijos de la memoria judía») causándole graves heridas al ser abordado por los susodichos tres individuos mientras paseaba con su perro en un parque. Después de rociarlo cobardemente con un spray de gas irritante en el rostro, cegándolo temporalmente para impedir que se defendiera, los tres agresores le atacaron a puñetazos y patadas al profesor universitario de 60 años de edad que tenía entonces. Sufrió severas heridas por las cuales tuvo que ser operado en urgencias, incluyendo rotura de mandíbula y una costilla rota. El grupo judío radical reivindicó la responsabilidad del ataque, y en una declaración dijo: «El profesor Faurisson es el primero, pero no será el último. Dejamos advertidos a quienes niegan la Shoah”.  En aquel momento, personalidades y organizaciones prominentes en Francia, junto con el más influyente periódico francés, “Le Monde”, condenaron el ataque. Sin embargo, el judío francés, de “profesión” «caza-nazis» Serge Klarsfeld justificó aquella agresión con estas palabras: «Alguien que ha provocado a la comunidad judía por años debería esperar esta clase de cosas…», «Uno no puede insultar la memoria de las víctimas sin recibir las consecuencias».

Esperando ser llamado a un juicio el 21 de junio de 2016.

Si bien el ataque de septiembre de 1989 contra Faurisson fue el más brutal, no fue el primero ni el último. Entre noviembre de 1978 y mayo de 1993, Faurisson fue agredido físicamente en diez diferentes ocasiones.

También en los años 80, en una ocasión en la que se organizó una conferencia del Profesor Faurrison en la Facultad de Historia de la Universidad Complutense de Madrid, ésta fue desautorizada a última hora por las autoridades académicas de dicha Facultad, y rápidamente los organizadores tuvieron que improvisar en la cercana Facultad de Derecho de la UCM su charla en un aula en un clima de tensión dados los precedentes de agresiones sufridas.

En Estocolmo, Faurisson fue agredido dos veces. El primer ataque fue el 17 de marzo de 1992, y el segundo, el 22 de mayo de 1993, ambos recibieron cobertura mediática y fueron ampliamente reportados en la prensa sueca. El ataque contra Faurisson en París, el 30 de mayo de 1993, fue reportado en “Libération”, (Paris), 1 de junio de 1993.

A pesar de tantas infamias y amenazas contra su vida, el profesor Faurisson continúo defendiendo la verdad histórica.

El 26 de diciembre de 2008, en el Zénith de París, el humorista disidente Dieudonné entregó el premio a la «infrecuencia e insolencia» a Robert Faurisson.

Así, el profesor Robert Faurisson participó en la Conferencia Internacional de Teherán, Irán, los días 11 y 12 de diciembre de 2006. El título de su conferencia fue: “Las víctimas del revisionismo”. Dicha Conferencia tuvo como objetivo defender y ejercer la libertad de expresión que no era posible en ninguno de los países occidentales que hipócritamente dicen defenderla. Fue organizada por el entonces presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad con el propósito de debatir y hablar libremente y de paso poner en evidencia a los falsos profetas de la libertad en Occidente. Por cierto, que a dicha Conferencia asistieron también judíos ortodoxos, por lo que la habitual acusación de “antisemitismo” no tiene mucho sentido. Solo es una treta utilizada siempre por los enemigos de la libertad de expresión. La conferencia del Prof. Faurisson en dicha Conferencia titulada “Las víctimas del revisionismo” fue después editada, también en español. Este documento está dedicado al profesor Mahmoud Ahmadinejad, y a los entonces nuestros presos de conciencia Ernst Zündel, Germar Rudolf y Horst Mahler, el primero de ellos ya fallecido. Y también a Arthur R. Butz, Fred A. Leuchter, Barbara Kulaszka, Ahmed Rami, Gerd Honsik y Heinz Koppe.

Robert Faurisson junto a Mahmoud Ahmadinejad.

Robert Faurisson falleció de un infarto en su casa en Vichy, Francia, el 21 de octubre de 2018, al volver de dar una conferencia en Inglaterra.

Su mayor victoria fue no ceder a ninguna de las agresiones que sufrió. Se mantuvo siempre firme hasta el final.

E.N.

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