La muerte de Carlos (Relato)

En el golpe de mano contra Radionov, ha muerto Carlos y a mí me hirió una esquirla de metralla en la cabeza.

Llegamos a las trincheras rusas y no había nadie, el enemigo se había retirado a segunda línea a través de caminos cubiertos. Después, cuando regresábamos a nuestras posiciones abrieron contra nosotros un intenso fuego de morteros y máquinas. Una ráfaga partió el cráneo a Carlos. Poco después una pequeña esquirla de mortero me hería a mí en la cabeza. Recuerdo que mi sangre goteaba sobre su cuerpo, ya sin vida, mientras centuplicaba mis fuerzas para arrastrarle hasta nuestras posiciones. Las púas de la alambrada me arrancaron la mitad de mi capote y me desgarraron una mano. Allí caí sobre la nieve, sin fuerzas ya, agotado, rabioso, herido y helado, abrazado al cadáver de Carlos, para robarle (¡Dios me perdone!), el último calor que le quedaba…

Por la única calle de Chutinsky, cojos todos por las llagas del hielo, hundidos en la nieve hasta las rodillas, avanzamos penosamente, apretados al ataúd de Carlos. El frío hace brotar las lágrimas de nuestros ojos. Me duele horriblemente la cabeza que llevo vendada como la mano y tengo fiebre. Quiero convencerme de que Carlos no ha muerto, de que ahora le llevamos a una cura de urgencia, o mejor aún, que de nuevo ha vencido en unos campeonatos de natación, como en aquellos del S.E.U. del año pasado en Barcelona y le llevamos en hombros en triunfo deportivo.

…Pero al final de la calle la negra tumba abierta en la tierra helada a fuerza de dinamita, le aguarda cual una novia esperada por él, ya que no deseada, desde el preciso instante en que llegó aquí para enfrentarse al comunismo…

…Ahí queda esta Cruz de madera con su nombre, con su nombre y con su paz. En el cielo, los obuses soviéticos trazan arcos de triunfo sobre ella… ¿Hasta cuándo?…

De regreso ya, me vuelvo a mirar. La pequeña Cruz, con sus brazos extendidos dibuja una falsa sensación de despedida, de vida… Y tengo miedo, si, tengo miedo de que caiga un obús sobre ella y mate esta poca vida de madera que le queda a Carlos.

Octavio Carreras (1953, Revista El Bruch, Barcelona)

Cedido por la publicación en papel HERMANDAD, Boletín de la Hermandad de Combatientes de la División Azul de Barcelona, nº204/2021.

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