La resistencia agraria en el Socialismo Alemán (y III)

EL JUEVES NEGRO, NEUMÜNSTER

Los siguientes sucesos fueron una parte importante de la historia del Movimiento Popular Rural, una historia que relata el nacimiento de la bandera del movimiento, así como el compromiso con sus ideas y sus camaradas. Estos hechos, tuvieron mucha repercusión en su día, pero que han sido olvidados y rara vez recordados en novelas de ficción.

Todo empezó cuando Wilhelm Hamkens, que estaba cumpliendo un mes de prisión por haber convocado una huelga contra los impuestos, envió una carta desde prisión a Johannes Kühl, donde solicitaba que todos los miembros disponibles se reunieran el 1 de agosto de 1929 en Neumünster, porque iba a ser liberado.

La carta llegó a manos de un diario local y las autoridades, al leer aquello, se alarmaron, pues temían que se produjeran nuevos disturbios y esta vez, en una ciudad de tamaño medio y con cierta importancia industrial. Por ello, en la víspera de su liberación, fue enviada una comitiva de representantes del presidente de distrito, para reunirse con el alcalde Lindemann y el inspector jefe de policía Bracker.

Advirtieron al alcalde de que el movimiento rural era más peligroso que el NSDAP y el KPD, pues no tenían una jerarquía definida y aquello podía ser caótico, pero el alcalde, quien no quería enemistarse con los campesinos y que, además, los comprendía en cierto modo, dijo que no tenía por qué haber problemas, que la convocatoria se disolvería pacíficamente, sin oponer resistencia.

Franz Schwarzloh, un líder local del movimiento rural, en ese momento se iba a reunir con el alcalde y en la conversación, este le prometió que no se celebraría ninguna manifestación frente a la prisión y que los campesinos simplemente se dedicarían a esperar a Hamkens en los bares de la plaza del pueblo. Lindemann se tranquilizó y dio autorización para que el movimiento rural celebrase su reunión.

Cuando volvió junto a los representantes, estos estaban hablando con Bracker, a quien intentaban convencer de que al menos aceptasen un contingente de antidisturbios, pues la ciudad solo contaba con 27 agentes de policía, el alcalde consideró que eso podía ser una provocación, pero el inspector jefe finalmente aceptó, siempre y cuando estos fueran estacionados fuera de la ciudad.

En la madrugada del 1 de agosto, Hamkens fue trasladado a una prisión cercana como medida cautelar, nadie se percató de nada y el traslado se realizó sin problemas. Por la mañana, los campesinos empezaron a llegar y a reunirse en los bares de la plaza. Al mediodía los campesinos eran pocos y Lindemann y Bracker, parece ser que sintieron que los temores del gobierno fueron exagerados. Poco después, les llegó la noticia de que varios camiones repletos de campesinos llegaban desde la costa oeste. Al llegar la tarde, ya se contabilizaban más de 2.000 campesinos en la plaza, además de algunos ciudadanos curiosos.

No tardó en llegarles la noticia de que Hamkens había sido trasladado a la prisión de Flensburg, por lo que los campesinos decidieron marchar a la sala de subastas, donde esperarían a la llegada de Hamkens. Bracker y sus hombres, tomaron posiciones a lo largo de la ruta de la marcha. Fue entonces cuando Walther Muthmann (miembro de los Wehrwolf) y Peter Petersen (líder del movimiento rural en Plön, así como futuro miembro del NSDAP y posteriormente del NPD) salieron de un pub portando una bandera.

No está claro quien creó la bandera, si fue Petersen o Muthmann, pero el movimiento no fue dotado de una bandera hasta entonces y creían que era necesario tener una, una bandera que los identificará, que diera toda justificación para dar batalla, y así fue. La bandera de fondo negro, con un arado plateado y una espada roja, ondeaba en la asta que llevaba una guadaña de forja recta en la punta. Toda ella recordaba a las banderas de rebelión, a las banderas de las guerras campesinas de la Edad Media.

Los campesinos iniciaron su marcha, una columna de figuras grandes y fuertes, con bastones en sus manos curtidas. Las calles semivacías de la Neumünster, una de las ciudades bastión de la socialdemocracia, se llenaron de campesinos y de las ventanas asomaban ciudadanos que se jactaban y decían cosas maliciosas contra los campesinos.

La bandera, que iba a la cabeza, causo cierto revuelo entre algunos transeúntes y Bracker, que además veía con malos ojos la bandera al no portar los colores de la república, se dirigió rápidamente a Muthmann y le solicitó que devolviera la bandera al pub del que había salido, pues incumplía la ordenanza de 1842, que prohibía llevar una guadaña sin protección. Muthmann ni se inmuto, siguió orgulloso la marcha y entonces el inspector declaró la bandera confiscada, pero no pudo tomarla, pues Muthmann se negó y la marcha lo empujó.

Bracker, entonces llamó a sus agentes, pues además, los campesinos llevaban bastones, que también incumplía la Ley de Defensa de la República que prohibía llevar armas, que en base a una ordenanza del Ministerio del Interior prusiano, los manifestantes con bastones se podían considerar como hombres armados. El inspector desenfundó su sable.

Acompañado de dos de sus agentes, Bracker volvió a alcanzar a Muthmann, pero este volvió a negarse, entonces forcejearon, el wehrwolf se resistió como pudo, gritó “¡es nuestro símbolo! No lo entregaremos” y cuando se dieron cuenta los agentes, los campesinos empezaron a atacarles con sus puños y bastones, cayendo inconsciente un agente.

Rápidamente llegaron el resto de sus hombres y se prepararon para hacer frente a la procesión de campesinos, al instante se escucharon los ruidos de la batalla, bastones contra espadas, gritos, sangre… un hombre de Bracker cayó sangrando por debajo del casco, otro campesino perdió su nariz, pero Muthmann se llevó la peor parte, la policía le golpeo con sus porras y también con los sables, mientras se aferraba a la bandera, al símbolo del movimiento, el cual finalmente soltó, cuando con los sables le acuchillaron las manos, le cortaron un dedo y le seccionaron los músculos del antebrazo derecho, llegando al hueso, soló entonces, soltó la bandera.

Walther Muthmann siendo socorrido tras el ataque de la policía.

Cuando la bandera fue confiscada, los ecos de la batalla se fueron extinguiendo. Muthmann fue herido de gravedad y arrestado, otros campesinos también resultaron heridos, entre ellos tres de ellos de gravedad, uno de ellos con un corte profundo en el hombro, a otro le abrieron la cabeza mientras intentaba refugiarse en un pub y otro, un anciano llamado Ernst Behr, le fue seccionada la nariz de la cara con un sable, quedando tendido en el suelo en un charco de sangre. Entonces Claus Heim ordenó seguir la marcha a la sala de subastas.

Los Cascos de Acero de Kiel encabezan la marcha de los agricultores hacía la sala de subastas.

Durante la marcha se escuchaban gritos de venganza y los Cascos de Acero de Kiel, que se habían unido a la marcha, se pusieron en cabeza para proteger a los campesinos. En la sala de subastas, lo que se esperaba que fuera a ser una reunión alegre, con discursos emocionantes y canciones populares y tradicionales, se convirtió en un mitin político donde enardeció el público, cuando se relató como la policía confiscó la bandera. Claus Heim entonces formuló las condiciones de expiación para las autoridades locales.

Y antes de poder llevar a cabo cualquier acción, los campesinos observaron que los policías y los antidisturbios se posicionaron frente al edificio. Al parecer, varios transeúntes denunciaron haber visto a varios campesinos recargando sus armas de fuego tras el altercado.

Los campesinos enviaron a un miembro destacado del movimiento rural para llevar las exigencias a Bracker, pero volvió con instrucciones de que se entregaran todos los palos y armas a la policía. Los campesinos se negaron y le gritaron a la policía que si querían algo, que entraran ellos mismos a la sala. El inspector no se atrevió a entrar, así que envió a un sargento, pero fue recibido con gritos y con la banda de los Cascos de Acero tocando el himno nacional.

Bracker entonces dio la orden de desalojar la sala a la fuerza. Irrumpieron por la entrada principal, sacando a la banda por la fuerza. Los lideres del movimiento entonces animaron a los campesinos a resistirse, pero los antidisturbios se impusieron y expulsaron a los campesinos a golpes. Ya en la calle, los que no pudieron escapar por las ventanas, fueron registrados uno a uno. Se confiscaron más de 100 bastones y 1 revolver. Bracker dijo que seguramente había más armas de fuego, pero sus propietarios huyeron.

Los campesinos abandonando la sala de subastas tras ser desalojados.

La mayoría de los campesinos que se quedaron marcharon hacia la estación de tren, donde se reagruparían y recibirían a Wilhelm Hamken. Una vez en la estación, los campesinos empezaron a vitorear a Hamkens y cantaron el himno nacional y canciones patrióticas. La policía les ordenó dispersarse, pero desobedecieron la orden, así que lo expulsaron de la zona a la fuerza. No hubo más altercados, con el paso de las horas muchos de los campesinos regresaron a sus hogares, porque Hamkens no llegaba. Cuando finalmente llegó a la ciudad, quedaba una pequeña comitiva que le dieron la bienvenida y escucharon su discurso.

Los hechos que sucedieron en Neumünster, fueron los que quería evitar el alcalde a toda costa, así como los campesinos y las autoridades gubernamentales, por ello, hubo la teoría de que todo fue un complot preconcebido y Lindemann, el alcalde, fue señalizado como el culpable. Pero fuera como fuese, la policía local censuró en sus informes algunos de los hechos ocurridos, probablemente por ser conscientes de que hubo más mano dura de la necesaria y el alcalde, aun no estando conforme, no pudo hacer otra cosa que apoyar la actuación del inspector jefe.

Esto fue tomado como un error por los campesinos, pero otro error imperdonable, fuera que el alcalde se negase a cumplir las exigencias de los campesinos, que incluían la devolución de la bandera con una ceremonia, además de una disculpa del inspector jefe y una compensación económica para los heridos.

El objetivo de estas exigencias no era la venganza en sí, sino el recuperar el orgullo de un movimiento que había sido herido, una bandera que no era un simple trapo con colorines, sino una bandera que representaba su lealtad a sus tierras, su sustento y su espíritu combativo. Por este motivo, decidieron boicotear la ciudad hasta que se cumplieran sus exigencias.

El alcalde se tomó la amenaza a la ligera, pues pensó que, al ser una ciudad de tamaño medio, que no dependía totalmente del campo y que, por su industria podrían subsistir, seguramente resistirían el boicot. Además, confiaba en el buen sentir de los campesinos, con quienes simpatizaba y a quienes veía como personas tranquilas. No sabe cuánto se equivocaba.

Desde el 2 de agosto de 1929, ningún campesino podía pisar la ciudad que había profanado su bandera, no podían comprar ni tan siquiera un botón, ni tomar una cerveza. Los jóvenes abandonaron la Escuela de Agricultura, incluso se dejaron a un lado las amistades y los romances durante todo el boicot. Y pobre de aquel que decidiera romper el boicot…

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Esta situación duro hasta junio de 1930, diez meses de boicot continuado, sin ninguna traición, con un compromiso total y que llevó a la ciudad al borde de la quiebra, hasta que finalmente el alcalde accedió a las exigencias. Bracker fue destituido de su cargo, además tuvo que emitir una disculpa y, por si no fuera poco, la ciudad organizo un acto ceremonial para devolver la bandera rasgada y manchada de sangre a los campesinos. Solo de esta manera finalizo el boicot.

Christian Revolutionarii

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