José García Vara, un sindicalista olvidado

Este 2 de abril, se cumple el 86 aniversario del asesinato de José García Vara, que fue asesinado el 2 de abril de 1935 en el Madrid republicano. Su recuerdo nos muestra cual era la verdadera esencia y naturaleza del nacionalsindicalismo.

Gallego, natural de Lugo, y panadero de profesión, fue uno de los fundadores de la CONS (Central Obrera Nacional Sindicalista) y fiel seguidor de José Antonio Primo de Rivera.

Estuvo antes afiliado a la UGT, hasta que, desilusionado por su mensaje antipatriótico y su poca aportación a los obreros, cofundó la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS) con un sindicato de panaderos. Tenía tan buena fama en el sindicato de la industria del pan de UGT, que cuando se marchó le siguieron la mayoría de los trabajadores ugetistas que estaban con él. Y eso no se lo perdonaron. Fue un gran activista y Secretario de la Junta Directiva del Sindicato de Industrias del pan de la CONS, y militante falangista con número de carné 274.

La CONS se había constituido en Valladolid y en Madrid a instancia de Ramiro Ledesma Ramos. Los Estatutos fueron redactados por Camilo Olcina Álvarez, que había sido Secretario de la CNT en el sector de la Telegrafía de la Marina Mercante; y por Juan Orellana. Su domicilio social quedó ubicado en el mismo que el de Falange Española de las JONS entonces, en la Calle Marqués de Riscal número 16, donde el sindicato CONS tenía su propio despacho. Que el sindicato no tuviera su propio domicilio sino que estuviera en el de la Falange fue un error si quería crecer como un sindicato apolítico como lo era la CNT.

Según José Antonio nacería una nueva sociedad en la que “el esfuerzo de todo un pueblo se dirigirá, no a defender las ganancias de unos cuantos, sino a mejorar la vida de todos”, y donde el más beneficiado sería el trabajador. Para ello, los sindicatos eran despojados de toda tendencia clasista y de lucha de clases ya que los sindicatos no serían más “órganos de representación, sino de actuación, de participación, y de ejercicio”. Siguiendo estas premisas, durante 1934, los falangistas implantaron en diferentes ciudades españolas, un proyecto sindical basado en esta central dirigida a los obreros, la CONS. El sindicalismo falangista adquirió importancia en las calles, sobre todo durante el mes de octubre de 1934, ya que, ante la huelga convocada por los sindicatos marxistas, fueron de los pocos obreros que acudieron a su puesto de trabajo. Días antes de esta huelga hubo una intensa campaña falangista en contra de la huelga y dirigida a los trabajadores del campo. Tras la huelga, los obreros falangistas fueron despedidos. A partir de este suceso, la CONS creó una Bolsa de trabajo. Ello motivó un aumento de afiliados que se tradujo en la aparición de nuevas ramas en el sindicato: Oficios varios, ferrocarriles, banca, panaderos, transportes, o artes gráficas. El primer triunvirato del sindicato estuvo formado por: Nicasio Álvarez de Sotomayor, Francisco Guillén Salaya y Manuel Mateo.

Francisco Guillén Salaya (1947).

El sindicalista José García Vara fue asesinado el 2 de abril de 1935 por pistoleros socialistas después de una reunión en el local del sindicato y de la Falange en 1935, que estaba donde actualmente se encuentra la Hermandad Nacional de la Vieja Guardia, en la Cuesta de Santo Domingo, 3. A la salida de esa reunión del sindicato, José García Vara caminaba por la calle Arrieta, numero 4, en la plaza de la Opera de Madrid, a las cuatro de la tarde, cuando regresaba a su casa, y un grupo de pistoleros marxistas se bajaron de un coche y le hicieron cinco disparos por la espalda. Su muerte le convirtió en mártir, ya que fue el primer Caído sindical. Fue enterrado en el cementerio del Este, también conocido como el cementerio de la Almudena, pero sus restos mortales volvieron después a su pueblo gallego de Lugo hace mucho tiempo.

El asesinato del sindicalista José García Vara significó un punto álgido en la escalada de violencia callejera del Madrid republicano de 1935.

José Antonio Primo de Rivera utilizo su entierro para insuflar ánimos combativos a los suyos y avisar de que ésta podría ser la primera muerte de muchas otras, un preludio de la inminente guerra civil.

José Antonio Primo de Rivera en 1935.

El 11 de abril de 1935, José Antonio Primo de Rivera escribía en el periódico “Arriba” nº4 este artículo titulado “En memoria de José García Vara”:

“Otro glorioso caído. Otro mártir que, como tal, ha sabido ofrendarlo todo, hasta su vida y su sangre, en el altar de la España inmortal. Otro caído en aras del amor. Él supo cumplir una misión sagrada dentro de la Falange Española de las JONS, y el plomo marxista le cercenó la vida antes de traspasar el umbral de la Patria naciente. Por luchar por el amor, le ha matado el odio. ¡Camarada!: Tu sacrificio no será en vano: todos los que hoy podemos aún saludar ante tu tumba con el brazo en alto sabemos seguir tu ejemplo magnífico. Todos estamos dispuestos a llegar, como tú, hasta el supremo sacrificio por cumplir nuestra misión. Misión en el neto sentido de la palabra, en el sentido religioso. España, que no es un territorio ni una fantasía hija de calenturientas imaginaciones, sino que es una realidad intangible y suprema, que es el esfuerzo de nuestros hermanos, las hazañas gloriosas de nuestros padres y la sangre fecunda de nuestros abuelos, amenaza hoy morir cobardemente abandonada. Y somos nosotros, los nacionalsindicalistas, los llamados a correr en su auxilio, en su apoyo, en ayudarla a levantarse. ¡Bendita sea la Falange si ella nos lleva a morir por España! Tengamos siempre presente que España es “una unidad de destino” en lo futuro y sepamos demostrar, cara al mundo y al sol, con orgullo de españoles, que, si somos muchachos de edad, somos, en cambio, hombres para morir y vivir por España en el cumplimiento de un sagrado deber. Somos jóvenes. Demasiadas veces hemos oído repetirnos con énfasis de superioridad que luchamos así porque nada tenemos que perder. ¿Nada? Los mismos que tal dicen no lo sienten, no lo pueden sentir; demasiado saben ellos, porque también fueron jóvenes, que vale más un porvenir por hacer que uno ya hecho; que vale más una ilusión que una realidad. Yo os aconsejo que cerréis los oídos para esas gentes que ahora, como siempre, se dolerán lastimeramente por la muerte de nuestro camarada, y quizá os aconsejen extremar las represalias. Yo os pido que les demostréis, con vuestra conducta cómo sabemos nosotros sufrirlo todo, recogiendo de entre la sangre de nuestro hermano su animoso espíritu — de esa sangre que vuelve a ser el abono fecundo en el suelo de España para la futura cosecha — para seguir imperturbables nuestra ruta. Quizá os digan, en tono de insufrible superioridad, que no debéis permanecer en nuestras filas, que hagáis caso a su consejo “de hombres” y os dejéis de “locuras”: Replicadles que los hombres no se miden por la estatura ni por las palabras; que los hombres se miden y se ven en el terreno de los hechos, de la acción, que es nuestro terreno. Y si es verdad que somos locos, ¡bendita locura la de este amor que nos lleva a entregar a la Patria lo más precioso que nos dio!: ¡Nuestra sangre! Hacerles ver, clara y rotundamente, cómo son los responsables directos de la muerte de nuestros camaradas con su egoísmo, con su incapacidad y con su cobardía; que el problema de vida o muerte que tiene España planteado no se resuelve con palabras; que mientras ellos en sus casas o en los cafés “arreglan” a España, estamos nosotros en estas calles españolas que parecen destinadas a ser siempre regadas por la sangre de sus hijos, cruel y cobardemente asesinados por el sólo delito de tener corazón; de tener de sobra todo el corazón que a ellos les falta; y que en último término preferimos morir todos, del primero al último, antes de seguir encenagados en el oprobio y la vergüenza. Otra vez nos vemos precisados a rendir el póstumo homenaje al camarada caído. Vil y cobarde, mal nacido el que ahora se retrase de la primera fila, ese no es digno de llamarse camarada del muerto en esta hermandad suprema de la Falange. Otra vez las Falanges. ¡Firmes! Todos en las filas de choque, en la vanguardia, ahora más que nunca y como siempre. Hay ya uno más entre los mártires de España.

José García Vara: ¡Presente! ¡Arriba España!”

En 1965 le fue colocada en su memoria una placa de granito por iniciativa del Centro Social Manuel Mateo (en teoría dependiente del sindicalismo oficial, pero que en la práctica estaba tomado por el falangismo disidente y el sindicalismo de izquierdas. De ese Centro salieron más tarde muchos futuros miembros de UGT y CCOO.), en el mismo lugar en el que había caído muerto, calle de Arrieta número 4, de Madrid. Concretamente, el 2 de abril de 1965 se cumplieron treinta años del asesinato de José García Vara, que por haber sido uno de los fundadores de la Central Obrera Nacional Sindicalista, para recordarlo, el Centro Social Manuel Montero le dedicó esta placa en el mismo lugar en el que García Vara había caído muerto. La lápida de granito es sencilla y está adornada con el yugo, las flechas y una rama de laurel. En la inscripción se lee:

2 de abril
José García Vara
¡Presente!
Fundador de la Central Obrera Nacional Sindicalista
En el XXX Aniversario de su vil asesinato
El Centro Social Manuel Mateo

El 1 de febrero de 2016, el Ayuntamiento de Madrid, presidido por la comunista Manuela Carmena, retiró de manera arbitraria la mencionada placa conmemorativa. Pero las protestas de todo tipo y algunas denuncias y querellas produjeron efecto, y el 18 de febrero volvió a ser recolocada la placa en su sitio. El 2 de abril de 2016 se realizó un acto de desagravio en su memoria al lado de dicha placa que afortunadamente fue restituida en su sitio. 

Que un sindicalista y panadero fuera asesinado por unos pistoleros marxistas que no le perdonaron que se saliera de la UGT para pasarse al sindicalismo nacional nos debe servir para no olvidar qué clase de calaña eran y siguen siendo esos falsos socialistas, y al mismo tiempo cual era la verdadera naturaleza y procedencia de los sindicalistas de la CONS, procedentes en su inmensa mayoría de la UGT, como el caso de García Vara, o de la CNT como el caso de Nicasio Álvarez Sotomayor, o del PCE como el caso de Manuel Mateo, que sería el secretario general del sindicato tras la escisión de Ramiro Ledesma acompañado de Álvarez de Sotomayor. Como vemos, nada que ver con la ultraderecha sino todo lo contrario.

Eduardo Núñez

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