Confían en Dios

Buena falta les hace. Es el dios veterotestamentario. El que no baila, ni sonríe nunca. Ese es el invocado en todos los billetes del dólar estadounidense: “Confiamos en Dios”.  Pero como la confianza no es infinita, siempre tienen bien preparado el palo gordo para corregir a los insumisos. Como bien lo definió el presidente Theodore Roosevelt, aquel al que le hervía la sangre matando españoles en la guerra de Cuba, allá por 1898: “habla bajito pero lleva un buen palo siempre contigo”.  Si dios les bendice es algo discutible, pero que el palo nunca se lo olvidan pueden darlo por cierto.

Su palo es ese mismo billete de dólar. No se puede entender la política de los EEUU sin comprender el papel que juega su moneda. Todo gira en torno a ella. En el inicio figura Bretton Woods, el lugar en el que en 1944 los aliados en guerra con la Alemania nacionalsocialista deciden aceptar la supremacía del dólar estadounidense como moneda de reserva mundial y como moneda de referencia para fijar el valor de las demás monedas. Asumiendo que el dólar estaba cubierto por reservas de oro realmente existentes en los EEUU. Una onza de oro (aproximadamente 31 grs) equivaldría a partir de ese momento al valor de treinta y cinco dólares y todo dólar podría ser convertido en su peso en oro. La zanahoria de los crédulos. El complemento del palo de toda buena dieta imperial.

Theodore Roosevelt.

Vietnam puso fin al timo. Más señalado que el de Madoff, pero menos publicitado. A través de una dramática comparecencia televisiva, el presidente Nixon en 1971, le anuncia al mundo que su dólar deja de ser convertible en oro. A partir de ese momento sería convertible en otro dólar. Papel convertible en más papel. La guerra de Vietnam obligó a imprimir demasiados billetes, muy por encima del oro que debía respaldarlo. De Gaulle, el francés receloso garante de la Grandeur ya se lo intuyó y envió a sus navíos a la costa este de los EEUU para cambiar los dólares de sus reservas por oro contante y sonante. Fue el último. Había que poner fin a tanto atrevimiento y aquella noche, Nixon dio el paso. Todos los que tenían dólares se levantaron con una promesa incumplida, pero sin que la fe en dios de los timadores sufriera merma alguna.  Ellos nunca obran de mala fe. Tú fíate.

John Connaly, Ministro del Tesoro bajo Nixon acuñó la memorable frase de que “El dólar es nuestra divisa, pero es vuestro problema”.  Con ese “vuestro” se refería al resto del mundo. También a nosotros, sus aliados. ¿Por qué es nuestro problema?

John Connaly portando un rifle junto a Nixon.

Los EEUU impusieron su divisa como moneda en la que se realizan los pagos del comercio mundial. Todavía hoy, más del 75% de los pagos internacionales se hacen en dólares. Por ejemplo, en las ventas de petróleo.  Los EEUU imprimen dólares, el resto del mundo los atesora al venderle a los EEUU, país con un saldo comercial astronómicamente deficitario y que apenas produce algo más, vendible en el exterior, que armas y tecnología de la llamada información. La imprenta de la Reserva Federal de los EEUU echa humo imprimiendo dólares para costear el consumo de los norteamericanos. En principio esa gran impresión de dólares, totalmente desvinculada de un inexistente crecimiento de su economía, debiera llevar a una gran depreciación de su moneda y un alza general de sus precios. Esto no ocurre.  El resto del mundo absorbe gran parte de esos dólares para poder comerciar en los mercados; entre todos drenamos la marea verde de dólares.  En un segundo paso, los dólares obtenidos en los intercambios por parte de los países vendedores de cualquier bien cotizado en dólares son destinados a la compra deuda del Tesoro de los EEUU. De esta forma, los dólares vuelven a casa, no sólo por Navidad, y los que han vendido bienes tangibles meten en su cofre los bonos del Tesoro estadounidense. La tramoya es perfecta, el resto del mundo financia el consumo de los EEUU y sostiene artificialmente, con su elevada demanda de dólares, el valor de una divisa que está más que quebrada. Mientras gira la rueda, el artificio se sostiene, pero en cuanto la demanda de dólares para el comercio internacional decrece, la economía de los EEUU se resiente. El poder militar de los EEUU está ahí para garantizar que eso no pueda ocurrir. Libia, Irak, Siria, Venezuela o Irán saben lo que es desafiar ese poder y eliminar los pagos en dólares de su comercio con otros países. También China y ahora, especialmente, Rusia.  Con ellos no es tan sencillo amenazar con el palo, pero siempre hay siervos dispuestos a sacrificarse en el altar del interés norteamericano. Hoy le toca el turno a Ucrania.

Nord-Stream 2 es el gaseoducto que debe incrementar la llegada de gas natural ruso a Centroeuropa.  Antes de final de año se habrá completado. Los EEUU se han propuesto impedirlo, con sanciones, con legislación aprobada por “demócratas” y “republicanos” y que se aplica fuera del territorio de los EEUU.  No sólo por el gas, sino por el dólar. Pagar la enorme factura de la compra de gas ruso con una moneda que no sea el dólar, supondría un golpe muy duro para la ficción monetaria del dólar y pese a toda su protección divina. Todo conflicto entre Ucrania y Rusia se traduciría en una presión enorme sobre Alemania para que impidiera la llegada del gas ruso, y con ello una victoria para los EEUU. Nos venderían su gas natural y nos lo cobrarían en dólares.

Preparación de las tuberías que serán colocadas en el mar para formar el gasoducto Nord Stream 2.

En Alemania hay elecciones generales en septiembre de este año. Es muy posible que los verdes, ecologistas, las ganen o formen gobierno con el ganador. Su candidata, en línea con la política de los verdes desde hace más de una década, defienden la sumisión absoluta a los intereses norteamericanos. Han prometido impedir el gaseoducto.  Annalena Baerboeck, la candidata ecologista es una pupila de la escuela de jóvenes talentos del Foro Económico Mundial de Davos.  Ha sido bien educada en el culto al capitalismo digital del nuevo reinicio postcoronavírico.  Del antibelicismo original de su partido queda menos que nada. Una nueva guerra en el este de Europa sería un salvavidas temporal para el dólar y su naufragante economía.  Los verdes son los nuevos aliados de la guerra permanente de los norteamericanos.  Quieren darle una moratoria al dólar de la confianza. Difícil caer más bajo.

Carlos Feuerriegel

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