Y les llamaron ultraderechistas

Desde hace unos días, en España, se está viviendo una huelga nacional indefinida convocada por la Plataforma en Defensa del Sector del Transporte, convocada con el apoyo de transportistas autónomos y de PYMES que, ante la subida de los carburantes y de la luz, se están viendo al borde de la quiebra. Ante esta situación a la que no pone remedio el gobierno español, les siguen creciendo enanos, pues los ganaderos, agricultores, pesqueros y taxistas, también han empezado sus propias huelgas, a los que se les podrían sumar otros sectores laborales que están empezando a valorar el hacer sus propias huelgas para también demandar soluciones.

Ante estas huelgas, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, una “socialista” de caviar, recientemente se pronunció frente a las cámaras de televisión haciendo las siguientes declaraciones: “La ultraderecha está utilizando la huelga de transportistas, alentando y animando este tipo de propuestas para provocar inestabilidad y, como digo, para hacerle el juego al tirano que ha invadido Ucrania.”

Absolutamente nadie puede llegar a entender como no se le cayó la cara de vergüenza, sobre todo cuando estamos ante tal demostración de necedad. Pero podemos llegar a comprender sus declaraciones, si partimos del hecho en que esta huelga ha sido convocada por un organismo independiente que nada tiene que ver con los sindicatos mayoritarios, es decir, con CCOO y UGT, que son, a fin de cuentas, sindicatos amarillos que dejaron de preocuparse por los derechos de los trabajadores, cuando se preocuparon más por lo llenos que podían llegar a tener sus bolsillos.

Quizá es por esta independencia que tiene la plataforma de transportistas que, la huelga indefinida, no ha sufrido el mismo destino que el resto de las huelgas que se han dado en las últimas décadas en España, que se celebraban en días un tanto absurdos y sin una ruta demasiado clara, y que, por supuesto, siempre tenían una duración máxima de 48 horas, puesto que tanto CCOO, como UGT, llegaban a acuerdos con el gobierno de turno sin tener en cuenta si se cumplían los deseos de los trabajadores o no.

No hay que olvidar que, mientras en Francia y otros países, los sindicatos como la CGT, por lo menos, han hecho el paripé de ponerse del lado de los trabajadores e incluso alzan la voz ante las injusticias. Aquí, en cambio, CCOO y UGT han aplaudido cada una de las medidas del gobierno español, independientemente de lo perjudiciales que pudieran ser para el pueblo. Y a uno, no le queda más que pensar que quizá, los Rolex les deslumbran y no les permiten ver los problemas del pueblo español o, puede que haya tenido algo que ver que, ahora, los sindicatos reciban un 18,33% más en subvenciones, una medida que fue aprobada 3 días después de convocarse la huelga indefinida de transportistas.

Lo positivo de esto, es que parece que las personas empiezan a reaccionar y se dan cuenta que los sindicatos alineados con el sistema son también enemigos de los trabajadores. Solo hay que ver el ridículo reciente de CCOO y UGT que, tras rechazar cualquier solidaridad con las huelgas recientes, convocaron una manifestación el día 23 de marzo -no fuera que se les viera demasiado el plumero- contra la subida de los precios y tan solo reunió alrededor de 500 personas (muchas de ellas, por supuesto, de la alta esfera de los sindicatos).

El trabajador con la nación, el burgués y parasito contra ella.

Independientemente de ello, el comodín de la “ultraderecha” fue lanzado por la señora ministra, esperando que los sectores obreros no secundaran las protestas de los transportistas y tampoco las del campo. Es posible que lo creyera necesario, como las falsas “alertas antifascistas”, para que el pueblo siempre esté vigilante ante los enemigos del liberalismo. Pero lo cierto es que hoy por hoy, no existe una solidaridad entre trabajadores y, mucho menos, vemos a una juventud activa y dinámica que sea capaz de librarse de las cadenas del nihilismo y el hedonismo posmoderno, de lo contrario, las calles hace mucho que estarían ardiendo, no solo por el desempleo entre los jóvenes, sino en solidaridad por la situación de nuestros mayores.

En cualquier caso, palabras como “ultraderecha”, “extrema derecha”, “nazi”, etc., son algunas palabras que alguna vez significaron algo, pero hoy, han perdido todo su valor y su sentido, especialmente cuando vivimos en tiempos en que se usan sin ton ni son y que, por si no fuera poco, pese a no vivir en el oscurantismo, reina la mediocridad y se refuerza debido a la constante sobreinformación que recibe nuestro pueblo y que fomenta la ignorancia.

Quizá estas palabras si sigan teniendo algún valor o significado para alguien cuando la emplea para descalificar o insultar, pero estas palabras, no se han convertido en otra cosa que, en un comodín utilizado por aquellos que, debido a su incapacidad intelectual, no pueden rebatir a su enemigo.

El colmo de esta cuestión no es si realmente estas protestas están dirigidas por ultraderechistas, como dicen ellos en un intento vago para desviar la atención del auténtico problema, sino que este reside en cómo puede ser que sea la ultraderecha la que hoy esté al lado del pueblo y no los socialistas, que teóricamente deberían estar apoyando la causa de los trabajadores españoles, en vez de centrarse en las minorías. Y es que no nos queda otra que darle la razón al sindicalista Jacques Julliard, cuando decía que “la izquierda quería cambiar radicalmente el proletariado, simplemente porque el antiguo les había decepcionado con su conservadurismo. Por ello, apostó todo a los inmigrantes, a quienes decidió convertir en un proletariado alternativo.”

Hoy, como ayer, a los liberales nunca les interesó el proletariado, pero resulta decepcionante como incluso a los socialistas tampoco les preocupa, pues aun siendo los proletarios acordes al espíritu “progresista” que ha corrompido Europa, los seguirán ignorando, pues puede que llegue el día en que reaccionen, en que su llama se encienda y reconquisten el viejo continente.

El abandono de los trabajadores no es casual, es una consecuencia de ceder ante la socialdemocracia.

Por otro lado, debo decir que no nos queda otra que admitir que, en la historia de España, jamás un gobierno había hecho gala de su ignorancia como lo está haciendo este gobierno. Y eso que todos los anteriores, sin excepción, fueran del PP, del PSOE u otros, tampoco es que estuvieran compuestos precisamente de personas muy perspicaces. Puede que el motivo sea porque consideren al pueblo español como un pueblo de personas más ignorantes de las que hay en el gobierno. Y quizá sea cierto que crean que esto es así, pues nos ayudaría a entender como puede ser que intenten vendernos la pantomima de que Rusia es la culpable de todas las desgracias recientes que está viviendo España.

Es decir, nadie en su sano juicio puede llegar a explicarse como puede ser que en Alemania, los Países Bajos, Francia u otros países, la luz y el gas solamente han subido casi el doble de su precio normal a causa de la guerra ruso-ucraniana, mientras que, en España, casi hemos cuadruplicado el precio de estos, pese a que, por ejemplo, el gas que recibe España, solamente en un 10,7% era de origen ruso, siendo Argelia nuestro mayor importador de gas, quien nos trae algo más del 33% (datos de finales de 2021). Resulta realmente inverosímil que, en Alemania, donde Rusia importa la mayor parte de su gas, este no ha subido tanto como en nuestro país, donde los precios se han disparado y no parece que vayan a caer.

Lo mismo ocurre con la luz. Donde nadie entiende como puede ser que siga vigente el sistema marginalista para calcular el precio de la luz. Es decir, si España genera luz mediante las energías renovables y las centrales nucleares, la luz nos podría salir muy barata, aunque no estuviéramos generando el 100% de lo que consumimos. Pero en cambio, si entra en cualquier momento, aunque sea un 0,01% de gas para generar luz, se dispara el precio varias veces, porque el precio de generar luz con gas pasaría a marcar el precio de la luz, provenga de donde provenga.

Solo se podría entender la subida del precio del gas si Argelia dejara de exportarnos gas, lo cual podría ser una realidad próximamente si tenemos en cuenta las jugadas del presidente Pedro Sánchez con Mohammed VI, no solo ya por la traición al Sahara, sino, sobre todo por su plan de redirigir el gas argelino hacía Marruecos. Pero creo que la explicación más plausible para todo esto en este momento, es que existen unos impuestos abusivos, así como unas puertas giratorias por las que no solamente entran políticos, sino que también entran maletines llenos de billetes, eso, por no hablar de la cancha que le dan al gran capital para actuar como vea conveniente, por ejemplo, generando grandes beneficios con las tarifas de la luz que, en todo caso, debería ser un recurso controlado por el gobierno.

No es necesario hacer un gran análisis para comprobar que el problema lo tenemos en casa, y no es otro que la corrupción del capitalismo, una corrupción que nos perjudica a todos y en la que nos deberíamos centrar todos los ciudadanos españoles. Pues quien piense que detrás de nuestros problemas está Rusia, o quien considere que VOX es un partido que le baila el agua a Putin, cuando desde el primer minuto se posicionaron a favor de Ucrania y del atlantismo, quizá debería ver las cosas con más perspectiva y replantearse si aquello que le cuentan es tan cierto como creía.

Pedro Sánchez con Mohammed VI.

Habrá quien leyendo estas líneas se planteará si él puede hacer algo ante esta situación. Y yo le aseguro que sí, pues si todos los trabajadores nos solidarizamos, tarde o temprano encontraremos el camino para que nuestras demandas sean escuchadas. Quizá no cambiemos el sistema en los próximos años, pero podríamos conseguir grandes avances si todos colaboramos en establecer una alternativa. Olvidémonos de las utopías, del egoísmo y de creer que esto simplemente es pasajero, la inestabilidad ha vuelto a Europa y es para quedarse, y solo la unidad entre trabajadores podrá revertir la situación y para ello, debemos empezar a trabajar en ello desde ya mismo.

Y a los jóvenes militantes, activistas revolucionarios que hoy me leen, los animo a llevar acciones de agitación entre trabajadores, en hacer consciente al pueblo de los problemas nacionales y locales, pues pese a nuestra marginalidad, siempre tendremos en nuestras manos la posibilidad de realizar acciones por pequeñas que sean. Pero acciones que realmente puedan atraer al pueblo, centrándonos en problemas reales que vivimos en nuestras casas, en nuestros barrios y ciudades. Formémonos, seamos guías y ejemplos y agitemos a las masas, apoyemos las huelgas y las protestas que hoy siguen vigentes y las que vendrán, pues de esta manera encontraremos nueva sangre que revitalizará nuestras filas.

Christian Revolutionarii

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