Profundamente subjetivos

Recientemente topé con un material curioso del que seguro muchos de nuestros lectores disfrutaron en su momento. Se trata de una entrevista realizada, hace ya un tiempo, bajo ese formato de charla-podcast que tan de moda parece haberse puesto ahora en YouTube.

En ella, Jordi Wild conversa de forma distendida con Rubén Gisbert en torno a la necesidad de que España alcance definitivamente una democracia real. Para nuestra sorpresa, pese a tener el video una duración de casi tres horas, está a punto de alcanzar el millón de reproducciones.

No deja de ser esto un motivo de satisfacción, pues lo primero que le viene a la cabeza a cualquier mente despierta es que si un contenido que rompe mínimamente con la telebasura adquiere tal repercusión mediática es porque, quizás el criterio e interés de la audiencia no está tan pervertido como podríamos presuponer. En segundo lugar y siendo biempensantes, entendemos que si los propios entrevistados acuden en masa a este tipo de espacios, sin reparar en detalles como que el moderador sea periodista o youtuber, es porque los modelos anteriores no ofrecían para ellos la suficiente libertad. Y no les quitamos la razón.

Pero como en todo, hay casos y casos. En este particular, la petulancia de Gisbert convierte lo que debía haber sido un amistoso coloquio en una vaga disertación. La oportunidad de generar interés en un millón de conciencias reducida al particular lodazal de quien, por querer saber de todo, no sabe de nada.

Para quien ya conozca a este personaje no supondrá su comportamiento ninguna novedad pues, aprovechando el papel de emisario de la verdad, acostumbra a revelar a ojos del pueblo las incoherencias e inoperancia de nuestras leyes en cada una de sus apariciones. Solo una auténtica reforma será, en su opinión, capaz de revertir la situación y para tal fin ha creado la “Junta Democrática”: otro nombre más a lista de la disidencia controlada. Y es que cuando Don Miguel de Unamuno decía que “un pedante es un estúpido adulterado por el estudio” no se equivocaba.

Como muestra, los fragmentos que añadimos a continuación: en ellos podemos ver cómo, al llegar al tema de la independencia catalana, la conversación se embarra. Sorprendentemente, un Gisbert que hasta entonces había demostrado a propios y extraños su capacidad para retener datos y exponerlos como si hubiese descubierto la pólvora, también evidencia como quien, proponiéndoselo, es capaz de contradecirse a partir de su propia fanfarronería.

Le pediríamos al ponente de tal tesis doctoral que, con su característica vehemencia nos iluminase explicando cómo se pueden “fraguar” dos movimientos como el franquismo y el nacionalsocialismo “exactamente en lo mismo”. Entendemos que el hecho de que el primero sea producto de un golpe de Estado y el segundo resultado de elecciones democráticas no es significativo para su persona. Ha de ser eso o que, quizás, su idílica democracia ya desde entonces carecía de valor.

Dándole un voto de confianza dejaremos atrás planteamientos materialistas y nos limitaremos a los que él llama “filosóficos”. Para Rubén la “voluntad” no es suficiente motivo para constituir una nación o restituir territorios pues “eso fracasa siempre al ir en contra de la realidad ontológica”.

Ante tal sentencia tiene lugar una de las secuencias estrella. Esta no es otra que cuando el bueno de Jordi, youtuber reconvertido a periodista, ingenuo a lo que iba a desatar, pregunta por qué funcionó entonces en Alemania. En ese momento Rubén embarra definitivamente el todoterreno de la elocuencia. En su cabeza no cabe que la voluntad de un pueblo pueda avanzar en la misma dirección que su misma “cultura, lengua y comunidad” y para justificarlo vuelve a recurrir a la pedantería terminológica con la que, en definitiva, termina admitiendo que el caso catalán que, en un inicio decía compartir el mismo origen que el franquista y nacionalsocialista, resulta inviable al ser totalmente contrario.

No contento con ello, a lo largo de la entrevista Gisbert se sucede en este tipo de argumentaciones contradictorias, dejándonos la guinda del pastel en el extracto que adjuntamos a continuación:

El Congreso de Núremberg al que te refieres, que no de 1936 sino de 1934, es un ejemplo histórico más de que se puede y debe cambiar el destino de un pueblo a partir de su voluntad. De hecho, no hacerlo legitima imperdonablemente los intereses más perversos.

Si incluso desde la perspectiva marxista se entiende cualquier forma de Estado como una dictadura… ¿Cabe en alguna cabeza pensante la idea de que el sistema liberal-capitalista habilitaría, en algún universo paralelo, esa idílica democracia a la que aspiras? ¿Estaría libre esta de toda subjetividad en sus políticas? Tú sabes tan bien como nosotros que no. Que el origen del problema es otro, pero admitirlo y señalarlo te implicaría dejar de vivir de la farándula.

Resulta más práctico arremeter contra las leyes del sistema establecido mientras atacas el sentimentalismo o el romanticismo como conceptos perversos que guían irresponsablemente la voluntad de un pueblo. Valga como respuesta a este planteamiento las palabras de Jordi Mota: “el romanticismo y su secuela, el arte nacionalsocialista, no es ni ha sido nunca un arte para minoría, sino que se manifiesta como precisamente el arte más popular y asequible a todos los miembros del pueblo”.

Amigo Rubén, como buen revolucionario de la red, no haces sino demostrar tu codicia y cobardía. Un pueblo imparcial como el que propones, sustraído de toda esencia emocional, está condenarlo a la muerte espiritual. Supone su total desnaturalización y abandono en manos de la carroña liberal quienes, en ese caso, no dudes que harán del arte y el resto de conceptos, para ti “subjetivos”, su coto privado.

Libertad… ¿Para qué?, como decía aquel. ¿A dónde nos lleva su objetividad? La respuesta, a continuación: en este caso se puede ver a Juan Ramón Rallo, una de las voces más representativas del liberalismo, exponiendo en el mismo programa como debería ser gestionada la venta y consumo de drogas en nuestro país.

No hay más preguntas, señoría. Después de ver esto nos declaramos abierta y profundamente subjetivos y, como hombres de honor, hacemos de nuestras vidas y haremos de nuestro Estado lo mismo.

Alberto B.

Un comentario en “Profundamente subjetivos

  1. Ruben Gisbert tiene planteamientos interesantes en cuanto a la concepción de Democracia, más que nada porque parte de un grande de la ciencia política como Trevijano. Y esto lo digo a pesar de sentir que está profundamente equivocado porque en la vida real no se pueden evitar ciertos problemas graves asociados a la democracia.

    Ahora bien, con el tema catalán y romanticismo, se demuestra que las ideas de Gustavo Bueno y materialistas políticas inducen a hipocresía. Defiende literalmente «la voluntad del pueblo para cambiar lo objetivo», es decir, democracia y votos (al fin y al cabo, apoyas a alguien para que haga algo), pero cuando se trata de independentismos… hombre, es que lo tuyo es «mu subjetivo, porque voluntad».

    «No, es que Alemania no estaba unida y había que inventarse el romanticismo para unificarla». No considero a Rubén Gisbert tan estúpido como los que creen que Hispania estaba unificada políticamente con Roma (en el sentido de organización territorial Provincia-Hispania-Imperio Romano), pero ya nada me sorprendería.

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