Coronavirus 2022, ¿quién da más?

Se acumulan los trabajos de investigación que atribuyen la aparición del virus SARS-CoV2, no a un imaginario murciélago, más legendario que el que se posó en el casco de Jaime I el Conquistador, sino a una fuga casual, o intencionada, más de andar por casa,  de uno de los múltiples laboratorios que juegan a la ruleta de la creación apenas amanece el día. Ya amanezca en los Estados Unidos, en Wuhan o en algunos de los cientos de laboratorios estadounidenses ocupados en estas loables ocupaciones divinas  por todo lo ancho y largo del planeta. Con una ventaja añadida; no descansan al séptimo día. Estos no paran.

Oficial y reconocido ya es que los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos financiaron durante años las investigaciones de la llamada “Gain of Function” (algo así como ganancia de función o de infectividad) que una Organización No Gubernamental de los USA, Dios los tenga en su gloria, Eco-Health Alliance realizó durante años en Wuhan, en el Instituto de Virología chino de la ciudad donde se supone que apareció el SARS-CoV2. Unas investigaciones  que también recibieron subvención del Pentágono, Departamento de Defensa norteamericano.   Esto ya es agua pasada, por más que todavía no se hayan sacado consecuencias políticas y judiciales de esos tejemanejes.

El Sr. Anthoni Fauci, Director de esos NIH estadounidenses negó ante una Comisión del Senado de ese país, que las investigaciones en Wuhan fueran realmente para incrementar la virulencia de algún que otro virus. “Ellos no hacían eso”.  El problema de este señor como de tantos y tantos mentirosos que en la denominada  pandemia del coronavirus se han cubierto de cieno, tómenlo por un eufemismo, es que las mentiras siguen teniendo las piernas muy cortas. Y a Fauci  le han vuelto a pillar con las manos en la masa de la pasta pública  subvencionadora.

Anthoni Fauci.

Hace menos de dos meses, el trece de octubre, que en los EEUU se ha publicado un estudio (1) realizado por investigadores de la Universidad de Boston, que han conseguido crear un virus “quimera”, artificial, de laboratorio, casando en felices nupcias al malévolo virus original de Wuhan, con la virginal espícula de la variante Omicron.  El resultado ha sido fantástico. Hasta ahora sólo ensayado con ratones ratoniles, y no humanos como las vacunas. Mientras que el virus de Wuhan tuvo una IFR (Mortalidad tras la infección) de menos de un 5% y la variante Omicron de prácticamente cero, el nuevo virus quimera nos ha regalado con una mortalidad del 80%. ¡Todo un éxito!

Esta prometedora investigación, auténtico ejemplo de “Gain of Function” como la copa de un pino no mutilado por poda municipal, ha sido financiado por los NIH del Sr. Fauci y la obtención de la financiación se remonta a 2020. Es decir, es anterior a las repetidas afirmaciones rotundas del Sr. Fauci de que “ellos no hacen eso”.  Ya ven ustedes, que, de vez en cuando, sí lo hacen.

Apenas se publicaron los resultados de esa más que peligrosa, criminal investigación, los verificadores de datos salieron a relativizar eso del 80% de mortalidad, afirmando como los verificadores de Reuters (2), que la mortalidad “era de ratones, no de personas”, invalidando de paso todas las investigaciones que se puedan realizar con los pobres ratones por no constituir indicio alguno para estimar las consecuencias en humanos.  Algo puede haber influido en la rapidez de reflejos de la Reuters Fact Check,  el que James Smith sea el Presidente de la Fundación Thomson-Reuters, exDirector General de Reuters desde 2014 hasta su jubilación en 2020, y miembro del Consejo de dirección de Pfizer, que huye como gato escaldado de toda posibilidad de que el SARS-CoV2  de sus ganancias pudiera no haber tenido un origen natural.

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En estos momentos, sin duda alguna, en más de un laboratorio del mundo se sigue investigando en la creación de estos monstruos víricos cuya fuga podría dar lugar a una epidemia realmente devastadora. Con financiación oficial, en el caso de la Universidad de Boston, del gobierno de los EEUU de Norteamérica. ¿Cómo no pensar ante esta realidad que el SARS-CoV2 tiene un origen muy diferente al que nos han contado los medios oficiales? Y mientras tanto, no se preocupen, una elevada mortalidad en ratones no necesariamente es trasladable a humanos. Nosotros somos racionales y sólo obramos atendiendo al sentido común y el bien público. Los ratones son otra cosa. Palabra de honor.

Carlos Feuerriegel

(1) https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2022.10.13.512134v1.full

(2) https://www.bu.edu/neidl/2022/10/fact-check-boston-university-hybrid-covid-virus-kills-80-of-mice-not-people/





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