¿Existe la geopolítica en España?

Hoy parece que la geopolítica está en todas partes, un análisis de los movimientos de los poderes facticos, una idea de la que escritores actuales como Pedro Baños o Aleksandr Dugin nos han hablado extensamente y que ha recobrado su importancia debido a que, este mundo que parecía unipolar empieza a resquebrajarse y parece que se dirige a una bipolarización del poder mundial.

No se malinterprete esto, pues, aunque ha sido Rusia quien ha conseguido tal efecto, no por ello debemos pensar que vaya a haber un enfrentamiento entre dos tendencias políticas, como ocurrió en la Guerra Fría entre capitalistas y comunistas. Pues no debemos olvidar que el gobierno ruso, forma parte del sistema al que nosotros combatimos. Y aunque una parte de la sociedad rusa aún conserva ciertos elementos positivos heredados del comunismo, como el sentimiento nacional-comunitario, la combatividad o, incluso, el respeto a la tradición, el resto de la sociedad rusa no es más que un esperpento parecido al que tenemos en la Europa Occidental.

Drogas, libertinaje, la mafia, entre otros síntomas de decadencia son el pan de cada día y, como apunta la disidencia rusa, no disminuyen. Y son estos, los nacionalistas y los comunistas, quienes los combaten en las calles, mientras Putin, quien dice llevar a cabo políticas para sanear el país, realmente parece que solo decreta medidas en papel mojado, solo tenemos que ver los años que lleva en el poder y como la sociedad rusa no ha dado un gran cambio, sino que, ha conseguido frenar el crecimiento de la oposición.

El Coronel Pedro Baños.

Por ello, no nos encontramos en un enfrentamiento entre dos cosmovisiones, sino un enfrentamiento entre intereses capitalistas de distinta índole, pues en Rusia no existe nada parecido a lo que fue el histórico Frente de Salvación Nacional, siendo Nueva Rusia el proyecto que más se aproxima a esa concepción.

Pero si hay algo que debamos reconocerle a Rusia, es que ha abierto la posibilidad a que otros se unan a la ruptura del unipolarismo, ya sea por un verdadero sentimiento antisistema o bien por oportunismo. El oso ruso con tan solo un zarpazo ha defendido sus intereses frente a la OTAN, posicionándose internacionalmente como la cara opuesta al atlantismo. Una jugada magistral, puesto que ha dado la sensación de que la OTAN no es capaz de realizar ninguna acción contra una verdadera superpotencia, a menos que consideremos preocupante la marcha de Rusia de marcas internacionales como Meta, Pornhub, McDonald’s, entre otras multinacionales que, básicamente, se dedicaban a recopilar datos y/o corromper la sociedad.

Los clientes soviéticos hacen cola fuera del primer McDonald’s recién inaugurado en la Unión Soviética el 31 de enero de 1990 en la Plaza Pushkin de Moscú.

Un conflicto que solamente ha perjudicado a Europa, pues su instigador, EE.UU., quería aprovechar la ausencia de los recursos rusos y ucranianos en el mercado europeo para su propio beneficio, vendiendo sus productos e intentando recuperar parte de su influencia que se ha visto mermada por la influencia comercial de China, especialmente en Latinoamérica y en África. Pero, aunque EE.UU. ha conseguido sus beneficios, el verdadero ganador ha sido Rusia, quien ya ha anunciado que exigirá el pago de sus hidrocarburos con rublos, además de encontrarse con un nuevo horizonte diplomático.

El mundo está viviendo un proceso de cambio y es que, desde que se inició el conflicto, países como Irán, Siria o Corea del Norte, no se han contenido a la hora de plantar cara a las potencias hegemónicas, algo parecido a lo que está ocurriendo en Palestina, donde parece que se cultiva una nueva intifada. Otro ejemplo de esto sería el caso de Mohamed bin Salmán, príncipe heredero de Arabia Saudí y, quien seguramente por oportunismo, hace un mes declaró en The Atlantic, que tiene intenciones de reducir sus inversiones en EE.UU., apostando por las inversiones chinas y, a la vez, insinuó que está abierto a una relación cordial con Irán.

En cambio, parece que Europa no va a ser partícipe de estos cambios. Si bien es cierto que Macron resucitó el discurso sobre la necesidad de crear una superpotencia europea, no es menos cierto que esto no fue más que un panfleto y, en definitiva, palabras vacías. Un discurso que ha sido robado de los nacionalistas y socialistas europeos, con la intención de anular el auténtico europeísmo, haciendo creer que existe un proyecto futuro en la UE, para convencer a las inocentes masas que siguen fieles al liberalismo a esta falsa unión. Pero por más que digan, lo cierto es que Europa depende cada vez más de China y del Tío Sam, incluso, entre aquellos gobiernos contrarios a esta unión mercantilista, como el caso polaco, quien no duda en vender su alma a los yanquis por su rencor hacía Rusia.

España no es diferente, ni siquiera parece que tengamos un panfleto geopolítico con el que marear la perdiz. Un servidor se atrevería a decir que, en España, nuestra clase política y sus “expertos”, ni siquiera entienden de estas cuestiones, siendo en caso contrario, que entiendan de geopolítica como el presidente de Canadá, Justin Trudeau, es decir, traicionar a su pueblo y vender la patria al peor postor, para luego posar en televisión y decir que han hecho lo correcto entre los aplausos de sus figurantes y los burgueses de turno.

Justin Trudeau junto con Benjamin Netanyahu.

Y es que, mientras nuestro país centra la mirada en el conflicto ruso-ucraniano, nosotros seguimos perdiendo soberanía y debilitándonos, una situación de la que saca provecho nuestro vecino del sur, Marruecos, quien inteligentemente en los últimos años ha mejorado su posición internacional y ha conseguido que EE.UU. e Israel le apoyen, algo que quizá sorprenda a los patriotas de pulsera que no comprenden que, sus admirados aliados, no entienden de lealtades, sino de beneficios.

En cambio, nosotros cada día somos más débiles, un continuó que viene de lejos, pero que en estos años se ha acelerado a toda velocidad. No es solamente que en el ámbito nacional se haya deteriorado todo hasta un punto nunca visto, sino que, en el internacional, ahora mismo España es más insignificante que un peón en el tablero de ajedrez.

Pedro Sánchez y el rey Mohamed VI de Marruecos en un encuentro celebrado en 2018.

Nos hemos convertido en los bufones de Mohamed VI, por la gracia y gloria de Pedro Sánchez, con la complicidad de los anteriores gobiernos. Y es que, a los ciudadanos españoles nos debería resultar inverosímil que, en lo que va del año 2022, le hemos concebido los siguientes deseos al monarca marroquí:

  • Redirigir el gas argelino a Marruecos, siendo conocedores de las tensiones entre ambos países.
  • Justificar la presencia de drones militares cerca de nuestra frontera que, además, seguramente sean de fabricación española, pues llevamos armando a Marruecos desde el 1991.
  • Hemos dado el visto bueno a la construcción de una base militar a tan solo 40km de la frontera con Melilla.
  • Traicionando por segunda vez a los saharauis, nuestro gobierno también ha dado el visto bueno a la invasión definitiva del Sáhara Occidental.

Podríamos seguir, que nadie lo dude, pero creo que no es necesario seguir con la lista, solo con esto se evidencia nuestra incompetencia, la cual nos empieza a pasar factura, pues el precio del gas argelino solo aumentará de precio en España, en el resto de los países, no.

Habrá quien diga que este es el camino que debemos tomar para tener buenas relaciones con Marruecos, que es el mejor para evitar un conflicto. Pero seamos sinceros, Marruecos es el abusón del colegio y nosotros el introvertido y, hasta que no le plantemos cara, no nos dejará en paz. Debemos ser conscientes de que, hoy por hoy, un conflicto con Marruecos es más que probable, pues hemos mostrado nuestras vergüenzas y el perro que hasta ahora solo ladraba, ahora huele nuestra debilidad.

Una de tantas veces que Marruecos ha presionado a España mediante presión en la frontera.

No podemos dar marcha atrás y cambiar las decisiones de nuestros políticos, sin embargo, España aún está a tiempo de cambiar el rumbo de sus políticas, recuperando con ello su relevancia internacional, a la vez que podría volver a ser un orgullo para sus ciudadanos. Pero para ello, es preciso que empecemos a reconsiderar conceptos tan básicos como el europeísmo, el hispanismo y el futuro de nuestra diplomacia.

Pocas son las personas que hoy comprenden el verdadero significado de estos conceptos, por no hablar de que los hay quienes los enfocan de manera errónea, sin sacarles el máximo provecho. Por ejemplo, en España, desde que ganó el referéndum el Brexit, existe un sentimiento general de rechazó hacía la UE, creyendo que, con tal de salirnos de ella, nuestros problemas ya estarían solucionados, pero nada más lejos de la realidad, nadie ha pensado en sus consecuencias y, mucho menos, ninguno de los defensores de la salida de la UE ha propuesto soluciones plausibles a nuestros problemas presentes y futuros ante nuestra salida.

Ni siquiera podríamos decir que se hayan parado a pensar que, lo que más nos conviene a los españoles no es salirnos de la UE, sino aprovechar las estructuras ya existentes y dirigir nuestros esfuerzos diplomáticos en Europa para tejer una red de relaciones cordiales con los movimientos europeos que pretendan establecer una Europa alternativa, una Europa de los pueblos, lejos del egoísmo y el globalismo, un nuevo “Intermarium” que quizá podría encontrar su inició si Polonia y Hungría estuvieran dispuestas a ello.

No es baladí decir que el futuro de España pasa por su integración en ese Imperio Europeo. Hablamos de un verdadero europeísmo, nacido del corazón de los románticos europeos, tanto nacionalistas como socialistas, en busca de esa fraternidad entre hermanos europeos que rompiera con las barreras que durante siglos nos habían separado. La formación de un socialismo europeo, un imperio generador, que una a pueblos de distintas culturas, pero un mismo origen racial, con el que se pueda hacer frente a todos los problemas internos y a las amenazas externas.

Europa.

Obviamente no todo el mundo compraría este discurso, ni comprenderá esta necesidad, pues aún existe quien no entiende que el mundo de hoy se mueve por las superpotencias, mientras que ellos siguen encallados en el revanchismo histórico, guardando un rencor eterno hacía países como Francia o Inglaterra, incapaces de superar nuestra historia -que no han tenido que llegar a vivir- en pro de la prosperidad de nuestros pueblos. Por no hablar de quienes argumentan que Europa nos odia, citando generalmente el discurso de los políticos liberales que han criticado duramente a los países PIIGS, mientras que ellos defienden la unidad con Latinoamérica, un continente que sin duda sí debe apreciarnos.

El hispanismo, una causa irredentista española, a veces chovinista, en otras ocasiones no, donde se sueña con recuperar nuestro Imperio. Pero la muerte del Imperio Español fue una muerte anunciada, desde el mismo momento en que la Casa de Borbón tomó posesión de nuestro Reino, y no podemos ignorar a estas alturas que, por más que existan grupúsculos a favor de la unidad hispana, la etnogénesis que se ha dado entre los europeos residentes en América es una realidad, además de que los pueblos amerindios soñaron y merecen su libertad y conservar su propiedad identidad.

No quisiera insinuar con estas palabras que debemos desechar la idea del hispanismo, sino que, debemos reformular este concepto, desligando el hispanismo del universalismo tan próximo al globalismo en nuestros tiempos, y darle un nuevo enfoque, un enfoque donde podemos admirar nuestro pasado, donde podemos apreciar nuestros vínculos con Latinoamérica, donde todos podemos reivindicar nuestra identidad y podemos respetar nuestros espacios vitales, pero sobre todo, donde todos los hispanohablantes deberíamos aprovechar la existencia de la Cumbre Iberoamericana para mejorar nuestras relaciones diplomáticas, especialmente España, quien debería enfocarse en mostrar interés por los amerindios y los criollos, en la búsqueda para formar una mancomunidad supeditada al beneficio y la protección mutua, permitiendo reforzar nuestras naciones, alejándolas de las influencias angloamericana y la china.

Nada de esto sería como coser y cantar, es un camino difícil, que se entromete en los intereses de China y EE.UU., pero son movimientos necesarios, movimientos que debe llevar a cabo un gobierno fuerte y prosperó, que también haya sido capaz de superar algunos de sus problemas nacionales, como los egoísmos regionales y el centralismo, los problemas de los trabajadores, la caótica juventud o aproximarse a Portugal para formalizar una unión.

Pero ese gobierno, sobre todo tendría un problema a las entradas de nuestro país y ese problema se llama Marruecos, un país con que las buenas formas ya no tienen lugar, pues después de todos estos años, solo ha hecho que traicionar nuestra confianza, sumado a que ni siquiera sus vecinos confían realmente en él. Debemos ser más inteligentes que Marruecos, debemos considerar y optar por el fortalecimiento de nuestro país y el debilitamiento de Marruecos para evitar un conflicto armado entre ambas naciones. No hablamos solamente de tener un cuerpo diplomático capacitado y que posea una determinación que hasta ahora no han tenido nuestros diplomáticos y políticos, sino que, debemos finalizar la venta de equipamiento policial y militar a Marruecos, debemos cerrar nuestras fronteras con ellos y cancelar nuestros acuerdos comerciales.

España debe tomar medidas drásticas contra Marruecos, pero debe ser a su vez, precavida, pues Marruecos juega con ventaja a estas alturas. Es por ello por lo que no debería ser descabellado que pensemos en una relación cordial con Argelia, no solamente por los futuros acuerdos comerciales que podamos tener, sino porque el gobierno argelino no nos ha supuesto un problema hasta la fecha, además de que sería un potencial aliado en caso de entrar en conflicto con los marroquíes. Y si hablamos de recursos, Argelia nos podría proporcionar el gas suficiente para suplir la escasez de gas ruso en Europa, mejorando de paso nuestra interconectividad con países como Francia e Italia.

Tampoco podemos ignorar que España necesita tener una pequeña autarquía para los tiempos de crisis, ya no hablamos de potenciar nuestro sector primario y secundario por encima del terciario, sino que, podríamos volver a aprovecharnos de los recursos naturales de los que disponemos, como el carbón. También contamos con posibles reservas de hidrocarburos en el Golfo de Valencia y en el de Vizcaya, que no han sido prospeccionados por la interferencia de las ONG y los intereses estadounidenses. Además, deberíamos recuperar nuestras aguas canarias, que han sido tomadas por Marruecos con la pasividad de nuestro gobierno, pese a que estas aguas albergan hidrocarburos y grandes cantidades de cobalto, entre otros materiales, necesarios para la construcción de motores eléctricos y otros usos.

Situación en la que quedarían las aguas compartidas por Marruecos y España con últimas leyes que el Parlamento de Rabat aprobó. El conflicto parte del hecho de que la ampliación de la soberanía marítima marroquí afecta a las aguas canarias.

Por encima del europeísmo y el hispanismo, aquí encontraríamos una mayor resistencia al entrar en conflicto, no solo con los intereses marroquíes, sino con los de Estados Unidos e Israel, quien apoyan a nuestro vecino y han negociado con Mohamed VI para la prospección de esos recursos, como la empresa Ratio Petroleum, que ya tiene contratada la prospección en aguas canarias. Esto nos hace tener que andar con pies de plomo, vigilando que nuestras acciones no nos lleven a dar un paso en falso, por ello, debemos debilitar a Marruecos.

Pese a todo lo que podamos hacer, siempre llegará un punto en que Marruecos nos vaya a chantajear con la entrada de miles de inmigrantes ilegales, también nos amenazaran con maniobras militares, haciendo llamamientos a los ciudadanos marroquíes que residen en España, etc., nada de esto nos debería sorprender. Sin ir más lejos, recientemente Abderrahim Manar Slimi, presidente del Centro Atlántico de Estudios Estratégicos y Análisis de Seguridad, dijo en la televisión marroquí que “es cuestión de tiempo” que Ceuta y Melilla sean marroquíes.

Quien debe sorprender en estas relaciones somos nosotros. Debemos valorar la posibilidad de crear un protectorado rifeño en Ceuta y Melilla, que nos pudiera servir de muro de contención ante el chantaje marroquí, a la vez que podríamos apoyar la oposición a Mohamed VI en el norte. Una idea polémica, soy consciente de ello, pero que podría sernos de utilidad para otras cuestiones, como la creación de un centro de operaciones que nos sirviera para plantar la semilla de la discordia y que generé la revolución que algunos bereberes desean. Por no hablar de que nos ganaríamos el favor y el respeto de un gobierno dispuesto a colaborar enteramente con nosotros.

Tampoco debemos olvidar al Frente Polisario, quien tiene una causa digna entre manos y al que podríamos apoyar logísticamente como estamos haciendo con Ucrania, creando la desestabilización al sur del país, dando la posibilidad a los saharauis de conseguir su independencia, corrigiendo el fatal error que nosotros no hemos querido, pero que sí ha sido designado por nuestros canallas democráticos.

Los delegados que participaron en el XV Congreso del Frente Polisario.

Soy consciente de que esto son solamente apuntes de aquellas opciones que tiene España a nivel geopolítico. Apuntes que no serían fáciles de llevar a cabo, pero que, como ya he dicho anteriormente, son más realistas y positivos que todos los proyectos de nuestros gobiernos hasta la fecha. No solamente en beneficio de nuestra raza, sino de nuestro pueblo y de aquellos que no tienen la culpa de lo que hacen sus gobiernos.

Un servidor cree seriamente que se debe tener en cuenta la perspectiva internacional aquí mostrada, pues el futuro de España es negro hoy, pero nuestra patria puede volver a tener un gran futuro, puede volver a brillar por su gloria, pero eso solo puede darse si nosotros estamos verdaderamente dispuestos a defenderla, seamos catalanes, castellanos, vascos o incluso portugueses, que como decía Luís de Camões “hablad de castellanos y de portugueses, porque españoles somos todos.”

Christian Revolutionarii

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