Nativo holgazán, inmigrante diligente

Es preocupante el alto porcentaje de parados nativos que tiene España y, por otro lado, la cantidad de puestos de trabajo que cubren los inmigrantes en nuestro país.

Para algunos empresarios la explicación es que el español, por un lado, ha perdido las ganas de esforzarse y por otro, no quiere ciertos trabajos que considera indignos como la recogida de frutas y hortalizas en el campo, las labores domésticas o cuidados de personas mayores, que son la mayoría de los oficios que ocupan personas extranjeras existiendo tantos parados nativos desocupados.

Es cierto que favorecer ayudas mensuales por parte del gobierno y la desaparición de las oficinas estatales dedicadas a la búsqueda de empleo, han contribuido al desanimo general. La prioridad no debe ser la aportación económica si no la generación de empleo. Las oficinas de Labora y del Sepe se dedican a organizar cursos, que no llegan a todos y al reparto de ayudas, sin la preocupación de su principal función, la intermediación entre empresarios y parados. Hace unos años, el rechazo de tres proposiciones de empleo significaba la pérdida de la prestación, hoy en día, este proceso no existe, ya que no te convocan ni una sola vez. Si estas ayudas las reciben tanto españoles como extranjeros, en teoría, ninguno debería tener ánimo suficiente para madrugar, así que debe haber puntos que no se tienen en cuenta a la hora de definir al español de vago.

Por una parte, están las personas ilegales, no tienen documentación y son la mayoría de los que aceptan trabajar sin contrato y con pésimas condiciones, lo que no considera ningún español. Además de empresarios sin escrúpulos, están los particulares, que no quieren pagar un salario conforme a la legalidad ni dar el alta en la seguridad social, por los gastos que acarrea.

Las personas que entran en nuestro país se encuentran sin un trabajo para subsistir y aceptan estos puestos por necesidad. El español también está necesitado, pero tiene familia, amigos y no se ve en estado de abandono, por lo que no participa de estas ilegalidades, además de que al formar parte de la comunidad, teme las posibles sanciones.

Por miedo a inspecciones de trabajo, muchos empresarios firman contratos con extranjeros que son los mismos que para los españoles, pero con un salario menor, un puesto no acorde a la realidad etc. Y otro detalle que les favorece es que el inmigrante, no denuncia abusos ni irregularidades, va a aceptar las condiciones, no tiende a reclamar sus derechos, no va a participar en huelgas, no va a cursar bajas, en líneas generales es un trabajador sumiso.

«muchos empresarios firman contratos con extranjeros que son los mismos que para los españoles, pero con un salario menor, un puesto no acorde a la realidad etc.»

En el caso de la recolección de fruta se ve el ejemplo más claro que refleja que el español prefiere ir a otro país que recoger fruta en el suyo propio, luego no es por la dureza del campo, si no por las condiciones laborales.

Existe una clara intención por parte del gobierno de crear este tipo de idea que favorece y apoya a la inmigración, con el objetivo de búsqueda de futuros votos y culpar al ciudadano nativo de no poder pagar pensiones porque en realidad es un holgazán. La predilección por mano de obra extranjera no es por motivos humanitarios ni productivos, es un método para, a la larga, devaluar salarios, reducir derechos… lo que interesa a los empresarios, la ley de la oferta y la demanda.

En épocas de bonanza los trabajadores optan por puestos mejores, ascensos y salarios más altos, pero en los duros años de crisis, el español también se conforma con las oportunidades que surgen, todos conocemos a licenciados trabajando de camareros, dependientes…. Por lo que ni con carrera ni sin ella se quedan en casa a la espera del bono social.

Un ejemplo es el juicio de UGT Fica que denuncia que el convenio cerrado con los empresarios no cumple el salario mínimo, de hecho, se ha obligado a los empresarios a que hagan una oferta pública a través de la SAE antes de contratar a mujeres marroquíes. El alojamiento que se les facilita es indeseable, a la tercera temporada de contrato a las mismas personas, deben acordar hacerlos fijos discontinuos y lo esquivan no fidelizando, para ello, buscan un perfil muy concreto de mujer joven con carga familiar, así se aseguran de que vuelvan a su país y tener la opción de no renovar. Cuando llegan a una edad tampoco las vuelven a contratar, todos los años deben pasar por el mismo proceso, lo que va en contra del convenio.

Muchos contratos se realizan en diciembre para empezar en marzo, por lo que el compromiso de los inmigrantes es más factible, ya que el español considera la posibilidad de que en estos meses puede encontrar un puesto más seguro, su decisión es más problemática, por no contar las largas colas de personas extranjeras que ven la posibilidad de ganar hasta 7 veces su salario en su país. Si hablamos de condiciones el tema empeora, no se les paga la gasolina del desplazamiento al campo, tienen jornadas de lunes a lunes, sin retribuir festivos, horas extra etc. y si necesitan una baja por enfermedad les dan de baja en la seguridad social.

6.500 temporeras contratadas al día.

El ministerio facilita al empresario el empleo al extranjero mientras que al español se lo complica con un nuevo y complejo sistema de difícil acceso “La plataforma de Gestión de empleo agrario”, un sistema telemático que ha sido cuestionado porque se tiene que estar familiarizado con el ámbito digital o sencillamente se desconoce este medio.

Por tener en cuenta la postura del empresario del campo, diré a su favor que los intermediarios no pagan con justicia, son conocidas las familias que constan en el listado de millonarios a costa de mal pagar los kilos de fruta y verdura. Debemos ser todos conscientes del problema general del campo y saber que si el kilo de fresa (por poner un ejemplo) debe salir a la venta con un precio mucho más elevado, debemos de aceptarlo, aunque deje de ser accesible para todos. No hay más remedio que considerar que el consumismo sin freno es lamentable y perjudicial para la sociedad, hablemos de fruta, ropa o dispositivos móviles.

En este mismo camino y con los mismos objetivos, el Ministerio de trabajo junto con Anapec (Organismo público marroquí) han organizado un programa de formación para impartir cursos gratuitos después de la jornada laboral a los inmigrantes para que puedan ser emprendedores si vuelven a su país y si vuelven, con ayudas económicas posteriores. Una buena idea para seguir atrayendo a personas y no invertir en las que ya están aquí.

Anapec.

La unión de empresarios y gobierno para su exclusivo interés lo refleja el ministro de Inclusión José Luis Escrivá que planea incorporar a miles de trabajadores extranjeros en el mercado laboral, con el compromiso de agilizar los expedientes. Este ministerio ha puesto en marcha una reforma para que los inmigrantes que entren en España puedan trabajar legalmente. En un solo mes el cambio de reglamento de extranjería lleva a más de 4.500 jóvenes a solicitar permisos de trabajo y residencia (de los que 1.500 son menores de edad), además de que pueden conseguir hacer prácticas remuneradas (lo que es un milagro para un graduado español). Uno de los empresarios que se ha decidido ha sido Borja Zárraga del grupo vasco Haizena Wind, que en una entrevista para el periódico El País del día 2 de enero de este año, declaraba que “le resultaba muy difícil encontrar jóvenes vascos con hambre de trabajo y es de admirar el ánimo de estos chicos, vengan de donde vengan”, dejando clara la holgazanería de la juventud vasca.

Alex Aguirre, otro ejemplo de empresario entusiasmado que comenta para el mismo periódico que “esto es justamente lo que necesitamos, gente que se implique y ponga todo de su parte y no creas que es fácil de encontrar”.

Los jóvenes españoles, por lo visto, son la vaguería personificada, indeseables que merecen esta patente discriminación.

Así el Consejo de ministros aprobó el cambio del reglamento de la ley de extranjería que elimina barreras que impedían trabajar legalmente a menores extranjeros que han migrado solos. Unos 15.000 chavales entre 16 y 23 años ya tienen su solicitud, con el apoyo del empresario español.

Primer contrato de menores en 2022.

Aprovecharse de la necesidad de un trabajador para imponer condiciones laborales es constitutivo de delito.

La lealtad, tan necesaria para cualquier relación, incluida la laboral, está en vías de desaparecer, ya que el agradecimiento inicial no podrá durar cuando no puedan mejorar y después de todo, se vean influenciados por la supuesta pereza general. Las condiciones para los jóvenes españoles cada vez más exigentes y para los extranjeros con más facilidades. Sin curriculum, sin experiencia y menor formación, tienen mayor posibilidad de conseguir una colocación, algo no cuadra en este plan. El empresario en su afán económico cree que la necesidad crea lealtad, nada más lejos de la realidad.

M. José Velástegui

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