Nuestros Grandes: Francisco de Quevedo

Este 8 de septiembre es el aniversario del fallecimiento de Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), escritor castellano del Siglo de Oro, fundamentalmente poeta, aunque también dramaturgo y novelista, polígrafo, político, y caballero de la Orden de Santiago, que está considerado como una de las figuras más importantes de la literatura española de todos los tiempos.

Nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 en el seno de una familia de hidalgos proveniente de la zona montañesa de Cantabria.

Su familia era pudiente, y sus padres era gente cercana a los reyes. Su padre fue secretario particular de la princesa María y más tarde secretario de la reina Doña Ana. Pero a pesar de ello, Quevedo tuvo una infancia difícil. Perdió a su padre a los seis años, y a su hermano a los once. Solía ser objeto de burlas por su cojera y su miopía, y encontró refugio en la lectura.

Comenzó su formación en el colegio imperial de los jesuitas de Madrid, y luego estudió Teología en la universidad de Alcalá de Henares, sin llegar a ordenarse sacerdote. Empezó a escribir antes de concluir los estudios.

Regresó a Madrid en 1606. Comenzó entonces una de sus etapas más prolíficas y representativas. Entabló amistad con otros grandes escritores de la época, como Lope de Vega y Cervantes, si bien también se ensañó con otros, especialmente con Luis de Góngora, a quien dedicó su soneto satírico “A una nariz”, hecho para mofarse de él, al que acusaba de ser un “marrano” o converso.

Estuvo varias veces en los dominios del Imperio español en Italia, y recibió la cruz de la Orden de Santiago en 1618. Recordemos que para recibir esta distinción era requisito imprescindible la limpieza de sangre, ser “cristiano viejo”.

Francisco de Quevedo retratado después de ingresar en la Orden de Santiago en 1618 por Francisco Pacheco en su Libro de descripción de verdaderos retratos, ilustres y memorables varones.

Entre sus muchas obras cabe destacar: “A una nariz”, «La hora de todos y la fortuna con seso», «La vida del Buscón», «Obra poética», «España defendida y los tiempos de ahora».

De interés son también las hagiografías (“Epítome de la historia de la vida ejemplar y religiosa muerte del bienaventurado fray Tomás de Villanueva”, “Vida de San Pablo Apóstol”) y otras piezas ascéticas y religiosas entre las que destacan “La constancia y paciencia del Santo Job”, “Providencia de Dios”, “Homilía a la Santísima Trinidad”, “Declamación de Jesucristo”, “Sobre las palabras que dijo Cristo a su santísima Madre”, …

La mayoría de sus traducciones en prosa pertenecen al universo de la moralización estoicista o religiosa: en “De los remedios de cualquier fortuna” (1638) traduce De remediis fortuitorum ad Gallionem”, atribuida a Séneca, en la que el filósofo consuela a Galión de una serie de desgracias (muerte, morir lejos de casa, destierro, dolor, pobreza…) según argumentaciones de la doctrina estoica; traduce a San Francisco de Sales en “Introducción a la vida devota”, y se conservan también varias traducciones de epístolas de Séneca.

Lutero: asunto tomado de El sueño del Infierno de Quevedo (1858), óleo de Francisco Sans Cabot.

Sus últimos años también fueron difíciles. Se casó contra su voluntad en 1634 con Esperanza de Mendoza, una viuda con hijos. Y ese matrimonio no prosperó. En 1639 fue detenido, despojado de sus libros y encerrado en un convento. El motivo fue una crítica a la política del Conde Duque de Olivares. Salió del encierro en 1643, enfermo y achacoso, y finalmente murió el 8 de septiembre de 1645 en un convento de Villanueva de los Infantes (Ciudad Real), poco antes de cumplir los 65 años.

Es obligado recordarle hoy como uno de los autores más importantes del Siglo de Oro español.

E.N.

Un comentario en “Nuestros Grandes: Francisco de Quevedo

  1. QUEVEDO FILÓSOFO

    Crítico con la escolástica Quevedo, influido por el erudito belga Justo Lipsio ,con el que mantuvo una intensa relación epistolar, recuperó el estudio del estoicismo de Zenon, traduciendo a Epicteto y a Epicuro, dando a este último autor una interpretación de convergencia con el propio estoicismo. Quevedo comentó a Séneca y tuvo influjo, en el ámbito político, también de Tácito, pero siempre dentro del marco del Catolicismo romano absoluto de su época. `Por otra parte dio por real la absurda hipótesis de una posible relación epistolar entre S. Pablo y Séneca, tesis que ya habían defendido otros como S. Jerónimo.
    Un autor como Pedro Laín escribió un artículo en la revista Jerarquía, en Pamplona en 1938, relacionando la filosofía de la interioridad de Quevedo con Heidegger . Según autores como Lascaris o Blüher el estoicismo de Quevedo ,en último término, se modularía en algunos puntos con el agustinismo existencial. Me vienen a la menoría los planteamientos del sacerdote y matemático francés del barroco Pierre de Gassendi que desde sus críticas a la Lógica y a la Metafísica de Aristóteles acarició la serenidad del saber estar y hacer de Epicuro; postuló un mundo de átomos de una materia no tan inerte, ya que también sería soplo del Espíritu.
    El estoicismo recorre en buena medida la historia del pensamiento español llegando por ejemplo al peculiar Manuel García Morente que a principios del siglo XX fue evolucionado desde su kantismo inicial y desde su Liberalismo radical hacia tesis senequistas y de comprensión de los valores y actitudes del «Caballero cristiano español». Planteamientos siempre dignos de matizaciones y críticas pero de los que gracias a la pugna de los debates siempre podremos aprender tantas cosas.

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