Baroja científico y vitalista

No debemos olvidar que Baroja era, en primer lugar, científico, Doctor en Medicina. Y que su admiración por la cultura Europea lo era, en buena medida, por la ciencia como germen de la conciencia cívica e intelectual y como medio por el que apostar para la mejora de la vida social y pública.

Además de Schopenhauer es Nietzsche, el otro gran filósofo admirado por Baroja; en 1903 en la «Nueva Revista» escribió que él era seguidor del gran fundador de «la moral nueva», que impulsaba «la fuerza en la audacia»; una moral que a Baroja le parecía oportunamente pragmática y abrazada a la fuerza de la afirmación de la vida personal y colectiva, sin traicionar el «olor a tierra» olvidado por un intelectualismo que puede desvertebrar valores heredados.

Ciertamente Baroja no acababa de comprender ni de valorar el punto distinguido y útil, que puede llegar a tener, la moral estoica o cristiana.

Es cierto que Baroja admiraba a Alemania pero se desmarcó de los germanófilos españoles, durante la I Guerra Mundial, que eran , en buena medida, ultraconservadores o católicos legitimistas, por ello escribió, para distanciarse de los que: «creen que Lutero era un malvado, Kant un sectario, Schopenhauer un misántropo malintencionado y Nietzsche un loco», «la ventaja cultural alemana es que jamás ha recelado de las demás culturas europeas», Baroja cree que los más altos niveles de cultura en Europa se coagulan y cristalizan cuando el influjo germánico era más denso. Para Baroja Francia esta obnubilada hacia sí misma, hemos de reconocer que ciertamente la Ilustración francesa cayó en algunos excesos que le impidieron leer con equilibrio intelectual otras conquistas europeas desde el Derecho germánico hasta la Filosofía de la Cultura del napolitano J.B. Vico, por mencionar solo dos ejemplos entre otros muchos.

Una anécdota llamativa, que me llamó la atención, fue como Baroja quiso atribuir el impulso destructivo de los grupos de la CNT en Guipúzcoa, durante nuestra Guerra Civil, no ya tanto a su condición de anarquismo sindicalista como al hecho de tratarse, supuestamente, de columnas de milicianos no integradas por vascos y que hacían ostentación de un odio reconocible «contra el país», obviamente se refería a el País Vasco.

Pio Baroja.

Sánchez Mazas, también vasco, dijo de Baroja que : «poseía una intachable elegancia, la profunda, la sencilla y misteriosa aristocracia. Anti burgués y anti plebeyo de arriba a abajo , puede permitirse descuidos, fantasías, locuras, que escandalicen a la sensatez media… Es crudo, agrio, ácido, con una dulzura de manzana escondida. De todos los escritores españoles este Baroja es el que vive a más astronómica distancia de la cursilería».

Luis Fernando Torres Vicent

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