Centenario de Emilia Pardo Bazán. La escritora ante el dilema francófilo-aliadófilo y la germanofilia

El conflicto europeo y mundial que tuvo perplejo a las crónicas internacionales de todo tipo de prensa e información literaria al uso en prácticamente todo el mundo conocido, desde ya bastante antes del estallido en 1914, no fue ajeno como influyente en las corrientes de opinión intelectuales de la tardía España decimonónica. La atracción europeísta de la aún no condesa en sus relatos viatorios de Por Francia y por Alemania y Al pie de la Torre Eiffel a la altura de 1889, y Cuarenta días en la Exposición (1900), nos referencian un asombro algo singular por la Mitteleuropa que nos llama la atención en semejantes momentos históricos de la cultura hispánica, y es que en este asunto, nunca nos podemos olvidar de la sincera admiración de la autora por la cultura francesa en Verlaine, Zola, Daudet, Dumas, los Goncourt, Augier, Sardou, Víctor Hugo o la propia moda femenina entre otros personajes y asuntos, lo cual da mayor credibilidad a sus críticas más o menos punzantes alrededor de la Galia contemporánea. Desconfía la incesante viajera, eso sí, del mundo anglosajón (históricamente enemigo, pocas veces aliado, o países de su matriz cual la todavía no adversaria Norteamérica, aunque hostigadora), abierta, no se puede dudar, al mundo francés, adormilado ya en los salones añejos del ahora lejano Napoleón III, pero curiosa por el mundo germánico central, y expectante por esa nueva nación en proyecto que es el Imperio alemán.

No podemos detenernos a analizar todas las opiniones y críticas puntuales que Pardo Bazán va entretejiendo sobre obras, personas y aspectos del mundo francés y/o francófono, tales como la Torre Eiffel1 (no demasiado de su gusto, por así decirlo), el escepticismo para con su “revolución” que espabila con lemas como “paz, trabajo concordia” (…). Este lema es pura fórmula mercantil” 11 , los sucesivos gobiernos de París, el chauvinismo o la animadversión política hacia España (que no industrial, viendo en Alemania una seria competidora, de aún no excelentes productos…) desde nuestro país fronterizo, no deja dudas para nuestra peculiar cronista:

Políticamente, Francia es nuestra eterna adversaria, y raya en niñería candorosa figurarse que una tendencia histórica demostrada por la acción de muchos siglos, va a suprimirse o modificarse merced a dos o tres poesías y artículos sentimentales y a una supuesta confraternidad de los pueblos latinos (Al pie de la Torre Eiffel, p. 136).

En temas más cultivados, como la música, no es la francesa precisamente la que más admira la protagonista, sino la alemana y la italiana, ésta en un nítido segundo lugar, seguida en otro nivel de la popular o folclórica (ella misma, como sabemos, era presidenta de la Sociedad del Folk-Lore Gallego2), y la zarzuela o género chico, pero creemos que es significativa esa animadversión a una música francesa “entre merced y señoría, ni carne ni pescado, sin inspiración, sin colorido, sin fuego, sin vigor, penosa rapsodia de los grandes maestros alemanes, con algo de picadillo italiano y español…”, también de sus crónicas parisinas3 . Retomaremos el tema de la música preferencial de la Bazán, en concreto para con su condición de aficionada a la música y sus favores hacia los acordes alemanes.

El Rey D. Alfonso XIII, su esposa Dª Victoria Eugenia, la Reina Dª Mª Cristina, la Infanta Dª Isabel y D. Fernando de Baviera, visitando la Exposición de Pintura Regional Gallega en el Centro Gallego de Madrid, les acompañan Vincenti y Dª Emilia Pardo Bazán.

Sabemos que la cosa no para ahí y son necesarios los matices. En general Francia (¡no así París!: “París (lo único que realmente vive en toda Francia)”4 no es del todo caro para doña Emilia, aunque conviene tener en cuenta su ambigüedad (tan típica por otra parte en lo largo y ancho de su obra total) a la hora de expresar ideas y opiniones: críticas políticas y económicas tampoco le faltan a la Alemania de “su” Káiser… En estos momentos ya históricos, se comienza a entrever en la opinión pública algo formada, al lado íntimo con la periodística, “una lucha secreta” (y eso que estamos hablando de 1889) entre los conservadores españoles (“inclinados a la política alemana”) y los liberales, “que tienen con Francia una especie de tácito compromiso”5. Del hinterland francófono, tampoco sale bien parada Bélgica, “especie de retoño, rabo o prolongación del Estado francés”6.

Por todo lo dicho, no nos puede pasar desapercibido ese epílogo final de nuestra autora y explicativo[1]justificativo de la colección de artículos de Por Francia y por Alemania:

[…] cierta galofobia acentuada en la forma aunque templadísima en el fondo […] arranques pasajeros, que la reflexión corrige, sin evitar que se reproduzcan ante nuevos estímulos, cuando desprevenido el ánimo y en actividad la pluma, acuden a ella conceptos no meditados, lo que en francés se llama boutades y en castellano genialidades […]. Por eso, a sangre fría, deseo rectificar, no resulten mis crónicas un libro misogallo, o antifrancés, que diríamos aquí […]. Contraería seria responsabilidad si ayudase a inducir a mis compatriotas en el error de que Francia, aunque semejante a nosotros en ciertos defectos de carácter, de los cuales he de repetir siempre in hoc non laudo, no es una nación de primer orden civilizador, y no obraríamos cuerdamente estudiando lo mucho que en ella merece estudiarse, conocerse, imitarse, respetarse y admirarse inclusive”7 (Epílogo de Por Francia y por Alemania).

Es manifiesta la idea de que fue tildada de “galófoba” en sus primeros trabajos periodísticos, de ahí sus exposiciones aclaratorias. Más adelante, después de despacharse a gusto en su autodeclarada no galofobia, insiste en que “Francia ni puede ser nuestra aliada política, ni cabe que la adoptemos por modelo exclusivo, imitándola servilmente en todo; pero esto no quita para que sea una grande, poderosa ilustrada, activa y fuerte nación”8. No es tan fácil coger desprevenida a la escritora gallega.

Tomando té con sus hijas, su madre y el General Cavalcanti.

Finalmente, las ideas que confiesa abiertamente y publica desde su exposición de ideas en la Residencia de Estudiantes madrileña el 5 de diciembre de 19169 (recordemos, conferencias de paz en plena guerra, entre aliados y naciones centrales e inminente entrada en la guerra de Estados Unidos) dan un giro (¿definitivo?, ¿necesario por su ambigua postura ante la nación alemana?) más hacia postulados pro-franceses, en la línea de defensa de ciertos valores literarios y artístico-estéticos que podemos resumir en conceptos[1]ideas como:

1. Guerra nefasta, destruye Arte en general, monumentos y memoria irrecuperable para Europa (ver nuestra selección en texto letra I más adelante).

2. Aviso para vencedores, no interferir en la dirección “ideológica” (moral, social, política, patriótica) de la literatura de después del conflicto, gane quien gane.

3. Belleza (Arte) antes que utilidad.

4. España antes que cualquier nación en liza. Viraje hacia lo francés, uso de tópicos contra lo alemán.

Desde las tres décadas finales del XIX e inicios del siglo XX, Pardo Bazán había actuado más estéticamente hacia la Alemania y Centroeuropa, y en la misma obra de 1889 y siguientes (Al pie de la Torre Eiffel, Por Francia y por Alemania, Cuarenta días de Exposición), no son necesarios (como ese el caso del trato para con Francia) ni epílogo, ni justificación, en los asuntos literarios que nuestra singular escritora expone sobre el suelo, historia y gentes germanas. Es más, si este texto hubiese sido publicado en las postrimerías (y tal tramo de tiempo no está precisamente lejano y los bandos ya se atisban…) cronológicas de la Gran Guerra, la autora gallega sería tildada y sin paliativos, de germanófila, como así lo seguirá siendo por parte de algunos intelectuales, entre otros, Juan Valera10. Tampoco “le ayudaban” mucho sus claras alineaciones para con los sistemas educativo-pedagógicos krausistas y la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos (desde 1876 en adelante), algunos de sus protagonistas, claramente germanófilos, como Clarín, Jacinto Benavente, Manuel Machado o B. Pérez Galdós (su relación personal con la novelista la podemos situar alrededor de inicios del XX, 1905…), todos francamente amigos de la Pardo Bazán, no así Blasco Ibañez, alineado a la causa franco-británica.

Como hemos visto, todo variará décadas más tarde, en su clara exposición (¿tuvo que ser necesariamente/”forzosamente” pública?) y charla ante los estudiantes de la Residencia en Madrid, justo en diciembre de 1916…

El trabajo periodístico de nuestra cronista y colaboradora de prensa, amplísima en el número de títulos de revistas y periódicos, es también ingente: colaborará en un arco ideológico polícromo que va desde el carlismo (La España Católica, La Fe, simpatizando generalmente por los Imperios centrales, el ejemplo es J. Vázquez de Mella), pasando por el liberalismo conservador (El Liberal, La Época, El Imparcial, etc.), todos de inspiración católica, hasta los más conservadores en su concepción del arte e historia (La Ilustración Artística sin duda la más avanzada, de 1895 a 1916), su Nuevo Teatro Crítico, en publicaciones netamente conservadoras y críticas con determinado ángulo del liberalismo, con plumas claramente germanófilas11 , hablamos del mismísimo ABC (colaboradora asidua de 1918 a 1921, su último artículo), El Correo Español, La Acción madrileña, hasta su breve (pero creemos que significativa aportación), tan corta como intensa fue su vida, del semanario Renovación Española (29 de enero a 3 de noviembre de 1918, con cuarenta números). Aunque aliadófilo y neutralista (no el más intransigente entre los mismos), sin duda era el para doña Emilia, muy importante en su obra, Imparcial, de donde acabamos de extraer toda su experiencia viajera hasta el mismo centro neurálgico de París y su Exposición Universal: como sabemos no era la primera experiencia de la cronista, pues antes estaban sus escritos en la Universal de Viena, en 1873, por cierto, donde asiste ensimismada, a su primera ópera wagneriana, El Buque Fantasma12. Es laberíntico sacar adelante cualquier hipótesis ideológica o demarcación intelectual concreta, pero a ello hay que proponérselo, adelantarse, sobre todo teniendo en cuenta, simplemente lo que dice, o lo que sencillamente elude…

Uniendo las ideas que aquí esbozamos del germanismo cultural con la afición por el drama wagneriano, la realidad es que después del estreno del Tristán e Isolda (5/II/1911) en El Real de Madrid, en la primavera de 1911, se crea la Asociación Wagneriana en Madrid (AWM) y una década antes, en Barcelona, ya se había constituido bajo el amparo de Joaquim Pena y la inspiración del ya fallecido Joaquim Marsillach, la Associació Wagneriana de Barcelona13. La condesa no pudo ser ajena a estos eventos tan singulares en el mundo musical y cultural de nuestro país, especialmente en los mundos circundantes al Teatro Real, aunque no tenía por qué ser sólo en ese delimitado ambiente intelectual donde se podría detener la atención de la coruñesa.

Emilia Pardo Bazán en una lectura en el Ateneo.

Nos proponemos ahora seleccionar y exponer las principales conexiones e ideas en relación con Alemania y países nórdicos de la curiosa autora que tratamos. Estos son algunos de sus temas principales:

  1. La atracción por el paisaje y cultura de las gentes alemanas/países centroeuropeos.

A/ [diferenciará bien la viajante entre la Baviera católica y la Suiza protestante] […] la florescencia de la imaginación, que instintivamente se echa de menos en Suiza, anda en Baviera como de sobra14 […] La sabia y perfectísima organización militar que aquí se echa de ver, no impide que esta tierra se encuentre muy bien cultivada y sabiamente regida, ni que en ella florezcan las artes hasta el punto que demuestra el extraño y casi místico teatro de Bayreuth, que siento en el alma no encontrar abierto, pues era una de mis curiosidades mayores (1889).

B/ En Alemania, el perfecto estado de conservación de los edificios y las ciudades, no sólo atestigua a favor de la cultura general, sino prueba que los vándalos de principios de siglo, los guerreros franceses, no entraron como en nuestra patria, llevando la tea en una mano y en la otra el sable (1889).

C/ El Rin me atrae; de buen grado pasaría la frontera y recorrería Baviera y Tirol […]

– ¡Ah, lírica, lírica! ¿Es que ha soñado usted que yo le traiga el “edelweiss” cogido por mí al borde de un precipicio espantoso? (1911).

También en el Rhin: “el barco […] con ligera trepidación empezó a cortar la superficie lisa, azul y quieta del magnífico lago Brigantinus […]”:

Era una suerte encontrar tan hermoso tiempo, porque este charco de ondinas, en cuyo seno el Rhin derrama el agua que le sobra, cubre a veces su túnica con un velo de niebla tan espesa, que sólo ayudados de una brújula pueden en él orientarse los marinos […] Yo, al pensar en Alemania, soñaba con Colonia, la santa y gran ciudad del poeta lírico, aquella en cuya catedral se conserva una imagen pintada sobre fondo de oro, que se parecía a la amada de Heine. Maguncia, la patria de Guttemberg, donde el Rhin corre ancho y majestuoso, me seducía igualmente (1889).

D/ [Káiser Guillermo II, su admiración]:

Káiser Guillermo II.

Y he aquí al joven Guillermo, desde lo alto de su cuello uniforme, fija la mirada en el comercio, en la industria, en la campaña económica por la cual Alemania ha salido definitivamente de aquel estado lamentable de que hablaba con tanta energía Fichte. No le bastaba al Káiser estimular la prosperidad de su pueblo: busca la buena armonía con los antiguos adversarios, y se hace agradable a los franceses, consiguiendo amortiguar a Francia, hasta un grado que se consideraría inverosímil, el escozor de los agravios y la inquietud de la revanche. La pacificación es la obra de este monarca de belicosas apariencias a quien deseamos salud (1903).

E/

Y los que, desde fuera de Alemania contemplamos el bello episodio humano, hemos de reconocer que tuvo más razón, en su lúcida locura, Luis II, que el vulgo alemán de su tiempo. Los que intentaban poner coto a su delirio artístico, eran los “filisteos”, aquellos de quienes tanto se burló Enrique Heine […]. Luis II, el esteta […] fue también el vidente. Bismarck hacía bien, al querer una Alemania fuerte, poderosa, positiva, sabia, curada de fiebre romántica: pero ¿acaso Luis de Baviera, al dar vuelo, en sus dominios, al arte de Wagner, no conquistaba regiones más vastas que la Alsacia y Lorena reunidas? Las naciones son grandes y gloriosas, no sólo por la guerra, sino por el arte […]. En la soledad se siente Lohengrin, Caballero del Cisne, y, para dar apariencia de realidad a su quimera, viste loriga de escamas de plata, y, dentro de una barquilla tirada por un cisne, se desliza sobre las aguas de lagos azules, en los jardines de su castillo; las aguas donde ha de encontrar la soledad definitiva del morir (1912).

También sobre el rey Luis:

Un rey como Luis de Baviera, una reina como Isabel de Austria, podrían, en sus teatros particulares, alojar a la pálida princesa de los extraños amores… Purificada por el arte, lejos de las inepcias y las burlas, la función tendría la dignidad de lo bello, que no cede a ninguna otra dignidad (1910).

Oh, si yo fuese reina o archimillonaria […]. Haría en suma, por Lope, Tirso, Shakespeare, y demás astros del firmamento dramático, lo que hizo por Wagner el rey Luis. Esto debiera realizarlo, a pérdidas o ganancias, el estado español. Pero sí, eso estaba pensando […] (1912).

F/ Emperatriz Isabel -Síssi-, la del “cuello císneo”:

Celebrábase en Viena una Exposición Universal, y yo me contaba entre los viajeros atraídos por ella a la capital del Imperio austríaco […]. nuestra primera admiración fue para la Emperatriz Isabel, que ocupaba, con el hoy caduco Emperador, el palco regio. Era un prodigio de hermosura; llevaba [como en sus retratos] el pelo suelto, ondulado […] su cuello, largo y císneo, aunque no tanto como el de una émula suya en infortunio, la Emperatriz de los Franceses; su vestido, de “moire antique” azul… Al cabo, empezamos a ocuparnos de la función. Esta se titulaba Fliegende Hollander […]. (1914).

F2/ Otra vez la Emperatriz y su belleza:

Yo pude ver, y bien despacio […] ya su consorte, la “divina” Isabel, en el año 1873, cuando asistí a la Exposición de Viena […]. Ella era realmente un milagro de hermosura y de elegancia, y creo superaba a la Emperatriz Eugenia en gallardía, mostrando un escote perfecto, de diosa […] Llevaba suelta, tendida completamente por las espaldas, la mata de su magnífico cabello castaño, ondulado y con ricos reflejos; y una diadema de estrellas de brillantes fulgía en su frente […]. (1916).

F3/[hablando de la obra wagneriana como regeneradora del arte en España y Europa] ¡Ah, si Parsifal y sus nobles hermanas, las otras bellas creaciones de Wagner, pusiesen redimirnos del “Tápame, tápame…”, y de la creciente manía taurómaca; o al menos redujesen estas plagas a sus justos límites, y al puesto secundario que debieran ocupar en la vida nacional! ¡Si la vacuna alemana contra la viruela de la grosería y ferocidad nos librase del contagio! (1914).

Emilia Pardo Bazán en Nueva York.

2. La Guerra, sus prolegómenos. Alemania como potencia, símbolo.

G/

Va para cuarenta y tantos años que Alemania, la nación belicosa por excelencia, al menos en cuanto a preparativos, no se ha lanzado a otra cosa que a prepararse, a gastar millones, a armarse formidablemente, a reunir fuerzas para eso, para mostrarlas a las demás naciones cual si fuesen uno de esos peleles que, en los campos sembrados sirven para asustar a los gorriones. La teoría del Kaiser es a la vez patriótica y humanitaria. No se trata de derramar sangre, ni de llevar ejércitos victoriosos más allá de las fronteras. Se trata de hacer de modo que, sin llegar jamás a tan violentos extremos, se sepa doquiera que Alemania es más fuerte que las naciones restantes, y éstas la respeten y eviten tener que medir con ellos argumentos detonantes […]. En otras naciones se piensa y practica lo contrario (1913).

H/

Que para Alemania no era España el santo de mayor devoción, asaz lo sabíamos. El káiser andaba con nosotros retraído y frío, tal vez porque la boda inglesa nos tenía sometidos a la política de Gran Bretaña. Estábamos persuadidos de que no veíamos en Madrid la silueta del emperador. Sobre esto se discurría y charlaba bastante. Muchos, como el ilustre orador Mella, lamentaba no ser aliados de los alemanes. Este problema hace doblemente interesante la guerra para nosotros. ¿Quién sabe? ¿Habrá acertado, por una vez, nuestra diplomacia? En otro caso, ¿qué sucederá si Alemania, acosada por todos lados, llevase las de perder? “El destino manda” (1914).

I/

Lo primero que nos preguntan en teatros, paseos, tés, de hoteles, vistas, tribunos del congreso: ¿Es usted germanófilo? ¿Es usted francófilo? […] el resultado que pueda tener la guerra para España y aun para la humanidad en general. Lucha tan ramificada, de tantas naciones (aunque en realidad sólo combaten dos, Inglaterra y Alemania, Cartago y Roma, disputándose el dominio del universo) no consiente predecir su desenlace […]. Por eso a veces pareceré germanófila y otras francófila, no siendo ni ésto ni aquéllo, sino espectadora emocionada. Y voy guardando en el mismo cajón, juntos, los artículos y cartas en que me maltratan porque indiqué verbigracia, que los franceses no estaban bien preparados para la guerra […], y los que me motejan porque llamé vándalos a los alemanes cuando cañonearon la catedral de Reims. Mis simpatías personales, que son para Francia y Bélgica (para Inglaterra no tanto), no me quitan la vista de la imparcialidad. Reseño y contemplo […]. A mí me ha placido permanecer neutral en esta nunca vista y descomunal contienda. Yo no tenía motivos sino de gratitud para Francia. Yo también debía a Alemania (hablo, claro es, en el sentimiento intelectual de ambas naciones) muchas y reiteradas pruebas de estimación hacia mi labor. Yo sentía un dolor muy grande y conmiseración muy profunda hacia los sentimientos de todos los beligerantes […]. Siendo neutral España, neutral me quedo […]. Y todos eran grandes pueblos, factores esenciales en el conjunto de la civilización ¡Qué atractiva, qué amable era Francia, la luminosa! ¡Qué fuerte, qué consciente, qué vigorosa Alemania! ¡Qué jardín aquella Bélgica! (1915).

Inauguración del Arte regional de la Coruña en 1917.

3. La Guerra. Alemania y Wagner. La neutralidad y el veto en España.

J/ [hablando de los libelos contra España desde Flandes y Países Bajos…]:

Hoy […] es otro pueblo el que ve alzarse la tácita conjura. No soy ni dejo de ser “germanófila”: lo mucho y grande que debe a Alemania la civilización me infunde respeto y a veces entusiasmo: en Kant, algo creo haber aprendido; con Heine y con Wagner mucho he sentido; con Goethe y Schiller he abierto el espíritu a la contemplación de la hermosura. Todo ello, sin embargo, no influye para que en la presente sanguinosa pugna solicite y desee la victoria de los germanos. Ignoro –lo digo de buena fe, sencillamente- lo que, en el momento actual, más nos importa. […] Francia no espero que pueda hacer más que, si acaso, defensora […] la población disminuye y el ejército no es modelo […]. De sobra sabían los franceses que no estaban preparados según correspondía […]

Ahora bien; antes de la Exposición, que muchos juzgaban imposible, el engrandecimiento de Alemania le atraía la malquerencia universal […]. Los periódicos, a porfía, relatan actos de ferocidad, de crueldad, de salvajismo, cometidos por los alemanes. No es aquí, en España, donde se quedan cortas las hojas volantes. Muy mala prensa tiene Alemania en todas partes, pero la nuestra será de las peores. Antaño, y si de nosotros se tratase, serían libelos, folletos denigratorios; hogaño son las agencias, los diarios, los telegramas, restallantes. (1914).

K/

Ahora lo vemos claramente: tenía que estallar. Cuestión de tiempo. Alemania juzgó la ocasión propicia.

Lo de Alemania nos parece, a nosotros (descartando las simpatías que cada cual profesa a ésta o la otra nación., la especie de fraternidad que, en medio de las vicisitudes de la política, nos une a Francia), nos parece, digo un caso de grandiosa sublimidad. Cometa o no abusos, violaciones de neutralidad de territorios, haga lo que haga, la gigantona es una valiente. ¡Digo! En estos momentos […], vedla retando, y no sólo retando, sino acometiendo, a cinco o seis de las más poderosas naciones: Francia, Rusia, Inglaterra, Italia, Bélgica, Holanda tal vez…me dejo en tintero a Japón. Tan extraordinaria y nunca vista aventura coloca a Alemania al nivel del caballero andante más quimérico. Sigfrido va a vérselas con endriagos, monstruos, reyes de lueñes tierras y ejércitos de todos los colores. ¿Es un acceso de locura? ¿Es la necesidad madre de la temeraria desesperación? Pronto ha de saberse el resultado de la titánica empresa […]. Y si los alemanes triunfan, tendrán la hegemonía del mundo -¡y la habrán ganado!

[…]

Ha sido Alemania tardía, pero cierta, y cuando se ha arrancado, la arrancada estremece al universo, no a Europa tan sólo. Ante el conflicto, el escepticismo empieza a limar las firmes convicciones de los admiradores del imperio germánico. Obra tan larga, paciente y ponderosa; organización tan apretada, tan perfecta, tan estricta; educación militar tan seria, tan rígida, tan calculada para hacer frente a cualquier contingencia […]. Porque no hay que forjarse ilusiones; es Europa, en masa: nosotros y Portugal, si no estamos todavía en guerra con Alemania, estamos, sin duda, ligados a Inglaterra. Y he aquí cómo Alemania nos recuerda a la España del siglo XVI, que parecía haber tomado por lema:

“Todo el mundo es contra mí

yo soy contra el mundo entero” (1914)

L/ [sobre la francofilia de EPB…]

[…] y huir de la pesadez como del fuego; y habiendo dicho obra como de veinte veces que en lo de la guerra soy perfectamente neutral, y que, privadamente, mis simpatías están en Francia desde tiempo inmemorial, desde que empecé a escribir, pensé que no fuese necesario machacar y darle bola […]. En España nadie ignora que yo soy una persona muy independiente, a Dios gracias; que he escrito y hablado siempre con arreglo a mi modo de sentir; que no me mezclo en política; que no soy ni jaimista, ni nada acabado en “ista”; que no puedo, en ningún terreno, estar influida por ninguna potencia beligerante, y sería reidero si alguien intentase hacerme pasar por un traidor de drama, por un espía alemán, que cobijado bajo piel de francófilo, hace la causa germanófila, austrófila y hasta turcófila. Sí; las piedras se reirían (1915).

M/ [Sobre I Guerra Mundial y Wagner a finales 1914, hablando de Parsifal y del público adicto wagneriano en Madrid]

En el momento presente la noción de cultura sufre también una revisión; la guerra vino a traer la crisis de ese ideal. Pero, lo que dirán los germanos: una cosa es la cultura y otra, pero acaso la misma, los morteros de cuarenta y dos (1914).

N/ [Veto para escuchar Wagner en España durante y después de la IªGM]

Claro es que tenemos que aceptar los acontecimientos con todas sus consecuencias; pero siempre sublevaría a un enamorado de la belleza la proscripción del arte, que debiera volar por encima de las luchas y contiendas entre pueblos. El arte es de todos, y aun cuando por eminencia el arte sea patria, y nada más patria que el arte, tiene la virtud de llevar en sí la esencia de la patria, sin exclusivismos ni xenofobias de ningún género. Todo francés de espíritu abierto amará el arte germánico después de la guerra. Reconocerá su valor propio, y no querrá privarse de él, porque ese patrimonio espiritual al cual pueden aspirar todos, hay que defenderlo y conservarlo celosamente. (1920).

Los textos demuestran la clara prioridad por los intereses de España sobre otros países europeos, pero sus ideas regeneracionistas de depurar a la nación de sus atroces brechas de oscuridad artística, intelectuales y socio-culturales, sin lugar a dudas no pueden impedir una sincera admiración en los años de las décadas finales de 1870-1880 y 1890, por los Imperios centrales y Alemania, especialmente por su mundo intelectual artístico (literatura, música, hasta su pintura, arquitectura, urbanismo) y hasta popular, su belleza y estética (paisajes, gentes, personajes determinados, el mismo Káiser, la Emperatriz austríaca Sissí), hasta llega a defender los postulados de una nación balbuciente y militarizada como ya lo es Alemania, llegando ésta a ya ser objetivo de campaña de difamaciones tópicas de la guerra moderna, tal y como lo fue y ya lo era España desde el XVI hasta la reciente Guerra de Cuba con los libelos norteamericanos. Su diáfano europeísmo (el global, el integrador, no sesgado ni parcializado) hace sentir suyas las grietas, heridas y crueldades que una guerra (destructora de belleza, de Arte, antes que determinadas injusticias que uno y otro bando enarbolan), ya mundial, lleva consigo, y el desgaste que ello va a suponer para todas las naciones europeas de esta Gran Guerra internacional; se nota su pena y sentimiento de horror ante lo que está ocurriendo y lo que puede venir después del final del conflicto. Es lo lógico y natural en una intelectual amante de todo lo occidental. Su participación en prensa carlista, aún con problemas, al lado de su admiración por Vázquez de Mella, nos sugiere contactos con corrientes pro-germanas que sin duda sabían de su relación afable con el mundo centroeuropeo, y su admiración-desconfianza para con el mundo orbital francés. Como sabemos, en 1916-1917, la intelectual gallega se determinará públicamente hacia lo francés en su Porvenir de la Literatura después de la guerra (1917). Antes, hay dudas de dicha claridad francófila.

Retrato de Emilia Pardo Bazan por Joaquin Vaamonde Comide.

Cabe explicar el veto a Wagner en el ambiente de neutralidad diplomática de España. Las presiones políticas, intelectuales, informativas y culturales de los pro-aliados sobre la sociedad española y sus medios, en clara mayoría sobre los simpatizantes de sus adversarios, debían ser abrumadoras en la capital madrileña en los tiempos de pleno conflicto mundial, ¡hasta Pardo Bazán se debió resentir de tanta presión anti[1]germana! Podemos definir, con ciertas precauciones, a doña Emilia como una aliada, sincera europeísta, pero abierta a una cierta y tamizada germanofilia, anclada en su admiración por la belleza y creatividad artística de este pueblo, de sana envidia para con lo ibérico, ¿contradicción? Nosotros, con ella, creemos que no. Avanzado 1915 se atreve, con no poca prudencia, a seguir afirmando que

España, que parece tener más afinidad con los semitas, encierra no pocos descendientes (no se tome a mala parte) de los vándalos, suevos y visigodos. Y los bárbaros del Norte (tampoco se entienda esta designación en sentido injurioso para Alemania), han cambiado menos de lo que a primera vista se creyera, durante el transcurso de los siglos.

La portentosa civilización que adquirieron tantos hombres insignes por el pensamiento, por el arte, por la poesía, por la ciencia, por los profundos estudios filosóficos, por la intensidad y altura del sentimiento religioso: Kant, Hegel, Fichte, Schelling, Lessing, Vinkelmann, Schiller, Goethe, Beethoven, Schumann, Mendelssohn, Bach, Wagner, y la infinidad de nombres que se atropellan en la pluma, no impiden que este pueblo esté hoy establecido sobre las mismas bases que lo estaban las tribus fieras, inocentes y desgreñadas que se precipitaron sobre países más bellos que el suyo, en busca de botín de guerra, fundando reinos.

De aquel germano primitivo, queda mucho, queda lo esencial en el germano de hoy, mientras que en el latino, se diría que los caracteres que ostentó la raza en el momento de su esplendor han ido borrándose, siendo substituidos por otros menos útiles para la lucha por el engrandecimiento colectivo.

La sangre alemana sigue siendo joven, fuerte, impetuosa, y sobre tan rico fondo, la disciplina social ha puesto su coraza, su revestimiento de fortaleza y paciencia […] Por esto que voy diciendo, no se entienda que soy germanófila.

Estudiar, comprender, es mejor que apasionarse. Yo concedo que los alemanes han hecho la guerra del modo más violento y destructor. La cosa viene de atrás: En el siglo XVII, los que en una batalla tenían que rendirse no querían hacerlo a las tropas alemanas, por temor a tratamientos feroces. Preferían rendirse a los españoles, los que mejor trataban a los prisioneros de guerra.

Retrato de Joaquín Sorolla.

En Alemania, dado el conjunto de cualidades, tenían que existir estos defectos […] (LIA, 19/VII/1915).

En esta lidia desde el neutralismo hispánico entre aliadófilos y germanófilos, cabe añadir un comentario de Eva Acosta (2007), aunque tampoco aclara demasiado al respecto: “Por su parte, la condesa está escindida. En estos instantes vacila entre un bando y otro, o tal vez desea, como siempre, observar un justo medio entre dos polos imposibles de reconciliar”15. No obstante todo lo dicho, la apuesta por su innata ambigüedad (coherente sin duda en el trasfondo de su razonamiento más intrínseco) nos hace pensar, hasta recrear la escena hipotética (texto L) de que haya podido ser tildada de pro-alemana. No nos debería extrañar.

Xosé-Carlos Ríos

Notas:

1.- Sobre Francia y su mundo desde la Exposición Universal de 1889 son dos trabajos realizados, creemos que en su mayoría para El Imparcial, conocido periódico madrileño de marcada orientación liberal, Al pie de la Torre Eiffel y Por Francia y por Alemania, ambos publicados a lo largo de 1889. La edición que consultamos de estas obras bazanianas es la de EPB, Viajes por Europa (2006), Bercimuel, Madrid, 2006. 11 Op.cit. Al pie de la Torre Eiffel, p. 138-139.

2.- Es importante el artículo sobre la idea de folclore en la autora, de SOTELO VÁZQUEZ, Marisa, “Emilia Pardo Bazán y el Folklore gallego”, Garoza, Revista de la Sociedad Española de Estudios Literarios de Cultura Popular, nº 7, 2007, pp. 293- 314.

3.- Op. cit. Al pie de la Torre Eiffel, p. 209.

4.- Op.cit. Al pie de la Torre Eiffel, p. 133.

5.- Op.cit. Al pie de la Torre Eiffel, p. 137. Refiriéndose a la participación de España en la Exposición Universal, Pardo Bazán se autoseñala con “mi desconfianza o escama perpetua respecto a los franceses”, p. 138. Después, como sabemos, vendrán sus oficiales disculpas al respecto.

6.- Op.cit. Al pie de la Torre Eiffel, p. 138. En otro escrito sobre Bélgica y Holanda, la escritora puntualiza que las dos cosas que le atraían hacia Bélgica eran “el deseo de ver cómo funcionaba una nación donde los católicos ocupan el poder desde hace diecisiete años” y el arte, “el arte me atrajo, y robó espacio a mi somera indagatoria social”, in VPE, PEC (Por la Europa católica), p. 589.

7.- Op. cit. Por Francia y por Alemania, Epílogo, p. 434.

8.- Idem, p. 434.

9.- PARDO BAZÁN, E. (1917), Porvenir de la literatura después de la guerra, Residencia de Estudiantes, Madrid. Temas seleccionados: Guerra/monumentos, p. 14; Sentimiento, originalidad, p. 21; Vencedores y tendencias, p. 32: “… no será aventurado presumir que la literatura próxima esté influida por esta reacción fulminante de la patria […] Por débil luz de conjeturas nos guiamos para vislumbrar algo de lo que adviene”. En esta misma idea, p. 41: “temo una literatura impregnada de elementos sociales, políticos, morales y patrióticos…”. Belleza/Utilidad, p. 41: “Como artista antepongo a la utilidad la belleza […]. Y Arte es vida, vida intensa, hirviente, libre. Y después de la guerra, ese germen y su florecimiento individualista han de ser reprimidos y hasta condenados”. Viraje hacia Francia, p. 46: “Conviene averiguar cuáles naciones nos convendrían que venciesen, por el porvenir del Arte literario. Y no sé si me engaña mi simpatía constante hacia Francia; pero se me figura que, para las letras, encierra menos peligros su triunfo que el de los germanos, por ejemplo […] esa fuerza de condensación y vigorización, ese encerrado patriotismo, ese culto de la acción y ese voto de obediencia social…”.

10.- In MONTESINOS, José F. (1980), Costumbrismo y novela. Ensayo sobre el redescubrimiento de la realidad española, Castalia, in p. 12, nota 3. Cfr. También en p. 13, nota 3: “Algo como germen menudo había tenido ya en artículos de Larra, Estébanez Calderón y Mesonero Romanos […] (sigue la acostumbrada repulsa del sentimentalismo germánico de Fernán [Caballero], y termina la reseña con los nombres de Pereda, Galdós y la Pardo Bazán).

11.- Sólo algunas firmas: Eugenio D’Ors, Jacinto Benavente (su familia es casi por entero, socia de la AW madrileña), Eduardo López Chávarri (crítico musical y socio de la asociación wagneriana de Madrid, de los primeros en introducir Wagner en España), el historiador Antonio Ballesteros Beretta, Quintiliano Saldaña, etc. Había un punto “neutral” promocionado desde los gobiernos de E. Dato y Maura, el “bloque periodístico”, donde el diario La Época era su adalid, pero también donde desde uno y otro bando; también intentaban dar sus aportes “menos entusiasmados”; el mismo director, Torcuato Luca de Tena llegó a apostar por esta intermedia posición y una supuesta independencia periodística. Entre los periódicos y prensa regular española aliadófila podemos citar El Socialista, El Imparcial, El Sol, El Radical, El Liberal, Heraldo de Madrid, El País, etc., y en ellos también escribió la novelista gallega, como todos podemos saber.

12.- Dirá en LIA (La Ilustración Artística, 19/I/1914): “Nadie más entusiasta del maestro que yo. Cuando en Viena, en el Teatro Imperial, asistí a una representación del Barco Fantasma (era el año 1872 ó 73, y yo bien joven, y bien ignorante en la materia, tanto que el nombre de Wagner no había llegado jamás a mí), recuerdo que me entusiasmé, y declaré a los que me acompañaban que quien había escrito tal partitura era un genio […]. Yo seguí creyendo que era un genio, y de los más extraordinarios; y sin embargo, como se sabe, no es el Barco Fantasma la mejor, ni la más típica de sus obras. Claro es que me postro y me abismo ante Wagner; con todo esto, la proporción sigue pareciéndome una de las leyes eternas de la estética universal”.

13.- Tres estudiantes de medicina (Lluis Suñer, Josep Maria Vallvé, Amali Prim), después de consultar la iniciativa a Joaquim Pena, y aún “iluminados” por la última audición, un 12 de octubre de 1901 fundan la Associació Wagneriana de Barcelona.

14.- VPE (Viajes por Europa, en la edición que aquí tratamos, Bercimuel, 2006). FyA (“Por Francia y por Alemania”), p. 368. VPE: Para referencias de las citas: A (p. 368), B (p. 375); C (in Dulce Dueño, 1911; VPE –FyA-, 12/IX/1889) p. 233. ; D (LIA –La Ilustración Artística- 23/XI/1903), E (LN –La Nación- 1/IV/1912, vol I, p. 640; LN, 1/IV/1910; LN, 12/IV/1912, p. 646), F (LIA, 21/XII/1914, p. 482),F2 (LIA, 11/XII/1916, p.794), F3 (LIA, 19/I/1914), G (LN, 23/VI/1913, pp. 786-787), H (LN, 12/IX/1914, p. 939), I (LN, 11/I y 7/III 1915), J (LN, 5/X/1914, p. 943-944), K (LN, 12/IX/1914, p. 936-938), L (LN, 27/V/1915, p. 1006), M (LIA, 21/XII/1914), N (LN, 20/I/1920).

15.- Op. cit. ACOSTA, Eva, p. 530.

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