El Oso Blindado recomiendo la lectura “Adriano” de Anthony Birley

ADRIANO. ANTHONY BIRLEY.
Traducción de José Luis Gil Aristu. Editorial Gredos. Barcelona, 2018.

Anthony Birley es un profesor contemporáneo especialista en Historia Antigua y en la Britania romana. Ha impartido docencia en Manchester y en Düsseldorf entre otras importantes universidades. El Emperador Adriano sucesor de Trajano es el motivo de este detallado estudio que incide en las relaciones políticas entre los colaboradores cercanos y los secretarios imperiales y las diferentes autoridades políticas que protagonizaron el desarrollo político, jurídico y militar de Roma en el siglo II de nuestra era. La diplomacia es el punto fuerte de esta biografía. Frente a la afirmación de E.Gibbon sobre la importancia de Adriano en la Historia cultural de Roma considerando que: “Protagonizó la época más feliz de la humanidad”, se podría replicar con pleno acierto que nunca han existido tales épocas, únicamente, quizá, momentos más equilibrados  de desarrollo cultural, jurídico y económico pero siempre desfallecientes por la violencia, la corrupción, las contradicciones humanas insalvables  y las luchas partidistas.

Adriano nació el 24 de febrero del 76 en Roma, frente a las tesis de otros historiadores que se aventuraban a considerar que nació en Itálica, hijo del senador Elio Adriano Afro, antiguo pretor procedente de Itálica en la Bética hispana. Entonces los senadores tenían como residencia oficial Roma. Birley agota todas las fuentes epigráficas e históricas para intentar conocer incluso el carácter del emperador, comenzando por la Vita Adriani dentro de la Historia Augusta. Cita al clérigo francés del s. XIX Greppo y al historiador alemán, entre otros, F. Gregorovius al que considera “inmensamente erudito”, y utiliza con soltura las constituciones griegas de J. H. Oliver publicadas en 1989.

La estirpe familiar de Adriano con origen en la Bética se remontaba por vía paterna a la costa este de Italia y otros antepasados paternos procedían de Umbría, por la línea materna sus parientes eran originarios de Gades (la actual Cádiz) ciudad aliada de Roma y luego recompensada y privilegiada con la ciudadanía romana. Muy probablemente Adriano recibió clases en Roma del abogado y retórico Licinio Sura, ante la ausencia de Quintiliano y Tácito. De hecho, Sura fue considerado por Marcial como el “más famoso de los eruditos, cuya oratoria de estilo antiguo recuerda la de nuestros antepasados”. Adriano, ya senador, contrajo matrimonio con una sobrina nieta de Trajano, matrimonio sin amor y sin devoción, un requisito de conveniencia, y se incorporó al colegio sacerdotal de los cuestores siendo adoptado como heredero por el propio emperador Trajano.

En el ámbito geoestratégico Adriano fue partidario de no consolidar las conquistas anteriores del Imperio más allá del Éufrates y del Danubio Sur por dificultades estratégicas, adoptando, en este sentido, una postura precavida y adaptativa. Ello le fue reprochado por el sector duro y nacionalista e imperialista del ejército. Diseñó una ambiciosa  política religiosa-cultural para recuperar el espíritu griego clásico ya casi desvanecido, iniciativa que tendría uno de sus puntos neurálgicos en el renovado templo de Zeus Olímpico en Atenas. Fue considerado por algunos coetáneos como un nuevo Pericles al impulsar la liga Panhelénica y fue admitido en el exclusivo grupo de los que tenían el privilegio de ir participando progresivamente en los misterios de revelación eleusinos de los que eran sistemáticamente excluidos todos los bárbaros y los criminales. Fue admirador del filósofo epicúreo Epicteto, pero también se acercó a aprender de las reflexiones de los pensadores estoicos. Su amor a Grecia fue recompensado con el nombramiento como Arconte de Atenas y dominaba tanto el latín como el griego. En ambas lenguas escribió poesía no de mediocre calidad. Días antes de su muerte escribió un poema, inspirado en Ennio antes que en Virgilio, el cual era una interpelación a su alma respecto al descenso que le esperaba. Se le atribuyó la idea, en su trance final, de que “Muchos médicos habían matado a un rey”.

En el ámbito jurídico debemos recordar el impuso del “Edicto Perpetuo” del año 131 d. C. donde el jurisconsulto Salvio Juliano, por deseo del emperador, limitó la capacidad de los pretores para modificar la médula de la intención del derecho, postulando y fortaleciendo las prerrogativas judiciales del mismo emperador. Por otra parte, Adriano rechazó las condenas de tortura para los esclavos y la prohibición de sacrificios humanos. Pretendió helenizar la cultura judía e incluso suplantar su religión. Ejemplo de ello fue la construcción del templo de Jerusalén en oposición a la construcción del templo de Júpiter en Jerusalén. Éste fue uno de los desencadenantes de las guerras judías que mantuvo Roma durante su reinado.

Reafirmó la presencia romana en Inglaterra y construyó la muralla de piedra para evitar invasiones bárbaras visitó personalmente las obras. Sustituyó la muralla de artilugios militares de madera, muralla pétrea que llevaba su nombre, al norte del territorio en la frontera con los pictos en la actual Escocia. La Legio VII Gemina compuesta por hispanos fue enviada a la todavía insegura Britania. Adriano también visitó los límites de la Germania superior que fueron rediseñados por medio de empalizadas y fuertes militares con tropas de intervención rápida. “Aunque el Emperador ansiaba la paz más que la guerra, entrenaba a los soldados como si ésta fuera inminente”. Adriano llevó vida de soldado en Germania y “comía gustoso a la intemperie la ración del campamento, tocino y grueso con vino áspero” según relata Tácito. “Expulsó de los campamentos a las prostitutas, a los adivinos y a los comerciantes y dio ejemplo durmiendo sobre paja” (pág. 158). Desde las victorias de Domiciano el ambiente político y militar había cambiado mucho y ya en las monedas del anterior emperador Trajano se presentaba a Germania como “sedente, erguida y segura” integrada en el imperio, frente a la visión anterior donde se ofrecía la imagen del enemigo recién derrotado, como sumiso, humillado y sometido. Se dice que Adriano estuvo más de la mitad de su vida fuera de Roma y de la península itálica. Fue por lo tanto no ya un diseñador teórico de Europa, sino más bien el que la fue configurando al ir fortaleciendo el Imperio y sus instituciones. Birley afirma que Adriano mandó construir también tramos de muralla protectora en los límites de los territorios africanos del Imperio en el año 128 d. C., con una técnica muy parecida a la del muro de Britania, según corroboran los descubrimientos del arqueólogo francés J. Baradez en 1949.

Reconstrucción histórica de la Leg-VII Gemina – Felix

Respecto a la relativa tolerancia hacia la nueva religión cristiana por parte del emperador,  según S. Justino, siguiendo la interpretación posterior de Eusebio de Cesárea,  basada en la respuesta de Adriano a una consulta  del procónsul Graciano, el Emperador prohibió perseguir a los cristianos únicamente por su religión. Sólo se les haría responsables de “delitos concretos”. Por ello, se amenazaba con severas penas en “los casos de acusación falsa”  (pág. 170), lo cual suponía una cierta continuidad de la política religiosa de Trajano. Según este mismo padre de la Iglesia, hijo de padres griegos, “En la guerra judía ocurrida en nuestra época, Bar Cajebas, uno de los cabecillas de la rebelión, ordenó imponer graves castigos a los cristianos —únicamente— si no negaban que Jesús era el Mesías y le maldecían” (pág. 345).

El carisma de Adriano era tal, según Casio Dión, que en relación con los conflictos religiosos que se presentaron en aquel momento por ejemplo entre los egipcios y el culto en el templo de Ptah del toro sagrado, “una palabra del emperador podía tener mayor efecto que el empleo de la fuerza”.

En relación con el Derecho, Adriano impulsó una renovación del Ius Civile heredado para ampliar la tutela judicial oportuna a los casos no contemplados hasta ese momento por la ley de tal forma que se dotó a la ley de una versatilidad más amplia y eficaz para atender supuestos especiales en la casuística privada ante los jueces.

Era práctica no extraña en aquella época, y, dentro de la mentalidad greco-romana-pagana, las relaciones de los patricios romanos con jóvenes. Adriano mantuvo un romance con el efebo Antinoo; según Casio Dion el emperador habría sido “especialmente aficionado al vino y a los muchachos”. Incluso en las monedas y en los tondos pétreos aparecen el emperador con su joven compañero que murió parece ser que ahogado en el río Nilo.

Según Dion, Adriano habría sido, en general, un excelente soberano, pero cometió asesinatos injustos e impíos al principio y al final de su reinado. Las reformas administrativas y militares con un impulso de la disciplina y la instrucción mantuvieron un ejército que todavía, durante más de un siglo, seguiría siendo la columna vertebral del imperio. Fue idea original de Adriano el convencer a los griegos de la Grecia antigua para que ingresaran en el Senado e incluso nombró a ciudadanos griegos como gobernantes de las provincias latinas occidentales, intentando de esta forma unir el espíritu romano con el griego. Posteriormente el imperio se fracturaría entre el Occidente romano y el Oriente griego.

Luis Fernando Torres

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