¿Un gobierno “social-comunista”?

¿Tenemos realmente un gobierno social-comunista en España?

Decía Joaquin Bochaca, con mucha razón, que “no hay nada más estúpido que la extrema derecha”.

Un ejemplo de esta estupidez intrínseca a la derecha, y más aún a la derecha extrema, lo vemos cuando desde el PP, VOX y los que están a la derecha de VOX califican al actual gobierno de España como “social-comunista”. Parece que no se han enterado esos derechistas y reaccionarios de que el PSOE hace mucho tiempo que dejó de ser socialista. Y parece que tampoco se han enterado de que el comunismo fracasó en todos los países donde se llevó a cabo, y que por ello el comunismo hoy no existe a efectos políticos. El comunismo hoy solo existe en los libros de historia y en los diccionarios.

Pero ya que tanto les obsesiona el fantasma del comunismo veamos cual es la definición del diccionario al respecto….

El diccionario de la RAE define el comunismo así:

“Movimiento y sistema político, desarrollados desde el siglo XIX, basados en la lucha de clases y en la supresión de la propiedad privada de los medios de producción”.

Pregunta: ¿el gobierno actual ha suprimido la propiedad privada de los medios de producción? No parece que haya sucedido tal cosa. Por tanto, no tiene mucho sentido definirlo como “social-comunista”.

Los “podemitas” esgrimen como argumento para justificar su escasa repercusión desde el gobierno al hecho de que no ocupan los ministerios clave en un gobierno, que son Justicia, Interior, Economía y Asuntos Exteriores. Sin embargo, Pablo Iglesias ha sido Vicepresidente del gobierno y responsable desde su Vicepresidencia del gobierno de los Asuntos Sociales. Y actualmente Yolanda Diaz es Vicepresidente del gobierno y Ministra de Trabajo. Si ocupando esos cargos públicos no han sido capaces de llevar a cabo políticas reales más allá del postureo progre es que no se merecen ser llamados no ya “comunistas” sino siquiera “socialistas”.

Yolanda Diaz, Vicepresidente del gobierno y Ministra de Trabajo.

Pero vamos a los hechos y las políticas que desmienten esa definición absurda y demagógica de “social-comunistas”:

Ahora resulta que el gobierno «social-comunista» ha hecho una reforma laboral histórica para los trabajadores. Entiéndase la ironía. No sólo no se han recuperado los derechos laborales perdidos (la indemnización por despido improcedente de 45 días por año trabajado, los salarios de tramitación, ERTEs y EREs con autorización de la autoridad laboral competente, etc.), sino que además han «legitimado» la reforma laboral del PP del 2012. ¿Con qué autoridad moral, cuando gobierne el PP, van a reivindicar dichos derechos laborales perdidos? Por otro lado, los contratos fijos-discontinuos que favorecen a los empresarios y no a los trabajadores, permanecen con esta reforma “light” que ha hecho el gobierno “social-comunista” promovida por una ministra de Trabajo “comunista”, Yolanda Diez, que empezó diciendo que derogarían la reforma laboral del PP del 2012, para después decir que no es posible técnicamente derogar dicha reforma laboral, lo cual es falso porque si es posible derogarla, pero ella no quiere decir que ha dado marcha atrás.

Respecto a la subida del SMI, y pese a que la patronal, y toda la derecha política y económica pronostica un Apocalipsis cada vez que el gobierno sube el SMI, lo cierto es que la última subida a 1000 € ha sido muy por debajo del IPC, y el SMI de España sigue siendo de los más bajos de los Estados miembros de la UE. De todas formas, si se pasaran con estas subidas del SMI sí que terminarán generando paro. Por eso es mejor aumentar los salaros llevando la economía al pleno empleo que hacerlo por decreto, como hace este gobierno, y todos los anteriores.

En cuanto al aumento de la inflación, las dificultades de reorganización de la oferta, de aprovisionamiento, y de encarecimiento de la energía no podían tener otro efecto. Economistas liberales como Daniel Lacalle mienten en este tema de la inflación, pues esta inflación no es resultado únicamente de la creación de dinero (lo que daría lugar a un exceso de demanda) sino del déficit de oferta producto de la pandemia y de las restricciones sobre la producción de energía. Podríamos reducir la demanda para parar la inflación creando menos dinero, pero eso llevaría a una subida de los tipos de interés, a una bajada de la inversión, del PIB, y de la creación de puestos de trabajo, con lo que la masa salarial real bajaría más que con la inflación. Lo curioso es que los economistas liberales abogan por bajar impuestos, lo que aumenta la inflación porque aumenta la renta disponible, y por tanto, la demanda.

Pero más que a la inflación en sí misma, es más de temer la posible reacción de la UE y del BCE, pues en cuanto tengan una excusa, volverán a pedir ajustes y restricciones neoliberales.

Daniel Lacalle.

¿Qué decir del recibo de la luz con subidas históricas con un ministro de Consumo “comunista” tras decir, cuando estaban en la oposición, que iban a poner en su sitio a las compañías eléctricas y que iban a crear una empresa pública de electricidad, o sea lo que ya hizo Franco y que estos no han hecho en el gobierno? Es decir, lo propio de un gobierno demagógico que ha perdido el contacto con la realidad. No han hecho nada de lo que dijeron que iban a hacer en esto tampoco.

Otro tema donde se ve su demagogia y su postureo, pero su falta de soluciones es en la vivienda. En esto también mucho ruido y pocas nueces porque no han regulado el precio del alquiler de la vivienda como prometían, siguiendo el acceso a la vivienda, y en especial al precio del alquiler, algo prohibitivo en todas las grandes ciudades de España. Y estos demagogos que empezaron allá por el 15-M con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, tampoco han terminado con los desahucios ni han solucionado este problema social vital.

La Policía tirando abajo la puerta del edificio de la vivienda de José Manuel y María, un matrimonio octogenario de Carabanchel que ha sido desahuciado ayer día 18 de febrero.

Lo mismo con las casas de apuestas, a las que el ministro “comunista” Garzón dijo que iba a meter en cintura. Más postureo. Solo ha limitado su publicidad, pero nada más, ahí siguen.

Garzón durante un acto conmemorativo del PCE.

Otro tema es el de la inmigración. Han empeorado tanto las condiciones laborales que al final el sistema se ha roto. Si no hubiese inmigración, la crisis se traduciría en una mejora sustancial de las condiciones de trabajo. Pero ahí está la inmigración para mantener los salarios de los trabajadores bajos, que es lo que desea la patronal. Y los progres (que no los comunistas) porque la inmigración no se permitía en ningún país comunista, como tampoco se permitían el homosexualismo, el hembrismo, lobbies como el lobby LGTBI, y demás manifestaciones de la decadencia occidental, y por eso los países del este de Europa se mantienen hoy étnicamente homogéneos, mientras que los países de la Europa occidental tienen ya enormes bolsas de población de millones de inmigrantes extraeuropeos. Y es que la postura contra la inmigración tiene que ser anticapitalista, de lo contrario, se cae en una contradicción dado que la inmigración es un efecto del capitalismo global. Por eso hay que definirse hacia un lado o hacia el otro, y los progres, la falsa izquierda progre, hace tiempo que se ha definido a favor de la inmigración porque no son anticapitalistas. Su ideología, la ideología del inmigracionismo, es la ideología hoy dominante, la ideología de la globalización, la ideología del capitalismo, la ideología burguesa del feminismo y de los derechos humanos.

En política internacional el alineamiento de este gobierno con la UE, USA y la OTAN es de auténtica sumisión perruna, como se ha visto en el conflicto de Ucrania y Rusia. El gobierno progre ha tomado partido por el bando geopolítico del neoliberalismo, que empuja hacia el liberalismo económico, que es también el bando de la globalización, y así han perdido el contacto con la realidad de los perjudicados por la globalización, que son los trabajadores, es decir, la mayoría de la sociedad. Y la parte “podemita” del gobierno no ha planteado en ningún momento la salida de España de las organizaciones supranacionales como la UE, la eurozona o la OTAN, ni poner fin a los acuerdos de servilismo de España hacia los EEUU o a las bases militares yanquis en España. Nada de eso se les ha oído decir ni en voz baja.

Reunión de 20 segundo del Presidente Sánchez con Biden.

Por otro lado, vivimos en un sistema político que llaman “democracia” pero que en realidad es la dictadura de los partidos políticos, es decir, la “partidocracia”.

En España, los ideales, si es que se han tenido antes, se pierden cuando se entra en política y no digamos ya cuando se pisa moqueta y se accede a un puesto en las asambleas locales, en los parlamentos autonómicos o en la Carrera de San Jerónimo. Todo ello sin olvidar, las puertas giratorias, cuando se abandona la política, algo que se sigue dando, como hemos visto recientemente con el “socialista” Antonio Miguel Carmona con su salto a Iberdrola, donde como vicepresidente de dicha entidad, ganará 500.000 € para limpiar la imagen de Iberdrola en España. Muy socialista, sí señor.

Hoy en España, toda persona que forma parte de la clase política (concepto acuñado por el politólogo Gaetano Mosca, y no el concepto de casta política, formulado por un pobre hombre como Pablo Iglesias, que ya es casta también, por lo que digo pobre hombre en su sentido intelectual y moral, pues del económico, ya sabemos cómo le ha ido su paso por la política), es indigna, puesto que sabe de antemano, que si quiere prosperar políticamente, debe obedecer a su elector, esto es, su jefe de partido, y votar lo que le ordenan sin rechistar, asegurándose así, volver a formar parte de las listas electorales. De ahí el nivel intelectual de la referida clase política, que incluso se equivocan de botón al votar.

Vote aquí, da lo mismo…

Del mismo modo que en Derecho Penal, las diversas formas de participación en un ilícito penal son autor, cómplice y encubridor, mutatis mutandis al régimen político español, caracterizado por una corrupción sistémica, los autores serían la referida clase política; por lo que se refiere a los encubridores, serían los medios de comunicación y, finalmente, y no por ello menos importante, los cómplices, la sociedad española, que bien por acción, participando en las votaciones, bien por omisión, al desinteresarse por la política, permite la situación que venimos padeciendo durante más de 40 años de este régimen del 78, que se caracteriza por ser un Estado antinacional, pero ni socialista ni comunista, sino “progresista”, y por tanto, capitalista.

Por lo tanto, este gobierno, al igual que la oposición, son agentes del globalismo y de la globalización, es decir, del capitalismo global, pero no de un comunismo inexistente. Ni comunistas ni socialistas, son progres, es decir, la falsa izquierda progre que da cobertura ideológica al capitalismo global.

Eduardo Núñez

4 comentarios sobre “¿Un gobierno “social-comunista”?

  1. ESTE SISTEMA ES EL QUE ES Y NO ADMITE OTRAS ETIQUETAS

    Efectivamente el Sistema político actual es el promovido y consagrado por la ONU, por la OCDE, el FMI,…., la OTAN, es el que demuestra ser, y ,no otro , con definiciones fuera de lugar. Se trata de un capitalismo global, universal ,dominante y liberal , que rechaza la pluralidad natural y la liberalidad clásica. Implantando una titánica insólita.
    Los comunistas búlgaros expulsaron , a finales de los ochenta, a unos 400.000 turcos, los comunistas de Serbia y de Albania no toleraban un predominio integrista que desmoralizaba los intereses colectivos. Ahora es el progresismo radical y simplón el que , en el mundo entero, nos dice donde están los puntos cardinales. El imperialismo no es necesario, simplemente el predominio del capital internacional que se sirve de todo ,incluso de la informática cuántica, imponiendo lo que debemos creer, buscar o desear.

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  2. Genial y mucha razón

    Ahora en vez de criticar proponer algo tangible al ciudadano. No vale no votar y quedarse en casa fantaseando con el tercer reich. Vivís en el 2022 en una democracia occidental regida por la economía de mercado.

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