Palestina-Israel: una consecuencia inevitable

Todo lo que ha pasado en el Oriente Medio desde hace décadas no son más que consecuencias inevitables, absolutamente previsibles, que no pueden sorprender a quienes saben comprender el devenir de la Historia a corto plazo. Si es cierto que a largo plazo la Historia es bastante imprevisible, con cambios sorprendentes, o al menos inesperados, no es así a corto plazo (y hablando de historia corto plazo significa décadas e incluso más de un siglo).

Lo primero que no se suele saber es que Israel no es un producto de una votación de las Naciones Unidas, el 29 de noviembre de 1947, lo que solo fue un certificado oficial de algo que viene de mucho antes.

Podría decirse, aunque es solo un acercamiento y no el origen real, que Israel tenía ya origen en la llamada «Declaración Balfour» de 1917 del gobierno inglés concediendo a los judíos un «Hogar Nacional» en Palestina, en detrimento de los árabes que vivían allí desde diecinueve siglos, en realidad solo era una carta firmada por el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour y dirigida a Lionel Walter Rothschild, el líder de la comunidad judía en Gran Bretaña.

Era el resultado de una de las más repugnantes traiciones de pactos y promesas, realizada en el transcurso de la Primera Guerra Mundial.

Recordemos algo el tema pues nos llevará a comprender el origen real de Israel. A principios del año 1916, los alemanes parecían ganar la I guerra mundial, Inglaterra estaba en una situación desesperada. La única esperanza era que los EEUU entraran en guerra a favor de Inglaterra. Londres había enviado tres misiones diplomáticas a los Estados Unidos desde el comienzo de la guerra para tratar de persuadir a Washington para entrar en la misma como aliado de Inglaterra.

Hasta ese momento los sionistas eran más bien partidarios de Alemania, por dos motivos: su odio y voluntad de destruir a la «antisemita» Rusia Zarista, y porque, como Palestina formaba parte del Imperio Otomano (aliado de Alemania), los sionistas confiaban en que el Kaiser, que mantenía excelentes relaciones personales con el Sultán de Constantinopla, persuadiría a éste de la conveniencia de ceder a los israelitas Palestina.

Pero el Sultán se negó a ello, y en 1917 los sionistas cambiaron totalmente de bando. El acuerdo entre el gobierno de Lloyg George y el ‘Zionist World Organization’ preveía que, a cambio de la promesa del Hogar Nacional de Palestina que Inglaterra se comprometía entregarles, los prohombres del judaísmo americano harían entrar en la guerra a los Estados Unidos al lado de los países de la Entente.

Aunque el Presidente Wilson había sido elegido prometiendo neutralidad, la situación cambió totalmente a partir del acuerdo de Londres entre el Gabinete de Guerra británico y los sionistas. La propaganda aliadófila alcanzó grados de apología delirantes, y las provocaciones anti alemanas se multiplicaron. La finanza y la prensa americana empezaron una campaña radical para hacer entrar en guerra contra Alemania. Y lo logró en abril 1917 con todo tipo de trampas y campañas (falsificando intentos de Alemania de aliarse con México contra USA). La excusa que se nombra del hundimiento del RMS Lusitania por un submarino alemán es de lo más jocosa pues el Lusitania fue hundido en mayo 1915, dos años antes de la declaración de guerra.

El tratado de los sionistas con Inglaterra para apoyar la propaganda de guerra en USA a cambio de Palestina se supo oficialmente en el año 1919, en plena Conferencia de Versalles, cuando 117 dirigentes sionistas, a cuyo frente se encontraba el famosísimo Brenard M Baruch, le reclamaron a los ingleses el pago de su pacto que había sido firmado en la declaración Balfour.

Declaración que había sido ocultada oficialmente debido a un tema de lo más repugnante: Inglaterra había prometido en 1915 a los árabes, al Emir de La Meca que, a cambio de la ayuda árabe a los Aliados contra Turquía (que estaba a punto de invadir Egipto y cortar el canal de Suez), la Gran Bretaña reconocería y garantizaría la independencia de un estado árabe independiente y soberano, en territorios dependientes, hasta entonces, de Turquía, aliada de Alemania. Dichos territorios incluían, inequívocamente, a Palestina.

De forma que Inglaterra traicionó su pacto con los árabes y se lanzó a empezar a organizar la llegada de judíos a Palestina. No creó el Estado Árabe, sino que conservó su poder en Palestina. Bajo su gobierno cientos de miles de judíos se asentaron en Palestina, pese la resistencia árabe.

Tras 1946 ya solo faltaba el final de la trama, Truman y Stalin reconocían a Israel y lo armaban y apoyaban militarmente.

Y todo lo que ha pasado posteriormente, o sea la necesidad para Israel de destruir a los países árabes del entorno, era algo inevitable también. La ocupación de Palestina y el genocidio contra los palestinos, provoca un odio y rencor total contra los judíos en los países islámicos, así que era inevitable tener que destruirlos militarmente. Y para ello Israel contaba con USA y los países europeos, lacayos de la finanza.

Si pensamos un poco vemos que Israel no tiene su origen ni en Inglaterra, ni en la ONU, ni en USA, ni lo hubiera tenido en el Kaiser si el Sultán otomano hubiera cedido Palestina.

Todo ello eran solo caminos posibles, el origen es el poder sionista en la finanza y la prensa mundial, o sea es el Poder verdadero lo que realiza las cosas. Desde el momento en que se dejó a los usureros judíos dominar la finanza y los medios de prensa masiva, Israel estaba garantizado.

Fue el poder del dinero internacionalista el que se convirtió, y es ahora aún más visiblemente, dueño del gobierno real mundial, el que decidió todo. Israel es el hijo putativo del poder financiero capitalista.

Y por ello Israel nunca iba a ser para todos los judíos, sino para una parte de ellos, el resto seguiría en los países, donde la élite financiera parasitaria lo domina por el dinero y la prensa. Israel es solo la cara visible del verdadero poder mundial sionista.

De esa misma forma se debe comprender que no es posible derrotar temas segundarios si primero no se acaba con el Poder, el verdadero Poder, el del dinero que domina mediante préstamos (endeudamiento) y los medios de masas a las democracias.

Y es que el primer problema de muchos hoy en día es no saber reconocer al Enemigo, al verdadero Enemigo, no a sus marionetas y consecuencias posteriores.

Ramón Bau

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