Semblanza de dos wagnerianos olvidados: Bungert y Reyer

Recordamos a dos prominentes wagnerianos de su tiempo, hoy olvidados: August Bungert (Alemania, 1845-1915) y Ernest Reyer (Francia, 1823-1909).

Como Wagner, Augusto Bungert fue un compositor personalísimo que se desempeñó también como literato-poeta. Y aunque carecía de los dones sublimes del maestro Richard, supo beber de las fuentes de éste en la configuración de su propia obra. Se diría que toda la vida y la obra de Bungert es un pálido calco de la de Wagner.

Bebió nuestro hombre de las fuentes del genio en su tetralogía operística El Mundo Homérico (1896-1903), obviamente inspirada en El Anillo del Nibelungo. No sólo hizo una tetralogía; Bungert logró imitar el santuario teatral de Richard, Bayreuth, construyendo otro en Bad Godesberg, junto al Rin. ¡Tetralogía y templo musical!

Las similitudes entre su música y la del Genio coinciden también con el espíritu de los temas, cuya inspiración remite a la de la escuela wagneriana: Bungert, como Ernst Boehe, recurre a los clásicos griegos (Homero), pero también a la Sagrada Escritura -en el oratorio Mysterium (1909)-, sin desdeñar la mitología nórdica que domina los mejores libretos de Wagner.

Ernest Reyer en 1893

Hoy olvidada, la música de Bungert alimentó a toda una generación, y supone uno de los más claros ejemplos de la fiebre wagneriana que desencadenó en media Europa el inimitable, el genial, autor de Parsifal

Tenemos otro caso de wagneriano convencido en la persona del marsellés Louis-Étienne Rey, conocido como Reyer, quien estudió música en su ciudad natal, perfeccionándose en París junto a su tía, la formidable pianista Louise Farrenc.

No empezó siendo wagneriano, sino colorista exótico para burgueses, tal y como confirma la aparición de su primera obra importante, la sinfonía Le Sélam (1850), de un color “oriental” algo estereotipado, tras los pasos del plomizo Félicien David.

August Bungert

Pero la reflexión sobre su arte le llevará a adhirirse en sus mejores años a la corriente wagneriana, con resultados tan parecidos a los del Maestro que muchos de los críticos galos de su tiempo creerán entrever una superación de la ópera cosmogónica de Wagner. Fue un error de percepción, claro, imputable más que nada al chauvinismo de la crítica francesa.

Las páginas mayores de Reyer fueron escritas para la escena, y de los títulos de estas óperas no se acuerda nadie: Maître Wolfram (1854), La Statue (1861), Érostrate (1862), sobre todo Sigurd (1884) y Salammbô (1890).

A juicio de Lucien Rebatet, Reyer fue un compositor muy ambicioso, pero técnicamente deficiente, y rara vez pudo aunar pretensiones con resultados. Su obra maestra sigue siendo Sigurd, que al decir del propio Rebatet no es sino una tibia imitación del estilo operístico de Wagner.

Estatua de Ernest Reyer en Palais Longchamp, Marsella

Reyer desempeñó el cargo de bibliotecario de la Ópera desde 1866. Fue un crítico muy preclaro, incluso de sus propias obras, sobre las que no se hacía demasiadas ilusiones.

Bungert y Reyer son dos de esos simpáticos epígonos de Richard Wagner de los que no sobrevive ni una sola nota. Gozaron en vida de fama y honores, pero la posteridad no les ha sido propicia. Son arbustos a la sombra de ese frondoso gran árbol, llamado Richard Wagner.

José Antonio Bielsa Arbiol

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: